Los personajes no me pertenecen al igual que la historia, solo es una adaptación, sin más a leer

Capitulo XVI

A partir de ese momento, la recuperación de Emma se desarrolló con una rapidez que incluso al escéptico doctor Whale le pareció casi milagrosa. Una vez que la bajaron a planta, la profesora empezó a quejarse de la comida del hospital. Regina y Mary se turnaban para atenderla y pasarle de contrabando los deliciosos platos que preparaba la señora Brown, elaborados con los nutritivos ingredientes que ella consideraba fundamentales para la recuperación de un enfermo y que hubieran puesto los pelos de punta al médico nutricionista del hospital.

La detective le llevó alguno de sus libros y, aunque ella se cansaba enseguida de sostenerlos, le gustaba que Regina se sentara a su lado y le leyera en voz alta. David y los niños fueron a pasar unos días a Oxford y se acercaron al hospital en varias ocasiones a visitarla. También recibió la visita de su amigo Daniel, quien aún no podía creer lo que había ocurrido. Según les contó, la universidad hervía de comentarios y habladurías y, ahora, todos presumían de haber sabido desde el primer momento que Robin Hood no estaba bien de la cabeza.

La enfermera Curtis a su vez pasaba a verla a menudo. A Emma le divertía provocarla y, a pesar de que la mujer le respondía con fingida aspereza, se notaba que estaba encantada con su atractiva paciente.

—Si yo fuera unos años más joven... —le dijo un día a Regina, al tiempo que le guiñaba uno de sus ojillos, maliciosa.

Ella lanzó una carcajada al oírla. Aquellos días se sentía increíblemente feliz; cualquier cosa le hacía reír. Su jefe le había dado un par de semanas de permiso y ella aprovechaba aquellas inesperadas vacaciones para pasar con Emma el mayor tiempo posible.

La profesora recuperaba las fuerzas a toda velocidad. Al cabo de un tiempo, se subía por las paredes y estaba deseando irse del hospital. Tanto Mary como la detective hubieran preferido que siguiera unos días más allí por si surgía alguna complicación, pero Emma se estaba volviendo una paciente tan insoportable que el doctor Whale decidió darle el alta. La enfermera Curtis enseñó a Regina y a su hermana a hacerle las curas y, un par de días más tarde, David los llevó a todos en su coche hasta la casa. Entre la detective y el marido de Mary sostuvieron a Emma, que aún estaba muy débil, y la llevaron a su habitación. Más tarde Mary la ayudó a ducharse, teniendo mucho cuidado de no mojar la herida.

Esa noche, cuando la familia White al completo se marchó al pequeño hotel en el que se alojaban, Regina y Emma se quedaron a solas por primera vez desde que la profesora había recuperado la consciencia.

En pijama y recostada sobre un número considerable de almohadas, Emma ojeaba unos documentos tumbada en la cama, cuando Regina, con un ligero vestido de algodón que la hacía parecer fresca como una mañana recién estrenada, apareció en la puerta con los útiles necesarios para hacerle otra cura.

—¡Hora de sufrir! —anunció, alegre.

La profesora soltó un gruñido de fingida indignación mientras, seducida por completo, la observaba acercarse esbelta y ligera. A veces, se dijo, la diminuta detective Mills daba la sensación de que, más que caminar, flotaba en el aire.

—Parece que disfrutas martirizándome —protestó con el ceño fruncido.

Sin prestarle la menor atención, Regina se sentó en el borde del colchón y empezó a desabotonar la chaqueta de su pijama con destreza. Con mucho cuidado, se la quitó y lo mismo hizo con el vendaje que rodeaba su pecho.

—Te va a quedar una buena cicatriz, profesora —comentó, al tiempo que observaba el enorme costurón que pasaba a lo largo de sus costillas.

—Así estaremos empatadas y ya no podrás presumir de ser la única que tiene una fea herida por culpa de un villano —declaró con un encogimiento de hombros, al tiempo que contemplaba, fascinada, la hechicera cicatriz de sus labios que en ese momento quedaba tan cerca de ella.

—Bueno, nunca he considerado que fuera algo de lo que presumir —respondió ella muy atenta a lo que se traía entre manos en ese momento—. ¿Te he dicho ya que tus nuevas gafas te quedan de maravilla? Pareces una modelo salida del anuncio de una óptica de moda.

—Así que al final va a resultar que te gustan las tipas con gafas.

—Yo diría más bien que eres tú la que me gusta, con gafas o sin ellas... —Regina le lanzó una mirada maliciosa y observó, divertida, como aquel atractivo rostro se ruborizaba ligeramente.

La proximidad de la joven estaba afectando a la respiración de la profesora que se aceleraba por momentos, así que, en un intento de cambiar el peligroso curso que estaban tomando sus pensamientos, preguntó:

—Aclárame una cosa, Regina, ¿encontraron el báculo en casa?

—Ajá... —respondió ella mientras terminaba de enrollar una venda limpia alrededor de su pecho—. Estaba en el sótano, bien embalado y escondido detrás de uno de los pilares. También aparecieron las ilustraciones donde Hood había dicho. Todo ha sido devuelto al college. Jones está muy contento con el feliz desenlace y ha amenazado varias veces con hacerte una visita, pero, por ahora, he conseguido disuadirlo.

—¡Me alegro! —exclamó ella con alivio.

—¿Sabes que eres la heroína de la universidad? Si antes había un montón de jovencitas enamoradas de la apuesta profesora de Historia Antigua, ahora tus admiradoras son legión. ¿Ves todas las flores que has recibido? Todavía hay muchos más ramos abajo. Bueno, esto ya está —dijo admirando el resultado de sus esfuerzos, complacida—. ¿Estás cómoda? ¿No te aprietan demasiado los vendajes?

—No, estoy bien. Eres una gran enfermera, detective Mills.

Regina hizo ademán de apartarse, pero la profesora la sujetó de la mano y la retuvo.

—No te vayas aún —rogó.

Ella levantó la vista hacia los cálidos ojos color verde-azul, pero la apartó al instante, incapaz de resistir la ternura que reflejaban sus pupilas.

—Regina... —Su voz profunda y acariciadora le produjo un escalofrío—. Quiero contarte unos sueños extraños que he tenido...

—¿Sueños? —preguntó, sorprendida—. ¿Soñaste cuando estabas en coma?

—Soñé que una fuerza muy potente trataba de llevarme consigo a un lugar que tenía una pinta estupenda, pero una voz, aún más poderosa, lo impedía reteniéndome aquí... —Regina la miró conmovida, pero no dijo nada y la profesora continuó—: Era una voz de mujer que prometía cosas... muchas cosas.

Emma clavó su mirada en los preciosos ojos oscuros y, esta vez, ella no intentó apartar la vista.

—¿Y... qué era lo que esa voz prometía? —susurró la detective.

Con delicadeza, la profesora tomó el rostro femenino entre sus delicadas manos.

—Esa voz me dijo que alguien a quien amo con locura estaba dispuesta a casarse conmigo, a amarme para siempre, y formar una familia como tanto deseo…

Regina tragó saliva y trató de decir en un tono displicente:

—Bueno, ya se sabe lo que ocurre en esos casos, la gente promete cualquier cosa para conseguir sus propósitos...

—¿Cualquier cosa? —preguntó Emma en voz muy baja, antes de inclinar la cabeza y posar sus labios en su boca con una delicadeza infinita.

El corazón de Regina latía, atronador, en sus oídos, pero hizo un esfuerzo por controlarse y respondió con una calma que no sentía:

—Sabes que no puede ser, Emma. El otro día tu amigo Daniel me contó más detalles sobre ti. Comentó que incluso tienes un título de barón de no sé qué. ¿No te das cuenta de que no tenemos nada en común? Yo soy una chica humilde, nacida en un barrio miserable, hija de madre soltera. Tú eres una profesora universitaria, brillante y respetable, con fortuna propia y, además, tienes sangre azul.

La profesora contempló su rostro angustiado, lleno de ternura, antes de responder con una de sus cautivadoras sonrisas:

—Me temo que la sangre que corre por mis venas ya no es tan azul como solía, un pajarito me contó que se ha mezclado con grandes cantidades de una sangre mucho más roja...

Sin saber qué decir, Regina se quedó mirando el atractivo rostro, tan cerca del suyo, y sintió un irresistible deseo de perderse en la dulzura de aquella mirada llena de chispitas verdes.

De pronto, la profesora frunció el ceño y adoptó un tono severo:

—Seamos serios, detective Mills, las promesas están para cumplirlas. Tú has prometido una serie de cosas y ahora no te queda más remedio que apechugar con ello.

Una vez más, aquellos labios enloquecedores se inclinaron sobre los suyos y empezaron a mordisquearlos con una maestría tal que ella no pudo evitar exhalar un gemido. Sin pensar, alzó las manos y sus dedos se enredaron en la nuca de la profesora y acarició sus brillantes cabellos dorados. Entonces, la boca de Emma descendió por su garganta y cualquier pensamiento racional se borró de su cabeza.

La mano delicada de Swan comenzó a desabotonar con torpeza los pequeños botones de la pechera del vestido de Regina y, cuando por fin lo logró, acarició uno de sus senos con ansia largo tiempo contenida.

—Emma —suspiró, al tiempo que un potente ramalazo de deseo la hacía cerrar los párpados—, detente, no te conviene hacer esfuerzos.

—Esto no resulta ningún esfuerzo para mí —replicó con voz ronca sin apartar los labios de su cuello—. Llevo días soñando con besarte. En el hospital, no conseguía descansar, no podía pensar en otra cosa que en hacerte el amor una vez más. Y ni siquiera podía hablar contigo a solas, siempre había alguien a nuestro alrededor. ¡Dios, qué ganas tenía de estar de nuevo en casa, a solas tú y yo!

Sus palabras hicieron que Regina se estremeciera. Notaba que le faltaba el aire, que se ahogaba entre los brazos de la profesora. Acarició los músculos de sus brazos y subió hasta sus hombros, tratando de evitar la venda de su pecho. Consciente de que ella contenía sus caricias por temor a causarle algún daño, Emma la cogió por la cintura y, como si no pesara nada, la sentó sobre su regazo y la estrechó contra sí con fuerza.

Con un suspiro, la detective se abandonó por completo a las increíbles sensaciones que aquella mujer era capaz de despertar en ella. Durante largos minutos se conformaron con seguir besándose con intensidad, como si ambas trataran de comunicar a través de sus labios las profundas emociones que las embargaban hasta que, de repente, la detective notó el roce de una cálida mano que subía por su muslo desnudo y recuperó la cordura en el acto.

—¡Profesora Swan, será mejor que te detengas ahora mismo! ¡No permitiré que hagas esfuerzos que puedan retrasar tu recuperación! —El tono firme que había empleado no dejaba lugar a dudas; la detective Mills había conseguido recuperar el control.

—Está bien. —Suspiró, resignada, y apartó la mano, aunque no dejó de estrechar el cuerpo de la joven contra sí—. Imagino que es cierto eso que dicen de que la venganza es un plato que se come frío...

—Muy cierto —afirmó Regina, al tiempo que hundía el rostro en el delicioso cuello de la profesora y aspiraba su aroma con deleite—. No creas que me he olvidado aquel día en la cocina.

—¡Mujer rencorosa y vengativa!

—Esa soy yo —contestó y, con mucha delicadeza, empezó a salpicar un millar de leves besos a lo largo de su garganta.

—Regina, si sigues con eso, me temo que me veré obligada a hacerte el amor aunque se me salten los puntos... —El matiz ronco de su voz traicionaba un deseo inconfundible.

—Reconozco que me cuesta apartar las manos de tu cuerpo —confesó, aunque enseguida empezó a sollozar y, avergonzada, escondió de nuevo el rostro en su pecho—. ¡Oh, Emma, fueron unos días terribles, hubo varios momentos en que pensé que te perdería y supe que no podría seguir viviendo sin ti!

La profesora, con la mejilla apoyada en sus oscuros cabellos, notó sobre su piel la humedad de sus lágrimas.

—Créeme, Regina, sé cómo te sentías. Cuando escuché tus pasos bajando la escalera del sótano de Robin Hood pensé que se me paraba el corazón. Pero gracias a Dios, ya pasó todo y ahora, como me prometí en esos momentos si conseguíamos salir vivos de allí, te juro que no te dejaré escapar. —Los brazos delicados la estrecharon con más fuerza aún—. Sin embargo, hay una cosa que no me gusta un pelo.

—¿Qué cosa? —Regina esbozó una temblorosa sonrisa entre sus lágrimas al oír aquel tono de fingido enojo que había empleado la profesora.

—Todavía no me has dicho que te casarás conmigo.

—¿Estás segura de que no preferirías casarte con la señorita Fisher? Creo que la vida a su lado resultaría mucho más tranquila. —Alzó la cabeza y le lanzó una mirada pícara.

—Eso no lo dudo, pero te lo pedí a ti primero en un momento de debilidad y yo soy una mujer con honor. Ahora no puedo echarme atrás.

—Eres perversa —afirmó la detective y, para castigarla, se lanzó en picado sobre su cuello y siguió mordisqueando aquella piel sensible y el lóbulo de la oreja, hasta que un gemido de pasión se escapó de los labios de Emma.

—¡Regina Mills, no intentes distraerme y contesta a mi pregunta! —ordenó con severidad y la apartó un poco mientras trataba de recuperar un atisbo de cordura.

—Está bien, es cierto que una promesa es una promesa... —La detective le quitó las gafas con suavidad y las dejó sobre la mesilla de noche, agarró el suave rostro entre sus manos y, clavando con intensidad su mirada oscura en los tiernos ojos color verde, se puso seria y le dijo con sencillez—: Claro que me casaré contigo, Emma. Te amo.

Ella la estrechó en sus brazos como si no fuera a soltarla jamás y Regina le devolvió el abrazo con toda su alma. Luego murmuró algo contra su pecho, pero Emma no la entendió.

—¿Qué dices?

Alzó la cabeza una vez más y la miró muy seria, aunque no pudo evitar que unas chispas traviesas brillaran en las profundidades de sus ojos negros.

—Me temo que no podré cumplir una de las promesas que te hice, profesora.

—¡Oh, pérfida y mentirosa mujer! ¿Y cuál es esa promesa de la que ahora te retractas sin sonrojo? —preguntó la profesora con las cejas fruncidas de manera amenazadora.

Ella se encogió de hombros y la miró con expresión inocente.

—Creo que seguiré cantando en la ducha...

—No podré soportarlo —afirmó, antes de inclinarse de nuevo sobre sus labios y besarla hasta que Regina se olvidó de todo lo demás

Un saludo a todos los Rw y seguidores silenciosos, ya estamos en la recta final, para ser exactos en el penúltimo capitulo.

Que tengan un día excelente.

Gracias a todos por leer, sin más nos vemos a la próxima.

REGALENME UN RW!