Pétalos de vida


IV


Las horas pasan, y estas se vuelven días, y los días semanas. Lentamente se forja una minúscula relación entre Gohan y el príncipe, al punto de que, el joven, a falta de un padre, siente a Vegeta como uno, y a Trunks como su hermano menor, al que siempre quiso tener. En cuanto a Vegeta, no lo demuestra, pero se preocupa por Gohan como si realmente la relación asimilada "padre e hijo" se hubiera formado.

Cuando hay algo que hacer, ya sea la busca de recursos, reparar algo, o la simple compañía, ambos se apañan para convivir, junto al pequeño Trunks que día a día crece, volviéndose más fuerte, más niño, todo un guerrero.

Gohan, cuando termina de ayudar a su nuevo compañero, se marcha en un largo pero veloz viaje en dirección a la montaña Paoz, a proteger a su madre durante las noches sin luna, sin una bendita luz; y otras noches, a causa de las tormentas de ese invierno que parece infinito, se queda en la nueva corporación capsula: ese sótano-bunker, lo suficientemente grande como para abarcar la ciudad entera; a falta de gente en las distintas ciudades, las múltiples habitaciones de la guarida están vacías, desoladas y ocultas en el polvo y la oscuridad.

Por primera vez Vegeta siente la necesidad de estar acompañado, no quiere estar solo, y a falta de Bulma, Trunks y Gohan son grandes presencias que lo distraen, que lo hacen sentir seguro, que no está solo en esto, y que además ahora tiene más motivos para continuar. La chispa que Bulma encendió en él, la fortaleza de su primogénito y la esperanza de Gohan iluminaron otra cosa en ese churruscado corazón negro, el cual comienza a tomar color, despertando el héroe que se ausenta en la tierra y que durante años, permaneció oculto dentro del príncipe. Tiene el deseo de salvar a la tierra que alguna vez tenía planeado destruir, en aquellos días cuando su vida no tenía un sentido concreto, cuando hacía todo porque si y ya. Tal vez, la promesa que realizó el mismo día que su terrícola lo dejó, hacen que a través de esta su espíritu cambie de tal manera que la esperanza y la fortaleza que necesita también aparezca en el príncipe de los saiyajin, el mismo que meses atrás deseaba estar muerto. Y se pregunta… ¿por qué quise destruir la tierra y ahora no? El motivo se encuentra durmiendo sobre ese blando colchón, como un bulto entre las sabanas, y que a pesar de estar dormido, sonríe. Así es, el chiquillo que engendró con la humana, ese mismo, es el que ahora le evita echarse atrás.

Quiere sentirse útil. Los días se han vuelto tan monótonos que parece aburrido, pese a que es imposible encontrar entretenimiento en un apocalipsis como en el que vive junto a muchos otros. Decide registrar la casa, buscar más a fondo en esos lugares donde nunca se atrevió a revisar; recuerda cuando Bulma trabajaba en el taller, también donde guardaba sus cosas, así que se aventura para buscar en esos lugares, tal vez algo le sea de gran utilidad, y quien sabe, tal vez encuentre esa máquina que proporcionaba la salvación de la tierra. Ella llamaba al proyecto "máquina del tiempo". ¿Cuál podría ser su utilidad? Se preguntaba el príncipe, conteniendo sus dudas al precio de estar solo por ese día. Gohan no había llegado aún y comenzaba a preocuparse, pero eso no le impidió seguir registrando los lugares donde Bulma trabajaba antiguamente.

Decidió cargar con una caja de metal, llena de herramientas, libretas y capsulas. Llevaba aquel cubo metálico sin problema hasta el sótano, para poder allí leer un poco de todo lo que Bulma había escrito.

Era inconfundible, las libretas eran claramente de Bulma, y más que simples libretas parecía diarios íntimos, los cuales pensó no leer, pero luego rechazó la idea limitado a creer que encontraría algo útil, y así fue. Entre páginas, había algún que otro recuerdo fantabuloso de la mujer, alguno más maravilloso, cursi o infantil que el otro. Más allá de recuerdo encontró también las notas de todos sus proyectos.

Vegeta estaba fascinado, anonadado, sorprendido; no había descripción para lo que él sintió en el mismo momento en que comenzó a leer lo que parecía ser una carta, como si Bulma lo hubiera intuido.


Vegeta, querido. Sé que parece absurdo por mucho el hecho de estar escribiéndote esta carta, tal vez el día que ya no este ni siquiera la encuentres, pero si acaso encuentras las libretas, las herramientas necesarias y todos mis proyectos, te los encargo… por favor.

Tal vez no entiendas absolutamente nada de lo que yo hago en mi taller, o bueno, lo que hacía. En fin, sé y estoy muy segura de que eres bastante inteligente, que puedes aprender en un instante. ¿Y quién más para el trabajo que tú? Confío en mi padre, pero dudo que sobreviva a esto. De más está decirte que… además de dejarte las instrucciones de lo que debes hacer, quiero que sepas que siempre te amé, y seguiré haciéndolo desde el otro mundo, aunque tú no lo creas, siempre estaré contigo.

Trunks, será tan fantástico como tú, porque sé que tiene un gran padre, el mejor de todos sin duda. Y si acaso llegase a vivir, solo quiero que sepas que quemaré esta carta para que nunca la leas y no creas que fui una lunática creyendo que moriría. Sin embargo, no creo tener las suficientes fuerzas para aguantar tanta barbaridad como tú la aguantas.

Cuanto me gustaría poder llamar a Shenlong y pedirle tener tu espíritu; desearía con mucho anhelo poder tener tus fuerzas, estar tan acostumbrada al punto de sobrevivir sin dificultad, pero el hecho de saber que nada será tan bonito como imaginaba me hiere, y más me hiere saber que Trunks se criará en este planeta que alberga tantos recuerdos para mí, y a la vez tanta maldad. De todas maneras, sé que lo protegerás, porque sé que aun que digas que eres el príncipe de los saiyajin, el guerrero prodigio, el orgulloso, tal vez el más orgulloso del universo, ¡sé! Que tú amas a tu hijo, que me amas y que por mucho deseas estar conmigo por la eternidad. Y si parece un tonto deseo de niña loca, está bien, te creo, porque parece un sueño; yo no puedo leer tu mente y saber qué piensas de mí, tampoco puedo imaginar lo que siente tu corazón.

Es muy egoísta de mi parte decir adiós, pero por más que lo intente, luche o lo que sea, tu irás a combatir, porque ese eres tú, el guerrero animado a luchar siempre que tiene la oportunidad, y el saiyajin del que me enamoré. No te eches la culpa por no hacerme caso, es natural, querías protegernos y te entiendo, no fue tu intención abandonarme, sino cuidarme…

Shenlong ya no existe, pero aun así te deseo desde lo más profundo de mi corazón que todo lo que pase en adelante no te afecte; que seas realmente el saiyajin orgulloso y frío que dices ser, evadiendo los problemas y combatiendo a la realidad. Y a la vez, que seas el padre que Trunks necesita… sé que puedes lograrlo, eres capaz de ser quien eres con mucho honor y mucho más.

Adiós, Vegeta.

Te amo. Bulma Brief.


La carta, la última hoja en la libreta más nueva de Bulma, se arruga en su puño, lo cierra con fuerza, suspirando, cerrando los ojos con gran intensidad, apretando los dientes. No volverá a lamentarse, no ahora que debe continuar con lo que Bulma dejó a medias. Por más emocionante que pudiera haber sido encontrar esa carta, no debía de sentirse angustiado, no había tiempo que perder, ni mucho menos para remover la herida fermentada de su corazón.

Prosiguió leyendo las libretas; tal y como ella lo había escrito, las instrucciones de lo que debía hacer estaba bien detallado. Cada paso, las herramientas que debía usar, y esa mecánica que era tan complicada, pero mientras seguía leyendo, comprendía un poco más. Pensó entonces en comenzar ese mismo día con todo el trabajo, para terminar más rápido con esa máquina tan importante. Sin embargo, las mecánicas, el combustible, las instrucciones parecían no comprenderlas.

—¿Qué demonios…?—preguntó girando una y otra vez la libreta, guiándose por algunos pasos a seguir, ilustrados, de lo que debía ser la máquina. Los planos eran tan difíciles de entender, pero aun así lo entendería, acabando así con lo que Bulma le pedía en esa carta.

Cuando estaba a punto de perder la paciencia, Gohan llegó con una carga abundante de deliciosa comida, preparada por Milk, utilizando los naturales ingredientes de la montaña Paoz. Se acercó a la mesa de metal, dejando de golpe la caja con ollas, causando un estruendo molesto.

—Lo siento… —se disculpó en muchacho—. Traje esto desde mi casa. Mi mamá pensó que debíamos tener hambre mientras estábamos aquí, así que preparó todo.

—Ahora no, Gohan —gruñó el príncipe, alterado por la complicada lectura en las dichosas libretas.

El joven guardó silencio, soltando un suspiro; retiró las ollas de dentro de la caja y las dejó sobre la mesa. Estaba hambriento, así que buscó un tazón donde servirse, pero Vegeta se apareció detrás de él, haciéndole pegar un brinco del susto.

—¡S-Señor Vegeta!

—Te dije que ahora no —lo sujetó del hombro haciendo que se girase—. Primero vamos a entrenar.

—¿¡A entrenar!?

—Por supuesto. Bulma guardó las naves con gravedad, y podemos abrirlas aquí adentro. Es lo suficientemente grande —sonrió—. Deja la comida para después.

—P-Pero… no está en condiciones para…

—¡Dije que a entrenar, mocoso!

El muchacho emocionado devolvió el tazón a su lugar, guardó las ollas nuevamente en las cajas y se preparó con un traje de entrenamiento que tenía guardado en el refugio. Estaba tan contento que era imposible ocultar esa sonrisa que tenía encima. Gohan sentía que volvía a entrenar con su padre, Goku, pero ahora sería muy diferente. Ambos lo necesitaban, y más ahora que Vegeta parecía haber perdido ese gigantesco espíritu de pelea, el más grande de todos en la tierra.

—Seré directo contigo, Gohan —lo miraba por encima de su hombro, luego de que la explosión de la capsula se hiciera, revelando entre el humo amarillo la nave—. No creas que seré flexible contigo, solo porque eres un niño.

—No quiero que lo seas…—retrucó el muchacho, ajustando el cinturón morado del traje de combate, obsequiado por Piccolo—. Solo así me volveré más fuerte.

Ambos guerreros guardaron silencio, Vegeta abrió la compuerta de la nave y entró en ella, seguido de Gohan. El saiyajin se sentía tan afortunado de estar en un lugar tan grande como ese enorme sótano, sin correr riesgos de ser descubiertos por los otros dos monstruos de afuera.


(…)


Llevaban una hora entrenando; la nave se teñía de un rojo intenso; la gravedad jalaba contra el suelo a los guerreros, o más bien a Gohan, quien apenas se acostumbraba a la gravedad con una fuerza de cien. Vegeta, por otra parte, era ágil en sus movimientos, tan fluidos; la fuerza de esa gravedad no era nada comparada con la de quinientos o seiscientos, con lo que normalmente entrenaba. Aun así no estaba concentrado, sino ofuscado, por recordar o más bien, volver a sentir como el corazón le latía con furor por el cansancio; sentir como su piel se mojaba de su sudor, un sudor frío por culpa de los nervios; su cuerpo le ardía del calor cada vez que se detenía solo un segundo a falta de oxígeno; pero aún más molesta era su cabeza, donde volvía a remover esos recuerdos podridos de su pasado… entrenar le recordaba cuando aún tenía el deseo de pelear, sin embargo, ese deseo no era lo suficientemente grande como para enfrentarse a la cruda realidad de sus errores. Tenía pensado entrenar lo que restaba del día, pero su desconcierto no lo dejaba tranquilo.

—Gohan —espetó con cólera—. Tú entrena ahora, será mejor que te acostumbres a la gravedad, y cuando ya lo hayas logrado volveré a entrenarte. ¿Entendido?

—Si…—musitó en un esfuerzo por moverse con más libertad—. Pero esperaba que…

—Tengo cosas que hacer, Gohan. No tengo tiempo para estar entrenando.

La compuerta de la nave se abrió, dejando salir al saiyajin, y dentro se quedó un Gohan completamente sorprendido por dichas palabras. ¿Desde cuándo, el guerrero más orgulloso, cree que en entrenar es una pérdida de tiempo? El muchacho recuerda, en lejanos meses atrás, cuando llegaba de visita a la corporación capsula, con la intención de saludar a Bulma y su bebé, pues el príncipe estaba ausente, a causa de un entrenamiento arduo, encerrado en esa nave, día y noche, con apenas horas de descanso. No dejaba de entrenar, con la excusa de que el entrenamiento era algo fundamenta en un saiyajin, sin mencionar esa desquiciada obsesión por superar a Kakarotto. La conmoción era tanta que se quedó pensando largos segundos; así es como este mundo logró asesinar a tantos de los suyos, y aún peor, asesinó al espíritu de batalla, de combate, de pelea del mismísimo príncipe de la raza guerrera, el mismo que carga con el orgullo de todos los saiyajin en conjunto; así es como los androides destruyen a uno mismo.

—No permitiré que los androides se salgan con la suya —musitó, elevando su ki, afirmándose sobre sus pies, logrando pararse erguido para continuar con patadas al aire— ¡Esos androides! Me las pagarán.

De dentro de la nave se escuchó un grito desgarrador, el mismo que Gohan soltaba con furia hacia esos seres despreciables. De repente, dentro de la máquina dejó de verse rojo, ahora se iluminaba de un amarillo enceguecedor, llamando la atención del saiyajin fuera de la nave, cubriéndose los ojos y más sorprendido que de costumbre.

—¿S-Se ha convertido en un súper saiyajin? —se preguntó a sí mismo el príncipe, observando con atención la figura dentro de la nave, iluminada por ese cabello rubio que poco a poco se volvía opaco.

Gohan se mantuvo, conservó el estado de súper saiyajin unos cuantos minutos, hasta que no pudo aguantar mucho más, cayendo al suelo de rodillas, apagando ese brillo de su cuerpo y finalmente desvanecerse en el suelo, presionado por la gravedad.

—¡Gohan! —exclamó, corriendo al muchacho luego de apagar la gravedad.

—No los dejaré… no permitiré que se salgan con la suya —susurró en pequeño guerrero, inconsciente, deseando con anhelo, dentro de sus sueños, acabar con esas amenazas.


Continuará...


Nota

¡Buenas, mis lectores favoritos! :3 Me tardé en actualizar porque estoy con dos fanfics y avanzar con los dos a la vez si que es difícil, pero aquí esta un nuevo capítulo.

En el anterior recibí buenas reviews, también que hubieron errores de edición, y si, fueron malos errores, el problema es que me doy cuenta de ellos cuando ya esta publicado el capítulo y pues, ya no hay vuelta atrás u.u Además es que escribo, lo edito a mala gana (por corregir :'v) y cuando lo subo hay más errores que aparecen mágicamente. Suele pasar.

Sin más, agradezco las criticas, que eso es lo que me ayuda a mejorar y seguir escribiendo. Sus comentarios alimentan a mi desnutrida inspiración que ahora esta algo débil por la escuela. Solo espero que no sea por mucho tiempo, y que ustedes sigan igual de lectores como siempre, dejando sus hermosas reviews.

¡Gracias por el apoyo, y espero que sigan leyendo! :3