Anclado a tierra
Capítulo 7
Tras la velada nocturna en la casa de nuestras invitadas en Berk, cada uno nos separamos para ir a nuestras respectivas casas.
Eret intentó llevar a Astrid, pero antes de ni siquiera decirle nada yo me adelanté y le dije que yo la llevaría, ya que la casa de mi infancia estaba al lado de la suya.
Astrid estaba algo mareada por culpa del alcohol que había tomado, tuvo un par de traspiés en el camino a casa, cosa que aproveché para acercarme más a ella. No sé si sería el alcohol o que esa noche había puesto demasiados sentimientos a flote que la veía más tranquila y calmada, incluso me dejaba acercarme a ella, sin golpearme o mirarme con odio.
-Me da vueltas todo -se paró en secó y se llevó la mano a su cabeza, antes de caer.
Doy gracias a mis buenos reflejos, ya que la cojo antes de que se estrelle contra el suelo y la tomé en brazos.
-Astrid... ¿Estás bien? -suspiré aliviado al escuchar cómo respiraba con normalidad, se había quedado dormida. Sonreí, mi esposa no era muy buena aguantando el alcohol.
Al llegar a casa, abrí la puerta con algo de dificultad y pase el umbral de la puerta con ella en brazos, al igual que el día de nuestra boda, cuando entré en esa casa por primera vez para comenzar una nueva vida junto a ella. Vida que yo mismo había arruinado por mi estupidez.
Al llegar a la que era nuestra habitación la puse sobre la cama, tras eso le quité los zapatos y la dejé solo con su camiseta y leggins, para que estuviera más cómoda y la tape para que no cogiera frío. La observé, estaba más hermosa que cuando me fui.
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Los rayos del sol entraban por la ventana y me molestaban. Ya era de día y debía levantarme para comenzar con mi labor como jefa, ya seguramente estarían preguntándose que dónde se había metido la jefa de Berk. Pero me sentía algo perezosa y el cuerpo pesado que no tenía ganas de moverme de mi placentera y cálida cama.
Sentí como unos fuertes brazos me rodeaban, haciendo que las pocas ganas que tenía de levantarme se esfumaran completamente y me acurrucara más en el pecho de... ¿Un momento?
Me removí con temor, esos brazos eran fuertes y parecían no querer soltarme. Abrí los ojos con dificultad, para encontrarme con los ojos verdes de Hiccup.
-¿Qué... qué haces aquí? -me alertó un poco y gracias a Thor tengo puesta mi ropa. No recordaba nada después de salir de casa de Rose.
-Te traje a casa ¿No lo recuerdas?
-¡Está claro que no! -respondí como si fuera los más evidente. Empujé sus brazos, Hiccup se resistió un poco, pero tras el golpe que le dí en su costado me soltó y así pude levantarme.
Lo miré enfadada y me sonrojé al darme cuenta de que él no llevaba su camisa puesta, si no que estaba a pecho descubierto y pude ver el tatuaje que había hecho que no cayera en la trampa de Daisy la noche anterior.
-Te traje a casa porque te desmayaste antes de llegar, te subí a la habitación, te dejé en la cama y cuando me iba a marchar recordé que Hiccup y Trish estaban en mi cama, así que me eche en un hueco de la cama, pero creo que me sentiste porque te me tiraste encima y no me he podido mover hasta que no te has levantado -me explicó mientras se paseaba por la habitación y de vez en cuando se revolvía más el cabello.
-No te dí permiso para quedarte.
-¿Para quedarme en mi casa? -¿me estaba recriminando algo? por qué si era así yo tenía muchas más cosas que recriminarle -me alegró de que estés mejor esta mañana -me sonrió, con esa sonrisa de niño bueno que amaba y me volvía loca.
-Ah... si... parece que me siento mejor -me distraje intentando notar que algo pasara por mi cuerpo. Recordaba el gran dolor de cabeza que tenía la noche anterior.
Hiccup tomó ventaja de mi despiste y se acercó hasta mí. Yo lo miré. Estaba más alto que cuando se fue, su cabello estaba más largo y definitivamente estaba mucho más fuerte, ya que antes eran un chico delgado y ahora su cuerpo estaba más musculoso, seguía sin ser exagerado como Eret. Pero se veía tan sexy
No sé muy bien el porqué pero retrocedí al ver que se acercaba lentamente hasta mi. Él sonrió y siguió acercándose. Cuando llegué a la pared y ya no pude retroceder más, comencé a sentir el bombear de mi corazón.
Hiccup puso una mano a un lado de mi cabeza, haciendo que solo me fijara en él y en sus preciosos ojos.
-¿Me tienes miedo? -me susurró y yo como una imbécil adolescente sentí que mi cuerpo temblaba por la cercanía de él.
-¡Por supuesto que no! ¡Que idioteces dices! -Me iba a alejar de la pared y de Hiccup, pero puso su otro brazo en el otro lado evitándome que me pudiera alejar de él -¿Qué quieres Hiccup?
-A ti.
Esas simples palabras me hicieron enrojecer hasta las orejas. Mi cara ardía, de hecho mi cuerpo entero ardía en deseo, al tenerlo tan cerca de mi. Me estaba dejando llevar por él y me odiaba por ello, después de lo que había sufrido por su culpa. Pero es que y aún a pesar de todo él seguía siendo mi mayor debilidad.
-Gracias por confiar en mí ayer y no caer en la mentira de Daisy -me susurró ¿Por qué me seguía hablando en susurro? Estaba muy cerca de mi y lo podía escuchar a la perfección, pero sentía que mi piel se erizaba con la voz de Hiccup, que parecía algo más grave y varonil que antes ¿Tanto había cambiado mi marido en los años que estuvo ausente?
-No me gusta que me mientan, es todo -respondí en el mismo tono de voz -además esto me ayudó -mi mano temblorosa se dirigió hasta el pecho de mi marido, hasta llegar a tocar su tatuaje, su piel estaba cálida a pesar de la fría mañana de Berk.
Sentía que tenía ganas de llorar, él estaba ahí conmigo, no era un simple espejismo que yo había creado. Estaba ahí y sentía una calidez en mi pecho, esa que siempre pensé que nunca más volvería a sentir. Amaba a mi hijo, pero este era un amor completamente diferente.
Una lágrima corrió por mi mejilla. Estaba feliz de que estuviera ahí, aunque lo odiara por lo que hizo y lo amaba más que antes de marcharse. Sentimientos contradictorios que me nublan el sentido y no sé bien como debo actuar ante ello.
-Astrid -me limpio la mejilla con el dorso de la mano. Sus caricias siempre hacían que se me erizara la piel y esa vez no era la excepción.
Me tomó del mentón con esa suavidad que era tan característica de él y comenzó a acercarse lentamente hacia mí, como esperando que lo parará en algún momento, cosa que no pasó, se posicionó sobre mis labios y me beso dulcemente.
Ese beso me hizo perder la poca compostura que ya tenía y rodee su cuello con mis brazos, buscando desesperadamente que él no se alejará de mí nuevamente, no quería que se alejará de mí nunca más.
Hiccup rodeo mi cintura e incrementó la intensidad del beso, introdujo su lengua en mi boca y posesivamente se hizo con el control del beso, yo le correspondí con la misma intensidad. Nos faltaba el aire, pero no nos separamos, apoyamos la frente en el otro mientras nuestras respiraciones se normalizaron.
Hiccup, me pilló de sorpresa cuando me agarró de las caderas y me cargó en brazos, yo rodee con mis piernas su cuerpo y nos volvimos a besar con pasión, con hambre, con deseos de sentirnos el uno con él otro.
Hiccup, me tiró en nuestra cama y se puso sobre mi y comenzó a besarme el cuello haciéndome gemir y suspirar. Sentí como su mano se colaba debajo de mi camiseta acariciando mi cuerpo, haciéndome gemir más fuerte.
-¡Mamaaaaa! -nos paramos de golpe cuando escuchamos a nuestro hijo que me llamaba.
Nos miramos unos segundos, antes de que Hiccup se apartara y me dejará levantarme. Bajé rápidamente, no quería que nuestro hijo subiera y encontrará allí a su padre sin camisa. No sabía si sentirme feliz de que mi hijo nos hubiera interrumpido o no.
-Hiccup ¿No deberías estar con Tía Ruffnut?
-Mamá, está acostada, dice que está malita, le duele la cabeza y que no puede con nosotros -me hablo mi sobrina.
- ¿Y yo que hago ahora con vosotros dos? -suspiré. Nunca más aceptaría una fiesta de esas tres locas.
-Si quieres me los llevo yo -me volteé y vi que Hiccup, ya vestido, bajaba del piso de arriba ¡Era idiota! ¿Por qué no se había quedado arriba?
-¿Qué hace aquí Hiccup? -mi sobrina me miró extraña ¿Esa niña no era muy pequeña para sospechar sobre mi de a saber que cosa? ¿O solo eran imaginaciones mías? Era solo una niña, por supuesto que no sospechaba nada. Solo era yo que me sentía culpable por haberme dejado llevar por Hiccup.
-Estaba... arreglando la ventana de mi habitación -contesté rápidamente inventándome la primera excusa que se me vino a la mente.
-¿Vamos a ir con Hiccup? - A mi hijo le brillaron los ojos y fue corriendo hacía él. Mi marido lo tomó en brazos.
-¿No tienes trabajo que hacer? -le pregunto. Mi cabeza comenzaba a razonar y con ello volví a recordar todo lo ocurrido con mi marido y el miedo de que él intentará alejar de mi a nuestro pequeño.
-Voy a ayudar a Gobber y tengo que terminar la valla de Sven, pero los controlaré -mi marido acarició los cabellos castaños de mi niño y éste apoyó su cabeza en el hombro de Hiccup.
-Tía yo también quiero ir con Hiccup guapo -mi sobrina me tiró de mi leggins un poco para que la mirara.
-Voy a cambiarme y ahora pienso que hago con vosotros -Subí a mi habitación y me senté en mi cama ¿Qué debía hacer?
Cuando baje vi que Hiccup estaba sentado esperándome y tenía a los niños sentados con él en sus piernas. Les estaba contando sabe Thor que cosa, pero daba igual ambos niños lo miraban con ojos brillantes como si Hiccup fuera un dios.
Sonreí al verlos así ¿Cuánto había deseado de ver así a Hiccup? Como un buen padre que cuidará de su hijo. Bueno también estaba Trish, esa niña adoraba a su marido ¿Debería ponerse celosa? reí un poco por ese pensamiento.
-Mami ya está aquí -anunció mi hijo y los tres me miraron - quelemos con Hiccup.
Los tres volvieron a mirarme y parecía que habían ensayado esa mirada de deseo, porque les dieran lo que ellos querían y era estar los tres juntos.
-No sé... sois muy revoltosos -me acerqué hasta ellos -Hiccup tiene que trabajar.
-Astrid, puedo con los dos y voy a estar con Gobber. Prácticamente me crié con él. Van a estar bien.
-Pero... -iba a replicar pero Hiccup me tomó de la mano.
-Te prometo que los cuidaré muy bien. Por favor, sé que te cuesta, pero me gustaría pasar el tiempo con ellos.
-Pero...
-Sé lo que se está pasando por tu cabeza y quizás no me merezca esto, pero tú necesitas ayuda, yo estoy aquí y pienso quedarme, aunque ahora sean palabras vacías. Te prometo que los cuidaré.
-No quiero que vueles en Toothless -¿Estaba cediendo?
-No lo haré -me agarró con más fuerza la mano.
-Si te dan mucho trabajo me los traes.
-Tranquila, nos llevamos bien.
-Me voy a arrepentir de esto, pero. Esta bien.
Los niños chillaron felices y se abrazaron a Hiccup. Yo suspiré, derrotada. Una guerrera no debería tener debilidades, pero mis debilidades tenían los ojos verdes y no podía negarles lo que querían.
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Nos despedimos de Astrid y yo tomé a ambos de sus manitas y me los llevé. Estaba feliz, por poder estar con mi hijo y mi sobrina. Por una vez en mi vida estaba haciendo lo correcto y me gustaba estar con ellos. Eran unos revoltosos que todo les parecía impresionante, pero me gustaba verlos reír, sobre todo mi pequeño, me había dado cuenta de que me gustaba verlo reír.
Y pensar que por mi culpa, podía haberlo perdido. Las duras palabras de Astrid sobre cómo había odiado estar embarazada le dolían. Todo eso lo había hecho él. Si mi hijo estaba vivo no había sido gracias a mi. Todo había sido gracias a mi madre y Ruffnut, ellas habían sido las que habían hecho que Astrid siguiera adelante y que ahora él pudiera estar tomando la mano a su hijo pequeño. Su primogénito y heredero.
Sentía orgullo de ver a su hijo, pero no se sentía orgulloso de él mismo como padre. Miró a su hijo y este le devolvió la mirada con una amplia sonrisa. Esa carita por la que Astrid había luchado desde que nació. Tuvo que verlo entre sus brazos para querer protegerlo. Y realmente se parecía mucho a él de pequeño. Y no solo en su color de cabello y ojos, si no que también era más escuálido que el resto de niños. Pero según Astrid era fuerte. Eso no lo había heredado de él.
Tras haberme enterado de las duras palabras de Astrid la noche anterior, me sentía más miserable aún. Mi escapada había durado demasiado. Al principio solo iban a ser un par de semanas como mucho, algo para desahogarme y sentirme un poco más libre de mis responsabilidades. Pero mientras el tiempo pasaba más difícil se me hacía volver y las semanas se convirtieron en meses y los meses en años.
Me mentiría a mí mismo si no dijera que el enterarme de que Astrid estaba embarazada había sido duro para mi, porque significaba una responsabilidad aun mayor que la de ser jefe. Iba a ser padre y mi esposa me necesitaba. Esa noticia me creo un alto nivel de ansiedad y tras decirle a Astrid muchas veces que la amaba, tomó a su dragón y se marchó.
Si su padre pudiera verlo, lo habría matado a golpes por haberle hecho eso a Astrid, por haber dejado la aldea y por haber desatendido a su pequeño niño. Sabía que no se merecía que su hijo ya lo quisiera tanto, pero era así. Su hijo lo quería. O a lo mejor es como decía su padre y es que los padres y los hijos los une un vínculo.
Había tenido miedo de sus responsabilidades, de no hacerlas como debía y no estaba su padre para ayudarle. Miedo al matrimonio, a ser el jefe que todos querían, a ser un buen padre. Su padre lo había hecho todo él solo y aún así lo había hecho a la perfección. No fue un padre modelo cuando él era muy pequeño, pero cambió y todo lo hizo por él. Aceptar a los dragones, dejarle crear la academia, dejarle marcharse a la orilla del dragón, todo lo había hecho solo por él. Y ahora que lo pensaba, siempre desde bien pequeño, había intentado huir de mis responsabilidades cuando estas me superaban. Si no huía a la academia, lo hacía a la orilla del dragón y si no simplemente tomaba a Toothless y se perdía por horas. Siempre había sido responsable, solo de las cosas que él quería y obviaba las otras. Ahora no puedo huir. No quiero huir.
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Estaba tumbada en mi cama con un paño frío sobre mi cabeza dolorida. Cerré los ojos y tape mis ojos al notar la luz del sol. Había mandado a los niños con Astrid, esperaba que ella pudiera lidiar con ellos dos porque yo no iba a poder levantar la cabeza de la cama en todo el día.
-¿Estás mejor? -preguntó mi marido ¿Que no era evidente que no?
-No -gruñí mi respuesta.
-Por un día que estamos solos -mi marido se tumbó a mi lado ¿No me digas que tiene ganas de cariñitos ahora? Pues se iba a tener que aguantar.
-No estoy de humor Snotlout -sentí como me quitaba mi paño frío de la cabeza y gruñí nuevamente.
Un movimiento de la cama me hizo darme cuenta de que mi marido se había sentado en esta. Me calmé al sentir como me volvía a poner el paño más frío sobre mi cabeza.
-Eso te pasa por beber lo que no debes -me regañó como a una niña pequeña.
-No soy una niña -me quejé y quite el paño de mi cara para encarar a mi marido. Me senté yo también en la cama para estar más cerca de él
-No, por supuesto que no lo eres. Eres mi esposa.
-¿Por eso escuchaste nuestra conversación? ¿Porque soy algo tuyo? -estaba muy molesta con mi marido por haberme escuchado cuando estaba tranquila en una charla con amigas.
-No… es solo. Tenía miedo de que esas te metieran ideas locas.
-¿Crees que soy tan simple como eso? No me dejo llevar por nadie ¿Acaso no me conoces?
-Si, te conozco, o lo hacía. Nunca creí que pensarías así de mi -hablo algo apenado ¡No podía estar él enfadado, era yo la que estaba enfadada con él!
-Escuchaste una conversación privada que no debiste escuchar. Todos tenemos secretos.
-¡Eres mi esposa, no quiero secretos contigo! -alzó la voz y yo me llevé mis manos a mi dolorida cabeza -lo siento… solo me afecto saber que besaste a Eret y qué piensas así de mi
-No hice nada malo. No estaba contigo aún. Perdona que pensara a sí de ti. Que tonta fui por no ver que te has pasado media vida mirando a Astrid y solo a ella -si él estaba enfadado, yo también lo estaba.
-Esta bien. Puede que eso sea cierto… pero con Astrid nunca sentí lo que siento al estar contigo -mi marido puso su mano en mi mejilla -hemos mirado a otros antes de darnos cuenta de que lo que necesitábamos estaba más cerca de lo que pensábamos. Ruff yo te amo.
Cerré los ojos y sentí la cálida caricia de mi marido sobre mi mejilla. Con cuidado me tumbó sobre la cama y me dio un casto beso en mi dolorida cabeza.
-Voy a pedirle a Gothic que me de algo para la resaca.
Salió de la habitación y me dejó sola en casa. Bueno parecía que ya me había librado de un peso de encima, ahora solo me quedaba hablar con Eret y con él no sabía bien cómo iba a lograrlo.
Suspiré al sentir como me volvía a molestar la luz en mis ojos, volviendo a tapar con el paño mis ojos. Snotlout y yo siempre habíamos sido muy cabezotas y eso nos había hecho tener muchas peleas, algunas muy estúpidas he de reconocer, pero parecía que siempre alguno cedía ante el otro o como ahora en el que habíamos aceptado de que ambos habíamos mirado hacía otro lado antes de mirar a la persona acertada.
Quería a Snotlout, lo quería mucho. Él era mi marido y el padre de mi hija. Aunque nunca me imagine estar así con alguien como él. Pero la vida da muchas vueltas. Y ahora ella se había convertido en una Jorgenson.
Continuará.
Hola. Este lo traigo antes y espero que os haya gustado como va avanzando la relación de Hiccup y Astrid n.n y vamos a tener un poco también de Snotlout y Ruffnut.
Os doy un pequeño aviso y es que va a haber lemon en la historia, pero la historia no se va a basar en lemon, es decir hay tres (si no recuerdo mal) en cuarenta capítulos que es toda la historia. Y no me voy a recrear mucho en ellos. Por lo que si no es de vuestro agrado lo aviso antes de que ocurra, o si creéis que es necesario subiré la clasificación del fanfic. Así que por favor hacedmelo saber.
Muchas gracias a los favoritos y seguidores! y al mensaje de Maylu-liya!
Mauylu-liya: me alegra que sigas la historia n.n y si te gusta que Hiccup esté celoso de Eret prepárate para lo que viene XD Hiccup está cambiando y ya está más que arrepentido por lo que hizo.
Gracias a todos los lectores!
