¿Acaso creían que los iba a dejar así? ¡Por supuesto que no!

Pero me encantó saber que lloraron con el primer final XD...

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—Kyoko... —una melodiosa voz que no creyó oír nunca más, se escabulle en sus sueños y sonríe al escucharla—, Kyoko... —siente una caricia en su mejilla, suave y delicada, el aroma es inconfundible, como cuando él la despertaba con una rosa acariciando su cuerpo, del rosal que Kuon mismo había plantado. Uno que había buscado por todo Japón (literalmente). De color rojo encendido, casi negro, el mismo tipo de rosa que le dio en su cumpleaños junto con la princesa rosa.

—¿Kuon? ¿Eres tú? —una lágrima se escapa de sus ojos y resbala por la mejilla, él se la limpia con su dedo pulgar y la acaricia tiernamente.

—Sí, Kyoko, soy yo.

—¿Por qué? —no hubo necesidad de decir nada más, él supo a qué se refería. Encoje los hombros y niega con la cabeza.

—No lo sé, Kyoko —lo mira a los ojos y ve la tristeza reflejada en ellos—. Lo nombraste Ren —sonríe, cambia de tema, no quiere seguir por ahí, ella lo comprende y esboza un amago de sonrisa.

—Con ese nombre me enamoré de ti, quería que él lo tuviera. Que de cierta forma te tuviera a ti. Él tiene tus mismos gestos, me hace el mismo puchero de Nii-san cuando quiere salirse con la suya. Me recuerda mucho a ti.

—Y yo veo en él todo lo que amo de ti, gracias.

—Kuon, yo... —desvía la mirada, no puede verlo a los ojos, no puede decirle que hay un nuevo amor albergándose en su corazón, no puede afrontar el hecho de que ha seguido con su vida, siente que lo engaña, como... si le fuera infiel. Pero él la ve, la conoce y sonríe. Le toma la barbilla con dos dedos y voltea su rostro hacia él.

—Lo sé, Kyoko, está bien... —Kuon se acerca y la abraza, ella aún puede oler su aroma, tan característico de él, aún lo recuerda, no lo ha olvidado, entonces se deshace en lágrimas, el llanto que antes eran pequeños sollozos ahora es un amargo mar de lágrimas—. Tú tienes tanto amor para dar dentro de ti, que sería un gran desperdicio que no lo hicieras. Yo quiero que seas feliz. Que vuelvas a ser la mujer alegre y tan llena de vida que conocí y de quien me enamoré. No quiero que pases tu vida sola, en agonía de lo que pudo ser y no fue. Él es un buen hombre, te hará feliz, a ti y a nuestro hijo —la besa tiernamente en los labios y vuelve a sonreír. Ella se refugia entre los brazos que tanto ha añorado. Y Kuon no tarda en abrazarla fuertemente como ha querido hacerlo durante tanto tiempo.

—Él va a ser... —calla y mueve la cabeza negando para sí mismo—, no, él ya es un buen padre para Ren, el que yo hubiera querido ser. Y nuestro hijo lo necesita. Yukihito no es egoísta y es muy leal. Sé que también le hablarán de mí a Ren, y de lo mucho que los amo a los dos, que siempre los amaré, durante toda mi eternidad, como ya lo han hecho. Porque sé que cuando Ren más lo ha necesitado, ahí ha estado como un verdadero padre. Dile a Yukihito que muchas gracias por haber cumplido su promesa, por haberlos cuidado a ambos por mí.

—Kuon... te... sigo... amando... tanto... pero... —sus ojos brillan por las lágrimas que tanto intentaba controlar, los espasmos producidos por el llanto le obligan a hablar entrecortado.

—Todo está bien, quiero que sean felices. Eso es lo único que quiero para ustedes. Y sé que con él lo podrán ser. No tengas miedo ni te contengas. Quiero que tengas una vida dichosa y plena a lado de él. Es quien yo querría para ti. Es lo mejor que les pudo haber pasado a ti y a mi hijo. Kyoko, por favor, diles a mis padres que los amo y que no me arrepiento de nada de mi vida porque todo lo que hice, para bien o para mal, me llevó a ti. Tú valiste la pena. Tú y mi hijo lo valen. Los amo tanto.

Las lágrimas desbordan sus ojos y por más que ella intenta reprimirlas no puede. Kuon lleva sus manos al rostro de Kyoko y tiernamente y con una sonrisa, en cierta manera de tristeza porque esta es su despedida hasta que donde él la esperará, vuelvan a verse, le limpia las lágrimas con los pulgares.

—Sé que es difícil para ti, pero debes dejarme ir —Kyoko agacha la cabeza, las lágrimas no dejan de fluir.

—Kuon... —susurra.

—Yo sé que en tu corazón siempre habrá un lugar para mí —ella mueve su cabeza afirmativamente.

—Siempre, Kuon. Siempre te amaré. Tú, fuiste, eres y serás mi primer amor —con el dedo índice, Kuon le levanta la barbilla y le da un tierno pero largo beso.

—Kyoko, mi amor, mi eterno y único gran amor. No dejas de sorprenderme, de fascinarme, de enamorarme. Te esperaré por siempre. Sé feliz, mi amor —ella cierra los ojos al escuchar sus palabras.

Kyoko sabe que esta es la despedida que nunca tuvieron, el corazón le duele porque parte de ella quisiera que estuviera ahí a su lado, vivo. Viendo crecer juntos a su hijo. Entonces voltea a verlo y temblando, pone sus manos sobre las de Kuon, y pregunta:

—¿Volveré a verte? ¿Mantendrás la promesa que una vez me hiciste? ¿Me esperarás? ¿Vendrás por mí? —pregunta con los ojos nublados. Kuon sonríe ante la retahíla de preguntas, con tristeza por saber de todo lo que se ha perdido y de que ahora el corazón de Kyoko le pertenece a alguien más, pero que aun así ella siempre lo amará. Nunca lo ha olvidado y sabe que nunca lo hará.

—Cuando el momento llegue, yo vendré por ti mi amor, te estaré esperando por siempre. Pero mientras, quiero que goces la vida, que sean dichosos, háganlo por mí, por favor. Seré feliz sabiendo que tú lo eres.

Kyoko se despierta sin saber si eso fue un sueño o realidad. Tiene las mejillas empapadas, pero aún siente sus labios en los suyos. Solo ha sido un sueño, el producto de su imaginación, del anhelo de que él sepa que jamás lo olvidará, pero no puede vivir eternamente de su recuerdo, y al poner la mano en la almohada, voltea a ver incrédula lo que está encima de ella, ahí, donde antes estaba su mejilla, o mejor dicho al lado de ella, había una única rosa, de ese mismo rosal que no había florecido desde su muerte, como si con Kuon el rosal hubiera muerto también. Pero ahí estaba la prueba de que no había soñado, él había estado ahí. Quitándole el peso de sentirse culpable por amar a alguien más.

Con las fuerzas renovadas, se para de la cama y se pone una bata. Baja hacia el jardín, hacia el rosal que hace tiempo parece muerto y sin embargo nunca ha tenido la fuerza para quitarlo; es el último recuerdo de él, y se queda estupefacta, ahí en medio del jardín, el rosal ha vuelto a renacer, y en su centro un único y hermoso botón se yergue orgulloso y fuerte. Recordándole que, a pesar de la muerte, el amor es más fuerte. Y así como el rosal, ella volverá a florecer aún más fuerte y hermosa que antes.

Escucha detrás de ella la vocecita infantil de su hijo.

—Es de papi —Kyoko se voltea de inmediato sorprendida, ¿cómo sabía lo del rosal? El niño estaba aún con su pijama, frotándose los ojitos y arrastrando el muñeco de peluche. Uno de los que el propio Kuon había seleccionado para él, y del cual no se separaba nunca. Y como si Ren supiese sin tener que preguntar, agregó—, él vino a visitarme anoche. Me dijo que me amaba, que lamenta mucho no poder estar conmigo, y verme crecer, pero que se alegra de que tío Yuki sea mi padre aquí en la tierra. Que no me sienta mal por quererlo y... —Ren agachó su cabecita, las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas, Kyoko se arrodilló a su lado y lo abrazó con fuerza, besándole la frente y la coronilla.

—¿Qué más te dijo tu papá, Ren-chan?

—Que si quería decirle al tío Yuki "papá" que estaba bien. Que papi nunca se iba a sentir triste por eso. Que siempre me iba a cuidar. Y también me dijo, que quería que fuéramos felices. Mami, ¿entonces está bien que le diga papá a tío Yuki?

—Ren-chan ¿tú quieres hacerlo? —El pequeño volteó a verla y asintió con la cabecita—, entonces creo que tú ya tienes la respuesta a esa pregunta. Y tu papá Kuon, desde el cielo siempre te estará cuidando y amando como él te dijo.

—Nunca voy a olvidar a papi, mami, no podría —Kyoko, lo abraza con más fuerza, ahora las lágrimas corren libres por las mejillas de ambos, ninguno se preocupa por limpiárselas.

—Lo sé, mi amor, yo tampoco. Pero de ahora en adelante, seremos felices tú, tu tío Yuki y yo, juntos los tres.

—Sí, mami.

Pero, para ella, sus amigos y la familia de Kuon son casi lo mismo, su familia, porque en eso se han convertido Kuu y Julie que, desde que la conocieron la aceptaron como hija, convirtiéndose en los padres que ella siempre anheló, Kanae y Chiori, sus mejores amigas, el Taisho y Okami-san, que sin ellos no habría podido salir adelante de la forma en que lo hizo, el presidente, María y Ten-san, Sho quien se había convertido en un gran amigo y apoyo, y por supuesto Yashiro y su hijo Ren... Ellos eran su familia, la que ha tenido casi toda su vida. Y estaba muy agradecida por eso.

Ahora no es Kuu quien la entrega, sino Sho, porque, Kuu, su padre, es ahora el padrino. Yukihito se lo ha pedido. Sho va a su lado, sonriéndole. Lleva entre las manos un ramo de las rosas de Kuon.

—¿Sabes?, creo que ahora sí puedo decir que he cumplido mi palabra a Hizuri-san. Aquí termina mi trabajo. Ya tienes a alguien a quien amar.

—Siempre he tenido a quien amar, Sho.

—Sabes a lo que me refiero —le dice volteando a ver a Yashiro, quien espera impaciente a su futura esposa.

Ve hacia adelante, hacia su futuro, donde la espera el hombre que pronto se volverá su marido, su nuevo amor, el que nunca creyó que pudiera volver a encontrar. Y a su lado está su hijo. Yashiro lo ama como propio. Es feliz porque sabe que Ren la anima para que lo sea, y Kuon..., Kuon le ha dado su bendición.

—Lo sé —antes de que Sho la entregara, Kyoko se voltea hacia él y le dice, con lágrimas en los ojos:

—Sho... Gracias... Por todo —Sho le limpia una lágrima que a ella se le escapa.

—De nada. Solo hice lo que debí haber hecho durante tanto tiempo. Siempre seré tu amigo. Estaré ahí para cuando me necesites —y sorprendiendo a Kyoko, le da un tierno beso en la mejilla. Luego toma su mano y la deposita con cuidado en la de Yashiro.

—Ellos ahora son tuyos, cuídalos —Yashiro responde con seriedad:

—Con mi vida.

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N.A. Ahora sí hemos llegado hasta el final. Espero que les haya gustado tanto a ustedes leerla como a mí el escribirla. Fue difícil porque aunque adoro a Yashiro, mi pareja favorita siempre será Ren*Kyoko. Pero era un reto y espero haberlo superado.

A mis dos verdugos, ejem, amigas que desean continuar en el anonimato, gracias porque fueron ustedes las que me ayudaron a que esto viera la luz.

A todos aquellos que dieron de alta esta historia en favoritos, a los que dejaron reviews y a los lectores anónimos, miles de gracias.

Y..., claro que habrá epílogo.