– ¿Se puede saber qué demonios hay tan importante en Konoha que de pronto te quieres mudar ahí? –preguntó la chica cansinamente.

Rubia como el sol, con el cabello largo hasta la cadera, igual que su madre, y los ojos infinitamente azules. Después de quince años había pasado de ser un bebé a tener un cuerpo escultural, conservando las mejillas limpias de cualquier marca zorruna.

-Yo ya quiero que lleguemos… he leído que la Aldea escondida entre las Hojas es una de las más prosperas aldeas Ninja y que nunca han sido vencidos en las guerras Ninja –replicó una niña de siete años, pelirroja de ojos miel con anteojos.

-por que tu lees hasta lo que no debes… Mamá ¿Qué hay tan interesante ahí? Hasta donde yo sé tu has evitado cualquier contacto con esa aldea desde que yo nací –replicó la rubia.

–Macarena, por favor, deja de discutir. Vamos a vivir en Konoha y no importa lo que hagas, no podrás evitarlo. Si en tres años, que seas mayor de edad, te quieres ir, adelante, pero por lo pronto te vas a quedar con nosotras –la regañó la mujer que venía sentada junto a ella en una de las carretas que llevaban sus cosas. Pelirroja, de treinta y nueve años y ojos verdes, madre de la chica y la niña.

-además, nos invitó el Hokage ¿verdad mamá? –preguntó la niña pequeña.

-Claire, por mí podría habernos invitado Pedro Infante resucitado, no quiero vivir ahí –le dijo Macarena y le sacó la lengua.

-Madura ¿quieres, Macarena? Y Claire, tu hermana esta de malitas, mejor ni le dirijas la palabra –le dijo la madre.

–ay ¡YA! Mi hermana, mi hermana ¡maldita sea! Es mi media hermana con cuyo padre nunca te casaste igual que hiciste con el mío –reclamó la rubia.

-¡MACARENA! –gritó la pelirroja mientras Claire comenzaba a llorar.

–Kushina –contestó Macarena mirando a su madre fríamente y señalando a su hermana menor con la mano.

-olvídalo, mi amor, sabes que tu hermana está muy sensible, probablemente esté ovulando –le dijo Kushina a la niña abrazándola por el hombro, Claire soltó una risita.

– ¡MAMÁ! –gritó Macarena enrojeciendo completamente.

-tu naciste en Konoha ¿Sabías? –le comentó Kushina a Macarena.

-ajá… algo… me… comento… Santino –contestó Macarena bostezando.

-te dije que no te durmieras tarde, pero nunca me haces caso… tu naciste ahí, el mismo día que murió tu padre. Él era… -

–Él era el futuro Hokage que murió, con mi hermanito, combatiendo contra el zorro de nueve colas, y además, soy, según esto "idéntica a mi padre" –la interrumpió la rubia indiferente, su madre la miró atónita.

-La abuela Ada y Tino me dijeron –explicó ella.

–además da equis, no creo que a nadie le interese si venimos o nos vamos, eso fue hace casi dieciséis años, mamá. La gente no se acuerda de nada a menos que sea en fechas especiales –replicó Macarena.

Kushina suspiró y prefirió no contestarle a su hija mayor, no deseaba continuar la pelea. Siempre era la misma historia, cada vez que dejaban un lugar Macarena protestaba y se quejaba hasta dejar agotadas a su madre y hermana pequeña, pero no hacía nada para resistirse a la mudanza.

-de todas formas ¿Qué interesa a dónde nos vamos si igual nos iremos en seis meses o menos? –murmuró Macarena.

-no seas dramática, sé que nos hemos cambiado de ciudad un par de veces, pero no es para tanto –replicó Kushina sin poderse contener.

– ¿un par de veces? Mamá, cada vez es lo mismo, llegamos un lugar, te consigues un tipo, salen un rato y sales corriendo después de haber dormido con él un par de semanas, nunca nos quedamos en un lugar por más de seis meses, ya no entiendo ni para qué desempacamos y qué chiste tiene tratar de hacer amigos si no los volveré a ver pasadas algunas semanas… debiste casarte con Jared cuando te lo propuso, así por lo menos una de tus hijas tendría un padre –le contestó Macarena, se acomodó en la carreta, cerró los ojos e intentó dormirse.

Kushina suspiró y miró a su hija menor con un suspiro. Era cierto, habían vivido como nómadas los últimos quince años, y criar dos hijas de diferentes padres lo hacía aún más difícil.

¡Maldición!

Cómo había amado a Minato y cómo aún lo amaba. Nunca había amado a nadie más y todos los otros hombres que habían pasado por su vida eran pura diversión y mero entretenimiento.

-Señoritas, ya hemos llegado, necesitamos que Kushina san nos ayude a entrar –les dijo un chico que venía con el equipo de mudanza.

–sí, claro –le dijo Kushina, puso a Claire en brazos de Macarena y saltó fuera de la carreta.

-ahora implora por que puedas terminar tu educación en la academia de Konoha y no tengamos que mudarnos en tres meses, peque –le dijo la rubia besando su cuello con una trompetilla y haciéndole cosquillas.

Claire rió sonoramente y se colgó del cuello de su hermana con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Por qué de TODO te quejas, onee-san? –preguntó la pelirroja con una sonrisa.

–entreno para las olimpiadas ¡Voy a ser una quejosa de maratón! –le dijo Macarena haciéndole cosquillas. Las dos chicas bajaron de la carreta y se acercaron a su madre, que discutía con los porteros de la Aldea.

–no se preocupe señora….

–SE-ÑO-RI-TA –interrumpió Kushina a uno de ellos, que tenía un vendaje en la nariz.

–mil perdones, no hay de qué preocuparse señorita, sólo necesito su nombre y la autorización que le mandó Hokage sama… es mero protocolo, ya habíamos recibido un aviso de que usted y su hija

–Hijas –corrigió Macarena estrechando a su hermanita por el hombro.

–ah, bueno… ¿cuantos años tienes, pequeñita? –le preguntó a Claire uno con casco.

–Tengo siete –contestó la niña sonrojándose.

– ¿Para entrar a la Academia, cierto? –volvió a preguntar él y la pelirroja menor asintió.

– ¿podrían mostrarnos el camino a la Academia para registrar a mi hermana? –preguntó Macarena sonriendo coquetamente, había cierto aire felino en sus movimientos que hizo que los ninjas de la puerta la miraran completamente embobados.

–Kotetsu, voy a llevar a las señoritas con Iruka, él podrá atenderlas mejor –les dijo el ninja del casco.

–Muchas gracias –le dijo la rubia con una sonrisa, ellos casi esperaban que comenzara a ronronear, pero aún así el del casco salió de la caseta y se acercó a las chicas.

–No te tardes mucho, Izumo –le dijo el tipo de la venda en la nariz en el mismo tono que hubiera dicho "¡Cuéntame el chisme completo cuando regreses!", Kushina le lanzó una mirada asesina y él se acercó a registrar lo que entraba con las carretas de mudanza.

–voy a esperarte frente a la casa del Hokage –le dijo Kushina a su hija mayor, la rubia asintió y se acercó Izumo.

–por favor síganme, chicas ¿Me pueden decir sus nombres? –les preguntó Izumo con la sonrisa de quien se va a comer pastelote delicioso. (n/a: como la que pondrías si te digo que por dejarme un review te voy a llevar de farra y puedes pedir lo que quieras por que corre de mi cuenta… sí, como esa que traes, pero como es un ejemplo tendrás que dispararte la parranda de tu propio bolsillo)

–Soy Uzumaki Macarena, y esta es mi hermana Claire –contestó la rubia indiferente, para ella era sólo otra ciudad, no había gran cosa que llamara su atención. A su hermana menor, por otro lado, le faltaban ojos para ver toda la aldea.

Los tres entraron a la Academia y continuaron andando por algunos pasillos hasta que se detuvieron frente a una puerta, Izumo dio un par de golpes y alguien los llamó. Entraron a un salón de clases donde sólo estaba un hombre terminando de arreglar algunos papeles tras un escritorio.

–Iruka, te traigo a una pequeñita que va a entrar a la Academia –le dijo Izumo.

El hombre levantó la mirada, cabello castaño sujeto en la parte superior de su cabeza y una cicatriz a lo largo de su nariz y mejillas. Tenía cierto aire infantil que a Macarena le pareció algo adorable, pero debía llevarle por lo menos diez años.

–Soy Uzumaki Claire –se presentó la niña dando un paso al frente. Iruka la examinó con la mirada sonriéndole, pero cuando sus ojos pasaron a Macarena parecía como si hubiera visto a un fantasma.

Diferentes emociones se reflejaron en el rostro del castaño. Sorpresa, duda, recelo, ira, más sorpresa, desconfianza, recelo y asombro.

–Lo sé, está igualita… y además se llaman de la misma manera, acaban de llegar a la Aldea –le dijo Izumo a Iruka poniéndole la manó en el hombro con una sonrisa cómplice que Macarena pretendió no haber notado. El castaño se acercó a las chicas y le tendió la mano a la rubia.

–Umino Iruka, mucho gusto. Bienvenidas a Konoha y a esta escuela –les dijo con una sonrisa.

–Uzumaki Macarena, gracias –le contestó ella estrechando la mano del castaño.

–permítanme llevarlas a la oficina principal –les dijo él y los cuatro salieron del, Izumo se fue por donde habían llegado dejando a las chicas en compañía de Iruka.

Macarena y Claire siguieron a Iruka hasta las oficinas principales de la Academia, pero el castaño se paró en seco al ver a cierto rubio ojiazul esperando frente a la puerta.

–hola, Iruka sensei. Dijiste que te esperara aquí para irnos a Ichiraku –le dijo el rubio con una enorme sonrisa.

– ¿puede ser otro día, Naruto? Tengo que registrar a esta niña en la Academia –le dijo Iruka.

Pero Naruto no contestó, él y Macarena simplemente se miraban atónitos el uno a la otra. . .


Bueno, ahora que Macarena ha hecho su aparición, les dejo esta imagen de comose ve

l-u-c-k-y-diamond. deviantart. com/art/Uzumaki-Siblings-130383493

solo revisa los espacios XD