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No tardó nada en llegar, el pensamiento de que Ren pudiera estar herido le hizo manejar bastante aprisa, además del hecho de que la escuela del niño estuviera relativamente cerca de LME. Muy conveniente, pero ¿por qué habían cambiado al niño? Hasta donde él sabía a Ren le gustaba mucho su anterior escuela.

Tocó el timbre, una joven mujer se acercó a la puerta.

—Muy buenas tardes, mi nombre es Yashiro Yukihito y he venido a hablar con Yukana-san acerca de Hizuri Ren.

—Yashiro-san. Yo soy Hashiba Mako, soy la supervisora. La directora Yukana me dijo que vendría usted. Pásele, por favor, lo está esperando. Es la segunda puerta al fondo.

Yashiro se acercó a la puerta, pero no podía tocar. Nunca antes había sentido miedo, tanto miedo como ahora. Ni siquiera cuando Kuon murió. ¿Y si la directora le decía que Ren estaba muy enfermo? O ¿herido? Las mil imágenes que le pasaron por la mente a Yashiro, a cual más fatal, le hicieron sudar. Soltó un poco de aire y se armó de valor. Un padre tenía que aparentar sangre fría para poder sobrellevar cualquier situación que se le enfrentara. Tocó la puerta y un adelante se escuchó.

—Buenas tardes, soy Yashiro Yukihito, he venido por Ren.

—Pase, por favor, Yashiro-san. Takarada-san me dijo que usted vendría. También mencionó que es usted el padrino del niño —entró a la oficina, cerró la puerta y tomando la experiencia de sus años como mánager, se sentó ante la directora.

—Sí, soy su padrino. El padre de Ren era mi mejor amigo. Cuando él sufrió el accidente me lo encargó y he estado cuidándolo desde entonces —la ceja que arqueó la directora le hicieron saber que ella se preguntaba por qué si el niño estaba su cuidado nunca lo había conocido antes—. Yo, estuve fuera de Japón por un largo tiempo debido a mi trabajo. Es por eso que no sabía que al niño lo habían cambiado de colegio. ¿Podría ser tan amable y decirme por qué me han mandado llamar?

—Yashiro-san, ¿qué tan al corriente está de la situación de Ren-chan? —los penetrantes e inquisitivos ojos de la directora le recordaron a los de otra persona con la que había estado justo tempranito esa mañana.

—Como le expliqué, he estado fuera de Japón, y entre la diferencia de horarios y el trabajo, no pude estar tan al pendiente de mi ahijado como yo hubiera querido.

—Entiendo. Bien, Yashiro-san, verá, he mandado llamar a alguien de la familia de Ren-chan porque ha golpeado a uno de sus compañeros.

—¿Cómo dice? No lo entiendo. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Alguien lo ha molestado?

—¿Por qué asume que alguien ha molestado al niño, Yashiro-san? Es lógico que los padres siempre quieran creer que sus hijos no son capaces de golpear sin motivo alguno, pero créame que a veces lo son —ahora fue el turno de Yashiro de poner una mirada intimidante, se acomodó sus lentes con un solo dedo y fijó la vista en la directora.

—Créame, Yukana-san, que conozco perfectamente la capacidad de las personas, tanto niños como adultos, de cometer maldades y actos violentos. Pero a Ren siempre se le ha inculcado que la violencia no es una solución y que solo debe hacer uso de ella para defenderse. Tal vez usted no sepa de quién es hijo Ren, pero yo sí y sé las consecuencias que acarrea la violencia. Debido a eso, su madre y yo siempre le hemos insistido mucho en ello. Y sé, con certeza absoluta, que Ren no hubiera pegado a nadie sin motivo alguno. Ahora, ¿podría ser tan amable de llamar al niño, por favor? —la seguridad con la que Yashiro habló defendiendo a Ren, cautivó a la directora. Asintió y levantó el teléfono para mandar llamar a Ren.

El niño en cuanto abrió la puerta y vio a Yashiro, se soltó llorando y corrió hacia él sin importarle el lugar en dónde estaba, ni la presencia de la directora. Yashiro al verlo se levantó de la silla y se arrodilló para poder abrazarlo.

—Tío Yuki —el niño se aferraba a su cuello, abrazándolo tan fuerte como sus manitas se lo permitían. Los sollozos eran tan fuertes que su pequeño cuerpecito se estremecía con ellos. Yashiro sintió las lágrimas de Ren en su piel.

—Hola, campeón —dijo mientras le pasaba repetidamente la mano por la espalda para tranquilizarlo.

—Has ... hic —Ren trató de aguantar el siguiente hipido y terminar la frase—, ven... hic ... ido —Pero el hipo ganó la batalla. Yashiro lo separó de su cuerpo para poder verlo mientras le limpiaba la carita con un pañuelo. Quienes presenciaran esa escena no podrían negar el amor que se reflejaba en los ojos del castaño.

—Voy llegando apenas, Ren. Vine en cuanto me avisaron —lo tomó en brazos y se volteó hacia la directora que estaba conmovida al ver tan tierna escena. Parecían padre e hijo. Ella no sabía qué tan ciertos eran sus pensamientos.

—Yukana-san, ¿me permitiría un momento a solas con Ren? —ella asintió, lo creyó mejor que tratar de hablar, porque tenía la garganta hecha nudos y lo más probable es que lo único que le saliera fuera un graznido. Salió de la oficina dejándolos solos.

—Ren, dime ¿qué ha pasado? ¿Por qué te peleaste? Tú no eres así. Dímelo, pequeño —Ren se aferró a su cuello y negó con la cabeza—. Ren, si no me lo dices me harás pensar lo peor. Entonces me harás creer que ellos tienen razón y tú empezaste la pelea sin motivo alguno. Yo sé que no fue así. Tuvo que haber pasado algo. Vamos, anda. No te regañaré. Solo quiero saber qué pasó.

—Él ... él dijo... dijo que... hic —el hipo no se había ido— yo ... hic ... soy huér ... hic ... fa ... hic ... no ... que... hic no tengo... hic... papá... —Yashiro se tensó, los niños podían ser muy crueles, pero eso...

—Escucha, Ren. Tú sabes que tu papá no está contigo. Eso es cierto. A los niños que no tienen papá o mamá o que no tienen a ninguno de ellos se les llama huérfanos, Ren. Pero eso no quiere decir que tú no tengas a nadie a tu lado que te quiera. Porque ¿sabes algo, Ren? —el niño negó con la cabeza, su cuerpo brincaba debido al hipo y Yashiro lo abrazaba mientras le volvía a masajear la espalda, tal vez no ayudara con el hipo pero sí que tranquilizaba al niño—. Tú eres un niño afortunado, porque a pesar de que no tienes a tu papá a tu lado, él te quería muchísimo y te dejó en las mejores manos que pudieras encontrar en todo el mundo, te dejó con tu mamá y ella te ama tanto, Ren. Además no solo la tienes a ella, también tienes un montón de abuelos. Los demás niños tienen por lo regular cuatro abuelos, pero tú tienes más, están Kuu y Julie, el Taisho y la Okami, Takarada-san y Ten-san y mis padres que te quieren también mucho, Ren. Y ni qué decir de los tíos, solo diciendo que tienes al cantante más famoso de todo Japón como tío... uff... —Yashiro miró al cielo haciendo una mueca, logrando que el rostro antes lloroso de Ren fuera poco a poco esbozando una pequeña y frágil sonrisa.

—También tengo a María-onee-sama...hic... —dijo mientras se limpiaba una lágrima—, ella a veces da miedo cuando se enoja.

—Sí, eso es cierto —dijo recordando a la pequeña María de siete años que logró convertirse en el terror de LME antes de que Kyoko la pudiera ayudar a aceptar a su padre, sonrió ante el recuerdo—. Y también a tus tías Chiori-san y Kanae-san y Ren, también me tienes a mí. Y nunca voy a volver a fallarte, aunque esté lejos, siempre estaré ahí para ti. Solo llámame y vendré tan pronto que estaré aquí antes de que cuelgues.

—Entonces aunque te enojes con mamá siempre voy a poder llamarte.

—Siempre, mi niño. Siempre que me necesites ahí estaré.

—Tío Yuki, ¿quieres ser mi papá?

—Ren... yo —los ojos de Yashiro que habían permanecido secos por un milagro del cielo, soltaron gruesas lágrimas.

—Solo tendrías que casarte con mi mamá —las lágrimas volvieron a inundar los ojos del niño, Yashiro tenía una pelota en la garganta, y por lo grande que sentía el nudo, parecía ser de baloncesto —. Ella cocina rico, a veces es algo mandona y regañona y me obliga a comer mis pimientos ahora que te fuiste, pero es tierna y cariñosa y a ti no te obligaría a comerlos. Nunca lo hace. Como dice que todavía soy pequeño ella me ayuda a bañarme todos los días, pero tú ya eres grande y puedes hacerlo solo. Yo me portaré bien, te juro que no te daré problemas. No me volveré a pelear. No haré que te arrepientas de ser mi padre.

—Ren, jamás podrás hacer algo tan malo como para que yo pueda dejar de quererte, así que solo dedícate a ser un niño. Pero no puedo solo casarme con tu mamá.

—¿Por qué? Si no es por mí, ¿acaso no quieres a mi mamá? —el cielo lo ayudara, Yashiro lo abrazó con fuerza.

—¿Qué? No, Ren, no es eso, Por supuesto que la quiero, a los dos, y mucho, pero esa no es una decisión que solo me corresponda tomar a mí.

—Si nos quieres a los dos, entonces, ¿por qué no te casas con mi mamá y te conviertes en mi papá?

—Porque para casarse se necesita otra clase de cariño. No es como el que siento yo por ti. Ren, vamos, sube al carro, creo que ya es hora de que veas algo que tengo para ti.

Yashiro fue a hablar con la directora diciéndole que se llevaría al niño a casa, pero que al día siguiente regresaría a platicar con ella de lo sucedido. Ella, al ver a Ren en sus brazos accedió, diciéndole que lo esperaría junto a su madre.

Yashiro subió a Ren a la parte trasera del vehículo y le puso el cinturón de seguridad, durante el camino a su casa, el pequeño cayó rendido. Yashiro, con los guantes puestos, tomó el manos libres y marcó. Se escuchó una voz al otro lado de la línea.

—¿Kyoko? —Yashiro guarda silencio y toma aire y un poco de valor para hablar con ella. Del otro lado de la línea Kyoko guarda un largo silencio, haciéndole creer que ha colgado hasta que escucha una débil voz.

—¿Yuki?

—Sí, soy yo, tengo a Ren conmigo, sucedió algo en la escuela y pasaré toda la tarde con él. Te lo llevaré en la noche a tu casa —cuando ella intentó preguntarle qué había sucedido, él se adelanta a responder—. No te preocupes, él está bien físicamente, en cuanto llegue te explicaré todo lo sucedido —y sin darle tiempo ni de replicar o preguntar algo más colgó. Lo que pudiera o no haber entre ellos tendría que esperar. Ren era más importante en esos momentos.

—Kuon, tu hijo te necesita más que nunca. Voy para allá.