Pétalos de vida
V
Con el pasar del tiempo, el sótano-bunker también se había vuelto un increíble taller, con todas las herramientas plegadas por el suelo, algún que otro plano desenrollado sobre la única mesa de metal, y el saiyajin, complicándose la existencia con esos aparatos tan complicados, tratando de entender como todo funcionaba, a la perfección. Le llevó largos días entender la extraña letra de su esposa, también le costó diferenciar las ilustraciones una de la otra; por suerte las computadoras que habían estado guardadas en capsulas lo ayudaban demasiado, tanto así que su aprendizaje se desarrolló mucho más rápido, aprendiendo todo lo que Bulma sabía antes de lo imaginado. De esta manera, la dichosa máquina del tiempo iba tomando forma, y la misma forma que se visualizaba en las ilustraciones. Se sentía tan orgulloso de su trabajo que a veces se desvelaba trabajando, ayudado de un pequeño robot sirviente y una lámpara, mientras Gohan y el pequeño Trunks dormían plácidamente, en camas individuales: Trunks en su cuna y Gohan en la parte superior de la nueva litera. Y aún que a veces los ruidos de las maquinas, las llaves ajustando los tornillos y todo eso, eran un sonido molesto, a Vegeta, Gohan y Trunks parecían poco importarles.
Gohan, por su parte, estaba increíblemente sorprendido por el gran progreso; le traía tanta nostalgia ver el lugar así de desordenado, pues le recordaba aquellos días cuando Bulma trabajaba en el taller cada vez que iba a visitarla. Además de eso, notaba el interés de Vegeta en su nuevo trabajo, casi le parecía imposible de creer que un saiyajin —los cuales nunca trabajaron—, se dedique tan plenamente a un proyecto tan dificultoso. Y el niño que tanto había estudiado a costa de su madre, ahora ni siquiera entendía que eran todas las cosas que hacía el saiyajin; no le encajaba en su capacitado cerebro todas esas mecánicas; si hubiera podido, estaría ayudando a Vegeta, aún si este no acepta su ayuda.
A falta de entendimiento, Gohan decide pasar su tiempo cuidando a Trunks cuando Vegeta está muy estreñido con sus labores, y cuando el padre del chiquillo se las apaña para hacer todo a la vez, se adentra en la nave con gravedad, para entrenar como lo ha tenido decidido desde el día que se transformó en un súper saiyajin. Vegeta, sin importar en lo que trabajaba, entrenaba cuando lo creía necesario, cuando lo necesitaba, pero cuando esa conmoción de recordar su equivocación le revota en la cabeza —así como si de un trauma se tratara—, deja de entrenar algunos días, y así es como conviven día a día, semana tras semana, mes por mes.
Todo el tiempo se ha vuelto monótono, acostumbrados a las penumbras del planeta entero, al frío que nunca se acaba, a las parciales veces que los androides arrasan con alguna ciudad, hasta que un día llegó un inesperado cambio.
—Gohan —espetó el hombre, recostado en el suelo, trabajando en el motor de la máquina— Necesito que me traigas algo importante…
—¿Algo importante? —Dudó— ¿Qué cosa?
—Quiero que traigas una radio… de donde sea —explicó firme— Parece ser que Bulma olvidó guardar una.
—¿Una radio? ¿Y para que quieres eso? —siguió dudando el muchacho que no se explicaba a sí mismo la razón para pedir tal cosa.
—Haces demasiadas preguntas —gruñó sin dejar de trabajar— ¡Te lo estoy pidiendo! Si quieres ir a buscarlo bien, sino luego me encargaré de buscar una —alardeó.
—Está bien, iré a buscar una. —apresurado salió del gran refugio y subió por las extensas escaleras, hasta lograr llegar afuera. Pensó en buscar por la abandonada capital, pero no estaba completamente seguro de si encontraría algo sano, no con toda esa destrucción que adornaba a la ciudad, tan sepulcral, cubierta del blanco de la nieve.
No dejaba de preguntarse en la cabeza el porqué de tal pedido, no tenía una razón racional para tal cosa, no obstante, continuó buscando sin triunfo, hasta que recordó la montaña Paoz. Estaba seguro de que allí su madre le daría lo que necesitaba. Sin más prendió vuelo a su nuevo destino, dispuesto a traer la radio.
—¡Mamá! —gritó fuera de la casa el muchacho que apenas llegaba de un largo vuelo.
—¡Gohan! ¡Hace dos días que no vienes a la casa! —gruñó la madre con una espátula en su mano, indicando que preparaba algo de comer, además de que el olor que emanaba de la casa delataba tan exquisito manjar.
—¡Mm! ¿Qué preparas mamá?
—Debes estar hambriento. Seguro que ese Vegeta no te da nada de comer ¿No es así?
—Claro que no, se esfuerza. Está muy ocupado ahora como para andar de cocinero.
—Bueno, eso sí es verdad. ¡Pero no permitiré que te vayas con el estómago vacío! —Negó con la cabeza—. Pasa, hace mucho frío, terminaras congelándote.
Luego de entrar en su casa, se sentó en la mesa junto a su abuelo, olvidando el motivo inicial por el que había llegado. Su madre, encantada, le sirvió un enorme plato de esa comida tan apetitosa que tanto le degustaba. Al cabo de unas horas y algunos platos de deliciosa comida, decidió recostarse para digerir lo que había engullido, aún sin recordar lo que debía hacer, atrapado en el cansancio y el gran sueño que apareció de repente, incitándolo a tomar una siesta.
—¿Dónde demonios esta ese mocoso? —gruñó cruzado de brazos, moviendo sus dedos impaciente. Para colmo, su hijo comenzó a llorar estrepitosamente, irritando sus sensibles oídos que se disgustaban por cualquier molesto sonido.
Se acercó al niño, para arrullarlo, atenderlo, silenciarlo y que se calmara de una vez por todas. El rito se alargó más de lo habitual, volviendo al saiyajin un manojo de nervios, desesperación… no podía callarlo. Además Gohan aún no llegaba.
Caminaba de un lado a otro con el pequeño en su hombro, agobiado; había hecho hasta el trabajo sucio —un simple cambio de pañales—, y eso ni nada lo serenaba. ¿Estaba haciendo algo mal? Seguramente había olvidado que los bebés crecen, para obviamente volverse niños, y tal vez el proceso de crecimiento le está costando un leve dolor. No se equivoca, descubre la causa de sus insoportables gritos, cuando Trunks le muerde el hombro y el saiyajin ya no siente una suave y delicada ansia, sino que lo muerde, le clava los pequeños dientes, todos fuertes y firmes, en el hombro, logrando que de la boca de su padre escapase un quejido.
—Trunks —regañó el padre, sin esperarse tal acción, refregándose el hombro repetidas veces— ¡Maldita sea! Muerdes fuerte, enano. —siseo, más aliviado.
De la nada, el llanto se convirtió en risas insospechables; al parecer ver a su padre tan gruñón y cómico a la vez, lo sacaban de su minúsculo dolor bocal, revelando una sonrisa.
—¿De qué te ríes?
El niño siguió riendo, celebrando con sus bracitos quien sabe qué. Vegeta dejó a su primogénito sobre la cama inferior de la litera, donde dormía siempre, sentándose en medio de esta, y Trunks gateó intentando alcanzar a su padre que se apartaba un centímetro más a la par del gateo del niño.
El príncipe no dejaba de ver al niño con curiosidad, sin realizar ninguna acción, más que solo correrse hasta llegar a los pies de su cama y ver como el niño se subía en sus piernas, abrazándolo por la cintura. Luego de eso volvió a bajarse de sus piernas, sujetándose del brazo de su padre, intentando ponerse de pie, lo cual logró sin mucho esfuerzo. Entonces, tras ese momento, Vegeta pensó dejar el trabajo un momento, al menos hasta que Gohan estuviera de regreso, para dedicarle tiempo al niño que ahora le robó una sonrisa.
Dejó al niño en el piso, a los pies de la cama, permitiendo que se sostuviera de esta y no perdiera el equilibrio, mientras que Vegeta se alejó unos cuantos pasos, se colocó de cuclillas al costado de la mesa metálica y abrió sus brazos.
—¡Trunks! Ven aquí —espetó el padre algo impacientado, no por falta de paciencia en sí, sino por la intriga que le daba saber si su hijo lograría llegar hasta él sin mucho esfuerzo.
Al principio en niño dio patadas, intentando dar el primer paso sin la necesidad de ayudarse con la cama. Trató de equilibrarse por su cuenta, hasta conseguirlo y comenzar con los primeros pasos, lento y seguro. Sus pasos eran fluidos, hasta que perdió el equilibrio y cayó al suelo sin remedio. El llanto volvió a intensificarse en el pequeño, indignado por no alcanzar a su padre, pero detuvo sus alaridos, tan esperanzado en conseguir alcanzarlo. Se puso de pie nuevamente, se concentró en equilibrarse y aceleró el paso, seguro de sí mismo, hasta que llegó a los brazos de su padre, quien con una sonrisa más notoria lo atrapó antes de que volviera a caer.
—Así se hace, hijo —musitó con cariño, cargándolo con cuidado y acunándolo en sus brazos, brindándole calor—. Cumpliré mi promesa.
El pequeño ya estaba completamente dormido gracias a Vegeta, quien con dedicación y paciencia, apoyado por la soledad, se dignó a tararear una canción de cuna, la misma que escuchaba de parte de Bulma cuando esta hacía dormir a su hijo. Tenía curiosamente el mismo tono, la misma dulzura, las mismas ganas y el mismo placer de sentirse parte de ese momento; se sentía tan feliz dentro suyo, por el simple hecho de ser padre; estaba tan jubiloso, ajeno al orgullo que ese niño le daba.
Paso una hora y Gohan había llegado agitado, con una radio y una caja en mano, arrepentido de haberse dormido en su casa, olvidando el mandado que debía cumplir. Abrió la puerta de metal del sótano y pensó en disculparse con Vegeta; cuando estaba a punto de hablar, quedó con la boca abierta, a medio proferir cuando vio al par de muchachos, uno dormido en completa calma, y el otro sentado en su cama, de piernas cruzadas una encima de la otra, con los ojos cerrados y su tarareo apenas audible, suave y tranquilizante.
—¿Por qué te tardaste tanto? —susurró el padre que arrullaba a su hijo, mientras se levantaba de su lugar para dejar al dormido bebé en su cuna.
—Lo siento, señor Vegeta. Mi mamá me convenció de comer algo y sin querer me quedé dormido. —se quedó callado unos segundos, con la mirada gacha y ambas manos al frente de él, sosteniendo la radio y la caja.
No solo Gohan incitó al silencio, Vegeta se había quedado parado en frente de él, callado y con los brazos cruzados, mirando al recién llegado con una mirada seria y analista. Entones, los labios de Vegeta se fruncieron, hasta formar una sonrisa suficientemente evidente para que al levantar la mirada, Gohan la detectase al instante.
—Déjate de lamentar. Ahora tengo hambre…—dijo sereno—, luego tenemos trabajo que hacer.
—¿Trabajo que hacer? —Dudo otra vez—. Disculpe el atrevimiento, señor Vegeta. Pero… ¿Para qué es esta radio?
—No te dirijas tan respetuoso hacia mí, Gohan. Y con respecto a la radio, está relacionada con ese trabajo que haremos en el momento adecuado.
—El cual es…
Del saiyajin emergió una risa llena de confianza, mezclado con el Vegeta de antes: maldad, soberbia, poder. Se dio la vuelta para mirar por la pequeña ventana, y Gohan seguía en la intriga de la respuesta.
—Tengo entendido que aún quedan terrícolas en este planeta, los cuales se resguardan y a través de la radio revelan la posición de esas chatarras —se volvió a mirarlo—. Entrenaremos duro y cuando estemos listos iremos a pelear.
—¿¡Qué!?
Vegeta ya no respondió a la exaltación del niño, solo miró por la pequeña ventana, imagino el exterior tan bello como era antes; después de todo, la belleza del planeta era la razón por la que había decidido quedarse, además de Bulma; tal vez ella era mucho más importante que la misma tierra.
¿Por qué lo hacía? ¿Por qué tanto cambio y heroísmo, cuando se suponía que era el malo de la historia? Tal vez, hasta el alma más degradada y oscura puede cambiar, y esa oscuridad que tuvo en un principio se convirtió en una luz que con esperanza, esperaba que, esa luminiscencia de su nuevo ser, iluminasen nuevamente a la tierra, devolviéndole su color, su brillo… devolver a su lugar todo aquello que su esposa amaba, y mejorar el planeta en que su hijo se criaría.
Ya no debía salvarlos porque sí, sino que era su obligación.
Continuará...
Nota
¡Buenas tardes, mis amores! Aquí llueve y la inspiración nace *-* ¿A quién no le gusta escribir cuando llueve? Es como que las cosas se sienten con más profundidad.
En fin, SPOILET: ya vamos progresando, y para el siguiente capítulo se vienen mas años, diferencias de edades. Hasta aquí llegó el bebé Trunks. En el próximo ya será todo un muchachito.
GRACIAS POR LOS COMENTARIOS/REVIEW. Lamento si todo es muy sad o lamentable, si lo sé, el futuro de los Mirai es así. Al menos yo lo veo así, por lo que te tendrán que tragar un poco de angustia xD Perdonen u-u Lo que cuenta es que les guste.
¡Desde ya muchas gracias, otra vez! No dejaré de agradecer siempre. Después de todo ustedes son mi motor :3 y sin ustedes la máquina no funciona.
¡Que tengan un hermoso día!
