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Siete meses después.

La puerta de la oficina estaba abierta y él entró. El presidente se encontraba detrás de su escritorio muy atento a la enorme pantalla de su computadora. Nunca lo había visto de esa forma. Cualquier cosa del trabajo que lo tuviera tan ensimismado debería ser en verdad importante. Hasta que escuchó un "Game over" y el presidente se echó a llorar frente a la pantalla renegando. El joven hombre miró al cielo, ¿es que acaso era mucho pedir que estuviera en realidad trabajando?

—Buenos días, presidente —el aludido levantó la cabeza de inmediato, se limpió las falsas lágrimas y se paró rápidamente para recibirlo.

—Oh, Yashiro-san, ¡qué gusto me da verte! ¿Cuándo regresaste?

—Regresé a Japón hace una semana, pero como usted me dio un tiempo libre, he ido a ver a mis padres.

—Y, ¿ya los has visto a ellos? —No tuvo que decir a quién se refería con ellos, Yashiro lo supuso de inmediato.

—No, la verdad es que no. Después de tanto tiempo fuera del país, tenía muchas cosas que hacer al regresar —no estaba dispuesto a confesarle al presidente que el rechazo de Kyoko le seguía doliendo. Por eso es que no permitió a nadie hablarle de ella. Solo se interesaba por Ren, en cómo le iba en el día a día y en si lo había perdonado por hacerle sentir que le había fallado. Y más aún por haberse alejado cuando le había prometido que estaría siempre a su lado.

—Entiendo, pero muchacho, hay cosas que tú debes saber.

—Presidente, por favor. Sé que toda la culpa de lo que pasó fue enteramente mía, pero aun así... Ella tenía razón. Fue lo mejor. Separarme de ellos les hizo bien a los dos. Por lo que sé la relación con Fuwa y Ren va viento en popa y el niño ha entendido por qué debía irme, y debo admitir que para mí también ha sido beneficioso. Entendí que nunca ocuparé el lugar de Kuon y ni debo intentarlo. Ahora solo visitaré a Ren como lo que es, mi sobrino y ahijado. Siempre será mi favorito, pero hasta ahí es mi deber. Kyoko lo ha dejado muy en claro.

—Kuon.

—¿Perdón?

—Que nunca creí ver a alguien tan obtuso como Kuon, pero heme aquí viendo al espécimen más idiota de todo el género masculino y mira que Kuon era muy obtuso pero tú —le apuntó con un dedo en el pecho—, tú, muchacho, porque no puedo decirte hombre cuando te pones en esa actitud, eres mil veces peor. Y yo que juraba que habías aprendido algo de Kuon y Kyoko después de tantos años, pero como dicen nadie aprende en zapato ajeno.

—¿Presidente?

—Que si dejaras a un lado el dolor de todo lo que pasó, podrías ver que tú no eres el único que sufre por la separación. Ren, aunque te hayan hecho creer que es muy unido a Fuwa y lo admito, el chico se ha portado con él de maravilla, porque realmente lo quiere y mucho, pero él... -suspiró—, él no eres tú. Le haces mucha falta. Él te necesita a ti y no a Fuwa.

—¿Qué quiere decir con eso? —al oír la pregunta a Lory le dieron ganas de darle un sopapo. No lo hizo pero poco le faltó, así que mejor se llevó la mano a su frente y miró al cielo. Luego exclamó.

—¡Dioses!, miren por lo que tengo que pasar y no una, ni dos, sino tres veces. Tres —mostró tres dedos frente a Yashiro como si le hablara a alguien sobre él, o cerca o detrás, Yashiro no supo bien a qué dirección gimoteaba el presidente.

—¿Podemos volver a lo que estábamos? Por favor, presidente —él, que estaba casi arrodillándose para implorarle a los dioses y a todo el cielo en su conjunto se paró de repente y se irguió tan alto como su altura se lo permitía sobre Yashiro. A él le pareció como la figura de Snoopy, el perrito de Charlie Brown, que se erguía creyéndose un buitre. "Espeluznante", pensó Yashiro. Un sueño, más bien era una pesadilla, pronto se despertaría en su confortable cama y el buitre del presidente no estaría sobre él. Parpadeó varias veces, pero no funcionó. Él seguía ahí y lamentablemente Lory también. Suspiró. Y caminó hacia el sofá y se sentó. Si le iban a echar un fuerte rapapolvo por lo que fuera que se lo mereciera, era mejor estar sentado.

—Quiero decirte que tanto Ren como Kyoko, aunque ella quiera negarlo, te han extrañado muchísimo y les has hecho mucha falta.

—Sí, bueno, es que ellos estaban acostumbrados a que yo estuviera por ahí rondándoles.

—Mira, como parece que nada de lo que te diga te hará entrar en razón y te quitará tus ideas absurdas, es mejor que lo veas por ti mismo —y sacó de un cajón del escritorio una foto. Se acercó a Yashiro para mostrársela, en ella estaban a lo lejos Ren y Kyoko. Ella lucía muy triste y Ren estaba llorando. Claro que no le dijo que esa foto había sido tomada en el aeropuerto cuando no lo habían podido alcanzar. Pero si eso lo hacía reaccionar, habría valido la pena.

El sonido del teléfono interrumpió los pensamientos de Yashiro. El presidente se dirigió a contestarlo diciéndole al castaño que esperara mientras atendía la llamada. Cuando el nombre de Ren salió de los labios de Lory, Yashiro prestó atención a la conversación.

—Entiendo, lo siento, yo no podré ir, pero haré que alguien más vaya a recogerlo.

La siguiente parte de la conversación por obvias razones no la pudo escuchar pero se imaginó de qué se trataba, pues Lory, lo volteó a ver y una sonrisa enigmática , o, ¿sería maléfica?, apareció en sus labios.

—De hecho, Yukana-san, está aquí conmigo el padr...ino del niño —Yashiro se quedó de piedra al escuchar el desliz en las palabras de Lory. No era posible que lo hubiera hecho a propósito ¿o sí?—. Él irá inmediatamente. Su nombre es Yashiro Yukihito. Perfecto, va para allá. Por favor, dígale a Ren-kun quién lo recogerá.

Dicho esto colgó el teléfono y escribió algo en un papel que le tendió a Yashiro.

—Esta es la dirección del nuevo colegio de Ren-kun. Ve para allá y habla con la directora Yukana-san.

—¿Nuevo colegio? ¿Ren está bien?

—¿Por qué no vas y averiguas qué le sucede? Tal vez si es de primera mano entiendas lo que ha pasado con él este tiempo que has estado ausente.

Yashiro asintió con la cabeza, tomó el papel y salió de la oficina en busca de su hijo.