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Kyoko despierta confundida y adolorida, sintiéndose sin fuerzas, no sabe qué ha pasado, al abrir bien los ojos se da cuenta que al lado de la cama hay un señor entrado en años. Sorprendida intenta levantarse. Una mano delicada pero firme la detiene. Y con voz baja para no despertar al pobre Yashiro que había caído rendido en la cama de al lado, el hombre le habló.

—Hizuri-san, no intente levantarse, se mareará, está usted muy débil. Soy el doctor Okada, del hotel. Me alegra que ya se haya despertado. Yashiro-san y yo hemos estado cuidando de usted. Él se encuentra muy preocupado por usted.

—¿Yuki? —preguntó con voz rasposa y débil.

—Si es el joven pelicastaño, de lentes, que no se ha separado de usted ni un solo segundo y estuvo a punto de llamar a todo un ejército de doctores para atenderla, entonces sí —sonrió ante los ojos abiertos de incredulidad de su paciente y señaló con la cabeza hacia la otra cama, donde estaba un Yashiro exhausto y profundamente dormido, Kyoko volteó con cuidado para vislumbrar al hombre que la había cuidado—. La ama mucho, ¿sabe? Estaba que se subía por las paredes cuando usted se desmayó. He visto familiares de los enfermos preocupados, pero en una escala del 1 al 10, ese pobre hombre andaba en un cien. Le tuve que dar un somnífero en un poco de agua para hacerlo dormir porque no quería dejarla ni a sol ni a sombra y ¿sabe? No necesitaba yo cuidar a otro enfermo en este momento, y menos uno por agotamiento —aunque sus palabras sonaban tranquilas su tono de voz indicaba la seriedad del asunto.

Kyoko abrió los ojos y su boca, pero no pudo articular nada. La enfermedad le había embotado la cabeza y los oídos, porque de todo lo que le había dicho el doctor lo único que se le quedó en la mente es que creyó haber escuchado decirle que Yuki la ama.

Kyoko movió negativamente la cabeza ante sus propios pensamientos, pero el doctor supo interpretarlos correctamente.

—Ahhhh, Hizuri-san, el corazón que duda es el que más se lastima.

—Yuki, él no... —Kyoko intentó levantarse nuevamente y fue regresada a su posición por el doctor, esta vez con una reprimenda de por medio.

—Hizuri-san, le recomiendo que se esté tranquila, en este momento su cuerpo se está recuperando de una fiebre muy alta, la enfermedad que contrajo por la picadura del mosquito no ha sido tan grave como sucede algunas veces, ya que es usted una mujer joven y fuerte y eso jugó mucho a su favor, pero esto no quiere decir que ya esté usted recuperada por completo. Tardará un par de días en regresar a su estado normal, siempre y cuando siga al pie de la letra mis instrucciones y guarde el reposo necesario.

Al escuchar al doctor, que habló esta vez un poco más alto ante la insistencia de Kyoko por levantarse, Yashiro se despierta y en un instante se encuentra al lado de la cama, viendo con alivio que Kyoko había mejorado notablemente.

—Kyoko —ella voltea a verlo y logra vislumbrar la preocupación y el alivio que se refleja en sus ojos, así como también el hecho de que los tiene muy brillosos como si estuviera aguantando las lágrimas.

—Yuki..., gracias.

El doctor al ver la escena e intuyendo que había mucho más entre ellos y con la experiencia que dan los años, decide despedirse no sin antes dar las instrucciones a ambos.

—Hizuri-san debe estar en reposo absoluto el día de hoy, su cuerpo aún no se encuentra lo suficientemente fuerte como para que sus piernas la sostengan por sí solas, así que necesitará ayuda. La debilidad muscular irá disminuyendo poco a poco. Tendrá que tomarse los medicamentos tal y como dice la receta. Muchos pacientes se empiezan a sentir mejor y dejan de tomarlos y eso es lo peor que pueden hacer —antes de dirigirse hacia la puerta le pone la mano en el hombro a Yashiro y le dice:

—Tiene usted mi número de celular, cualquier cosa, llámeme, estoy para servirles, aunque creo que ya no existe ningún riesgo de recaída porque lo más difícil ya ha pasado —se voltea con Kyoko y agrega—, volveré a verla mañana. Es usted una mujer con mucha suerte, Hizuri-san, y no me refiero solo a su pronta recuperación, piense en lo que le dije —le guiña un ojo, se voltea hacia la puerta y se va, dejando a Kyoko pensativa y a Yashiro con la duda de a qué se estaba refiriendo. Pero la mujer que estaba tendida en la cama gime al tratar de moverse un poco y ese pensamiento le dura solo un suspiro cuando ya está a su lado tratando de ayudarla.

—Kyoko, ¿cómo te sientes? —a ella no se le pasa por alto el hecho de que ha vuelto a ser solo Kyoko para él.

—Como si me hubieran dado una paliza. ¿Te la hice pasar duras? —él hubiera querido decirle que en más de una manera, pero solo respondió:

—Estuve muy preocupado por ti, fue un infierno verte así —Kyoko se queda muda ante sus palabras y su significado—, tú nunca te has puesto tan mal y no había gran cosa que yo pudiera hacer por ti y el doctor dijo que aquí se te podía dar la misma atención que en el hospital, pero que en el hotel estarías más cómoda y con más privacidad —Yashiro toma la almohada de la cama donde estuvo él durmiendo un rato y la acomoda junto a la de ella para que pueda colocarse cómodamente sin marearse, a Kyoko le llega el aroma de su colonia desde ella, aspira profundamente tratando de retenerlo al mismo tiempo que intenta que él no se dé cuenta, pero lo hace y malinterpretando la situación, Yashiro se sienta a su lado, sin darse cuenta toma su mano con mucho cuidado.

Kyoko al moverse bajo las sábanas nota que bajo el camisón no lleva nada y teme preguntar el por qué, o mejor dicho teme oír la respuesta, al mismo tiempo que a Yashiro se le vienen a la mente las imágenes de su cuerpo semidesnudo entre sus brazos, o la sedosidad de su piel bajo sus manos. Ambos se evitan la mirada y no logran ver que los dos están sonrojados.

—Si te sientes mejor, iré a hablarles a tus padres por teléfono, si se llegan a enterar de que estuviste enferma y no les avisé, soy hombre muerto cuando llegue —Kyoko sonríe a su pesar, porque en medio de la broma hay algo de cierto en sus palabras, así que asiente y recarga la cabeza en la almohada—. Por favor, no te levantes para nada, iré a mi habitación a bañarme, cambiarme y de ahí les hablaré a los Hizuri y vuelvo.

—Yuki, estoy mejor, yo puedo —un dedo impidió que siguiera hablando, sin que ninguno pudiera hacer nada por evitarlo, la mano de Yashiro cobró vida y se movió hacia su mejilla donde se detuvo.

—El doctor dijo que no debías pararte por tu cuenta, Kyoko, somos adultos y no hay nadie más. Tendrás que conformarte conmigo. Parece que te vuelve la temperatura —lo dijo al sentir de pronto cómo su cara se calentaba, pero ella no tenía el valor de decirle que no era por la enfermedad sino por sentir su mano en su mejilla.

—Estoy bien, vete sin cuidado.

—Prométeme que no te moverás para nada.

—Yuki.

—Prométemelo o juro por los dioses que me baño en tu cuarto aunque me tenga que ir al mío propio en toalla y luego tendrás que ir a sacarme de la cárcel porque me acusarán de pervertido —la mano de Yashiro continuaba en su mejilla, ninguno de los dos hacía nada por quitarla. Kyoko asintió y sonrió ante el intento de bromear de Yashiro—. Vengo en unos minutos —y sin siquiera pensarlo Yashiro se despide de ella con un ligero y rápido beso en los labios que los deja a los dos confundidos y sorprendidos.

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N.A. Que pasen todos ustedes unas excelentes fiestas, que Dios siempre los acompañe y bendiga.

¡Feliz Navidad!