Antes de empezar, quisiera agradecer a todos aquellos que se preocuparon por mi y me mandaron mensajes o me dejaron reviews animándome a superar la depresión. Agradecí muchísimo los ánimos, sobre todo porque al día siguiente de subir tomé la decisión de darme un tiempo con mi pareja, cosa que a pesar de saber que es necesaria, no deja de ser dolorosa. He estado varios días incluso planteándome la opción de estar un tiempo sin subir, pues no me apetece escribir sobre romances cuando mi vida sentimental se ha ido a la mierda... pero supongo que hay horas que llenar y, ya que mi día a día es un completo desastre, al menos escribiendo puedo evadirme y creer por un momento que quizás hay esperanzas.
No sé si este cap va a quedar muy corto, pero de momento mi mente está muy limitada... de modo que espero que entendáis que quizás tarde un tiempo en reponerme y volver a subir a mi ritmo habitual y con la extensión que siempre he venido trayendo.
Lysandro se dejó caer contra la cama soltando un suspiro de agotamiento. Había sido un día largo, casi interminable, como cada vez que tenían programado un concierto o cualquier acto público que acababa convirtiéndose en un pandemónium, como de hecho acababa de pasar: siendo una persona bastante reservada no llevaba bien que grandes multitudes se lanzaran contra él mientras intentaba desempeñar su trabajo, cosa que últimamente sucedía demasiado a menudo. Daba la impresión de que el fanatismo de sus seguidoras (porque podía decir sin riesgo a equivocarse que las personas que se abalanzaban sobre ellos eran, en su gran mayoría, chicas) se había ido incrementando conforme pasaba el tiempo.
Castiel tampoco lo llevaba del todo bien, aunque a diferencia de Lysandro, el pelirrojo siempre manifestaba su opinión al respecto con ataques de malhumor. Últimamente no dejaba de repetir que, si bien había intentado estar un tiempo sin recurrir a la "famosa" página de contactos de la que le habló hacía no mucho, pensaba volver a buscar a otra chica que hiciera las funciones de novia simplemente para que le dejaran en paz.
"—Déjate ver con ella un par de veces y se acabó el problema, al menos por una temporada —" le decía cuando Lysandro no se mostraba del todo convencido de la idea de su amigo.
Rodó sobre si mismo, quedando tumbado boca abajo en la cama, entrelazando sus dedos de tal modo que su barbilla reposaba sobre los mismos. Se le hacía impensable la idea de usar a una persona para fingir que tenía una relación con ella, más que nada porque en su cabeza eso era incluso peor que engañar a una pareja real. Podía ser un idealista o simplemente un romántico empedernido, pero hacía mucho tiempo que se había hecho la promesa a si mismo de no estar con nadie que no le llenase por completo.
También era cierto que había un motivo más por el que rechazaba el añadir a alguien a su vida, aunque fuera de forma falsa. No había olvidado lo sucedido años atrás, cuando tuvo su primer flechazo con una chica, flechazo que acabó rompiéndolo en añicos cuando se percató de que no era recíproco. Pasó varias semanas con el ánimo por los suelos, semanas en las que escribió las letras más melancólicas que nunca hubiera escrito, letras que incluso hoy en día seguía cantando en algunas de sus canciones. Fue por aquella época cuando se convirtió en el músico atormentado, como lo empezaron a llamar a sus espaldas cuando no había terminado bachillerato.
De aquellos días, sacó una coraza, una protección contra el dolor que padeció entonces. Si bien sus pensamientos podrían tacharse de melodramáticos, cosa que Castiel había hecho en más de una ocasión, Lysandro se dijo que jamás querría a otra persona como quiso a aquella primera, motivo por el que también huía de las posibilidades. Era una especie de indefensión aprendida contra el dolor, un modo de escapar del sufrimiento y una forma de llevar el duelo por aquel desamor siempre encima. Su amigo no dejaba de hacer bromas al respecto, diciendo que cuando llegase la definitiva, todas aquellas promesas que se había hecho a si mismo se disolverían como si tal cosa, pero él no podía creerle.
Sus ojos vagaron hacia la ventana, clavándose en los rayos de luna que entraban por la misma. Admitía que la sensación de acoso que llevaba sintiendo desde hacía un tiempo se había ido incrementando más y más, de tal modo que muchas veces incluso temía salir de su casa por miedo a encontrarse con algún grupito de fans dispuestas a cualquier tontería. Había intentado hablar con Nina en alguna ocasión, pidiéndole que dejara de ser tan atosigante, pero la chica no parecía dispuesta a dar su brazo a torcer, pues lo único que repetía era que, ya que había sido la fundadora de su club de fans, debería tener ciertos privilegios. Lysandro acabó dejándola por imposible.
Tomó su teléfono móvil, cuya pantalla brillaba por un mensaje de Castiel. No era normal que le enviara algo a aquellas horas y menos después de un concierto, pues conocía bien a su amigo y era consciente que a veces decidía darle una alegría al cuerpo si encontraba a alguna chica que le atrajera lo suficiente, como de hecho sospechaba que había pasado aquella noche.
Picado por la curiosidad, lo abrió, observando el contenido del mismo: un link a una página de internet, y una única frase por parte de su amigo:
"Tú la ayudas, ella te ayuda. No seas cerrado, piensa que estarías echándole una mano a una persona en apuros."
Bufó, sin muchas ganas de seguirle el juego a Castiel, pero para que se callase, pues su amigo era muy pesado cuando se le metía algo en la cabeza, decidió entrar en la página, ver un poco a las personas que había en ella, para luego decirle que ninguna le servía. De ese modo Castiel lo dejaría en paz.
Felicity no podía dormir. A veces le pasaba que, por mucho que se metiera en la cama y diera vueltas y vueltas y vueltas, el sueño no le llegaba, y esa era una de esas noches. Se lo tomaba con cierta resignación, se dedicaba a ver vídeos en internet, leer algo o simplemente pensar en sus cosas...
Aquella noche tocaba pensar, mientras miraba fijamente el techo de la habitación. Se sentía tonta, débil y estúpida por ser como era, por tener los problemas que tenía. Había visto a Orfeo conseguir quedar con una persona y empezar a ganar dinero (aunque también estaba el detalle de que no era un mano larga como el que le había tocado a ella), y a Gabriella volver de una "cita" con un contacto que le había prometido una buena suma de dinero a cambio de que trabajara con él de ilustradora. Incluso a Isabelle le había ido mejor que a ella, pues al menos en el primer encuentro el tipo de turno no anduvo manoseándola, aunque admitía que de las chicas era la que, de momento, peor trago había pasado. Si le hubiera tocado a ella, no habría sido capaz de reaccionar y seguramente aquel tipo habría logrado violarla.
Quizás el principal problema de todo aquello era su actitud con los demás, demasiado tímida, débil, vulnerable. Sabía que esas características se apreciaban, se dejaban ver, y las personas solían aprovecharse de aquellos que no eran fuertes y no se sentían preparados para dar batalla. Pero claro, una cosa era tener dichos pensamientos y deseos de cambio, pero otra muy diferente era conseguir llevarlos a cabo. Tenía demasiados complejos como para ser capaz de sobreponerse, ya lo había intentado alguna que otra vez con mal resultado.
Tal vez era cuestión de ir poco a poco en lugar de hacerlo todo de golpe... porque una cosa tenía clara, debía dejar de ser débil si quería sobrevivir en aquel mundillo, aunque fuera a base de ir introduciendo pequeños cambios. Admitía ser consciente de que ese tipo de citas era su escapada de aquel pozo sin fondo que estaba consumiéndola, alejándola de cumplir sus metas... debía ser fuerte, tanto o más que las otras.
Su hilo de pensamientos se vio cortado cuando su móvil vibró, sobresaltándola. Lo había dejado sobre la mesita de noche, y desde la cama pudo ver la notificación de la página de citas, donde se le avisaba que había recibido un mensaje. Lo abrió con manos temblorosas, leyendo las manidas líneas que se daban siempre que había una primera toma de contacto. La persona que le había contactado no usaba foto de perfil, pero tampoco era una novedad, se había dado cuenta de que sólo las Sugar Babies solían identificarse con imágenes; a fin de cuentas eran ellas la mercancía.
Tomó aliento, forzándose a ser valiente. Debía asumir sus actos y luchar por ser autosuficiente, aunque todo aquello le resultara repulsivo, por lo que, reuniendo todas sus fuerzas, tecleó una respuesta.
Pasaban de las dos, y Lysandro seguía en la misma posición, observando una foto en su teléfono. Había entrado en la página por mera inercia, pero ahora se encontraba clavado ante la imagen de una chica de pelo negro corto, que lo miraba desde la pantalla con ojos tristes. Había algo en su forma de mirar que le hacía retorcerse por dentro, como si esa chica estuviera en una situación desesperada y aquella foto fuera una llamada de ayuda, un grito de socorro.
"Estoy desesperada, ¡necesito dinero, pero este no es mi sitio!"
Casi podía escuchar su muda súplica, pero no se atrevía a responder. Se limitaba a estar tumbado en su cama, observando aquella foto de una universitaria desconocida, una chica que no encajaba con lo que se había esperado encontrar, copias de esas jóvenes lanzadas y desvergonzadas con las que Castiel había salido.
Apartó el teléfono, mientras que se debatía consigo mismo. Esa chica había tocado una fibra sensible en su interior, aunque no se sentía con valor de contactar con ella. No se le fue de la cabeza por mucho que intentó dormir, por lo que al final acabó haciendo lo que siempre hacía en sus noches de insomnio; tomar su vieja libreta y comenzar a escribir. Mientras su estilográfica iba llorando ríos de tinta sobre las páginas, los ojos de aquella chica seguían clavados en su memoria, mientras que, sin darse cuenta, los iba plasmado en las letras que hacía brotar sobre el blanco del papel.
"Mi musa de ojos tristes..."
Listo por esta semana.
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