N/A: Finally. Actualización. No creo en el Karma ni en ninguna mugre de esas, pero había algo desordenándose las ideas para que no lo completara. ESTOY SEGURA. Mejor me voy a echarle la culpa al genio maligno. Sí, bien tipo Descartes. Bueno, sí bai. Espero sea de vuestro agrado.

Día cuatro 10:20 a.m.

Fue una enorme sorpresa para Gray cuando al día siguiente se encontró con Juvia al llegar al Gremio. Ciertamente se podía apreciar que la maga aún no se encontraba en las mejores condiciones, pero igualmente había logrado salir de casa. Eso le hizo feliz.

—Buenos días—dijo, aproximándose a la mesa en la que se encontraba. A su lado se sentaban Lucy y Levy.

—Buenos días, Gray-sama—correspondió el saludo. Las otras, quienes se encontraban muy enfrascadas en su lectura, se limitaron a hacerle un gesto con la mano.

Seguidamente, Gray hizo señas a la maga de agua de que le siguiera, terminando ambos sentados a un par de mesas del club de los ratones de biblioteca.

—No esperaba verte aquí—sentenció.

Juvia bajo la mirada.

—Lo cierto es que Juvia tampoco se imaginó saliendo tan pronto, pero parece haber mejorado bastante de ayer a hoy.

Oído esto, a la mente de Gray acudió la vergonzosa escena protagonizada por sí mismo el día anterior y quiso que se lo tragase la tierra.

—Yo…yo siento haberte importunado ayer—se disculpó tallándose la nuca.

Pero Juvia negó en silencio.

—No hay de que disculparse, Gray-sama. Por el contrario, Juvia cree que su visita la ayudó a mejorar.

No había el más mínimo dejo de doble sentido o sarcasmo en las palabras de Juvia, pero esto fue excusa para que al aludido se le subieran los colores al oírlas. Realmente un día Juvia iba a matarle de la vergüenza.

—En ese caso…me alegro—musitó.

La otra le sonrió genuinamente desde el otro extremo de la mesa.

—Así que, ¿tenías planes para hoy? —quiso saber, una vez disipados los rastros de vergüenza.

—Bueno, Juvia se siente un poco mejor así que ha decidido hacer un par de recados.

«Recados» pensó Gray y soltó un pequeño suspiro.

No es que quisiera monopolizar a Juvia ni nada por el estilo, sólo que había quedado ciego ante la idea de cuando se hubiese recuperado, Juvia querría pasar tiempo con él, era lo natural. Mas parecía que esta vez no era así.

—Ah, ya veo—soltó, finalmente.

—Si quiere Gray-sama puede acompañarme—sugirió la maga de agua. Justo como si hubiese leído la mente del otro.

—Bueno—se atuvo a decir el susodicho.

Y ambos se aventuraron fuera del Gremio.

Allí se encaminaron hacia la primera parada. La feria de Magnolia era inmensa, gran parte de la ciudad se encontraba circulando por allí. Los puestos se apilaban a cada extremo de la avenida. También un par de vendedores ambulantes, ofrecían sus mercaderías por el lugar.

Gray, que rara vez pasaba por ahí, había notado algo: todos los que estaban en la feria se mostraban alegres. Parecía que la tediosa idea de hacer las compras y demás era como un juego para ellos. Él todavía no podía comprenderlo, pero Juvia se veía igual así que ¿Qué más daba?

Avanzaron por el medio de la avenida en silencio hasta que, de golpe, Juvia se aproximó hasta un puesto.

—Buenos días Srta. Lockser—la saludó el dueño.

—Buenos, Klaus—devolvió el saludo.

—¿Lo de siempre?

—Por favor.

Entonces el robusto hombre procedió a rellenar numerosas bolsas de papel con variados vegetales, mientras conversaba amistosamente con Juvia. Gray que se sentía la tercera rueda, se mantenía al margen de la conversación.

—Bueno, aquí esta—dijo y le tendió la mitad de bolsas a Juvia y la otra a Gray.

Juvia sacó una bolsita llena de jewels y se la entregó, para luego despedirse.

—Me dio gusto verla Srta. Lockser, y me alegro de que esta vez no tenga que cargar con todas las bolsas usted sola.

—Sí, a mí también—murmuró la otra por lo bajo. Y junto a Gray se alejaó por las calles de Magnolia.

Se arrimaron hasta el Gremio para dejar el montón de bolsas al cuidado de Mirajane y proseguir con su recorrido.

Continuaron por la avenida principal y llegaron hasta una pequeña tintorería a la que Juvia le indicó que esperase afuera. Salió de allí con tapiz morado enrollado bajo el brazo.

Hicieron tres o cuatro paradas más, y para cuando Gray quiso acordar, estaba esperando nuevamente fuera de una librería cargado de bolsas y un tapiz morado.

La campanilla de la tienda sonó, y Juvia salió del local portando lo que sería el último recado de la tarde.

—Siento la espera Gray-sama, ¿Está muy agotado?

Claro que Gray estaba agotado, sólo que era demasiado orgulloso para admitirlo.

—Estoy bien—soltó—¿Lista para volver?

—De hecho, Gray-sama, Juvia no ha concluido sus tareas por el día de hoy.

«Oh, mierda» pensó al imaginar cuantas bolsas más llegarían a cargar.

—Bueno ¿Dónde queda la tienda?

—De hecho, no es una tienda, es una especie de …misión—murmuró

Y la mirada acusadora de Gray se posó sobre ella.

—Pero no se preocupe, es algo muy sencillo y aquí cerca. No hay de que alarmarse—dijo apenas lo notó.

—Bien—dijo el otro no muy convencido, y retomaron la marcha.

Volvieron a dejar las bolsas en el Gremio y fijaron curso hacia las afueras de la ciudad. Allí se detuvieron frente a una enorme reja labrada.

Juvia tocó timbre y pronto un ancino uniformado de mayordomo apareció para abrirles.

—Madame Lockser, sumamente puntual, que alegría—le saludó cordialmente— Y usted debe de ser…—cuestionó dirigiéndose a Gray.

—Gray, Gray Fullbuster, viene conmigo. Es mi asistente—respondió Juvia por él.

El mago de hielo, quien todavía no comprendía del todo la situación, asintió.

El mayordomo le examinó de pies a cabeza y luego le pidió que le acompañaran.

Los condujo por un par de sendero que no parecían llegar a un final, hasta un amplio patio donde parecía estarse llevando a cabo una celebración.

—Su atención por favor—sintieron decir a una voz proyectada desde megáfono— en unos minutos se llevará a cabo la atracción principal del evento, para su mejor disfrute se recomienda aproximarse a la fuente central. Muchas gracias.

Gray, quien seguía sin comprender nada, buscó con la mirada a Juvia para obtener respuestas.

—Habla de nosotros, bueno en realidad de mí. Usted no tiene que hacer nada en realidad, Gray-sama—explicó.

Avanzaron hasta la susodicha fuente. Al llegar, Juvia se posicionó en cuclillas, remangó ambos brazos de su abrigo y los sumergió en la fuente. Permaneció así por unos segundos, hasta la señal—un estallido— que hizo que comenzase a mover el agua.

Dio inicio al espectáculo creando múltiples columnas de agua y haciendo que estas ascendiesen y descendiesen. Los presentes rodeaban por completo los alrededores de la fuente. Luego continuó generando pequeñas figuras, que pronto tomaron formas de animalitos y comenzaron a danzar. La audiencia se encontraba extasiada y Gray no era la excepción.

Realizada la danza de los pequeños animales, Juvia hizo que retornasen estos a la fuente y se deshiciesen en el agua. Estaban iniciando las muecas de decepción cuando emergieron rápidamente dos proyectiles—también de agua—de la fuente, elevándose hasta el cielo y estallando a modo de pirotecnia.

La multitud, que hace un rato se mostraba completamente refinada, estalló en gritos y aplausos al presenciar tan bello espectáculo. Y a los gritos y aclamaciones le siguieron cada vez más proyectiles, que al estallar formaban figuras geométricas.

Estaba por lanzar los finales cuando Gray le llamó.

—Juvia—dijo, dándose la otra la vuelta.

—¿Crees que podría ayudarte? —y apunta hacia el cielo.

—Claro.

Dicho esto, la maga dispara los últimos proyectiles, haciendo que las las gotas se dispersen por el firmamento hasta que comienzan a decender. En ese momento, Gray decide congelarlo todo. Torna incontables gotas, en pequeños copos de nieve.

Si la audiencia estaba entusiasmada hasta entonces, ahora su reacción es un entusiasmo potenciado, puesto que son más ruidosos que antes. Los copos continúan por su senda hasta conocer el suelo, y de a poco tiñen el verde jardín volviéndolo un manto blanco. El show llega a su fin.

Juvia le coge de la mano y hace una reverencia que Gray imita. Los dos son despedidos con aplausos.

Una vez disipada la multitud, el que parece ser el anfitrión del evento se aproxima a ellos.

—Jóvenes, me gustaría felicitarles. Hicieron un trabajo excelente—dice.

Ambos agradecen amablemente sus palabras, para luego recibir sus recompensas correspondientes. Incluso habiendo Gray protestado cinco veces, insistente de que la suya no era merecida.

Se disponían a juntar sus pertenencias cuando el dueño nuevamente se les acercó.

—Olvidé decirlo antes, pero ustedes chicos, forman una pareja excelente—soltó.

El hombre volvió a alejarse por el ahora blanco jardín, sin imaginarse lo que un simple cumplido podía haber causado en los destinatarios del mismo.

Gray podía haber aprendido mucho sobre Juvia ese día. Horarios, gustos, habilidades. Pero lo que jamás iba a olvidarse es de su cara en ese momento. Al escuchar el término "pareja" sus mejillas habrían de quedar incluso más rojas que las de él.