A Vivian SanRos por su cumpleaños, por adelantado, XD
La naturaleza ha golpeado mi país. Pero somos un pueblo fuerte, orgullosamente mexicano, que nos damos las manos y no nos soltamos hasta vernos levantados.
Mando un abrazo a todas aquellas víctimas de estos nuevos terremotos. Los recuerdos del pasado y el presente se juntan en las palabras "Terremoto" y "México sigue en pie".
Oro por ti, México, porque siempre sigas teniendo ese espíritu de lucha y de solidaridad, porque siempre tu gente se levante para darse la mano.
Fuerza México.
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—Kyoko, ¿sucede algo malo? —le pregunta irónicamente al ver a la chica en medio de una montaña de libros, ataviada con sus ropas de casa, su largo cabello recogido en un moño en lo alto de su cabeza y un gran pañuelo cubriéndolo. Tenía un chistoso bigote de polvo que hizo a Sho atragantarse la carcajada, pero sabía que de hacerlo sería hombre muerto. Ella tenía un ceño muy profundo. ¡Cielos! Esto iba a ser más difícil de lo que suponía. Los Hizuri le habían hablado cuando se habían pasado hace un rato y la encontraron muy concentrada en tal faena.
—No, ¿por qué lo preguntas? —dijo mientras decidía qué libro tomar primero o por dónde comenzar a ordenar.
—Mmmmm, no, por nada, yo solo estaba tratando de imaginar por qué, por todos los dioses, se te ha ocurrido, precisamente ahora, y a estas horas, bajar todos y cada uno de los libros de la biblioteca —señaló los libros apilados en montañas que le llegaban hasta la cintura. Kuon y ella eran ávidos lectores y Kyoko a su muerte había seguido enriqueciendo la biblioteca con más ejemplares de todos los géneros.
—Porque quería acomodarlos. Por cierto, ¿La Divina Comedia cómo la catalogarías? —sorprendiendo a Kyoko, Sho responde.
—¿En la A de Alighieri?
—Pero, ¿no es más conocido como Dante? —Sho suspira frustrado. Sabe que esto es una evasión al verdadero problema de Kyoko.
—Entonces, ¿para qué me preguntas si lo vas a colocar como se te da la gana? —Kyoko ante su tono se vuelve a él.
—¿Qué mosca te picó a ti ahora, que vienes a hablarme en ese tono?
—¿A mí, dices? No soy yo quien bajó todos los libros de los estantes para limpiarlos cuando tiene a una persona que se encarga de ello y a quien por cierto le va a dar un infarto cuando llegue mañana y vea que tiene que volver a acomodarlos y además hacer todas sus otras tareas.
—No los va a acomodar ella, lo haré yo.
—¿Y eso es por? ¿Qué demonios quieres exorcizar?
—¿Qué quieres decir con eso? —contesta Kyoko ya un poco molesta.
—Que tú no bajas, sacudes y acomodas nuevamente los libros a tu parecer, a menos que estés pasando por una situación que: a) no sabes cómo enfrentar o b) no quieres enfrentarla —levantó los dos dedos mientras enumeraba sus opciones.
—No sé de qué estás hablando.
—Y por lo visto es la b.
—Hablas como si supieras todo de mí —Kyoko se llevó las manos a la cintura dejando una merecida marca de polvo en sus pantalones.
—Hablo porque te conozco.
—Y si taaaaanto me conoces, entonces dime, ¿cuál es la situación, que según tú, no quiero enfrentar? —gruñó.
—Yashiro-san —Kyoko palideció.
—No sabes de lo que hablas.
—Ahhhh, ¿no? ¿No tendrá esto algo que ver con el hecho de que Yashiro–san ha regresado?
—¿Cómo es que lo sabes? —preguntó mientras hacía como que leía el título de un libro que tenía entre las manos. El cual iba a cambiar inmediatamente de forma si ella lo seguía retorciendo.
—Porque, si no recuerdas, se supone que me tocaba a mí recoger al niño hoy y recibí una llamada del presidente Takarada diciéndome que por algún motivo, que no me quiso decir, porque de que lo sabía, estoy más que seguro que él lo sabía, Yashiro-san había ido casi de emergencia a recogerlo más temprano el día de hoy. Y también por el hecho de que me comuniqué con Yashiro-san para saber qué pasaba con Ren y si ya estabas enterada de todo lo sucedido con el renacuajo.
—¿Te comunicaste con él? —el asombro porque Sho se hubiera comunicado con Yashiro la privó de reclamarle el apodo de su hijo.
—Por supuesto. ¿Acaso creías que me iba a quedar muy tranquilo solo con la llamada del presidente? Yo necesitaba saber qué había pasado. Así que me comuniqué con él y le pregunté la razón por la que había recogido al renacuajo. Aunque no me dijo mucho porque quiere hablar contigo primero de eso.
—Ren no es ningún renacuajo, ya te lo he dicho —pero no le dijo que claro que había estado enterada de lo sucedido con Ren, aunque a ella no le había querido decir nada Yashiro. Por otro lado, cuando ella miró el identificador de llamadas se quedó helada, contestó sin poder hablar, sin saber qué decir. Y no es que tampoco él le hubiera dado oportunidad alguna de abrir más la boca, porque en cuanto le dijo lo que tenía que decirle acerca de Ren, colgó, dejándola inquieta y con el alma colgando de un hilo sin saber qué había pasado con su hijo.
—Veamos si no sé de lo que hablo. Me refiero a cuando te pusiste como energúmena cuando Yashiro-san mencionó su compromiso, falso, pero compromiso al fin y al cabo. Que no supiste qué hacer con eso y decidiste que era mejor cortar por lo "sano" —hizo comillas con los dedos— y enviarlo al otro lado del mundo, que aceptar que tenías sentimientos por él. O que, cuando su falsa prometida vino a confesarte toda la verdad y Ren y tú corrieron al aeropuerto para al final no poder alcanzarlo, estuviste llorando sin parar tres días.
—Me sentía mal por todo lo que le dije. Eso fue todo.
—Eso si no contamos la cantidad de veces que Takarada-san y Hizuri-san hacían algún comentario de encontrarle pareja a Yashiro-san y tú te enojabas.
—Es porque sé de primera mano lo que se siente cuando alguien juega a hacer el casamentero.
—Ajá. ¿Entonces el hecho de que haya vuelto y al parecer viene por ti no significa nada? —Kyoko se queda con la boca abierta y cuando puede responder casi grita.
—¡Él regresó por Ren!
—¡Eso no es completamente cierto y tú lo sabes!
—¿Qué quieres decir con eso? —Sho levanta los ojos y la mirada al cielo como clamando paciencia. Ahora entendía a Takarada-san, cuando una vez le platicó lo ciegos que estuvieron Kuon y ella ante su mutuo amor.
—¡Oh, por todos los dioses, Kyoko! Abre los ojos y acéptalo de una vez.
—¿Aceptar qué?
—¡Que estás enamorada de él!
—No.
—¿Cómo puedes negarlo?
—Eso no puede ser cierto.
—¿Por qué demonios no?
—Porque Kuon...
—Kuon está muerto, y tú no —grita exasperado, Kyoko se lleva las manos a los oídos, cierra los ojos tratando de aguantar las lágrimas que de pronto le inundan.
—¡Cállate!, por favor, ¡cállate! —no puede aguantar más y se derrumba en llanto.
—Kyoko... —Sho se acerca a ella, se arrodilla y la abraza tiernamente. Cuando los temblores cesan, por fin puede intentar hablar.
—No puede ser. Eso no puede ser.
—¿Por qué no?
—Él es su mejor amigo, su mánager. Fue su padrino de bodas. Su confidente.
—Y ahora lo es tuyo.
—Esto que dices, no puede ser cierto. No debe ser. ¿Lo entiendes?
—¿Por qué, Kyoko? Eres joven y lo quieras o no, estás soltera. ERES UNA MADRE SOLTERA.
—Porque yo nunca traicionaría a Kuon.
—Kuon está muerto. Tu cabeza lo sabe pero no dejas que tu corazón lo acepte. Pero el amar a alguien más cuando aquella persona que amamos ya no está con nosotros, no es traicionarla. Al contrario, es vivir según ella lo hubiera querido. De otra forma solo lloramos su pérdida sin disfrutar lo que tenemos —Sho no puede creer lo sensiblero que puede llegar a ser. Nunca en su vida se hubiera imaginado diciendo soberanas cursilerías, pero a Kyoko había que llegarle por el lado sentimental. Si ella supiera lo que estaba intentando lo mataría—. Hay un dicho que va: "Si por las noches lloras la falta del sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas". Y eso, cariño, es lo que te está pasando a ti —Kyoko pega un respingo ante el término afectuoso por parte de Sho.
—¿Cariño? —repite arqueando las cejas.
—Eso eres para mí. Un cariño muy especial. Mi mejor amiga. Le prometí a Kuon en su tumba, velar por ustedes y eso también significa ayudarte a ver lo que tienes enfrente de ti —cursilería número... Pufff, había perdido la cuenta, pero esta última, decirle de esa forma, le había salido muy natural, del corazón. Y con eso se dio cuenta de que estaba pasando mucho tiempo, últimamente, a su lado.
—¿Y eso es?
—El amor, Kyoko. Tu amor por Yashiro-san.
—Eso no puede ser. Él es su mejor amigo.
—¿Y quién mejor que él? —con la mano le levanta la barbilla y la mira fijamente—. Kyoko, ¿qué te preocupa más? ¿Saber que estás enamorada de él o que eres correspondida?
