Sho se ha ido hacía rato, y ella seguía en el sofá donde él la dejó recostada. Las palabras que Sho le dijo aún continúan en su mente sin poder asimilarlas. ¿En verdad los sentimientos que ha venido teniendo por Yukihito eran amor? Si eso era cierto, ¿por qué no los reconoció? No es que no se hubiera enamorado antes. No es que el amor le fuera desconocido. La cabeza le iba a estallar si seguía con esa línea de pensamientos.

Además ¿qué con eso de que Yashiro había vuelto por ella? ¿Eso significaba que él tenía sentimientos por ella también? Se quedó quieta ante lo que había pensado. ¿También? ¿Estaba ella aceptando al fin que lo amaba? ¿Que lo que había pasado con la "prometida" de Yashiro había sido solo consecuencia de sus "celos"? Si era honesta consigo misma, todo eso encajaba a la perfección con un arranque de celos, pero eso no podía ser.

Intenta pararse del sofá cuando el timbre de la casa suena. Ella sabe quiénes son. Yashiro tiene llaves de su casa pero sabe que él no las utilizará, no ahora. El timbre vuelve a sonar. Pero no puede moverse. Porque al hacerlo y al abrir la puerta tendrá que enfrentarse a él. Sigue sin saber qué decir y ahora que las palabras de Sho las tiene grabadas en su mente, menos. ¿Cómo enfrentarlo? ¿Sería verdad que él también le correspondía? ¿O solo era un intento de Sho para hacerla reaccionar?

El timbre vuelve a sonar, ella lo siente más que escucharlo. Sabe que él está detrás de la puerta. Esperando. No puede dejarlo así. Nunca ha sido una cobarde y no debe darle ese ejemplo a su propio hijo. Así que con piernas temblorosas se dirige a la puerta y la abre. Frente a ella está Yukihito, trae al niño cargado en sus brazos, completa y profundamente dormido.

—Buenas noches, Kyoko-chan, ¿puedo pasar? —A ella no le pasa inadvertido el uso del sufijo. Su corazón le duele ante la evidencia de todo lo que ha perdido con él.

—Por supuesto, Yuki, pasa. Lo siento, estaba algo... —¿Qué iba a decir? ¿Atarantada ante el descubrimiento de que tal vez estoy enamorada de ti? ¿De que posiblemente he sido una idiota porque te alejé debido a que en realidad estaba celosa? Se hizo a un lado para dejarlo pasar, después de todo, también llevaba en brazos a su hijo.

—¿Está todo bien? —preguntó al verla tan desaliñada, todavía tenía una mancha de polvo en la mejilla. Seguramente había estado limpiando a conciencia la biblioteca, otra vez. Se preocupó, algo similar había sucedido cuando Kuon murió. Si bien la situación del niño era importante no creía que fuera para que se pusiera de esa manera.

—Sí, claro, ¿por qué lo preguntas?

—No, por nada, es solo que tal vez te alarmaste cuando te llamé. Pero ya lo traje. Lo he calmado. Estaba muy alterado cuando lo recogí —Kyoko se quiso dar de golpes en la cabeza contra la pared, ¿cómo era posible que hubiera podido olvidar la situación de su hijo? Kuon hubiera estado muy decepcionado de ella. ¿Qué clase de madre era que anteponía su tonta inquietud ante el sufrir de su hijo?

—¿Qué sucedió?

—Deja que lo acueste y te platicaré todo con lujo de detalles.

Kyoko iba a su lado, una cosa es que se hubiera olvidado por un rato y otra es que lo dejara solo. El niño la necesitaba y a Yashiro también, intuyó. Justo cuando estaban subiendo las escaleras, Ren se despertó. Con los ojitos entrecerrados y la voz somnolienta dijo:

—Tío Yuki, ¿te quedarás conmigo esta noche? —Yashiro volteó a ver a Kyoko y ante la mirada sorprendida de ella por la pregunta del niño, contestó:

—No, campeón, pero vendré mañana a recogerte para llevarte a la escuela, ¿te parece?

—No, quiero que te quedes conmigo. Por favor, solo esta noche, tío Yuki.

Ren se abrazó más fuerte al cuello de Yashiro, su cuerpo volvía a temblar como cuando lo recogió en la escuela. Kyoko vio la necesidad en su hijo y la mirada de inquietud de Yashiro.

—Ren, tu tío puede quedarse si él así lo quiere. Por mí está bien —Yashiro agachó ligeramente la cabeza en una reverencia de agradecimiento.

—Tengo ropa en la cajuela del carro, iré por ella —Yashiro bajó al niño sobre su cama y se dirigió a su carro. Kyoko se acercó a su hijo y después de darle un beso en la frente, lo empezó a desvestir.

—Mientras, usted, jovencito, irá a bañarse —el niño hizo un puchero que a Kyoko le recordó a su Nii-san, sonrió con añoranza. Cómo le hubiera gustado que Kuon estuviera ahí. Seguramente él hubiera dicho algo para convencer al niño de bañarse por su propia voluntad.

—Pero no lo necesito, me bañé ayer.

—Eso no importa, Ren.

—No quiero.

—Pero debes hacerlo, amor —Yashiro no había tardado nada en ir por su pequeña maleta. Desde que había sido mánager de Kuon, tenía la costumbre de traer una siempre con un cambio de ropa. Iba subiendo las escaleras cuando escuchó la discusión entre madre e hijo. ¿Desde cuándo a Ren no le gustaba bañarse? Que él recordara siempre disfrutaba con su baño de burbujas. Se acercó a la habitación y se quedó recargado en el umbral viéndolos, cuando Ren se percató de su presencia.

—Me baño si mi tío se baña con nosotros —Kyoko volteó a ver a Yashiro, su rostro adquirió un nuevo tono en la gama de los carmines. Yashiro sonrió, pero no bajó la vista. Ella se veía hermosa sonrojada.

—Campeón, ¿qué te parece esto? —dijo él—. Esta vez tú y yo nos bañamos y dejamos que tu mamá mientras nos prepare la cena. Que sea un baño entre hombres —Ren sonrió, se había salido con la suya, ahora su tío no solo se quedaría esa noche con él sino que además se bañarían juntos como un niño grande.

—Sí, sí. Solos tú y yo, tío Yuki —Kyoko suspiró resignada, pero agradecida de no tener que discutir más con su hijo.

—Iré a asearme y después les prepararé la cena —se dio la media vuelta y salió de la habitación sin advertir que Yashiro la miraba de manera melancólica.

Ren estaba feliz y eso era lo que le importaba a Kyoko, sobre todo después del sentimiento de culpa por haberse olvidado de la causa por la que Yashiro había tenido que recoger al niño en la escuela debido a sus confusiones sentimentales. Así que si tenía que pasar una noche con Yashiro en su casa, muy cerca de ella, por su hijo que lo haría. Además no estaba tan convencida de que Sho tuviera razón y él sintiera algo por ella. Después de todo él se había centrado exclusivamente en el niño.

Tomó una corta ducha para quitarse todos los malos pensamientos y de paso la suciedad de haber estado todo el día en la biblioteca. Bajó para hacer la cena. Cocinar siempre le había calmado los ánimos. Al terminar y ver que, tanto Yashiro como Ren aún no habían bajado, se le ocurrió ir y ver qué sucedía.

Kyoko hizo lo que hacen todas las madres con un hijo de tan corta edad. Entró a la habitación del niño sin llamar. Cuál fue su sorpresa al entrar y verlos a los dos como Dios los trajo al mundo.