Capítulo 11.

Marie marcó varias veces el número de teléfono de Wakabayashi, un tanto frustrada. El muchacho no respondía, y ella estaba pensando en que quizás la Salazar ya lo había matado y se había fugado con toda la fortuna de los Wakabayashi.

- ¿Hola?.- contestó Genzo, al décimo intento.- Disculpa, Marie, pero estoy ocupado, ¿podrías llamar después?

- ¿Qué es lo que estabas haciendo?.- gruñó Marie.- Estaba preocupada por ti, pensé que algo malo te había sucedido.

- Es solo que dejé mi teléfono celular en mi habitación y por eso no lo había escuchado.- aclaró Genzo.- Hasta ahora que regresé...

- ¿Está Lily contigo?.- quiso saber Marie, poniéndose muy seria.

- Es algo que no tiene importancia.- replicó Genzo.

- Está contigo ahí, ¿cierto?.- la voz de Marie fue peor que un siseo.- Lily está ahí.

- No se siente bien, le pedí que me acompañara un rato mientras se siente mejor.- aclaró Genzo.- No es algo que tenga importancia.

- Claro. Tu querida Lily está contigo, sola contigo, en tu habitación y dices que no tiene importancia.- murmuró ella.- ¿Qué fue lo que ella te hizo, Genzo?

- No me ha hecho nada.- replicó Genzo.- Ya te dije que solo quiero hacer que se sienta mejor. Ya debo colgar, no quiero discutir contigo frente a ella.

Marie quiso replicar, pero Genzo ya había colgado. Los celos y un dolor enorme invadieron el corazón de Marie. Era solo cuestión de tiempo para que Lily terminara por quedarse con todo...

Genzo colgó el teléfono y lo apagó, para después arrojarlo sobre la cama. Lily miraba por le ventana, sin haber puesto atención a la plática. Ella solo tenía un pensamiento en mente...

"Sabes que si me cambias por otro hombre, aun así se trate de Genzo Wakabayashi, tendré que cambiar tu futuro lleno de brillantes por un futuro de oscuridad eterna...".

Lily tenía apenas 18 años cuando conoció a Sergio. Él parecía un buen muchacho, estudiante de diseño gráfico de la misma Universidad a la que ella acababa de entrar. Él la cautivó con su sonrisa radiante y un futuro lleno de sorpresas... Al principio, Sergio se comportó como todo un príncipe, pero cuando él se dio cuenta de eso, comenzó a mostrar su verdadera identidad...

- Vámonos a Europa.- había dicho él.- Allá nos espera un gran futuro, tengo una brillante idea que nos hará millonarios.

Y cuando Lily se dio cuenta de la verdad... Ya era muy tarde, ya se encontraba en Europa, lejos de todo, sin dinero ni amigos y no le quedaron muchas opciones... Además, quizás no era un plan tan descabellado...

- Quisiera saber a dónde se va tu mente.- comentó Genzo, sacando a Lily de sus pensamientos.

- Muy lejos, a un lugar donde nadie la pueda alcanzar.- replicó Lily, con voz nostálgica.

- ¿Por qué no me cuentas lo que pasa?.- quiso saber Genzo.- Sabes que yo nunca te juzgaré.

- Porque no sabes la verdad.- Lily sonrió de una manera muy triste.- Si la supieras, me odiarías.

- No habría ningún motivo por el cual podría odiarte,- replicó Genzo.- Sé que eres una buena persona que solo ha pasado por varios momentos muy malos, pero tu suerte comenzará a cambiar.

- ¿Cómo estás tan seguro de eso?.- musitó Lily.

- Porque me has conocido a mí.- sonrió Genzo.- Y yo haré lo imposible por hacer que te sientas mejor.

Lily se cansó de pensar, de todo. Cerró los ojos y se dejó caer en la cama de Genzo.

- Lo que necesitas es distraerte un rato.- opinó Genzo.

- Me distraigo en el jardín de niños.- replicó Lily.- Los niños me hacen sentir mejor.

- Sí, pero necesitas salir de paseo, ocupar tu mente en las cosas simples de la vida.- contradijo Genzo.- Algo que muy seguramente no has de haber hecho en toda tu estancia en Europa. Apuesto a que no conoces ninguno de los parques de Hamburgo.

- Ninguno.- reconoció Lily.- Me la he pasado más tiempo tratando de huir...

- Te diré lo que haremos.- sonrió Genzo.- El fin de semana te llevaré a conocer la ciudad.

- ¡Ah!.- Lily se emocionó con la propuesta.- ¿En verdad?

- Sí. ¿Te gustaría?

- ¡Muchísimo!.- Lily aplaudió.- ¡Yo podría preparar el almuerzo!

- No sabía que supieras cocinar.- rió Genzo.

- No sé, pero podría aprender.- rió Lily.

Ambos rieron. La risa de Lily fue tan dulce que Genzo se quedó mirándola por varios minutos. Él se acercó a ella y le acarició la mejilla. Ella dejó de reírse bruscamente y miró a Genzo a los ojos... Él se acercó, tomando el rostro de Lily entre sus manos, y la besó en los labios... Ella experimentó un sentimiento que nunca había sentido jamás... Después de algunos minutos, o quizás varios miles de años, ellos se separaron. Lily respiraba algo agitada y no sabía qué pensar.

- Gen.- susurró ella.- Yo... Tengo algo que decirte...

- No digas nada.- la calló él, tomándola entre sus brazos y acostándose con ella en la cama.- No rompas el hechizo...

Ambos se abrazaron, se volvieron a besar, se acariciaron... Sin llegar a nada... En algún momento Genzo apagó la luz y ambos se quedaron acostados en la oscuridad. Él la abrazó más fuerte y le susurró una frase al oído.

- Me gustas.- dijo Genzo.- Quiero que estés conmigo...

Lily no pudo decir nada. En algún momento, ella se quedó dormida... Cuando el sol salió, a la mañana siguiente, Lily se despertó y se dio cuenta de que ella aun seguía sosteniendo la mano de Genzo... Contempló por largo tiempo el rostro del muchacho y entonces se decidió...

"Voy a dejar a Sergio...".

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Ichiro Misaki bien podría haberse sentido en las nubes. Mariane era una mujer muy dulce y comprensiva, era encantadora... Lo único que habría podido hacer a Ichiro más feliz sería que su hijo regresara a él...

Pero aun así, Ichiro se sentía muy feliz y Alisse sentía el cambio. Ella, curiosa, no pudo evitar el preguntarle a su mentor el motivo de su felicidad. Ambos se encontraban pintando a las orillas del río Elba.

- ¿Qué me pasa?.- sonrió Ichiro.- Que la vida es hermosa, eso es lo que me pasa.

- Eso es verdad.- rió Alisse.- Pero hace apenas unos días estaba usted muy triste por su hijo y su ex esposa. ¿Qué pasó?

- La verdad, conocí a una mujer maravillosa.- admitió el señor Ichiro.

- Ya me lo imaginaba.- rió Alisse.- ¿De quién se trata?

- Es una francesa que se dedica a la repostería.- aclaró Ichiro.- Vino a Alemania a ampliar su negocio y... Accidentalmente tropecé con ella enfrente del refrigerador de los helados...

Ichiro le contó a Alisse las escasas reuniones que Mariane y él habían tenido hasta ese momento. Alisse se emocionó, ya que el señor Misaki se veía por primer vez muy lleno de vida. Lo único que evidentemente lo seguía poniendo triste era la lejanía de Taro... Pero de eso se encargaría Alisse...

- Me da mucho gusto por usted, señor Misaki.- comentó Alisse.- Y pues... Quería de paso comentarle algo...

- ¿Qué ocurre?.- quiso saber el señor Ichiro.

- Fui a buscar a su hijo.- suspiró Alisse, tomando valor.

- ¿Hiciste qué cosa?.- Ichiro levantó mucho las cejas.- ¿Por qué lo hiciste?

- Fui a buscar a su hijo.- repitió Lily.- Quería aclararle que nunca ha sido mi intención el tener un romance con usted, pero él no me escuchó.

- Agradezco tus buenas intenciones.- sonrió el señor Misaki, conmovido.- Pero tú no tienes el por qué andar haciendo eso. Es Taro el que está equivocado y es él quien debe darse cuenta de esto.

- Lo sé, pero no me gusta verlo triste.- musitó Alisse.- Usted me ha ayudado mucho, es más para mí que un mentor, casi se ha convertido en un segundo padre para mí y pues quisiera poder corregir un poco lo que su hijo ha hecho, hasta cierto punto es mi culpa, si yo no hubiese venido a Alemania, no estaríamos en esta situación...

Nuevamente, Ichiro sintió un arrebato de ternura hacia esa muchacha que se preocupaba tanto por él. Y apara variar, sea por coincidencia, por suerte del destino, por capricho de la autora que no tiene nada mejor qué imaginarse, Taro estaba esperando el momento oportuno para acercarse a su padre, pero cuando lo vio abrazando a Alisse y besándola en la mejilla, prefirió retirarse...

"Se acabó, me regreso a Francia", pensó él, muy triste.

Taro planeó el ir a recoger su pasaporte el fin de semana, puesto que lo había olvidado en el departamento de su padre. Y de paso aprovecharía para dejarle una nota de adiós al que había sido su compañero y su mejor amigo durante tantos años...

(Y no estoy hablando de Tsubasa).

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Kojiro y Maki charlaron por largo rato. Al colgar, Kaori se acercó a Hyuga con una sonrisa hipócrita.

- ¿Con quién hablabas, querido?.- preguntó.

- Con Wakashimazu.- mintió Kojiro, harto ya de las quejas de Kaori.

- Ya veo.- musitó Kaori, acariciando los fuertes brazos de Hyuga.- ¿Sabes? El sábado habrá una fiesta en la casa del entrenador, para festejar el excelente fin de temporada que hemos tenido y nos ha invitado a todos.

- No tengo deseos de ir.- negó Hyuga.- Preferiría que hiciéramos otra cosa.

- ¿Tienes algo planeado para el fin de semana?.- quiso saber Kaori, fingiendo sorpresa.

- Algo así.- asintió Hyuga.

Él había pensado el pedirle matrimonio a Kaori el sábado por la noche, después de llevarla a cenar a uno de los mejores restaurantes de ka ciudad.

- Bueno, pues sea lo que sea, podrá esperar.- replicó Kaori.- Porque ya le dije al entrenador que iremos.

- ¿No puedes decirle que ya tenemos otro compromiso?.- gruñó Kojiro.

- Es más fácil que tú cambies lo que seas que hayas planeado.- replicó Kaori.- El sábado a las nueve estaremos allá.

Hyuga supo que ella no admitiría más réplicas, y enojado y decaído, se marchó para continuar con el entrenamiento. Kaori sonrió y, en cuanto Hyuga se distrajo, ella extrajo el celular de él de su mochila. Ella rebuscó entre los números que le habían llamado recientemente y encontró el de Maki... Kaori sonrió con amargura, al tiempo que marcaba el número.

- ¿Hola? ¿Hablo con la señorita Maki Akamine?.- preguntó Kaori, cuando le respondieron.

- Sí, soy yo.- respondió ella.- ¿Quién es?

- Hablo de parte de Kojiro Hyuga.- mintió Kaori.- Solo quería informarle que habrá una fiesta con los jugadores más famosos de la Juventus y que desea que usted esté presente.

Kaori le dio a Maki todos los datos, y ella cayó en la trampa. Kaori sonreía cuando colgó el teléfono, Maki se iba a arrepentir de haberse metido con Kojiro...

O quizás no...