Capítulo 12.

Lily andaba muy distraída y sus niños lo notaron.

- ¿Se siente bien, señorita?.- le preguntó una niña.

- ¿Eh? Claro.- sonrió Lily.- NO te preocupes.

- Es que parece estar en otro planeta.- dijo la niña.- ¿Segura que no está enferma? ¿No le duele la pancita?

- No, de verdad.- sonrió Lily.- Estoy bien, regresa con tus amiguitos.

La niña regresó con sus compañeros. Lily suspiró. No podía dejar de pensar en alguna manera de poder zafarse de Sergio... Él tenía muchos contactos en Europa, gracias a ellos, Sergio y Lily habían conseguido entrar a cada país con pasaportes falsos. Y por cierto que esos contactos no eran gente decente, eran sujetos que harían cualquier cosa por dinero... Cualquier cosa, incluyendo matar a una muchacha... De hecho, los cuatro hombres que perseguían a Lily la vez que Genzo la salvó eran amigos de Sergio que habían creado el teatrito para hacer caer al portero en la trampa.

Para qué hacerse tontos, Sergio mataría a Lily con sus propias manos si ella lo dejaba...

- ¿Te pasa algo?.- quiso saber Elieth, al ver a su compañera tan distraída.

- No, gracias.- negó Lily.- Estoy bien. Es solo que...

- ¿Solo que ese hombre con el que vives te va a volver loca de amor?.- interrumpió Elieth, suponiendo mal las cosas.- No te culpo, Wakabayashi es un bombón, no te culpo por andar tan distraída.

- Eh... Claro.- musitó Lily, sonriendo apenas.- Pero no hay tanto problema como crees porque él no está interesado en mí.

- ¡Ja! ¿Realmente crees eso?.- rió Elieth.- Por favor, ésa no te la creíste ni tú misma.

- No entiendo qué es lo que tratas de decir.- dijo Lily, sorprendida.- Genzo y yo solo somos amigos y...

Lily se interrumpió al recordar la noche anterior. Ella y Genzo no habían hecho nada, pero él le había dicho que ella le gustaba y se habían besado y acariciado un poco más de lo permitido.

- De todas maneras no va a pasar nada.- suspiró Lily, después de largo rato.- Porque Genzo no sabe que...

- Ni vayas a pensar, señorita Salazar, que voy a permitir que te acerques a Genzo.- interrumpió Marie, en ese momento.- No voy a dejar que le pongas las manos encima.

- Creo que ya es un poco tarde para eso.- murmuró Elieth.

- ¿Qué problema traes conmigo?.- la encaró Lily.- No has hecho más que hacerme malas caras y comentarios agresivos desde que llegué y no sé por qué eres así conmigo, si ni me conoces.

- No necesito conocerte para saber que eres una impostora.- replicó Marie.- Sé que te traes algo sucio entre manos, algo quieres de Genzo, y a mí no me engañas con esa cara de inocencia que tienes.

- No tengo ningún plan malévolo para conquistar el mundo, Schneider.- Lily estaba algo molesta.- No pienso engañar a Genzo, no después de todo lo que él ha hecho por mí, y algún día se lo he de pagar.

- Sí, ya me imagino la clase de "pago" que le quieres dar.- Marie barrió a Lily de arriba abajo.- Pero déjame y te digo que tú no eres lo suficientemente buena para él.

- Por primera vez estamos de acuerdo en algo.- susurró Lily, antes de darse la vuelta y marcharse.

Elieth miró a Lily irse y después a Marie.

- ¿Qué traes en contra de ella?.- cuestionó Elieth a Marie.- Según sé, ella ha tenido muchas broncas. ¿Por qué no la dejas en paz?

- Porque yo sé que es una estafadora, no me preguntes cómo, solo lo sé.- gruñó Marie.- Y algún día vendrán todos conmigo a darme la razón.

"Estoy perdida", pensó Lily, al tiempo que fingía estar alegre y jugar con sus niños. "No tengo ruta de escape, quizás lo mejor sea que...".

Y de repente, a Lily le cayó el veinte. Huir. ¡Por qué no se le había ocurrido antes? "Porque Sergio no tardaría nada en encontrarte y matarte como perro", gruñó una voz en la mente de Lily. Pero quizás, si ella fingía su muerte...

Era una idea descabellada, pero podría funcionar.

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Maki estaba algo sorprendida. Una mujer, cuya voz no reconoció, le llamó por teléfono para invitarla a la fiesta que harían los jugadores de la Juventus, supuestamente por parte de Hyuga, aunque la mujer le dijo que llevara una pareja... No tenía mucho sentido, pero luego recordó que Kojiro quizás salía con la Matsumoto y que por eso él le había pedido que llevara acompañante, para que no se sintiera sola. Naoko y Yukibe no se podían creer la suerte de Maki.

- ¡Irás a una de esas grandes fiestas de jugadores, llena de glamour y lujo!.- gritó Yukibe, emocionada.

- Y de alcohol, sexo y drogas.- completó Naoko.

- Amargada, siempre piensas lo peor.- gruñó Yukibe.

- Lo que realmente me preocupa es a quién me voy a llevar de pareja.- suspiró Maki.- No tengo ni idea de a quien rayos le pediré que...

- ¿Por qué no llevas a Giovanni?.- interrumpió Yukibe.- Muy seguramente que él se morirá de ganas de ir.

- Me temía que fueras a decir eso.- gruñó Maki.- No me gustaría llevar a Giovanni...

- Eso me parece, aunque no entiendo por qué, Giovanni es un buen tipo.- comentó Yukibe.- Y muy guapo.

- Pues para empezar, él suele llamar a Hyuga-san "el Niño Bonito de Japón".- suspiró Maki.- Lo que garantiza una pelea segura entre ésos dos. Y en segunda, Giovanni volverá a pedirme que salgamos y no estaré de mucho humor como para decirle que no.

- Uhm, pues podrías aclararle que nada más deseas salir con él para esa fiesta.- opinó Naoko.- Y le puedes pedir también que no llame así a Hyuga.

- Eso equivale como pedirle peras al olmo.- gruñó Maki.- Pero en fin, creo que no tendré más opción...

Maki se armó de valor y le llamó a Giovanni. El reportero buscaba una manera de acercarse un poco más a Hyuga y a Matsumoto, pues sabía que de ahí podría sacar una gran historia... Y de repente, la ayuda le cayó del cielo...

- ¿Quieres ir conmigo a una fiesta organizada por el entrenador de la Juventus el sábado en la noche?.- le preguntó Maki, por teléfono.

- No me lo perdería por nada.- respondió Giovanni, esbozando una sonrisa malévola.

Ése sería el momento adecuado para cachar a Hyuga y Matsumoto "in fraganti".

Hyuga, por su parte, estaba de malo humor. Kaori lo había obligado a posponer la que sería la mejor noche de su vida solo porque ella estaba enojada y celosa... Y lo peor del caso es que no tenía motivos para sentirse celosa...

¿O quizás sí? Kojiro a últimas fechas pensaba mucho en Maki. Ella era una muchacha segura de sí misma, pero al mismo tiempo era dulce y algo inocente. Su alegría y entusiasmo contagiaban a cualquiera... Además, como Maki era un poco más joven que Hyuga, ella comprendía a la perfección sus sentimientos, no era como Kaori, que ya estaba comenzando a entrar en una crisis de la madurez...

"Quizás esto sea una señal de que no debes casarte con ella", sugirió una voz en la mente de Kojiro. "Quizás estás precipitándote... Kaori es mucho mayor que tú...".

Hyuga suspiró. Ya vería qué pasaba el sábado y lo demás vendría después...

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Taro estaba empacando sus cosas. Ya había llamado a París para avisar a su equipo que se incorporaría la siguiente semana, aunque su permiso todavía era válido por quince días más. Misaki había planeado el ir al departamento de su padre para recoger su pasaporte y dejarle una carta...

La carta decía más o menos lo siguiente:

"Padre, me rindo. Me he dado cuenta de que no puedo contra el embrujo de Aisse Farfán, así que me retiro... Regreso a Francia, no puedo soportar el ver cómo arruinas tu vida al lado de esa mujer...".

Embrujo. Taro no se había dado cuenta todavía que el embrujo que había lanzado Alisse no había sido para su padre...

Genzo lo miró arreglar sus cosas sin decir nada por un buen rato.

- Supongo que te regresas a Francia.- comentó él.

- Supones bien.- gruñó Taro.- Me doy por vencido.

- ¿Te rindes ante una mujer?.- cuestionó Genzo.- Vaya, vaya...

- Oye, yo no tengo ese par de buenas opciones que Farfán tiene.- gruñó Taro.- Será por eso que mi padre le hace tanto caso.

- Me parece que solo tú miras ese par de "buenas opciones".- rió Genzo.- Porque dudo mucho que tu padre esté interesado en ellas, no son de su estilo.

- ¿Y tú como sabes eso?.- bufó Taro.

- Misaki, estás exagerando.- Genzo movió la cabeza de un lado a otro.- Esa chica Farfán vino en persona a tratar de convencerte de que no ha pretendido nunca el seducir a tu padre, y Lily y yo le creímos, tú eres el único que de plano ve moros con tranchete en donde no los hay.

- Soy el único a quien Alisse no ha embrujado.- gruñó Taro.- Y por eso soy el único que se da cuenta de la verdad.

- Más bien, eres el único que ha caído ante el embrujo de Farfán.- replicó Genzo.- Y por eso no te das cuenta de cómo están las cosas en realidad...

Taro ya no quiso seguir discutiendo. Aunque muy en el fondo sabía que Genzo tenía razón, no quería aceptarlo.

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Jean Lacoste le llamó al detective Harrison, un detective inglés retirado en Hamburgo. El detective tenía buenos contactos con la policía, de manera que Lacoste le había pedido que investigara un poco sobre narcotraficantes que estuvieran comerciando con personas. El detective Harrison investigó y encontró datos muy interesantes…

No había narcotraficantes que hubiesen estado comerciando con mujeres, pero sí encontró un caso de un par de estafadores que habían estado recorriendo Europa robando a los nueve solteros millonarios más codiciados...

- Según esta revista de espectáculos.- había dicho el detective Harrison.- Éstos son los diez solteros más codiciados de Europa. Hasta ahora, han sido estafados nueve. Todos reportaron el haber ayudado a una joven que al parecer ha estado en toda clase de apuros: una muchacha que perdió a su familia en un incendio, una extranjera que fue asaltada al llegar al país, una pobre chica que fue obligada a ejercer la prostitución... Han sido casos diferentes, pero todos tienen el mismo modus operandi: La muchacha los enamora y se gana la confianza de ellos, para después largarse con todo el dinero...

Jean observó las fotografías que aparecían en el reportaje del tabloide y notó algo más...

- El soltero número diez, aun no estafado, es Genzo Wakabayashi.- comentó Jean.

- Exactamente.- dijo el detective Harrison.- Y es una gran casualidad que Wakabayashi haya recibido precisamente la visita de una joven en apuros...

- ¿Cree que Lily Salazar sea la estafadora?.- preguntó Jean.

- Es muy probable, Lacoste.- asintió Harrison.- Mira, trataré de conseguir una foto o al menos un retrato hablado de esa muchacha, y tú trata de conseguir una foto de la chica que está con Wakabayashi. Si lo manejamos con cuidado, podríamos atrapar a los ladrones que llevan ya un buen tiempo causando caos.

Jean no se lo podía creer, pero las evidencias hablaban por sí solas...

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Lily no sabía que más hacer. Era una idea ridícula, pero podría funcionar... Hacerse pasar por muerta y empezar una nueva vida en otro lugar, lejos de todo, lejos de Sergio... Y lejos de Genzo...

Esto último no le gustaba a Lily, pero no tenía más opción. Además, como bien dijo Marie Schneider, Genzo se merecía algo mejor que Lily...

La muchacha bajó a la cocina y sacó uno de los cuchillos que tenía James y se lo guardó en una bolsa. En ese momento, el mayordomo entró a la cocina.

- ¿Qué hace aquí?.- gritó James, enojado.

- Vine a buscar galletas.- respondió Lily, tratando de controlar los espantados latidos de su corazón.

- Más le vale que no esté planeando el hacer algo para lastimar al joven Genzo, porque le pesará.- amenazó James.

- No voy a hacer nada que lo lastime, todo lo contrario.- replicó Lily.

La chica salió de la cocina y se dirigió a su habitación. El sábado era el día libre de James y Mine, el ama de llaves, y Genzo acompañaría a Misaki al aeropuerto, y Lily aprovecharía para poner en práctica su plan... Quizás funcionaría, quizás no, pero si funcionaba, ella podría escapar y de paso quizás condenar a Sergio...

Mientras ella planeaba todo, su celular sonó. Lily lo contestó rápidamente, temiendo que alguien pudiese escuchar el sonido.

- Se nos acaba el tiempo.- dijo Sergio.

- Creí que tú nunca me hablarías.- dijo Lily, sorprendida y asustada, como si Sergio pudiera leerle el pensamiento.

- Lo sé, pero me estás obligando a cambiar mis reglas, porque estás perdiendo el tiempo a lo idiota y no puedo darme el lujo de hacer eso. Tienes hasta el sábado para sacarle el dinero a Wakabayashi, si no iré yo mismo a quitárselo, pero sabes que si lo hago lo voy a matar y a ti también.

Lily casi lloraba del alivio, Sergio le había facilitado las cosas...

- El sábado tendré el dinero.- anunció Lily.- Te llamaré en cuanto lo consiga.

- Perfecto.- sonrió Sergio.- Así se habla, preciosa. El domingo por la noche o a más tardar el lunes por la mañana estaremos en un vuelo rumbo a las Bahamas.

"Lo tengo todo en mi contra", pensó Lily. "Pero aun así, todavía tengo una oportunidad...".

Notas:

- Cuando digo que Marie "barrió" a Lily, me refiero a que la miró de manera muy despectiva.

- Modus operandi es "modo de operación" en latín.