Anclado a tierra
Capítulo 22
Estaba anocheciendo en Berk y con el sol cayendo por el horizonte, comienza nuevamente el aire gélido a visitarnos a todos los aldeanos, que ya comienzan a tomar sus capas, chalecos o cualquier tipo de ropa de abrigo para guarecerse de nuestro visitante diario y a pesar de esto parece que yo aún mantengo bien mi calor corporal, ya que no siento el frío del que se quejan los aldeanos al ir y venir de sus tareas.
Un ligero temblor recorre todo mi cuerpo, pero no es de frío, es algo que hacía mucho que deje de sentir, el sentirme anclada a tierra, esa forma de la que me describió mi marido de como se sentía antes de marcharse y que explica muy bien el como me siento en estos momentos. Estaba anclada a estas tierras que me vieron crecer y a las que amo; aunque no tanto como a mi pequeño, mi causa de estar en este estado en estos momentos.
Sabía que mi vida cambiaría al casarme, ya que al casarme tendría hijos y tendría que cuidar de ellos. No me arrepiento de haber tenido a mi hijo, estaba feliz de que mi pequeño hubiera sido un bebé fuerte desde que nació y que fue el que lo salvó de morir por nacer antes de tiempo. Pero desde que quedé embarazada había tenido este sentimiento.
La vida cambia, es un hecho que nos pasa a todos y yo no iba a ser diferente. Siempre había disfrutado de mi juventud, una juventud llena de locuras, aventuras, riesgos, descubrimientos, una juventud muy feliz y que había podido hacer todo lo que yo deseaba. Nunca tuve problemas con mis padres que incluso cuando dije que iría a vivir en la orilla del dragón, no me pusieron ninguna objeción. Era una chica libre al igual que el aire gélido que nos visitaba cada anochecer.
Y todo eso había sido gracias al loco que miró a un dragón a los ojos, mirar a ese animal que estaban a punto de matar para darse cuenta de que no todo es lo que ves. Nosotros solo veíamos a un animal gigantesco, un asesino y si no hubiera sido gracias a ese loco aún nos dejaríamos llevar por ese exterior intimidante y que es lo primero que todos vemos y juzgamos. Ese loco, era mi loco esposo, el que gracias a su locura me hizo vivir tantas cosas, el que me mostró que había algo mucho más importante que la fachada y del que me enamoré perdidamente.
Cada cambio importante de mi vida había estado él... hasta que el loco decidió dejarme atrás. Ya no podía seguirlo, debía quedarme en tierra en vez de salir volando junto a mi dragona, encontrarlo y vivir una nueva aventura más junto a él. Ese día fue el que me hizo sentirme tal y como me siento en este momento, estaba anclada a esa tierra por tener a un pequeño niño que debía cuidar, debía quedarme aquí solo mirando el horizonte y deseando de que vuelva pronto a casa y ese no era mi estilo.
Una vez más siento ese temblor recorrer mi cuerpo y mi dragona lanza un gorgojeo al darse cuenta de que no me siento del todo bien y todo porque no quiero sentirme así. No quiero pensar en mi pequeño como un ancla, es solo otro loco que me está cambiando la vida. Mi corazón era el de una guerrera, una que superó cada día por ser alguien, por ser una mujer segura de sí misma, una mujer fuerte, decidida y lo había logrado, aunque como todo ser humano tenía mis momentos de debilidad, como este. Solo debía aprender, una vez más el como reponerme de este sentimiento.
Escucho como alguien se acerca por mi espalda, cuatro pares de zapatos que se mueven en mi dirección, como las conozco bien, conozco sus pisadas, por lo que no me volteo a mirar y una de ellas llega hasta mi y me abraza por la espalda.
-¿Estás bien? -me pregunta Heather que me abraza y siento su vientre sobre mi espalda.
-Estoy bien ¿Y los niños? -le pregunté a Ruffnut, ya que deje a mi pequeño con ella.
-Están con la súper abuela, por lo que llegarán llenos de tierra -reí por el sobrenombre que le había puesto Ruffnut a Valka -Parece que hoy no van a volver -Ruffnut mira también al horizonte. Sé que ella al igual que yo también le gustaría estar surcando los cielos junto a Snotlout en vez de estar aquí.
-Eso parece -Heather lanza un suspiró. Ella es nueva en esta sensación, en este sentimiento que nos une a las tres.
-No tienes miedo de que... -Ruffnut me miró, solo estaba preocupada por mi.
-No, sé que va volver.
Nuestras vidas han cambiado y con cada cambio tienes nuevos sentimientos que debes domar y vencer al temblor que recorre mi cuerpo y que el abrazo de mi mejor amiga hace que pare. Ruffnut también se une a Heather y a mi y nos abrazamos, nunca nos habíamos sentido tan unidas como en estos momentos en los que las tres compartíamos un mismo sentimiento.
Me alegro de tenerlas a ellas dos para compartir este momento, en el que nuestras vidas han cambiado, las tres somos madres, o está en camino de serlo, pero madres al fin al cabo y como lo que somos debemos cuidar a nuestros pequeños locos que han cambiado nuestras vidas.
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Era una nueva mañana y volvíamos a casa tras haber pasado la noche fuera. Habíamos ido a investigar unas islas y se nos había hecho bastante tarde para volver, por lo que optamos por hacer noche en la isla que habíamos estado explorando durante el día. En esta ocasión las chicas no habían venido junto a nosotros, ya que sabíamos que había la posibilidad de que se nos hiciera tarde para volver y teniendo a dos niños aún demasiado pequeños para estar solos por la noche decidieron que lo mejor era quedarse en Berk. Había sido la decisión acertada, aunque no por ello había echado en falta que Astrid estuviera a mi lado.
Pero a pesar de todo la exploración había dado buenos resultados, ya que habíamos encontrado una pista de nuestro nuevo enemigo, no era mucho, pero si habíamos encontrado algo de luz en medio del camino. A parte de lo que ya sabíamos, que la misión de nuestro nuevo enemigo era acabar con la raza de los dragones, habíamos descubierto que este era un tipo corpulento, algo loco que se hacía llamar el destructor de dragones y que no tenía un lugar fijo, si no que iba viajando isla tras isla dejando sus trampas para acabar con la raza de los dragones, o eso nos había contado una chica lugareña de la isla que habíamos ido a explorar y que como agradecimiento por quitar las trampas de su isla (a las que afectaban tanto a humanos como a dragones), nos había dejado pasar la noche en la casa de sus padres. Cosa que agradecimos mucho ya que hacía bastante frío.
-¿Hiccup le vas a contar a Astrid lo que paso con esa chica? -preguntó un pícaro Tuffnut.
-No sé a que te refieres Tuff. No ha pasado nada con ninguna chica.
-Esa chica estaba loquita por tus huesos, por eso nos dejo pasar la noche en su casa.
-Estaban sus padres -intenté defenderme, aunque sinceramente no tengo que defenderme de nada.
-Igualmente intentó besarte.
-Lo intentó, pero no la deje. Tuff, no quiero preocupar a Astrid por una tontería como esa. Además ¿debo decirle a Heather que su hermana menor estaba "enamoradita del guapo rubio"? -intenté hablar como una chica, de hecho como la chica que había intentado cautivar a Tuffnut.
-Mejor lo dejamos así, Heather esta muy sensible es mejor que no lo sepa. De hecho me habéis alejado de ella y quiero saber como esta.
-Seguro que está bien Tuff -le tranquilizó Fishleg -está con Astrid, ella seguro que la ha cuidado muy bien. Además sin Astrid, Heather y Ruffnut, te necesitábamos.
-Ya lo sé. Por eso he venido... pero no me hagáis pasar otra noche fuera.
-Ha sido por algo importante Tuff. Necesitábamos saber de nuestro enemigo, para prepararnos, porque todos tenemos claro que si su objetivo es matar a los dragones va a atacarnos en algún momento y debemos estar más que preparados e incluso adelantarnos a que no llegue ese ataque a Berk, para proteger a los nuestros -hablé como un jefe, aunque no lo fuera en esos momentos.
-Lo sé...pero es que ya se le nota la barriguita y es tan adorable. Me encanta dormir abrazándola y tocando su vientre -Tuffnut se tumbó sobre la cabeza de su dragón -quiero estar presente cuando comience a moverse el bebe.
-Para eso todavía te falta Tuff -le habló mi primo. Él sabía cuando su hija había comenzado a moverse -Ruff tenía cinco meses cuando comenzó a moverse. Y tu esposa tiene cuatro.
-Hiccup comenzó a moverse casi a los seis meses -miré hacía Eret. Él sabía cosas del embarazo de Astrid, cosas que yo desconocía por completo.
-Estoy ansioso por verle la cara cuando nazca ¿No te pasaba a ti con Trish? -preguntó un esperanzado Tuffnut a su cuñado.
-Si, estaba deseando de verle la cara. Aunque al principio quería que fuera un niño, pero todo cambio cuando me la pusieron en los brazos. En cuanto la vi, me sentí extraño, estaba sosteniendo a mi hija y era realmente preciosa.
-Cuando nació Hiccup, solo lloraba y lloraba como loco si lo separaban de Astrid,la pobre estaba tan cansada que había veces que le fallaban los brazos y tenía que ayudarla para sostenerlo y que pudiera calmar al pequeño Hiccup.
-Chicos por favor... -Fishleg hizo un ademan hacía mi -creo que es mejor cambiar de tema.
Me sentía realmente mal no sabía nada ni del embarazo de Astrid, ni del nacimiento de mi hijo. No sabía nada más de lo poco que me habían contado, lo que tenía claro y sabía a ciencia cierta era que lo había pasado muy mal por mi culpa y eso era lo que aún guardaba Astrid en su corazón y que por ello aún estaba reacia a contarle la verdad a nuestro hijo. Yo mismo me había ganado esa desconfianza ¿Qué esperaba? ¿Qué todo se hubiera arreglado con mi llegada a Berk y con un simple lo siento mucho Astrid soy un idiota?
No, con eso solo no bastaba. Mi relación con Astrid había avanzado mucho, ambos nos llevábamos muy bien, casi como antes de marcharme. Teníamos gestos de cariño, también teníamos encuentros amorosos en los que dejábamos de lado todos los problemas para solo ser nosotros dos y dejarnos llevar por nuestros sentimientos; aunque eran pocas las ocasiones en las que podíamos tener estos momentos. Por otra parte era más que normal, ya que ambos no vivíamos juntos y para que pudiera darse estos encuentros amorosos con mi esposa, necesitábamos tener un momento en el que estuviéramos completamente solos los dos.
Recordé con nostalgia cuando ambos vivíamos juntos. Me gustaba llegar a casa y encontrarme con mi esposa esperándome con la cena en la mesa, a la que al final le había encontrado el gusto a su cocina especial y que durante todo ese tiempo que estuve fuera añoré tanto, también echaba en falta el dormir con ella cada noche, aunque al final Astrid se adueñara casi por completo de la cama y mantas y yo quedará atrapado bajo ella y muerto de frío, añoraba todos esos pequeños detalles que tenía con ella. Añoraba verla recién levantada por las mañanas con todo su cabello revuelto, por lo que había ocurrido por la noche, añoraba todo de ella.
Y ahora quería saber lo que era vivir con mi pequeño niño. Solo había pasado una noche con él, esa noche que mi madre había convencido a Astrid de dormir con ella y que aproveché para dormir con mi pequeño Hiccup; sentirlo cerca de mi y verlo despertar con una linda sonrisa, quería eso todos los días y me lo estaba perdiendo. Todos esos detalles que los padres sabían de sus hijos, yo no los sabía. No sabía como fue su nacimiento, no sabía sus costumbres, ni lo que era pasar una noche en vela porque tu hijo no puede dormir, todas esas cosas que había escuchado hablar a Snotlout de hija y que yo desconozco del mío.
Vi a lo lejos Berk. Estaba deseando de llegar y ver a mi esposa y a mi hijo ¿Quién sería el primero en salir a recibirme? Sonreí ante ese pensamiento que me hacía feliz de saber que ambos estarían deseosos de verme. Sobre todo Astrid, la cual había estado muy reacia a que me fuera, por otra parte mi último viaje duro demasiado tiempo y era normal su temor.
Al llegar a Berk descendimos en la plaza de la aldea. Escuché como mi hijo chillaba feliz de verme y corrió hacía mi, con toda la velocidad que le daban sus piernas, iba tan concentrado en avanzar que no se percató de la rama que estaba en el suelo y que se interpuso en su camino, haciendo que mi pobre niño cayera al suelo. Corrí hacía él y lo tomé en brazos, le sacudí un poco la ropa que se le había manchado de arena. Mi hijo se había quedado muy callado y su expresión era de pena.
-¿Estás bien Hiccup? -le pregunte, ya que me estaba comenzando a asustar.
-Si... mama dice que los hombles no lloran -dijo muy decidido, aunque el temblor de su labio, me hacía ver que estaba a punto de comenzar a llorar.
-Bueno hay veces que es bueno llorar -le acaricié su cara algo raspada por la caída y manchada de arena.
Mi pequeño me miró y no pudo aguantarlo más comenzó ha hacer pucheros y se puso a llorar desconsoladamente. Yo lo abrace protectoramente y le di besos en su cabeza que apoyo en mi hombro. Me gustaba saber que aún era muy pequeño y que aunque me había perdido mucho de la vida de mi hijo, aún podía ser una parte importante en su vida.
Trish se rió al ver como su primo lloraba y fue a saludar a su padre. Pero el momento más bonito fue cuando Heather fue en busca de Tuffnut y ambos se abrazaron y besaron como si hubiera pasado demasiado tiempo separados, Tuffnut le tocó su vientre abultado y que por ello ya tenía que utilizar una ropa más cómoda de la que ella solía utilizar.
-¿Dónde está Astrid? -pregunté, me parecía raro que ella no hubiera venido a recibirme.
-Está en casa, trabajando en los inventarios del ganado para preparar todo para el invierno -me respondió Ruffnut que también había ido a saludar a su marido.
-¿Ya estás bien Hiccup? -le pregunté a mi hijo cuando este dejo de llorar.
-Si -se secó las lágrimas -estoy bien.
-Voy a decirle a tu mama que ya hemos llegado. Ve con Trish a jugar -le di un último beso en su mejilla y lo dejé en el suelo -Snotlout puedes organizar al consejo para tener esta tarde una reunión. Todos deben saber lo que hemos descubierto.
-Si, lo haré en cuanto coma Hookfang.
Me Volví a montar en Toothles y fui hacía la que había sido mi casa después de casarme. Al llegar deje a Toothles junto a Stormfly en el establo y fui a la puerta. Llamé y la verdad que me sentía algo idiota por tener que llamar a mi propia casa, pero tampoco sabía como se iba a tomar Astrid que entrara sin más.
Mi esposa abrió la puerta de nuestra casa y sonrió ampliamente al verme, miró al rededor y tras eso se lanzó a mi cuello y yo la abracé con fuerza. Esa si era la forma en la que me gustaba que me recibieran tras un viaje. La alcé un poco hasta que tuvo los pies en el aire y entré en mi casa, cerré la puerta con mi prótesis y una vez que ya estábamos en la intimidad de nuestra casa la puse en el suelo, la tomé de sus mejillas y la bese dulcemente. Ansiaba algo más de ella, pero estaba trabajando y tampoco quería ser un impedimento para ella y su trabajo, que realmente debía ser el que yo debería de estar haciendo en vez de ella. Nos separamos lentamente y nos miramos a los ojos por unos segundos. Podía ver como los ojos de Astrid brillaban.
El trabajo de la jefatura de Berk podía llegar a ser monótono y aburrido, pero Astrid parecía que lo llevaba bastante bien, aunque ese trabajo es el que debería de estar haciendo yo y no ella, pero cada vez que intentaba realizar un trabajo más tedioso para mi, Astrid enseguida me obligaba a realizar uno diferente y más liviano. Pero eso debía de acabar, ese era mi trabajo, había nacido para ser el jefe de Berk y si bien es verdad que cuando comencé este trabajo me superó por la pérdida de mi padre, ahora era diferente, ahora sabía de sobra lo que era este trabajo y tenía a mi esposa a mi lado... ¿pero cómo hacer que Astrid entendiera esto? ¿Cómo si aún estaba en ella esa desconfianza en que me saturara de trabajo y me volviera a marchar?
-No sabía que ibais a llegar tan temprano ¿Ha ido todo bien? -Astrid hace que mi mente deje de divagar en mis propios pensamientos.
-Si, todo ha ido muy bien. Hemos conseguido nueva información. Nuestro enemigo se llama el destructor de dragones. Pero no tiene una base concreta, cosa que nos dificulta más para encontrarlo.
-Eso nos dificulta bastante las cosas -mi esposa se dirigió hasta la mesa que tenía llena de papeles.
-Preparando todo para el invierno- tomé algunos de los papeles revisando su trabajo, me gustaba lo bien estructurado que tenía todo.
-Si. Nos faltan algunas provisiones, pero esta controlado antes de las heladas estará todo listo -mi esposa me quitó los papeles de las mano y los dejo en la mesa nuevamente. Cada vez que intentaba hacer algo de mi trabajo como jefe ella se ponía nerviosa y me lo quitaba alegando que era su responsabilidad. No era su obligación, era mi obligación.
-¿Te ha gustado el viaje? -me preguntó y la noto algo preocupada.
-No ha estado mal. Todo lo bien que se puede estar cuando duermes al lado de tu primo y que por cierto debería de mirarse su problema de gases -moví mi mano como si me abanicara.
Mi esposa se rió de mi pequeña anécdota y puso esa cara de asco que me parece tan graciosa, porque arrugaba su nariz y a pesar de eso se seguía viendo hermosa a mis ojos.
-Entonces has dormido bien -se burlo de mi.
-Hubiera preferido dormir a tu lado -le insinué y ella se cruzó de brazos.
-Estabais al aire libre. No pudo ser tan malo.
-No dormimos al aire libre, acabamos haciendo noche en una casa. Ayudamos a una chica que estaba atrapada en una de las trampas y esta nos dejo pasar la noche en la casa de sus padres. La pobre se lastimo el pie, pero no fue nada grave.
-Que bien... así no pasasteis frío -mi esposa bajo su mirada y me dio la espalda ¿Pudiera ser que estuviera celosa?Ese no es el estilo de Astrid, aunque a lo mejor si lo estaba un poco, ya que ella no había vivido la situación junto a mi -mucho mejor dormir en casa con una chica cerca -si realmente parece celosa y esto es nuevo.
-Intentó besarme... -dije intentando sacar la furia de mi esposa y que me encantaba enfadarla. Mi padre siempre me decía que me gustaban las bestias incontrolables y era cierto por eso la amaba tanto. Y aunque al principio pensé en no decirle nada, tampoco debía ocultarle nada, ya que no había nada malo en ese hecho.
-¿Qué? -Me encaró y sabía que debía andar con mucho cuidado si no quería que mi esposa me golpeara, o peor que sacara su hacha que yo mismo afilé hacía poco y sabía lo bien afilada que estaba, modestia a parte.
-Lo intentó, pero no la deje -la acorralé contra la mesa poniendo mis brazos apoyados en la mesa a cada lado de su cuerpo -tu eres a la única mujer que he besado y es más que suficiente.
Mi esposa se sonrojó un poco, se veía demasiado adorable y yo estaba demasiado deseoso de tenerla entre mis brazos, además de que debía aprovechar de que estábamos solos en nuestra casa y aún quedaba bastante para la reunión. La tomé del mentón y la bese al principio dulcemente, hasta que le mordí el labio y ella abrió sus labios cosa que aproveche para profundizar el beso.
Astrid rodeó mi cuello y pegó su cuerpo al mio. Yo la abrace por su cintura, tenía ganas de tirarla sobre la mesa, pero estaba llena de papeles. Así que tuve que contenerme para no hacerlo. Nos separamos un poco estábamos algo agitados por el beso, pero ella se apartó de mi y me tomó de la mano.
-Ven -me dijo con simpleza y yo me dejé guiar. Sonreí como idiota al ver que Astrid me llevaba a nuestra habitación. Parecía que ambos necesitábamos del otro.
Al llegar entró y aseguró la puerta de que estuviera bien cerrada no fuera ser que tuviéramos alguna visita imprevista.
-Parece que los dos queremos lo mismo mi lady -la tomé de la cintura para volver a besarla, pero Astrid se apartó de mi. Ahora no entendía nada ¿Qué estaba ocurriendo?
Mi esposa me puso las manos en el pecho y me empujó con suavidad hasta llevarme a la orilla de la cama donde me hizo sentarme.
-Así que mientras yo trabajo mucho por la aldea y cuido de nuestro hijo ¿tú te vas a ponerle ojitos a otras chicas, Haddock? -mi esposa se cruzó de brazos y yo estaba cada vez más contrariado con su actitud.
-Yo no he hecho nada de eso. Solo quería ponerte un poquito celosa, para que me prestarás atención -intenté agarrarla una vez más, pero esta no me dejo, estaba empezando a sentirme frustrado y como que necesitaba un buen baño frío para bajar mi deseo.
-¡No! me has enfadado... te mereces un castigo -estaba completamente perdido, no sabía que quería mi esposa ¿Un castigo? Creo que ya tenía la suficiente edad como para no ser castigado.
Astrid se acercó hasta mi, decía estar enfadada, pero estaba sonriendo, de hecho tenía una expresión algo pícara en su rostro que me hacía dudar completamente de sus intenciones.
-Haga lo que haga o diga lo que diga no puedes tocarme ¿Entendido?
-No entiendo nada Astrid -logré articular mis pensamientos.
-Solo haz lo que te he dicho. Si me tocas o me rozas... paro -Volvió a sonreír. No entendía nada, pero creía que me iba a gustar lo que fuera que estuviera pensando mi esposa.
Astrid se acercó a mi y comenzó a quitarme mis guantes, intenté ayudarla, pero me volvió a advertir que si la tocaba pararía y no quería eso, así que dejé que me quitará cada una de mis prendas de mi traje de vuelo.
Cuando me quitó mi camisa vi como se sonrojaba un poco y yo no pude evitar sonreír por su expresión. Me estaba divirtiendo con su "castigo" aunque si que era un poco castigo, ya que ansiaba tocarla y besarla, pero aguantaría lo que durara mi "castigo". Astrid puso su mano en mi pecho, en el lugar de mi tatuaje. Sabía que le encantaba ese tatuaje, era la muestra de mi amor; Llevarla tatuada por siempre. La miré y esta comenzó a acariciar mi torso desnudo ¿era solo cosa mía o veía deseo en los ojos de mi esposa? Sentí que mi cuerpo ardía en deseo de tocarla, alcé mis manos, pero Astrid me miró y paró en sus caricias, por lo que volví a bajar mis manos.
-Creo que ya entiendo de que va esto.
-Has tardado en comprenderlo -se ríe divertida de mi situación -túmbate en la cama.
Me dice sin más y yo obedezco como niño bueno acomodándome en el medio de la cama. No sé que más tiene pensado y aunque muero de ganas por tocarla, desnudarla y besarla, tendría que aguantar un poco más para complacerla.
-Me gusta que seas tan obediente. Si siempre fueras así serías el marido perfecto.
-Si siempre fuera así, tu no me querrías por ser un aburrido.
-Si, tienes razón -mi esposa se quitó su capa y sus guantes tirándolos al suelo de la que había sido nuestra habitación, tras eso se quitó sus hombreras de metal y su falda.
Suspiré y me mordí el labio en un intento de controlarme y de no saltar de esa cama para tomarla entre mis brazos, pero estaba siendo "castigado" así que no debía moverme hasta que mi castigo acabara... o eso creo, esto es nuevo para mi.
-¿No necesitas ayuda? -pregunté en medio de mi propia agonía.
-No, puedo yo sola -me dice riendo. Definitivamente me estaba volviendo loco por el deseo.
Astrid se quitó gracilmente su camiseta y una fina blusa que tapaba sus pechos. No pude evitar fijarme en sus pezones erectos y que me moría por lamer para escucharla gemir. Astrid se reía de mi con cada prenda que ella se deshacía, por mi rostro de sufrimiento y por mis suspiros de frustración.
-Eres cruel -le digo haciendo que ella se ría aún más de mi sufrimiento.
-¿Realmente crees que soy cruel? -me dice bajando sus leggins.
-Ahora mismo, estás disfrutando de mi sufrimiento.
-Como una niña pequeña, Haddock -me responde seductora mientras se deshace su trenza y yo no lo soporto más y me incorporó en la cama con la intención de ir a por ella, pero ella me pone una mano en alto, para que me pare.
-Astrid por favor, me estás matando -le ruego, porque no lo soporto más, podría haberme castigado con cualquier otra cosa, pero no con esto y justo cuando hace mucho que deseo un encuentro como este.
-Vuelve a la cama si quieres que siga.
Soy un idiota, pero le hago caso, vuelvo a la cama y solo la puedo mirar con deseo. Su cuerpo desnudo era perfecto, las curvas que delineaban su figura haría que hasta el más casto se perdiera en ellas. Mi esposa era la viva imagen del deseo y la lujuria y era solo mía. Apreté los puños contra la cama, mi frustración estaba llegando a niveles que nunca había experimentado y ella se divertía con ello. La miré una vez más completamente desnuda, solo llevaba el collar que le regale y que era la misma imagen de mi tatuaje, algo que nos unía. Mi esposa comenzó a acercarse a la cama lentamente, me gustaba cada movimiento que hacía. Ella se subió a la cama y fue gateando hasta estar sobre mi cuerpo.
-Tus manos, lejos de mi -mi esposa tomó mis manos y me hizo agarrarme a los postes de la cama -no las muevas de ahí -me indicó con una sonrisa. Se estaba divirtiendo mucho conmigo y me alegró por ella, pero yo no me lo estaba pasando muy bien.
-Cuando podré... -mi esposa me silenció poniéndome un dedo sobre mis labios.
-Cuando yo lo diga -Me rozó mis labios y yo intenté besarla, pero ella se alejó de mi y dí un gruñido que a ella le pareció bastante divertido.
Mi esposa comenzó a besar mi cuello y fue bajando hasta mi pecho, donde mordió mis pezones. Yo solo cerré mis ojos intentando controlar mi propio deseo de tomarla entre mis brazos. Era extraño, me gustaban las caricias y besos de ella sobre mi, pero a la vez sentía la frustración de no poder tocarla, apreté con fuerza mis manos agarradas al poste de la cama. Mi esposa seguía bajando dándome besos por todo mi torso desnudo, jugueteó un poco en mi ombligo lamiendo esa zona que me hacía cosquillas y que mi piel se erizara.
Miré hacía abajo, al sentir que ella seguía bajando... ¿No lo iba a hacer? ¿O sí? Mis propios pensamientos se callaron de golpe cuando mi esposa lamió mi miembro y se lo metió en la boca. Yo solo pude gemir ante esta dulce caricia de la boca de ella. Mi esposa comenzó a meter y sacar mi miembro en su boca y yo me aferré con fuerza a la cama, mientras dejaba que ella hiciera lo que quisiera conmigo. Me gustaba ser el dominante en el sexo, aunque tampoco estaba mal ser un poco dominado por ella de vez en cuando. Abrí los ojos cuando mi esposa paró, estaba muy sonrojada por lo que acababa de hacer y eso solo me hace tener más ganas de abrazarla, pero también quiero saber hasta donde está dispuesta a llegar en su "castigo" hacía mi persona.
Astrid se pone sobre mi a horcajadas y me besa con pasión. Por fin, lo estaba deseando, aunque no podía dominar el beso, ya que no me dejaba agarrarla y cuando lo intentaba se apartaba de mi entre risas y volvía a besarme y se alejaba cada vez que sentía que ella perdía el control del beso. Tras la lucha por el control del beso, mi esposa se quedó sentada sobre mi cuerpo, levantó un poco sus caderas y tomó mi miembro dirigiéndolo hacía su entrada.
Ambos gemimos al sentir como poco a poco nos fundíamos en uno. Ella comenzó a moverse lentamente. Ahora si me estaba volviendo loco, me moría en deseos de tocarla y de llevar yo el ritmo, pensé que ya había sido suficiente castigo por no haber hecho nada, por lo que separé un poco la mano de los postes, pero ella paró de moverse, por lo que opté por volver a poner mis manos en su lugar y ella volvió a moverse arriba y abajo. Abrí los ojos, no podía para de mirar el dulce movimiento que estaba haciendo mi amada esposa y sobre todo el como botaban sus pechos por el movimiento y como su cabello viaja libre como si un mar dorado expulsara sus olas con un movimiento rítmico e hipnotizante. Ella gemía de placer con cada movimiento y a mi me tenía completamente sumido en el deseo de tocarla, aunque me gustaba lo que estaba haciendo, era muy placentero, pero igualmente yo necesitaba tenerla entre mis brazos, para disfrutar más de ese momento.
-Hiccup -gimió mi nombre mientras aumentaba la velocidad en sus movimientos.
Sentía que mi esposa estaba apunto de llegar al orgasmo, por lo que aproveche ese momento en el que ella estaba más sensible y vulnerable, para mover mis manos y tomarla de la cintura.
Ella se paró, pero no la iba a dejar, ella había disfrutado con su "castigo" ahora era yo el que necesitaba disfrutar amándola. La atraje hacía mí y la bese con pasión acariciando sus cabellos dorados. En el beso cambié nuestras posiciones y me puse sobre ella, la agarré de sus manos evitando así que me volviera a parar y entre en ella con sumo cuidado. Comencé a moverme despacio, ella intentó forcejear, aunque sin poner mucha resistencia en ello. Me hubiera gustado jugar con ella como ella lo había hecho conmigo, pero había esperado mucho por un momento como este y solo quería que ambos disfrutáramos de este momento, por lo que la solté y ella se aferró con una mano a mi espalda y la otra la puso sobre mi trasero y lo apretó.
-Más -me susurró al odio.
-A sus órdenes mi laidy -aumenté la velocidad y ella gimió placenteramente. Ahora si estaba disfrutando de ese momento.
Cuando sentí que me cansaba me separé de ella y hizo un leve berrinche golpeándome con el puño en mi pecho cuando paré. Ahora fui yo el que me toco reírme de ella, la tomé del brazo y la hice incorporarse, la posicioné sobre la cama e hice que se apoyara en sus codos y rodillas quedando su cuerpo como si de un perro se tratara y yo me puse detrás de ella y con cuidado volví a penetrarla. Ella gimió y suspiró al sentir como me movía dentro de ella, para mayor placer mió ella apoyó su cabeza en la cama.
Me deleité no solo con sus gemidos, ni con ver como mi esposa se aferraba a la cama y enterraba su cabeza en la cama para acallar sus gemidos. Ya no podía más, lo sentía y también note que mi esposa también estaba muy excitada . La agarré de las caderas y comencé a moverme con más fuerza, me gustaba el sonido del golpeteo de nuestros cuerpos mezclado con los gemidos.
-¡Hiccup! -gimió mi nombre al sentir como la llenaba por completo llegando ambos al orgasmo.
Me dejé caer sobre ella, con la respiración muy agitada. Acaricié su espalda y reí al ver como se le erizaba la piel con mi roce. Me levanté un poco y salí de ella, para poder tumbarme en la cama. Astrid hizo lo mismo y una vez que se puso sobre mi pecho me dio un leve golpe en mi brazo.
-¿Y eso porqué ha sido? -tomé una de las mantas de la cama estirando mi brazo para poder tapar nuestros cuerpos desnudos, que aunque ahora estuviéramos algo acalorados, comenzaríamos a sentir el frío en breve.
-No me has hecho caso. No has esperado a que terminara tu castigo -me mira algo molesta, aunque su respiración entrecortada y una leve sonrisa que no puede evitar y que dibuja sus labios, hace que pierda mucha credibilidad a ese supuesto enfado hacía mi persona.
-Te aseguro que ese castigo ha durado mucho para mi gusto -le acaricié el rostro y aparté los flequillos de su cara.
-Si, pensé que te rendirías antes. Has superado mis expectativas -me respondió mi esposa y yo reí y la verdad no sé porqué.
-Sé que para ti ha sido divertido, pero no tanto para mi, te lo aseguro -le dí un leve beso en sus labios -prefiero que no me castigues más, por favor.
-¿En serio?... ¿Y no te aburrirás de hacer siempre lo mismo? -vaciló un poco en sus palabras y realmente no sé en qué piensa o porqué ha venido todo esto.
-¿Qué?... por supuesto que no. Me gusta que ambos hagamos lo que queramos -mi mano viajo desde los cabellos de Astrid hasta sus hombros y de ahí a sus brazos.
-Esta bien, no habrá más castigos, aunque yo me he divertido un poquito -me dice con una sonrisa pícara en sus labios.
-Te amo Astrid -le dije una vez más y aunque no me respondió de la misma manera, su caricia sobre mi rostro me hace ver que aún no puede responderme de la misma manera, pero que me quiere, a pesar de todo.
Yo era el único capaz de hacer que Astrid me volviera a decir esas dos palabras que ansió, además de dejar que por fin seamos una familia de verdad y pudiera vivir en mi casa. Sentía que estaba cerca y que tenía que volver a mi trabajo, tenía que volver a ser responsable para lo que había nacido y por lo que se me entrenó desde pequeño. Yo era un jefe...
Mi esposa se acurrucó en mi pecho y acaricio mi pecho desnudo, mientras yo la acariciaba a ella. Podía pasarme así todo el día, solo deleitándome con la suave piel de ella y sintiendo la respiración acompasada sobre mi pecho, uniéndose a la mía, mientras nuestros cuerpos se relajan.
-Astrid ¿Puedo preguntarte algo? -recordé lo que había estado hablando los chicos antes.
-¿Qué quieres saber? -mi esposa alzó su mirada para encontrar la mía, dejando las caricias sobre mis pecho.
-¿Puedo preguntarte cosas sobre tu embarazo?
-¿Por qué? -me preguntó desconcertada. Desde que había llegado no había preguntado nada como aquello, por lo que entiendo su desconcierto.
-Es que cuando volvíamos a Berk, los chicos comenzaron a hablar sobre sus esposas cuando estaban embarazadas y... bueno yo no sabía nada sobre tu embarazo, pero Eret si.
-Estuvo mucho tiempo conmigo durante mi embarazo. Cuando no podían las chicas venía él y solía darme todos los caprichos que yo pedía, aunque tuviera que ir a otras islas en busca de lo que yo le pedía.
-¿Cómo fue? ¿Qué sentiste? -le pregunté y sus ojos se llenaron de nostalgia.
-Pues, no sé como explicarte, ya te conté un poco lo que sentía. Yo solo quería volar en Stormfly hasta encontrarte.
-Pero no lo hiciste. Tenías que proteger a Hiccup.
-Si, tenía que protegerlo -ella volvió a acariciar mi pecho -me sentía extraña, solía estar muy cansada, toda la comida que olía demasiado fuerte me daba mucho asco. No podía comer verdura y cuando lo comía, porque decían que era bueno para el bebe lo vomitaba todo.
-Será por eso que a Hiccup no le gusta mucho la verdura -reí al recordar ese detalle.
-Es posible que me estuviera diciendo. Mama no me gusta la verdura -ella también río conmigo -Lo único que era capaz de comer sin cansarme ni vomitar, eran las manzanas.
-No tenemos manzanas en Berk.
-Si... Eret sabe bien que no hay manzanas en Berk -ambos reímos por el comentario de mi esposa -iba día tras día a por mi ración de manzanas.
-Dijo que Hiccup comenzó a moverse a los seis meses -cambie de tema, ya que me molestaba que Eret tuviera que ir de una isla a otra a por las manzanas para que mi esposa pudiera alimentarse, ya que eso debería de haberlo hecho yo, aunque ya era tarde para lamentarse.
-Si, era muy tarde para que comenzara a moverse e incluso pensaron que había algo mal en mi embarazo... pero cuando comenzó a moverse, era raro. No sabía que hacer, estaba dentro de mi, estaba vivo, se movía y le gustaba ponerse a dormir presionando los pulmones de su mama dejándome casi sin respirar.
-Te brillan los ojos de solo recordar ese momento -mi mano acabo en la mejilla de ella.
-No te negaré que cuando comenzó a moverse me sentí aliviada.
-¿Dónde estabas cuando pasó?
-Estaba en la cala... con Eret -Astrid parece que evite decir el nombre de él, porque sabe que me enfado de solo escucharlo, pero yo mismo le pregunté y quería saber más de ello -Sabes que ese lugar tiene muy buenos momentos y me acorde de cada instante que habíamos estado ahí... y simplemente Hiccup comenzó a moverse -sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas -parece que le gusto que recordara a su padre y con bonitos recuerdos, no con el dolor que sentía cada día en mi corazón.
-Su padre era un imbécil -apoyé mi cabeza en la de ella y la estreché entre mis brazos con fuerza.
-Hiccup ¿Que hubiera pasado si no llega Ruffnut a salvarme? -sentí que sus lágrimas mojaban mi pecho.
-¿Cómo pasó? ¿Cómo decidiste ir a la cala?
-Llegaron los jinetes, venían de ir en tu busca e intentaron esconderme la cola de Toothles, pero Snotlout es muy torpe y la vi. Tome la cola destrozada de Toothles, sentí que mi mundo se acababa y que no tenía razón para seguir viviendo. Le dí la destrozada cola de Toothles a Snotlout y le dije a Ruff que iba a...
-¿Qué ibas a la cala? -le susurré, solo con eso ella misma se había dado cuenta de que ella realmente quería ser salvada. Solo que tuvo unos sentimientos que no supo afrontar.
-Pero lo intenté. Provoqué que nuestro bebe naciera demasiado pronto.
-Si, pero lo hiciste Astrid. Lo trajiste al mudo y aquí estamos los tres.
-Si. Estamos los tres... -susurró.
-Eret dijo algo sobre que te tenía que ayudar a cargar a Hiccup y que este no se quería separar de ti.
-Tuve un mal parto. Lo pasé muy mal y eso me dejo muy dolorida y cansada. Cuando nació nadie podía cogerlo sin que llorara, solo yo podía tenerlo en brazos. Lo agarraba con las pocas fuerzas que tenía, lo ponía sobre mi pecho y se tranquilizaba -le sequé los restos de lágrimas en sus ojos y la hice que me mirara. Tenía una linda sonrisa en su rostro.
-¿Eret fue el primero que lo tuvo en brazos?
-Si. Fue el primer hombre que lo tomó en brazos, fue el que estuvo esperando fuera para que todo saliera bien y fue el que lo presentó a la gente que esperaba que naciera el primogénito y futuro jefe. Pero Hiccup no paraba de llorar así que me lo devolvieron rápidamente. Ese niño tiene mucho genio.
-¿Cómo te ayudaba a cargarlo? -me sentía un estúpido y estaba muy celoso de Eret, pero yo mismo había sido el que había propiciado esos momentos en los que cuando debería de estar yo, había estado otro hombre con ella y a pesar de todo debería de agradecer a Eret su ayuda.
-Cuando estaba tumbada y me lo ponía sobre mi pecho, lo agarraba por mi, para que yo pudiera descansar. Y cuando estaba sentada en la cama, pues...
-Te abrazaba por la espalda -sentí una punzada en mi pecho.
-Si. Me llevé una semana en la cama casi sin poder moverme. Nadie apostaba por que yo sobreviviera, Pero tenía un precioso niño, que solo se calmaba conmigo -sonrió y sus ojos volvieron a brillar -era como si quisiera decirme que solo quería que yo estuviera con él, que me necesitaba tanto como yo a él. Él me hizo salir adelante. Cuando pude levantarme de la cama, fui hasta Snotlout y le pedí ayuda, para que mi hijo fuera el futuro jefe de Berk tal y como debía ser. Y me ayudó muchísimo.
-Y yo que pensaba que si él hubiera tenido oportunidad, me hubiera quitado mi puesto.
-Pues no lo hizo. Me cedió su puesto y me concedió su completo apoyo. Aunque de cara a Berk yo soy la jefa, de cara a luck tuk lo es Snotlout. No queríamos que por saber que había una mujer jefa nos tomaran como si fuéramos una aldea débil o que nos intentaran atacar.
-No sé que debo decir a todo esto -le acaricie su cabello dorado -un lo siento no vale para todo lo que tuviste que pasar.
-ya te lo dije cuando llegaste, un lo siento no vale. Lo que valen son los hechos que hagas de ahora en adelante -los dos nos miramos a los ojos y nos dimos un dulce beso.
Mi esposa enterró su cabeza en mi cuello y yo la abracé con fuerza. mientras jugueteaba con su cabello.
Me deleité con ese momento en el que solo estábamos ella y yo desnudos, abrazados y relajándonos. Estaba a punto de caer dormido cuando escuché como llamaban con insistencia a la puerta.
Ambos nos miramos, molestos, por el sonido insistente. Me levanté y me puse mis pantalones con rapidez, tomé mi camisa y me la fui poniendo mientras me acercaba a la puerta. Cuando la abrí miré con molesto a mi primo.
-¿Dónde está Astrid? -pregunto mi primo y miró como me recomponía mi ropa.
-Esta arriba ¿Qué ocurre?
-Viene un barco de la isla Star. Se me olvido decirle que iban a a venir.
-¿Cómo?¿Cuándo pensabas decírmelo Snotlout? -Astrid llegó junto a nosotros mientras se colocaba sus hombreras -¿A qué vienen?
-A conocer a Hiccup -respondió y me lanzó una mirada pícara. No había que ser muy listo para darse cuenta de lo que acababa de pasar y mi primo entraba en esa descripción.
-A mi ya me conocen -respondí.
-A tu hijo -nos aclaró Snotlout y Astrid y yo nos miramos.
-¡Genial Snotlout! ¡me encanta que no digas cosas importantes como estas! -habló irónica mientras terminaba de agarrar a su trenza -Hiccup te toca ser el jefe, para ellos tu solo estabas de viaje. Yo iré en busca de Hiccup y le diré a Ruffnut que lo tenga en casa todo el día. No pueden conocer hoy a Hiccup. Sería muy raro.
-¿Dijisteis que estaba de viaje? Pero... ¿No creíais que estaba muerto? -pregunté mirando a mi esposa.
-Hiccup solo encontramos la cola de Toothles. Decir que estabas muerto lo haría real para nosotros y teníamos la esperanza de que eso no fuera cierto -mi esposa me acarició el rostro y me dio un beso en la mejilla -¡y ahora moveos que tenemos que preparar todo antes de que lleguen!
-Que manera de acabar con un momento tan bonito -me queje y todos salimos con rápidamente para prepararlo todo, para cuando llegaran nuestros visitantes.
Continuara.
Hola. Nuevo capítulo! Espero que os haya gustado n.n sobre todo porque Hiccup ya está pensando en que su puesto debe ser siendo el jefe, peeerooo ya veremos como surge esto. Además del nuevo lemon que tal y como os dije, es un poco más atrevido, así que si creéis que debo subir el ranking de edad por este hacedmelo saber por favor.
He subido una pequeña historia, esta tendrá solo tres capítulos, por si queréis echarle un ojito. Se titula Imagination y la podéis encontrar o en mi perfil o en la página 2 de esta sección :)
Muchas gracias a todos los favoritos y seguidores! y mi agradecimiento especial a los que se toman un minuto para dejar un review! Os adoro!
RoxFiedler: Lo siento siempre me tardo, pero tranqui que si pienso dejar de lado lo diré y eres libre de mandarme mensajitos cuando quieras yo los responderé en cuanto pueda :) Nunca me ha gustado Splitelout, sobre todo en el capítulo de los juegos del deshielo, lo odie, por eso lo puse como un impedimento en el camino de Snotlout. Hiccup quiere ser jefe, pero para Astrid es una de las razones por las que Hiccup se marchó... bueno ya verás como surge esto ;)
DragoViking: Muchas gracias, me alegro que te haya gustado, que le dí muchas vueltas al capítulo. Espero que este también sea de tu agrado:)
Airi: Es duro trabajar y estudiar a la vez, pero ahí vamos. Muchas gracias por tus palabras, siempre me animan y me llenan de energía tus mensajes. Snotlout es solo un tonto, pero no malo, o por lo menos para mi así es ese personaje. Me divierto mucho con las partes de los pequeños y he vivido lo de ver a un niño que le dé un beso a otro (en este caso fue un niño a otro XD) y me resulto tan adorable, que quería añadirlo.
Muchas gracias a todos los lectores!
