N/A: Asombrosamente, una actualización. Escribí esto sin un día entero de sueño, no sé como hice. Creo que soy Batman. En fin, espero disfuten leyendo, y como siempre: criticas (constructivas, of course), comentarios y/o sugerencias más que bienvenidos.


Día tres.

Ese día no habría salida y ambos lo sabían bien. En lugar de eso, Gray estaba paseando por las calles de Magnolia, probablemente. Y bueno, Juvia, Juvia estaba en cama.

Aunque los antialérgicos administrados por el doctor la tarde anterior habían surtido efecto, la maga de agua aún sufría las consecuencias de haber comido justo lo que no le era permitido.

Ahora, se hallaba envuelta entre los cobertores y sábanas de su cama, con la lengua adormecida y la garganta picándole.

Había dormido plenamente durante la noche—supuso que por el efecto de la medicina—mas ahora, despierta, su cuerpo estaba pasando factura por atrasado. Llevaba unos pocos minutos despierta cuando sintió la puerta ser golpeada.

—Pase..—murmuró, tanto como su voz le permitía.

La puerta se abrió y dejó lugar a Erza, quien cargaba un especie de paquete entre sus manos. Juvia sonrió al ver a su amiga. Realmente no le gustaba la soledad, y menos cuando estaba enferma.
Erza entornó la puerta tras sí, para luego avanzar hasta la maga de agua y sentarse a bordes del lecho de ésta.

—¿Cómo te sientes?—preguntó.

—Terrible—musitó la otra con sinceridad.

La pelirroja asintió y comenzó a dar vueltas por los aposentos se Juvia; ordenando, limpiando y ventilando el dormitorio.

Pero la mirada de la peli azul no se posaba en su amiga, si no que fue a parar al paquete que ahora reposaba a los pies de su cama. Era extraño, por algún motivo no podía apartar su mirada de ese objeto. La curiosidad era tanta que finalmente terminó cediendo ante sus impulsos.

—Erza-san—le llamó la maga—¿Planea enviar algo?

Ante estas palabras la pelirroja golpeó su frente con la palma de su mano, gesto que confundió a Juvia.

—Lo siento mucho—se disculpó—Te lo envía Gray—dijo y le tendió el paquete.

Juvia con cuidado lo desenvolvió y se encontró con medicamentos del día anterior, junto con un par más, y además de esto había una nota.

«Lo siento» Juvia logró leer para sí, entre digrafía y manchas de procedencia dudosa.

—Estoy segura que él hubiese querido entregártelo en persona, pero tú sabes políticas de no chicos y etc.—le explicó Erza.

Pero Juvia ya no escuchaba sus excusas, de hecho no escuchaba nada. Sólo contemplaba la nota con una cosa en mente: Gray se preocupaba por ella, Gray lo sentía.

Luego de un largo rato de charlar, y preguntarle mil y una veces si necesitaba algo, Erza se había ido. Juvia, sin siquiera consultar la hora decidió hacer uso de uno de los santos remedios en contra de la enfermedad: el sueño. Reacomodó algunos almohadones que inconscientemente su amiga había movido de lugar, y se acurrucó en posición fetal. Casi a la brevedad cayó dormida.

No despertó hasta mucho después en la noche, cuando creyó sentir el golpeteo del ventanal.

«Erza-san debió olvidarlo» pensó y ahora con un poco más de fuerzas se levantó dispuesta a cerrarlo. La sorpresa se la llevó cuando divisó una silueta fuera en su balcón con aparentes intenciones de entrar a su dormitorio. Pronto, cogió el objeto más contundente cerca—en este caso un viejo trofeo—puesto que en ese estado no podía hacer uso de sus poderes y esperó escondida al intruso.

Ni bien lo vio cruzar el umbral se le abalanzó encima, y cuando estaba a punto de golpearlo, se encontró con la aterrada expresión de el dueño de sus pensamientos, donde debería estar la de un psicópata, ladrón o incluso depravado sexual.

—¿Gray-sama?—preguntó Juvia confundida, y al corroborar que en efecto era él, se movió lo más rápido posible de encima.

Juvia estaba a punto de declarar las palabras de disculpas más sinceras y aterradas de su vida cuando el otro la interrumpió.

—Sé que no tengo justificación alguna para la estupidez que acabo de hacer, pero realmente lo necesitaba—dijo.

Juvia no comprendía palabra alguna saliente de la boca de Gray. Igualmente lo escuchó con absoluta atención.

—Erza se fue a una misión hoy en la tarde y no puede preguntarle cómo estabas—explicó—Y no pude dejar de darle vueltas al asunto, y aquí me tienes.

—Gray-sama..—pronunció la chica, pero el otro la interrumpió nuevamente.

—No, mentira. No fue así. Aunque Erza se hubiese puesto en contacto conmigo no hubiera estado en paz hasta que te viese bien, por mi cuenta.

Un escalofrío recorrió la espalda de la maga ¿Era cierto esto? ¿De veras Gray se había sometido a tanto trabajo sólo para verla? Aunque sabía que no había la más mínima intención romántica detrás de esto, no podía sentirse más que feliz por el hecho.

—Creo que debería ir yendo—soltó Gray al recibir un sin respuesta por parte de Juvia.

El morocho se disponía a cruzar nuevamente el ventanal, cuando algo le detuvo.

Miró hacia atrás y comprobó que en efecto era la mano la que yacía en su hombro.

—El viento sopla fuerte y yo ya estoy despierta, Gray-sama. Debería de esperar a que calme—dijo con dulzura. Gray se limitó a asentir.

Así, Juvia lo condujo hasta frente a la estufa, donde ambos se sentaron sobre una mullida alfombra gris y permanecieron observando el fuego. No hablaron mucho, ya habían dicho lo que se debía de decir, y lo que no, quizá era mejor no decirlo.

La situación duró casi una hora, para ese entonces el viento ya se había calmado. Antes de irse, Juvia fue a su armario de-lo-casi-sin-uso y sacó, un estirado buzo que cedió a Gray. Este no rechistó, debido a que había perdido sus prendas superiores y no quería arriesgarse a ser visto saliendo de madrugada de las residencias femeninas en poca ropa.

El morocho agradeció a Juvia y descendió por el balcón.

Juvia, desde el balcón le contempló alejarse. Y le fue inevitable pensar que tal situación, sería un bonito cliché en una historia de amor. Realmente era una pena que la suya y de Gray jamás sería una de esas.