Capítulo 2.

Ichiro Misaki trataba de arreglar la tercera habitación que tenía disponible en el departamento de tres piezas que había alquilado en Hamburgo. Una habitación era para él, la otra era para su hijo Taro y la tercera iba a convertirse en su estudio, hasta que recibió la noticia de que iba a tener un aprendiz. Hacía un par de años atrás que Ichiro había inscrito su nombre en el programa que tenía una universidad en París para poder traer estudiantes extranjeros a aprender un poco del arte de pintar de algunos pintores famosos. Ya Ichiro había olvidado esto cuando recibió la carta que le pedía que aceptara a A. Farfán bajo su tutela. Ichiro cuestionó a la universidad en París que él estaba por irse a Alemania a pintar por algunos meses, pero la universidad le respondió que eso era un detalle sin importancia. Así que ahora los Misaki recibirían un huésped en la casa.

- ¿Cuándo llega tu aprendiz?.- preguntó Taro, al tiempo que se comía una naranja.

- Pasado mañana.- respondió Ichiro.- Espero que esté cómodo aquí.

- No creo que haya mucho problema, además de que yo pronto regresaré a Francia y entonces podrás usar mi habitación como estudio.- Taro se encogió de hombros.

- Preferiría que te quedaras, pero sé que tienes asuntos pendientes en París.- sonrió el señor Misaki.

- Vendré a visitarte después.- dijo Taro.

- ¿Cuándo te irás?

- En cuanto conozca a tu nuevo aprendiz y me asegure de que no es un secuestrador o un ladrón que pretenda llevarse tus obras.- respondió Taro.

Pero no, A. Farfán no era ni un secuestrador ni un ladrón... Era mucho peor...

A. Farfán era una chica. Cuando Ichiro y Taro vieron llegar a la muchacha de ojos café verdoso y cabello café oscuro hasta la altura de los hombros, pensaron que había sido un error. Pero no, no había ningún error, Alisse Farfán había sido la ganadora de la beca para estudiar pintura un año con el señor Ichiro Misaki.

- Buenas tardes.- dijo Alisse, en un perfecto francés.- Soy la nueva aprendiz del señor Ichiro Misaki, el cual supongo que debe ser usted. Mucho gusto.

- ¿Tú eres A. Farfán?.- Taro estaba incrédulo.

- Sí. Alisse Farfán.- respondió Alisse.- ¿Por qué, hay algún problema?

- No, ninguno.- negó el señor Misaki, con una sonrisa.- Bienvenida, es un placer conocerte. ¿Tuviste un buen vuelo?

- Sí, muchas gracias.- Alisse también sonrió.

- ¿Bromeas, verdad?.- cuestionó Taro.- Tú no puedes ser la nueva aprendiz de mi padre. ¡Eres una mujer!

- ¿Y eso tiene algo de malo?.- Alisse miró horrible a Taro.

- Claro que tiene mucho de malo.- contestó Taro, ceñudo.- Una joven mujer llega a vivir con un hombre divorciado...

- ¿Y tú eres?.- a Alisse comenzaba a fastidiarle cada vez más el muchacho.

- Taro Misaki.- se presentó Taro.- Hijo del señor Ichiro Misaki, aquí presente.

- Será mejor que nos vayamos.- Ichiro suspiró.- No quiero más peleas a mitad de un aeropuerto.

Alisse y Taro se callaron, avergonzados, pero en el auto iban de lo más malhumorados.

"Es increíble", pensaba Alisse. "Acabo de llegar y ya me quiero regresar. ¿Quién diría que el hijo del señor Misaki iba a ser tan estúpido?".

"¿Es esto una broma?", pensaba Taro. "¡No puede ser que la aprendiza de mi padre sea una mujer joven y bonita! Que no me crean idiota, porque sé bien qué es lo que pasa cuando un hombre maduro y divorciado vive en la misma casa que una mujer soltera... Es más, ¡quizás ella quiera precisamente eso para aprovecharse de mi padre!".

Ichiro Misaki conducía en silencio. Su hijo y su aprendiz acababan de conocerse y ya parecían odiarse mutuamente. Una vez llegados al departamento, Ichiro le mostró a Alisse su nueva habitación.

- Bueno, mi idea era que vivieras conmigo para ahorrarte la renta pero... Bueno, ahora no sé.- dijo Ichiro.

- A mí me informaron que viviría con usted.- contestó Alisse.- Pero pensé que no habría problema...

- Por mí no lo hay.- negó Ichiro.

- Pues por mí tampoco.- sonrió Alisse.

Taro emitió un leve pero perceptible bufido. Alisse e Ichiro lo miraron de reojo.

- Serviré la cena.- dijo el señor Misaki.- Espero que te guste el cheese Maki, aunque estemos en Europa no puedo evitar el cocinar sushi en ocasiones.

- No hay problema.- dijo Alisse.

- Taro, ¿me acompañas a la cocina, por favor?.- la voz del señor Misaki sonó mucho más autoritaria de lo esperado.

- Claro, papá.- bufó Taro.

Una vez que ambos Misaki se encontraron en la cocina, Ichiro encaró a su hijo.

- ¿Qué es lo que pasa?.- preguntó él.- Tú no eres así de agresivo con la gente, Taro. ¿Por qué tratas tan mal a mi nueva aprendiz?

- Porque es mujer, es joven y es bonita.- respondió Taro.- Y tú estás divorciado, y solo. ¿Algo más o con eso tienes?

- ¿Insinúas que la señorita Farfán y yo tendremos un affair?.- Ichiro comenzaba a molestarse, algo raro en él.

- Mira, padre, yo te respeto mucho.- dijo Taro.- Pero sé que los hombres tenemos necesidades. Muchas necesidades. Y una mujer joven y bonita es una tentación muy grande.

El señor Misaki prefirió no responder. No quería más discusiones. Taro y él llevaron la comida a la mesa, y durante la cena nadie habló de ningún tema que pudiese resultar molesto.

- ¿Cuándo empezaremos a pintar?.- preguntó Alisse, después de que acabaron de cenar.

- Hay muchas cosas que me gustaría enseñarte.- rió el señor Misaki.- Podremos comenzar mañana mismo, aunque primero me gustaría encontrar a alguien que se encargara de la casa porque cuando mi hijo se vaya no tendré quien nos...

- No será necesario, padre.- interrumpió Taro, con una sonrisa un tanto extraña.- No regresaré a Francia. Me quedaré aquí.

"Para evitar que Alisse Farfán intente seducirte", pensó Taro.

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Genzo miraba a la chica que estaba frente a él. Lily Salazar, de 24 años, soltera, sin compromiso, sin familia y sin hogar, según ella misma se lo había contado. Lily había llegado al país de manera ilegal debido a un conflicto que tuvo con un traficante de drogas, el cual quería obligarla a prostituirse, cosa a la que Lily se negó rotundamente, por lo cual huyó de dicho traficante y ahora andaba de aquí para allá, tratando de encontrar un empleo. Genzo estaba conmovido ante la desgracia de la pobre y hermosa joven.

Ah, porque ésa era otra cuestión: Lily era una chica muy bella. Y tenía ese tipo frágil que despertaba todos los sentimientos protectores de un hombre. Algo demasiado tentador para un hombre como Genzo.

- Puedo hacer que salgas del país y regreses a donde perteneces.- ofreció Genzo, al tiempo que Lily comía un sándwich.

- Si te refieres al país en donde nací, soy de México.- respondió Lily, después de tragar el bocado que estaba comiendo.- Pero no pertenezco a ningún lugar... Ya te lo dije, no tengo a donde ir...

- ¿Y qué pensabas hacer?.- preguntó Genzo.

- No sé.- Lily se encogió de hombros.- Conseguir un trabajo, después encontrar la manera de legalizar mi estancia...

- Eso podría resultar muy difícil si no tienes alguien que te ayude.- hizo notar Genzo.

- Lo sé.- los ojos negros de Lily volvieron a llenarse de lágrimas.- Por eso no sé que voy a hacer...

Genzo tomó una de las manos de la muchacha y se la apretó.

- Yo te ayudaré.- ofreció él.- Te puedo conseguir un trabajo y quizás ayudarte a que encuentres la manera de que te legalices... Tengo algunos amigos abogados.

- No tengo con qué pagarle.- Lily miró a Genzo muy agradecida.

- No tienes que pagarme nada.- negó Genzo.- Lo haré con gusto.

- Gracias..- Lily sonrió y Genzo se sintió cautivado.

- Por lo pronto, vivirás en mi casa.- anunció Genzo.- Tengo muchas habitaciones libres. Y pues veré quién te pueda contratar... ¿Qué sabes hacer?

- Lo básico y algo más.- respondió Lily.- Sé computación, hablo varios idiomas y pues no ando tan mal para hacer cuentas. Y estudié una maestría en educación.

- Vaya que sabes más de lo que me esperaba.- sonrió Genzo.- Para ser una ilegal, tienes más conocimientos de los que esperaba. O sea, no estoy diciendo que los ilegales tengan poca educación, es solo que me esperaría que si tienes tantos conocimientos estuvieras en tu país trabajando.

- Como te dije, tuve muchos problemas... .- Lily desvió la mirada.

- Entiendo.- interrumpió Genzo.- No te pregunto más. Tengo una amiga que trabaja en un kindergarten, quizás ella pueda conseguirte trabajo, si dices que eres maestra.

- Te lo agradecería muchísimo.- Lily volvió a clavar sus negras pupilas en los ojos oscuros de él.

- Bueno, no se diga más.- dijo Genzo.- James, por favor prepara una habitación para la señorita Salazar.

- Sí, señor.- dijo James, con una mueca.

A James no le parecía que esa muchacha se quedara a vivir en la casa. James tenía suficiente experiencia como para saber que había que tener cuidado con mujeres como Lily Salazar, con caritas de niñas inocentes pero que en el fondo son más perversas que el demonio... Y James estaba seguro de que Lily Salazar era una mujer de ésas. Pero Genzo parecía estar bajo el embrujo de la muchacha, ya que no quiso ni escuchar cuando James trató de advertirle.

"Tendré que asegurarme de que esta mujer no acabe con toda la fortuna del joven Genzo", pensó James.

Genzo se marchó a su habitación, no sin antes decirle a James que le diera a Lily todo lo que le hacía falta. Lily le dio las buenas noches con una sonrisa tan encantadora que Genzo se sintió perturbado.

- Ésta será su habitación, señorita.- gruñó James, instalando a Lily en su habitación.- Cualquier cosa que necesite, solo llame.

- Gracias.- Lily le lanzó a James otra sonrisa cautivadora, la cual no consiguió atraparlo.

Una vez que éste se hubo retirado, Lily se aseguró de que estuviera completamente sola y sacó de entre sus ropas un teléfono celular, desde el cual hizo una llamada.

- ¿Hola?.- dijo ella, cuando le respondieron.- Sí, ya estoy aquí, conseguí convencerlo...

Lily se mordió los labios al tiempo que recibía instrucciones de la persona que le hablaba. Ella ya no quería estar en eso, pero no tenía más opción...

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Hyuga seguía pensando en su relación con la señorita Matsumoto, mientras se lavaba la cara en el baño del departamento en donde él vivía, ubicado a dos cuadras del campo de entrenamiento de la Juventus.. Aun se le parecía increíble que hubiesen terminado por ser amantes... La primera vez que él la vio era tan solo un niño de primaria y ella era la joven directora del colegio Toho. Durante toda la secundaria, después de que Hyuga consiguió ganar la beca para estudiar ahí, ella había sido como su mentora y lo había apoyado en muchísimas ocasiones. Y después, llegó el momento en el que Hyuga se convirtió en adulto y estaba listo para entrar a las ligas mayores del fútbol... La señorita Matsumoto renunció entonces a su cargo como directora del colegio Toho y se convirtió en la manager oficial de Kojiro Hyuga. Gracias a ella, Hyuga ganó mucho dinero haciendo comerciales y pudo pagarles así una casa decente a su madre y hermanos... E incluso, Kaori consiguió becas para Naoko, Takeru y Shinto... Y después, Matsumoto consiguió que la Juventus de Italia se fijara en las habilidades de Kojiro y le diera un buen contrato...

Sí, Kaori Matsumoto había hecho mucho por Hyuga y su familia... Pero ahora parecía estar dispuesta a querer cobrarse toda la ayuda...

Hyuga suspiró. Recordaba la noche en que ella lo había seducido. Había sido algo inocente, un famoso desodorante para hombres deseaba tener a Kojiro como su nuevo modelo y Kaori había ido a visitarlo para hablarle sobre los términos del contrato... Ella había llevado una botella de vino, el cual Hyuga se resistió en un principio a tomar aunque después ya le resultó imposible seguirse negando... Lo siguiente que Hyuga recordaba era despertar en la misma cama con Kaori entre sus brazos...

- De verdad que soy idiota.- murmuró Hyuga, al tiempo que se secaba la cara con una toalla.- Ella es como una segunda madre para mí, ha sido mucho más que una mentora y... No sé a quien trato de engañar...

Porque la verdad era que él se había enamorado de Kaori. Solo que ella aun no lo sabía.

- ¿Qué me responderías si te propusiera matrimonio, Kaori?.- musitó Hyuga.- ¿Qué opinaría la prensa y el mundo entero?

Hyuga no sabía qué pensar, pero se dio cuenta de que en realidad no le importaba lo que opinaran los demás.