Capítulo 7.
Lily regresaba a la mansión Wakabayashi alemana después de un largo día de trabajo. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que ella había hecho lo que deseaba, lo que le gustaba, se la había pasado el último año comportándose como otra persona que no era ella...
Pero eso estaba a punto de cambiar, aunque Lily no lo sabía...
Al pasar por una tienda, recordó las galletas Oreo y decidió entrar a comprar algunas con el dinero que Genzo le había prestado. Cuando salió de la tienda, Lily iba cantando. No sabía por qué de repente se había puesto de tan buen humor. Genzo estaba tumbándose sobre el sillón de la sala de la mansión cuando Lily llegó.
- Hola.- saludó él, al verla entrar.- ¿Cómo te fue?
- De maravilla.- sonrió Lily.- ¡Amo a los niños!
- Lo sé.- Genzo también sonrió.
- ¿Y tú como sabes eso, si ni me conoces?.- rió Lily.
- Se te nota en la mirada.- respondió Genzo, acostándose en el sillón y cerrando los ojos.
- ¿Se me nota en la mirada?
- Sí. A través de tus ojos he podido ver muchas cosas.- continuó Genzo, apoyando la cabeza sobre sus manos.- Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero contigo esa frase nunca fue más cierta. Tus ojos son muy expresivos y me revelan muchas cosas de ti.
- ¿Cómo el saber que me gustan los niños?.- Lily se estaba poniendo nerviosa.
- O como el saber que escondes algo.- comentó Genzo, sin abrir los ojos.
- ¿Qué podría yo esconder?.- ahora sí que Lily estaba nerviosa.
- No lo sé. Dímelo tú. Sé que has sufrido mucho últimamente, sé también que has hecho cosas que no te gustan hacer, pero que haces porque no tienes otra alternativa.
- ¿Cómo es posible que te hayas inventado todo eso?.- Lily trató de reír, pero sentía la boca seca.
- No es invento.- contradijo Genzo.- Lo que digo es cierto y lo sabes. Y por alguna razón lo niegas, quizás por miedo, quizás por otra cosa, pero sea lo que sea no pretendo obligarte a que me lo cuentes. Me he de ganar tu confianza al grado de que tú misma me cuentes todo. Y créeme que cuando eso pase, guardaré tu secreto como una tumba.
- ¿Y si no es algo bueno?.- susurró ella.- ¿Y si mi secreto es tan terrible que no deseas a volver a verme nunca?
- Eso no pasará.- negó Genzo, abriendo los ojos y sentándose en el sillón. Lily aprovechó para sentarse a un lado de él.- Porque sé que eres una buena persona.
Lily sintió de repente unas increíbles ganas de llorar.
- ¿Cómo es que puedes ser tan confiado y creer así en los demás?.- preguntó ella, conteniendo las lágrimas.- Ni siquiera me conoces. No puedes saber en realidad si yo soy una buena persona o solo finjo serlo.
- Ya te lo dije: lo veo en tus ojos.- Genzo acarició una de las mejillas de Lily.- Ellos me dicen que has pasado por mucho, pero que esas desgracias no han conseguido endurecer tu corazón.
Fue suficiente. Lily agachó la cabeza y comenzó a llorar. Genzo le secó entonces las mejillas húmedas.
- No hay por qué llorar.- murmuró él.- No hay por qué temer... Yo te protegeré...
Lily se abrazó a Genzo y lloró por mucho rato, por la mentira que estaba viviendo, por lo que estaba obligada a hacer en un futuro, por la vida de fugitiva que le esperaría por siempre... Y por sus sueños rotos, los cuales se fueron a la basura el día en que ella conoció a Sergio...
Mucho rato después, Lily se separó de Genzo y se secó las lágrimas.
- Lo siento.- musitó ella.- Ya no debo llorar más.
- Llora cuantas veces lo necesites para sentirte mejor.- replicó Genzo.- Aquí estará mi hombro para consolarte.
Lily, sonriendo, se levantó del sillón.
- ¿A dónde vas?.- preguntó Genzo.
- Por un poco de leche.- respondió ella.- Para acompañar las galletas Oreo que compré.
- ¿Tienes ganas de comer galletas con leche?.- Genzo enarcó las cejas, sorprendido.
- Sí. Cuando me pongo triste, siempre me anima el comer galletas Oreo.- asintió Lily, sin dejar de sonreír.
Lily fue a la cocina y sirvió dos vasos de leche. James estaba ahí, preparando la cena.
- Dentro de poco serviré la cena.- dijo James, frunciendo el entrecejo al ver que Lily colocaba algunas galletas en un plato.- No vaya a arruinar el apetito del joven.
- No lo haré.- negó Lily.- Solo será un aperitivo.- No le hará daño a Genzo.
- Sé que usted no es tan inocente como aparenta.- gruñó James, encarando a la muchacha.- Y le advierto que si intenta hacerle algún daño al joven Genzo, lo va a pagar.
Lily le sostuvo la mirada a James por unos instantes, antes de salir de la cocina sin decir palabra. A la chica le temblaban un poco las piernas al salir, así que dejó momentáneamente la bandeja que traía en una mesita cercana. Ella respiró profundamente varias veces y después, inconscientemente, revisó su reloj. Eran casi las siete y muy seguramente Sergio estaría esperando su llamada... Pero Lily recordó que Genzo estaba esperándola y prefirió regresar a la sala. Ya después se pondría en contacto con Sergio...
- ¿Galletas con leche?.- Lily se paró frente a Genzo, mostrándole la charola como si fuese una mesera.
- Por supuesto.- sonrió Genzo.- Enséñame tu técnica especial para comer galletas.
- Mira.- Lily dejó la charola en la mesita del centro y le dio un vaso de leche a Genzo y una galleta, tomando ella otro tanto.- Agarras la galleta así...
- Ajá.- Genzo la miraba como si Lily estuviera enseñándole la verdad del universo.
- La metes en la leche para que se remoje...
- Sí...
- Y después... Pues te la comes.- rió Lily.
Genzo rió con ella. Cuando James salió de la cocina, vio a ambos jóvenes riendo animadamente.
- Espero que no hayan arruinado su apetito.- gruñó James.- Porque la cena está servida.
- No te preocupes, James.- rió Genzo.- Tenemos tanta hambre que nos comeríamos un elefante.
- Habla por ti.- rió Lily.- Yo me comería algo más pequeño. Como un hipopótamo, como mucho.
Genzo, sin dejar de reír, se dirigió al comedor. Lily llevó la bandeja a al cocina, con la agria mirada de James sobre ella. Lily no se explicaba el por qué el corazón le latía como tambor cuando estaba con Genzo, ni por qué en el pecho le crecía una emoción muy grande demasiado parecida a la felicidad... Ella solo sabía que debía estafarlo... Pero cada vez lo deseaba menos...
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Kaori Matsumoto estaba de lo más tranquila cuando le pidió a uno de sus asistentes que le consiguiera toda la información posible acerca de la Selección Femenil de Softball de Japón. El asistente, algo extrañado, le dio toda la información que pudo conseguir sobre ese grupo de chicas, sin hacer preguntas, ya que estaba acostumbrado a que la señorita Matsumoto tuviera unas extrañas pero efectivas técnicas de promoción. Kaori se llevó toda la información y aprovechó para leerla esa noche, ya que Hyuga se sintió un poco enfermo y le pidió que lo dejara solo por esa ocasión.
Las primeras hojas eran de lo más aburridas, hablaba sobre todo del entrenador, de los sueños de las seleccionadas y del largo camino hacia el triunfo que ellas habían tenido que recorrer. Kaori, bostezando, se saltó todas esas hojas hasta llegar a la página que le interesaba.
Maki Akamine, la capitana del equipo, de 24 años, soltera, vivía con sus padres y su hermana en Japón, había ganado el puesto de capitana después de que el entrenador de la selección la vio jugar en la final del Campeonato Nacional de Softball de Japón. Era una chica con un futuro brillante y era una excelente estudiante becada de la Universidad de Tokio.
- Todo un estuche de monerías.- gruñó Kaori.- Pero no es competencia para una mujer como yo.
"Vamos, Kaori", dijo una voz en la mente de ella. "No te portes así con la chica. Si dices que no es competencia para ti, ¿por qué entonces te sientes amenazada?".
- No me siento amenazada por esa "palabra censurada".- le gritó Kaori a su mente.- Es solo que quiero saber quién es la estúpida que pretende quitarme a Kojiro.
"Ni siquiera sabes si está interesada o no en Kojiro", replicó la voz. "Son solo tus celos".
- ¿Celos?.- Kaori rompió a reír.- Yo no estoy celosa. En primera porque ésa no es competencia para mí, y en segunda porque yo no amo a Kojiro. Solo lo estoy utilizando.
Y mientras la loca de Matsumoto hablaba consigo misma y odiaba con toda su alma a Maki Akamine, Hyuga practicaba en su departamento... Le había mentido a Kaori, porque quería asegurarse de que ella no iría de sorpresa y lo descubriera...
- ¿Por qué será tan difícil?.- suspiró Hyuga.- Preferiría mil veces enfrentarme a mil adversarios en el campo de juego que hacer esto...
Kojiro miró la sortija que tenía en sus manos. La sortija de compromiso que había pertenecido a su madre hasta el día en que ella se la regaló para que se la diera a la mujer que habría de convertirse en la próxima señora de Hyuga...
Kojiro estaba practicando la mejor manera de pedirle matrimonio a Kaori.
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Misaki llegó a la mansión Wakabayashi alemana cuando Lily y Genzo terminaban de comer. Genzo hizo las correspondientes presentaciones.
- Misaki, ella es la señorita Lily Salazar, vivirá con nosotros por algún tiempo.- dijo Genzo.- Lily, él es Taro Misaki, un amigo de la infancia y otro inquilino mío.
- Mucho gusto.- sonrió Lily.
- Lo mismo digo.- sonrió Taro.
Genzo decidió acompañar a Taro a cenar, pero Lily optó por retirarse a descansar.
- Fue un día muy largo.- dijo ella.- Discúlpenme, por favor.
- No te preocupes.- dijo Genzo.- Descansa.
- Muchas gracias.- sonrió Lily.- Por todo.
- No hay de qué...
- Gusto en conocerte, Taro.- dijo Lily.
- Igualmente, que pases buenas noches.- respondió Misaki.
Lily se alejó, seguida por la mirada de Genzo.
- Se te van a salir los ojos.- comentó Taro, divertido.
- Dale tú también.- gruñó Genzo.- Solo quiero ayudarla, es una muchacha que ha sufrido mucho...
- Cómo no.- rió Misaki.- ¿Cómo fue que llegó a aquí?
- La salvé de unos sujetos que querían violarla.- explicó Genzo.- Y pues resultó ser una muchacha pobre y caída en la desgracia...
- Y tú, como buen príncipe azul, vas a rescatarla.- completó Misaki.
- Más o menos.- gruñó Genzo.- Pero sin la burla.
- Qué considerado de tu parte.- se mofó Taro.- Sobre todo porque es una chica muy hermosa.
- Ve a burlarte de alguien más.- protestó Genzo.- Ya ni porque estoy dejando que te quedes en mi casa me respetas.
- Ya, no me lo recuerdes.- suspiró Taro.- De verdad que te lo agradezco, me quedaré aquí por poco tiempo. Hoy me la pasé toda la tarde buscando departamento.
- No hablaba en serio.- comentó Genzo.- Era una broma, sabes que puedes quedarte todo el tiempo que desees aquí. Tengo mucho espacio.
- Gracias.- sonrió Taro.- Lamento estar tan sensible pero... ¡Esa Alisse tiene la culpa de todo!
- ¿Alisse?.- preguntó Genzo.
- Sí, la nueva aprendiza de mi padre.- gruñó Taro.- La mujer vino desde Chile con el plan de seducirlo.
- ¿Cuántos años tiene esa mujer?.- quiso saber Genzo.
- Veinticinco, veinticuatro, algo así.- respondió Taro.
Genzo casi se atraganta con el vaso de leche que estaba tomando.
- ¿Bromeas?.- inquirió.
- Claro que no.- Taro estaba muy serio.- ¿Por qué?
- Porque, no por nada, pero dudo mucho que una muchacha de 25 o 24 años pueda estar interesada en seducir a un hombre que pasa de los cincuenta.
- ¡Es que no la conoces!.- gritó Taro, molesto.- ¡Ayer, cuando llegué a casa, me la encontré aprovechándose de mi padre!
- ¿Cómo es eso?.- Genzo se imaginó que Misaki había encontrado a esa tal Alisse encima del señor Ichiro.
- Se estaban abrazando.- bufó Taro.- Y supuestamente fue porque ella quería consolarlo porque mi padre estaba triste por haber visto a mi madre.
- Eh... Misaki... .- Genzo se había esperado algo peor.- ¿No te has puesto a pensar en que quizás eso haya sido cierto?
- ¿Del lado de quién estás?.- gruñó Taro.
- Del tuyo, por supuesto, y por lo tanto te digo que estás exagerando, me parece.- dijo Genzo.- Deberías ir a hablar con tu padre en cuanto te sientas más calmado.
- ¿Pues qué crees que intenté hacer hoy?.- replicó Taro.- Me la pasé gran parte de la tarde en un parque de Múnich, espiando a mi padre, buscando un momento en el que estuviera solo para poder hablarle, pero esa mujer siempre estuvo con él y no lo dejó solo ni un instante. ¡Maldita Alisse! ¡Cómo la detesto! Por su culpa me he peleado con papá.
- Te gusta.- sentenció Genzo, sonriendo levemente.
- ¿Qué dices?.- Taro no esperaba eso.
- Que esa mujer, a quien tanto dices detestar, te gusta.- insistió Genzo, sonriendo más aun.- Se te nota.
- No digas idioteces.- gruñó Taro.- ¿Tú que sabes de eso?
- Mucho.- replicó Genzo.- He visto durante mucho tiempo la cara de idiota que pone Schneider cuando habla de Elieth, la compañera de trabajo de Marie, o cuando Tsubasa habla de Sanae.
- ¡Bah! Lo dice un hombre que no se atreve a reconocer que se muere por la doncella en desgracia a la que él salvó.- replicó Taro.
Genzo no dijo nada. Taro tampoco lo hizo. Cada uno sabía que el otro tenía razón.
Notas:
- Bueno, le había dicho a Tsuki que quería poner a Lily como alguien diferente y dejar atrás ese prototipo de heroína ñoña que ha tenido siempre, pretendía ponerla como alguien desgraciada al principio pero con buen corazón al final de la historia, pero ahora que lo pienso bien, creo que más bien Lily es la víctima de alguien peor... En fin, júzguenlo ustedes mismos. Pero evidentemente, no dejaré a Lily y Genzo separados.
