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Yashiro caminaba de un lado a otro de la habitación mientras esperaba el diagnóstico del doctor que estaba auscultando a Kyoko, con su celular frito en su mano. Cuando Kyoko se desmayó tomó su teléfono móvil para llamar a recepción y del pánico de verla en tan mal estado, no se percató que no traía los guantes puestos y el resultado fue el obvio, su aparato frito, casi había podido ver el humo salir por las delicadas ranuras laterales. Ufff, ya tenía varios meses con ese celular y le había tomado cierto apego, a pesar de que en todos sus anteriores teléfonos el único tono de llamada era la marcha fúnebre, ya se había resignado a eso, pero ese en específico era el más especial, porque no solo este le había perdonado el dichoso tono de llamada, sino que además en él, tenía una foto que le había tomado a escondidas a Kyoko, en la que salía sonriente y con una mirada ensoñadora, la cual adoraba. Lo bueno es que había hecho respaldo de ella y no todo estaba perdido.

Al notar su celular descompuesto, cargó a Kyoko hasta la cama, se puso los guantes y llamó a recepción desde el teléfono fijo. Cuando llegó el doctor, las palabras le salieron a trompicones de lo desesperado que estaba por decirle todo lo que había sucedido con Kyoko desde que la había notado mal. Lo bueno, es que el doctor ya tenía mucha experiencia tratando con familiares impacientes, nerviosos y desesperados de los enfermos.

Yashiro no quería salir de la habitación mientras el doctor la auscultaba, con la excusa de que solo él podía responder a sus preguntas, pero la verdad es que no quería separarse ni un solo momento de ella. Verla así fue..., no podía ni describir lo que sentía. Algo en el rostro febril de la mujer que amaba le recordó la muerte de Kuon, y Yashiro tembló. Un pánico le inundó el alma y el corazón, y ¿si lo que tenía Kyoko era más grave de lo que aparentaba? Ella nunca se enfermaba, no así. Jamás la había visto de esa forma. ¿Qué pasaría con Ren si algo llegara a sucederle a ella? ¿Qué pasaría con él? Sabía que no podría resistir perderla también a ella. Se hincó a su lado y rezó a todos los dioses que conocía y a los que no. Temblando de miedo, fue tanto que el médico alcanzó a notarlo.

—Yashiro-san, ¿se encuentra usted también enfermo? —la voz del doctor lo sacó del ensimismamiento.

—No, no para nada. Lo siento, Okada-san, si lo alarmé por nada, es solo que estoy preocupado por Kyoko.

—He terminado de revisarla, ¿sabe usted desde cuándo ha tenido ella este piquete en la pierna? —a Yashiro le faltó tiempo para pararse al lado del doctor y revisar lo que él le estaba mostrando.

—No, no tenía idea, parece un piquete de mosquito, aunque se ve inflamado y hasta como infectado.

—Sus observaciones son correctas y, pues sí es un piquete, pero para infortunio de Hizuri-san, no es de un mosco común y corriente, sino de un mosco tigre y pueden llegar a ser muy peligrosos —el rostro de por sí preocupado de Yashiro palideció aún más si es que eso era posible.

—¿Qué tan peligroso?

—En muchos pacientes se presentan severas fiebres, delirios, dolor y debilidad muscular, reacciones alérgicas, prurito, dolor de cabeza, náuseas y en los caso más severos dificultad para respirar.

Con cada uno de los síntomas que el doctor le iba describiendo Yashiro se sentía morir, pero cuando llegó al último e imaginarse a Kyoko tal vez conectada a un monitor respiratorio, sus piernas le fallaron, cómo se mantuvo en pie, ni él mismo lo supo.

—¿Habrá que trasladarla a un hospital?

—Por el momento no será necesario, la cuidaremos aquí y la mantendremos vigilada.

—Okada-san, sé que es usted el doctor, pero me sentiría más tranquilo al llevarla a un hospital.

—Yashiro-san, Hizuri-san, está en las primeras etapas, esto no es contagioso y lo mismo que le indicarían en un hospital se lo podemos administrar aquí, con la gran ventaja de que usted podrá estar a su lado en todo momento y si algo llegara a pasar, el hospital está a menos de diez minutos de aquí. Yo le recomiendo no moverla. Además ella es una actriz renombrada, si los medios se llegaran a enterar estarían merodeando alrededor de ella.

—Lo siento mucho, Okada-san, es solo que estoy muy preocupado por ella —Yashiro hizo una reverencia.

—No se preocupe, estoy acostumbrado. Las personas creen que los médicos de los hoteles no estamos capacitados más que para curar heridas superficiales, gripas y raspones —le sonrió tranquilizándolo, mientras que el regaño solo sirvió para hacer sentir peor a Yashiro—. Por el momento debemos mantenerla hidratada, dándole a beber agua poco a poco, con ayuda de una jeringa, para que no se atragante. Si le sube la fiebre habrá que bajársela mediante un baño —Yashiro se sonrojó de solo pensar en quién le daría el baño a Kyoko, pero ganó su profesionalismo.

—Por supuesto.

—Mientras, le administraré antiinflamatorios, antihistamínicos, un medicamento para el dolor, y otro para bajar la fiebre. Esto, mi querido joven, es cuestión de esperar —dicho eso jaló una silla que se encontraba en el rincón del cuarto y empezó a administrarle los medicamentos a Kyoko.

¿Esperar? ¿Esperar qué? ¿Que le subiera la fiebre? ¿Que convulsionara? Como si fuera tan fácil para él quedarse sentado ahí atravesando ese infierno sin ayuda, sin poder hacer nada más que mirarla. Y además ella también tendría que pasar por el suyo propio.

El doctor le dio su número de celular y le dijo que estaría al pendiente de ella yendo a revisarla periódicamente, pero que podía llamarlo en cualquier momento si algo sucedía en los intervalos.

Yashiro le agradeció al doctor y se quedó al lado de Kyoko decidiendo si hablarles o no a los Hizuri. Porque hacerlo sería preocuparlos y no podrían hacer nada por ella, ellos tenían que cuidar a Ren. Pero también era su hija. Decidió que los llamaría al día siguiente en cuanto ella estuviera mejor, tenían derecho de saberlo y tampoco era idiota, si ellos se enteraban de su enfermedad y de que se la había ocultado sería muerte segura para él y la verdad valoraba mucho su vida.

Durante la madrugada lo peor no había pasado, la fiebre aumentó tanto que ella empezó con los delirios. Sin saber qué más hacer, se dirigió al cuarto de baño y empezó a llenar la bañera con agua para poder sumergir a Kyoko en ella y así bajarle la fiebre.

Cuando la bañera estuvo llena, fue hacia Kyoko y le quitó la ligera sábana que la cubría, se suponía que no debía estar cubierta pero la tentación de verla era demasiado, así que tímidamente le había puesto la sábana por encima.

Pero al cargarla, ella ya convulsionaba por la fiebre. Su tembloroso cuerpo se sentía frágil y delicado en sus brazos. La sujetó con más firmeza acercándola a su pecho como intentando protegerla de la fiebre y la enfermedad.

—Kyoko, te amo, ojalá y pudiera hacer algo más por ti que solo quedarme observándote. No puedo perderte a ti también...

—Yuki... —como si ella lo hubiera escuchado, la voz salió entrecortada, casi como un susurro. Yashiro se quedó petrificado porque ella estaba inconsciente. Ella no había llamado a Kuon, fue su nombre el que salió de sus labios. No, tenía que ser solo una coincidencia, era solo que él le habló en ese momento y ella le contestó.

—Yuki... no...

—¿Eh?

—No... me... dejes, Yuki... —Una lágrima rodaba por la mejilla de Kyoko que Yashiro limpió con la suya. ¿Qué había querido decir Kyoko con eso?

Yashiro mete a Kyoko con mucho cuidado en la bañera para bajarle la fiebre y aunque la introduce al agua con el camisón puesto, esta revela sus curvas, él no puede evitar fijarse en que los pezones se translucen a través de la ligera prenda, así como no puede evitar que su cuerpo reaccione al de ella, sobre todo ahora que tiene sus palabras grabadas a fuego en su mente. Su temperatura se eleva, ¿acaso estaría el también enfermo? Movió la cabeza, tratando de no verla más de lo que ya lo había hecho. Se sentía un hombre terrible. Ella estaba literalmente desmayada por la fiebre y él endureciéndose cual adolescente ante su primer desnudo, por ver su cuerpo transparentándose a través del camisón mojado.

Cuando la saca no puede dejarla completamente mojada así que aún con la pijama puesta, la seca con gran cuidado y la lleva a la cama donde, debajo de las sábanas la desnuda con cuidado. Es un martirio, jamás había tenido una prueba tan dura como esa. Tener a la mujer que se ama desnuda entre los brazos y no precisamente en la mejor de las situaciones. Traga saliva, sabe que si Kyoko despierta, se sentirá cohibida al saberse desnuda, por lo cual, decide a pesar suyo, a cambiarla, así que haciendo circo, maroma y teatro, le levanta la espalda teniendo cuidado de que la sábana no se le resbale del pecho y la deje al descubierto, le pasa el camisón por la cabeza y tratando de no mirar —mucho— se lo coloca, aunque se percata de que ha dejado la sábana bajo él, así que la jala para quitársela de encima, pero lo hace con más fuerza de la necesaria que le deja descubierta de la cintura para abajo, su mirada se le va a esa zona en particular que lo pone más duro de lo que ya estaba en el cuarto de baño. Decidido, era un pervertido. ¿Qué tipo de hombre se endurece mientras la mujer que ama yace desnuda bajo él mientras está enferma? Solo él. Trata de bajarle el camisón, pero con una sola mano es imposible hacerlo sin tocarla. Así que mira hacia otro lado, pero las manos sienten la suave piel que tocan y lo hacen sudar más.

Muy temprano por la mañana, llega el doctor para encontrarse a un Yashiro completamente agotado por la preocupación y algo más. Kyoko se encuentra un poco mejor, pero aún así le siguen administrando los medicamentos.

—Yashiro-san, será mejor que descanse un poco.

—Okada-san, con todo el respeto, pero no quiero separarme de ella. No me sentiría tranquilo de hacerlo. Yo... —enrojeció hasta las pocas canas que tenía. El doctor entonces pudo ver en los ojos del castaño lo que había sospechado, ese hombre estaba enamorado de su paciente.

—No se vaya si no quiere, en este cuarto hay dos camas, duerma un rato, necesita descansar si quiere estar bien para ella, no necesito otro enfermo que cuidar. Si algo llegara a pasar, lo despertaré —Yashiro asiente, y quitándose los valores japoneses de estar en el mismo cuarto que una mujer soltera, se tiende en la cama con la ropa puesta, solo se cubre con la colcha para no enfriarse —órdenes del doctor— y se queda dormido inmediatamente con la imagen de Kyoko desnuda entre sus brazos llamándolo a él.

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N.A. Aunque el mosquito tigre puede transmitir enfermedades que son de sumo cuidado como son el chikungunya o el dengue, no quería que Kyoko estuviera ni tanto tiempo enferma o que fuera tan fuerte, por lo cual su período de recuperación será corto.

Mil gracias a todos los que me dejan reviews y aunque no he podido responderlos pronto siempre los leo. También agradezco a todos que han dado de alta mis historias en favoritos.

Saludos y felices fiestas navideñas.

Nos vemos el próximo capítulo.