Capítulo 9.

Ichiro no podía creer que hubiese sido capaz de casi acabarse entera una jarra de café. Él no era muy adicto a la bebida, pero el café que preparaba Mariane Neveu era delicioso.

- ¿Más café?.- ofreció Mariane, con una sonrisa.

- No, muchas gracias, me va a dar gastritis.- rió Ichiro.- Aunque bien habrá valido la pena.

- ¿Otro pastelito?

- Ése sí lo acepto.- asintió Ichiro.- Son deliciosos.

- Son de la mejor pastelería de la ciudad.- sonrió Mariane.- La mía.

- ¿Tú los haces?.- se sorprendió Ichiro.

- Claro.- asintió Mariane.- Tengo una pastelería en París.

- ¿Y qué haces en Hamburgo?.- quiso saber Ichiro.

- Vine a ver si puedo comprar una franquicia aquí.- explicó Mariane.- Para ampliar mi mercado.

- Vaya, toda una empresaria.- Ichiro estaba asombrado.- Y excelente repostera. ¿Alguna otra habilidad de la cual no me hayas hablado aun?

- Tengo una hija, Emilia, está estudiando en Inglaterra.- dijo Mariane.- La extraño, pero la visito con frecuencia y ella a mí. ¿Y qué hay de ti?

- Bueno, pues soy un solitario pintor.- suspiró Ichiro.- Divorciado desde hace años, tengo un hijo, Taro, que es un jugador de fútbol sóccer en la liga profesional de Francia.

- Lo conozco.- asintió Mariane.- Parece ser un buen muchacho.

- Es el mejor hijo. Pero a últimas fechas... .- Ichiro no pudo terminar la frase.

- ¿Qué ocurre?.- Mariane se preocupó un poco.

- Nada. No deseo molestarte.- negó Ichiro.- Mejor dime cómo fue que llegaste a ser una empresaria repostera.

Mariane e Ichiro pasaron muchas horas en alegre plática. Era muy pronto para decirlo, pero Ichiro ya se sentía cautivado...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

- ¿En dónde estará ese menso?.- se preguntó Alisse, caminando por las calles de Hamburgo.- ¿En dónde rayos se supone que voy a encontrarlo? Quizás y ya hasta regresó a Francia...

Alisse trataba de encontrar a Taro, pero no sabía por dónde comenzar. No tenía NPI de donde podría estar el infeliz de Misaki, él no había dejado ni una pista de a dónde podía haberse ido. La chilena primero pensó que el muchacho había regresado a Francia, pero después de pensarlo detenidamente, Alisse pensó que Taro no se iría de Alemania mientras pensara que ella y su padre tenían una aventura, así que debía comenzar a buscarlo en Hamburgo.

- ¡Qué lata!.- musitó Alisse.- Vine a aprender pintura, no a ser la niñera de nadie.

Al pasar por un puesto de periódicos, Alisse vio el encabezado de una revista deportiva en donde se anunciaba que Genzo Wakabayashi, el portero del Hamburgo, estaba en negociaciones con el Bayern Múnich para convertirse en su nuevo arquero. Y fue entonces cuando a Alisse le cayó el veinte. Genzo Wakabayashi era amigo cercano de Taro Misaki y el primero estaba viviendo en Hamburgo...

- Supongo que tendré que ir a buscarlo allá.- suspiró Alisse.

La chica le preguntó a cuanto policía se encontró por la dirección de la mansión Wakabayashi alemana. Después de mucho andar, preguntar y perderse, Alisse llegó ante la lujosa casa.

- Si Taro no es tan tonto como parece.- murmuró Alisse, algo divertida.

La muchacha se asomó a través de la reja y vio a una muchacha de cabello largo y oscuro que jugaba en el jardín con un perro. La chica no parecía ser ni alemana ni japonesa ni nada por el estilo, más bien tenía el tipo de chica latina.

- ¿Hola?.- aventuró Alisse, en alemán.- ¿Hay alguien que me pueda ayudar?

La chica volteó y sonrió. Le ordenó al perro que se estuviera quieto mientras ella se acercaba a la puerta de entrada.

- Hola.- saludó Lily.- ¿Puedo ayudarte?

- Sí, eh... ¿Es aquí en donde vive Genzo Wakabayashi?.- preguntó Alisse.

- Sí.- asintió Lily.- ¿Puedo ayudarla en algo?

- Bueno, es complicado... .- musitó Alisse.- Verás, es que...

Alisse había pensado en hablar directamente con Genzo y preguntarle por Taro, o encontrárselo a éste a la salida de la mansión o algo similar, pero pronto se dio cuenta de que eso podría resultar algo completamente embarazoso... Y estúpido.

- Mira, realmente es algo de lo más idiota.- confesó Alisse.- Pero como ya llegué hasta aquí, supongo que no tengo más opción que decirte lo que pasa.

- ¿Deseas pasar y tomar un café?.- invitó Lily.- Será mucho más cómodo que platicarlo en la calle.

- Por supuesto.- sonrió Alisse, agradecida.

Lily pasó a Alisse a al sala, y en vista de que James no la tragaba, prefirió hacer ella misma el café y llevó algunos pastelitos para acompañar.

- Bueno.- Alisse no sabía cómo comenzar.- Te va a sonar un tanto idiota pero... En fin, creo que primero voy a presentarme: me llamo Alisse Farfán y soy estudiante de pintura.

- Mucho gusto.- sonrió Lily.- Soy Lily Del Valle y soy educadora de jardín de niños.

Lily había bajado la guardia en un momento crucial, aunque ella no se dio cuenta de eso en ese momento... Ya después pagaría caro su error.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Genzo se reunió con su abogado, Jean Lacoste, al salir de los entrenamientos. Genzo le había llamado la noche anterior para poder ponerse de acuerdo con él sobre la situación de Lily, en vista de que ella no deseaba ponerse en contacto aun con ningún abogado.

- Así que, esta chica es una ilegal que entró al país por un traficante de drogas.- comentó Jean.- Vaya caso, algo complicado. Si ella es una testigo, tendría que hacerle muchas preguntas.

- ¿Es necesario?.- cuestionó Genzo.- La pobre ha sufrido mucho.

- Pues todo depende, quizás ella esté huyendo de algo serio y entonces para poder ayudarla necesitamos protegerla y saber lo que pasó.

- ¿Por ahora qué sería lo primero por hacer?.- quiso saber Genzo, sin mostrarse muy convencido.

- Hablar con ella y preguntar cómo fue que entró al país y hace cuanto tiempo.- explicó Jean.- Y después tendría que arreglarlo con Migración y quizás hablar a la policía. Pero primero, debo conocer a la encantadora chica que te tiene atrapado.

- ¿También tú?.- suspiró Genzo.- ¿Por qué todos dicen lo mismo?

- Porque se te nota que te importa mucho.- sonrió Jean.- Es de lo más obvio.

- Bueno, eso queda después.- gruñó Genzo.- Ahora lo que me importa es ayudar a Lily.

- Y lo haremos.- sonrió Jean.- Déjamelo a mí, tengo contactos que me pueden ayudar a averiguar si en los últimos años ha habido tráfico ilegal de personas.

- Gracias, amigo.- sonrió Genzo.

- No hay de qué. Y a ver si me puedes conseguir un par de entradas para el próximo partido del Hamburgo.- comentó Jean.

- Claro.

- E invítala a salir.- aconsejó Jean, con una sonrisa.- A algún lugar bonito que a ella le agrade, pregúntale sus gustos, dale un buen ramo de rosas rojas o regálale alguna joya.

- ¿Perdón?.- Genzo no entendió.

- Hablo de tu chica, Lily.- Jean lo miró con cara de "hello con tu hello".- Invítala a salir, prepárale algo bonito. Si dices que ha sufrido mucho se sentirá muy bien con el detalle que le des.

- Ya te dije que ella no... .- comenzó a decir Genzo.

- Conozco este tipo de casos.- continuó Jean, sin hacerle caso.- La tienes asegurada, las chicas así caen rendidas a los brazos del hombre valiente que las rescató.

Genzo recordó la escena del jacuzzi y se puso algo nervioso.

- Gracias por todo, Lacoste.- dijo Genzo, saliendo de la oficina de él.

- ¡La tienes asegurada!.- gritó Jean.

- Hasta pronto.- Genzo no le hizo caso.

Pero cuando Genzo pasó por una florería, no pudo resistir el impulso de comprar un ramo de flores...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Hyuga no esperaba encontrarse a Matsumoto en su departamento a esas horas de la madrugada...

- ¡Ah!.- exclamó él, sorprendido.- Pensé que estarías dormida...

- ¿En dónde estabas?.- reclamó ella, enojada.- Ya es muy tarde.

- Salí con unos amigos.- explicó Kojiro, tratando de mantenerse calmado.

- ¿Cuáles amigos?.- Kaori no cambiaba su expresión.

- Los del equipo... .- aventuró Hyuga.

- ¡No mientas!.- gritó Kaori.- ¡Sé que no saliste con ningún "amigo"! ¡Muy seguramente te fuiste con esa femenino del perro!

- No sé de quién me hablas.- Kojiro permanecía imperturbable.- Ya te dije que simplemente salí con unos amigos.

- No te creo.- Kaori golpeó el bien formado pecho de Hyuga.- ¡Saliste con otra! Hueles a perfume barato.

- ¿Y qué si salí con una chica?.- replicó Kojiro, molesto.- No pasó nada, solo es una amiga

- ¡No tienes derecho a salir con otra mujer!.- gritó Kaori.- ¡Yo soy la única a quien tú debes mirar!

- Escúchame bien.- Kojiro sujetó a Kaori por las muñecas.- Tú eres la única mujer a quien amo y si a pesar de todo lo que he hecho no me crees, entonces soy yo quien debe estar molesto, no tú. Y ahora vete. Deseo dormir un poco antes del entrenamiento.

Hyuga soltó a Matsumoto y ésta se quedó atónita. Kojiro se dio la vuelta y, desnudándose, se dejó caer sobre su cama, exhausto. Matsumoto no sabía qué hacer o decir, ella esperaba que él se mostrara sumiso por su engaño y que le pidiera perdón, cosa que evidentemente no había pasado... Kojiro estaba acostado, dándole la espalda, y Kaori optó por la otra salida fácil: la seducción.

Kaori se despojó de sus prendas (miren qué decente me vi) y se acostó en la cama, abrazando a Kojiro por la espalda.

- Lo lamento, mi amor.- susurró ella, seductoramente, al oído de él.- Es solo que estaba preocupada por ti...

- No había por qué estarlo, sé cuidarme solo.- gruñó Hyuga.- Ya soy un hombre adulto.

- Y eso me consta.- las manos de Kaori acariciaron muy sugerentemente el pecho y la espalda de Kojiro.- Pero estaba preocupada... Entiéndeme, mi amor.

- No hay problema.- susurró Kojiro, más dormido que despierto.

Pero Kaori no se estaba en paz. Sus labios besaban el cuello del muchacho y sus manos no dejaban de acariciarlo.

- Por favor.- pidió Kojiro, con un gruñido.- Ahora no estoy de humor, vengo muy cansado y deseo dormir.

Matsumoto, ofendida, dejó de ser tan insistente. Enojada y frustrada, se bajó de la cama, se vistió y salió del departamento dando un portazo, para despertar a Hyuga, aunque éste apenas y se dio cuenta de lo ocurrido.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Sergio Salazar estaba desconcertado. Lily nunca había fallado en darle informes puntualmente sobre sus víctimas. Pero en esta ocasión, a Lily se le olvidaba llamarle, o ponía pretextos de que no quería que la descubrieran o cosas similares. El caso era que Lily muy raramente llamaba a Sergio desde que ella se encontraba viviendo en la mansión Wakabayashi alemana...

Sergio nunca había tenido motivos para dudar de Lily. Ella lo amaba, y era por esa razón por la cual había aceptado ayudarlo en sus fraudes. Él la sacó de México para llevarla a Europa con la promesa de que le daría un futuro brillante... O un futuro lleno de brillantes, pero para eso Sergio necesitaba estafar a cuantos tipos pudiera y nadie mejor que Lily para eso... Al principio, cuando Sergio le expuso su caso a Lily, ella se rehusó. Lily no deseaba estafar a nadie, eso no le gustaba, pero Sergio la convenció y la chantajeó con el cuento de "si me amas, demuéstralo". Lily aceptó ayudar a Sergio, pero él le puso la condición de que nunca se acostaría con ningún otro hombre que no fuera él, a menos que no le quedara más opción, y hasta la fecha, Lily había cumplido. Todos los elegidos caían con la mirada de ingenuidad de ella, con su sonrisa dulce, con su aire de fragilidad... Hasta la fecha, ellos habían conseguido estafar a nueve solteros millonarios de toda Europa, y Genzo Wakabayashi estaba por convertirse en el número diez...

A menos que Lily cambiara de opinión, pero no pasaría nunca. Porque ella amaba a Sergio, pero lo más importante era que si ella lo traicionaba, él la mataría.