N/A: Finamente, actualización. Y no, no es el fin del mundo.

Día seis.

Gray despertó a causa de un travieso haz de luz que había conseguido filtrarse en su habitación a través de un casi imperceptible agujero en el cortinaje. Al principio se sintió algo desorientado, pero después tras reparar de la presencia de Natsu y su felino compañero, recordó. Había salido de misión.

Y en tanto sintió su cabeza punzar, memorias más recientes acudieron a su mente. Pronto, las imágenes y frases enunciadas hacía ya un par de horas, danzaron por la misma.

"Mierda" fue todo lo que pudo pensar entonces.

Se levantó de un salto, pero vistió más lentamente que lo normal.

Mientras lo hacía pensó en el asunto con Juvia. Quizá el continuo punzar se hubiese tornado un impedimento a la hora de usar sus capacidades de raciocinio, pero por H o por B, decidió no dar muchas vueltas al tema en cuestión.

Además, algo le decía que su suerte hoy era distinta; por lo que no pensaba que corriese el riesgo de topársela en el desayuno. No tenía idea de lo errónea que su predicción era.

Salió de la habitación y comenzó a descender los peldaños de la escalinata principal. Se encontraba a mitad de camino cuando la vio. Fue capaz de distinguir incluso a la distancia la inconfundible cabellera azul.

El primer instinto de Gray fue huir, más cuando se dispuso hacerlo, vio como otra casi era atrapado en el acto. Resignado, no tuvo más opción que hacer frente a la situación.

– Parece que estamos destinados a coincidir–soltó, como mísero intento por romper el hielo. Entretanto se aproximaba hacia donde ella se encontraba.

–Eso parece–respondió la otra, aún no convencida del todo de lo que acababa de oír.

– ¿Quieres sentarte?–invitó Gray.

–Claro.

Comieron en silencio. Incluso una vez concluido el desayuno, Gray comenzó a jugar con una cuchara, como si el objeto fuese lo más interesante del mundo. Sabía que era lo correcto pero realmente no deseaba hablar acerca de lo de ayer.

–Esto…– murmuraron al unísono.

– ¡Ah! ¡Lo siento! Usted primero–se disculpó la chica.

–No, no. Disculpa. Estabas a punto de decir algo.

–Bien…–pronunció ella. Y Gray sintió a la perfección como se le helaba la sangre.

–Quería decirle, que no tenía nada de disculparse, en caso de que fuera a hacerlo. Juvia no jamás podría molestarse por algo así, mucho menos con usted. Ella tiene presente de que Gray-sama, no tiene control sobre lo que dice cuando bebe.

La respiración se normalizó en el chico apenas escuchó esto. Sí, Gray se había salvado de un momento y una conversación muy incómoda gracias a las palabras de Juvia, pero ¿Realmente ella creía cada sílaba pronunciada? Porque para nada era lo que había acontecido.

Quiso hacérselo saber en ese momento. De verdad tuvo intenciones de refutar sus palabras, pero, ¿Qué podía decir? Ni siquiera él entendía como se sentía en el momento. Confió en que lo más adecuado era guardar silencio, al menos en ese sentido. Abrir la boca sólo confundiría las cosas aún más.

–Qué bueno que lo hayas dicho, yo no sabía ni cómo empezar–se sinceró– igualmente, lo siento. No tienes por qué lidiar con mi idiotez.

–Claro qué sí. Yo le quiero ¿Recuerda?

Ahí estaba. La eterna sinceridad de Juvia. Y el mintiéndole sólo porque no lograba discernir entre sus sentimientos.

"¿Cuan egoísta puedo llegar a ser?" se cuestionó y asintió con la cabeza, nuevamente ante palabras a las que no sabía cómo responder.

Para mejorar un poco su karma, llegó Lucy. La chica recién se había levantado, y con seguridad su presencia sería capaz de disipar la tensión acumulada alrededor de la mesa. Al menos un poco de ella.

– ¡Buenos días!–saludó aun desperezándose.

Ambos correspondieron su saludo y le observaron mientras se sentaba con su plato de magdalenas y se llevaba a la boca una de estas.

– ¿Y bien? ¿Qué tal les fue anoche?–preguntó, con una entonación insinuante semejante a la de Happy.

Entonces de nuevo Gray se vio en una encrucijada. Una que hacía parecer la conversación de segundos atrás una charla banal entre amigos.

—Todo bien—se apresuró a contestar Juvia, mientras Gray continuaba pensando posibles soluciones a su dilema.

– ¿Sucedió algo interesante?–quiso saber

–No mucho. Dimos un par de vueltas y retornamos a la posada. Casi todos los locales estaban cerrados–explicó.

–Ya veo…–

Gray estaba atónito ante la conversación de la que no formaba parte. En primer lugar por la rapidez con la que la que Juvia había respondido a los interrogantes de Lucy, y en segundo con la facilidad que la primera había mentido.

Bueno, en realidad no mentido. Pero si omitido hechos que formaban parte importante de la verdad. Aunque quizá era él quien le estaba dando demasiada importancia.

Notó como la charla pronto hubo cambiado de rumbo. Ahora ambas chicas se encontraban hablando de un festival porvenir en Magnolia.

Esto le hizo pensar aún más en su anterior teoría. Tal vez las cosas eran tal cual se le presentaban. No era imposible que la conversación nocturna en aquel bar no hubiese tenido el mismo impacto en la chica que en él.

Para Gray había significado algo porque lo había hecho cuestionarse cosas que nunca antes había considerado, mas posiblemente para Juvia no. Al fin y al cabo ella ya estaba acostumbrada a situaciones así. Constantes ilusiones y desilusiones en lo que iba de su relación. Súbitamente, algo hizo un 'clic' en la cabeza de Gray.

Si existía la posibilidad de que eso fuese así, tenía que manejar también la de que no le importase o peor, que ya no lo quisiese con la vehemencia de antes.

"Tonterías" pensó, después de su instante de paranoia.

Juvia le quería de la misma forma que siempre, se lo había reafirmado momentos antes. Simplemente no había dado crédito a sus palabras creyendo que las mismas estaban influenciadas por el alcohol presente en su sangre.

Igualmente, el sólo considerarlo le había dejado un mal sabor en la boca. Uno que hizo que se levantase aprisa de la mesa y por ende captase la atención de sus dos acompañantes.

Luego de murmurar una par de excusas, probablemente bastante estúpidas, se retiró de allí. Necesitaba pensar y el estar al lado de Juvia no lo ayudaba a ordenar sus ideas.

Retornó a la habitación para encontrarse con que Natsu y Happy aún dormían.

Cogió su billetera e instantáneamente se aventuró fuera de la misma.

Su convicción seguía siendo la misma desde el momento en el que se había levantado de la mesa. Necesitaba su espacio para pensar y digerir ciertas cosas. Mas sabía que coger un tren y marcharse a Magnolia levantaría muchas sospechas, por lo que optó por una caminata, por más larga que esta se tornarse.

Al salir de la posada, tomó la precaución de tomar una salida alterna al salón principal (donde se encontraban desayunando). No habían grandes posibilidades de que sucediese, pero en caso de verle, podía ocurrírseles acompañarlo durante su paseo. Algo que contrastaba completamente con sus planes.

Mirando hacia todos lados cruzó el umbral de la puerta, dando inicio a su paseo reflexivo.

Caminó durante horas, pero no logró llegar a ningún lado con su pensar. Las mismas ideas que habían ocurrido durante el corto tiempo que había estado sentado junto a Juvia, hicieron acto de presencia durante su andar.

Caminó hasta dar con el bar de la noche anterior, y al notar que el local se encontraba abierto, decidió entrar.

Se sentó en la barra y ordenó. A la brevedad el barman retornó con una cerveza, para luego continuar secando los vasos.

–Es extraño que un bar tenga más disponibilidad horaria que una tienda de conveniencia–soltó, luego de dar un par de sorbos a su bebida.

El hombre levantó la vista de lo que estaba haciendo y se dirigió hacia él:

– ¿Qué puedo decir? Tenemos clientela a todas horas.

Gray rió entre dientes y recorrió el sitio con su mirada. Era cierto si bien el hombre había empleado una tonalidad burlesca al decirlo, unas cuantas personas se encontraban en el bar en el preciso momento.

– ¿Hoy estás sólo?–preguntó el otro, sacándole de su pensar.

Él simplemente asintió.

–Vi lo que sucedió la otra noche. Espero que no le guardes rencor, es sólo un pobre borracho de la zona.

–Sólo fue la molestia del momento. Normalmente no hubiese sido así de brusco con él.

– ¿No?– y levantó una ceja.

–No.

–Asumo que era un mal día entonces. A todos nos pasa.

–No lo sé, simplemente estaba con Juvia y…

–Ah. Fue por tu amiga

Gray bufó ante este comentario.

Tiempo atrás jamás se hubiese cuestionado la relación que él y Juvia mantenían. Pero, ¿ahora? Dudaba que amistad fuese el término correcto para etiquetarla.

– ¿Dije algo gracioso?–preguntó el cantinero, trayéndole de vuelta a la realidad.

–No, nada. Simplemente me hizo reflexionar.

El otro sonrió ante esta declaración. Gray, por su parte, se apresuró a pagar y salió del local.

Lo había comprendido durante su conversación con el cantinero. Más bien al escuchar lo que este tenía que decir.

No había nada mal con él. Simplemente ahora sus sentimientos hacia Juvia diferían respecto a antes.

Rápidamente, se encaminó hacia la dirección que creyó lo llevaría a la posada y avanzó. Luego de perderse unas tres veces, llegó a destino.

Había esclarecido su mente mientras a grandes zancadas y paso rápido, cruzó el pueblo. Definitivamente le haría saber el cambio en la situación a Juvia.

No que pensase declarársele ni nada por el estilo. Pero ahora que se había visto libre de mentir, teniendo la certeza de sentir 'algo' por ella y de que ese 'algo' discrepara en ciertos puntos del concepto tradicional de amistad; podía invitarle a salir.

Tal vez le propondría recorrer el pueblo, aunque en verdad él estaba un tanto pasado de caminatas, e ir a por un postre. Algo que les había quedado pendiente desde la noche anterior. O simplemente podían pasar el rato. Tal cual como lo venían haciéndolo antes de partir de misión.

En ese momento, cualquiera de estas ideas se le hacía propicia a Gray.

Ya en la posada, cruzó el salón sin siquiera reparar de la posible presencia de ambas, pues ya había descartado el que todavía se encontrasen allí. Subió aprisa las escalinatas y pronto, estuvo frente a la habitación de Juvia.

Ni siquiera tuvo que golpear la puerta cuando esta se abrió ante sí. Entonces pudo ver como lentamente un carrito de limpieza, y la mujer que lo empujaba abandonaba la habitación. La puerta permaneció entornada incluso después de que esta saliera. Dándole así la posibilidad de echar en falta las pertenencias de la mujer de agua.

No era necesario ser muy perceptivo para darse cuenta de que Juvia ya se había marchado.