Amnesia
VI
Como han de pasar los años, y el invierno continúa presente. Nunca volvieron a sentir el calor del bonito verano. El dúo de guerreros extraña esa estación que ya casi no recuerdan, que quedó como un simple recuerdo en la mente de cada uno.
La máquina del tiempo cada vez está más desarrollada, se ve más enteriza, pero falta mucho por terminar. Todo continua tan complicado como desde el principio, como si la llegada de los androides hubiese ocurrido ayer. Eso lo saben Vegeta y Gohan, quienes entrenan día a día, volviéndose más poderosos, mentalizándose un objetivo y manteniendo una promesa en pie, recordando que en sus manos está el destino de numerosas vidas que luchan por sobrevivir.
Ya sería la cuarta vez que los dos guerreros lucharían contra esas chatarras. Apenas cuatro peleas, en seis años que habían parecido eternos. Nunca salían victoriosos y para colmo, uno de ellos siempre terminaba mal herido; a veces Gohan, otras veces Vegeta. Nunca olvidarían esas noches de suplicio, esperando a que sus heridas sanaran para volver a pelear y obtener los mismos resultados sin remedio. Sin embargo, se cuidaban la espalda, jurando abandonar la pelea antes de que fuese demasiado tarde, porque pese a que habían otras personas allá afuera, en el exterior, cada vez que salían del refugio, dejaban en soledad a un niño, el hijo del último saiyajin puro; Trunks, el pequeño de ocho años, con una mirada llena de aliento y vida, que alentaba a los dos adultos.
Al principio, cuando tan solo era un bebé, parecía que todo sería fácil, pero con el pasar del tiempo, ese niño comenzó a tener uso de razón, deseaba luchar, ayudar a su padre y al que sentía como su hermano, Gohan. Sin embargo, estos se negaban, no pondrían en riesgo a un alma tan joven, a un niño indefenso; más su padre, a quien se le partía el alma cada vez que se negaba ante su hijo, al que se suponía debía entrenar, convertirlo en un guerrero. El miedo le impide hacerlo, por lo que su promesa apenas se sostiene; tiene miedo de que algún día se vuelva fuerte y desee pelear, pero no es esa la razón en sí, sino la de que no vuelva de la batalla.
Cada día que pasaba era un calvario; Vegeta deseaba tirar la toalla, pero Gohan lo ayudaba; él le decía cuanto es lo que tenía y cuanto ha perdido por culpa de ese dúo maligno; le recalcaba cada día porqué debía seguir adelante. Después de todo, ¿qué sería de Trunks sin su padre? ¿No le fue suficiente con perder a su madre?
Llegaba una mañana más, y el primero en despertar fue Trunks, que escurridizo se llevó la vieja radio consigo, saliendo del refugio bien abrigado y preparado para cometer una locura, algo que le estaba completamente prohibido.
Intentaba con infortunio encontrar la cadena de radio, la cual siempre revelaba la posición de aquellas bestias. Cuando al fin consiguió una señal estable decidió escuchar con atención, obteniendo al fin el paradero de los que serían, en cuestión de minutos, sus nuevos oponentes. Sin perder el tiempo, prendió vuelo en la dirección correcta. Tan dichoso se sentía que su padre le hubiese enseñado la técnica de vuelo, además de un pequeño entrenamiento que lo volvió más fuerte; porque pese al miedo, Vegeta no dudó en entrenar a su hijo, una que otra vez, dentro y fuera de la cámara de gravedad, con la intención de que pudiera protegerse en caso de que surgiera un improvisto; el poder de Trunks no era el suficiente para enfrentarse a los androides, pues contaban con que él no se enfrenaría contra Diecisiete y Dieciocho.
Allí iba Trunks, optimista, harto de la oposición de su padre.
—¿Por qué no me dejas pelear? —se preguntó Trunks, cargando en su espalda con una antigua espada que poseía una un filo increíble, fuera de ese planeta—Te demostraré de lo que soy capaz, papá.
Su vuelo se hizo mucho más rápido, llegando en un instante a la ciudad donde atacaban los hermanos. Allí estaba Trunks, detrás de los androides, preparando su espada en caso de que quisieran atacarlo, que por cierto, estaba muy seguro de que eso era lo que iban a hacer apenas prestarle atención.
Decidió concentrarse en sentir dos ki, pero no percibió absolutamente nada.
—Trunks, debes concentrarte en sentir el ki de tu oponente —retumbaba la voz de su padre en su cabeza—. ¿Puedes sentir mi ki?
—Sí, puedo sentirlo —respondió con esmero en concentrarse
—Excelente. Lo haces bien, pero quiero que prestes atención a una cosa. Los androides no tienen ese ki, así que no podrás sentirlos. Ni se te ocurra intentarlo, ni escaparte, porque no sentirás absolutamente nada, y puede que te ataquen por la espalda. Así que te queda totalmente prohibido salir. ¿Quedó claro?
—P-…Pero papá…
—¡Nada de peros! Es una orden.
—Maldición, soy un tonto. Me olvidé de esa parte.
Con prisa descendió hasta ocultarse detrás de un muro de concreto, espantado, pero valiente, decidido en que, cuando tuviese la oportunidad, atacaría, dispuesta a demostrarle su gran potencial a su padre.
…
Se despertó de golpe al tener un extraño presentimiento, por instinto todo su cuerpo se movió alerta, buscando a su alrededor a Trunks, que parecía ausentarse sin duda alguna.
En un principio pensó que podría estar en el cuarto de baño, así que fue a asegurarse de que estuviera en lo cierto. Su conmoción aumentó cuando se percató de que el baño estaba completamente vacío, y la cama donde Trunks dormía cada noche estaba desecha. Se dio prisa corriendo al cuarto donde tenía guardadas las armas más importantes; recordaba que allí estaba la espada favorita de Trunks, la que siempre usaba para cada entrenamiento; casualidad que aquel objeto no estaba en su lugar. Prestando más atención e inspeccionando el lugar, notó una pequeña brisa fría que le helaba la piel; la puerta del refugio estaba entreabierta.
La sensación de que su pecho retumbara y que su corazón quisiera salirse de su cuerpo apareció, aumentando la adrenalina; su hijo había roto las reglas; se portó rebelde y abandonó su lugar para enfrentarse a seres terriblemente poderosos.
Buscó la radio pero no la encontró por ninguna parte. Tomó el radiotransmisor y no pensó en otra cosa más que en llamar a Gohan. Él estaba en la montaña Paoz, cuidando de su madre y su abuelo que al parecer estaban enfermos y Gohan, preocupado, decidió encargarse de ambos hasta que estuvieran aliviados. Sin embargo, en cuanto el radiotransmisor emitió el sonido de alerta, no dudó en contestar.
—Señor Vegeta —musitó Gohan, intrigado—. ¿Qué sucede ahora?
—Es Trunks —alardeó—. ¡Se escapó y estoy seguro de que fue en busca de esos androides! ¡Maldito insolente! —maldijo, golpeando la mesa de metal.
—No se preocupe, Vegeta. Iré enseguida.
No quería abandonar a Milk y Ox Satan, pero no podía dejar solo a su compañero; por suerte sus dos pacientes estaban profundamente dormidos, no tendría por qué preocuparse. Entonces salió de la casa y voló en dirección a la capital del oeste, para partir junto a Vegeta y buscar a Trunks juntos.
En el refugio, Vegeta se maldecía a si mismo por descuidarse, despreocuparse, bajar la guardia y descansar más de lo debido. Tenía que estar despierto antes que su hijo, tener todo listo para trabajar y mantener a Trunks en completa observación, pues había mostrado signos de desobediencia, desde temprana edad ya era un rebelde sin causa. Evitaba en lo posible regañarlo, y jamás lo había hecho hasta ahora, que estaba seguro que después de rescatarlo de esos monstruos le daría el sermón de su vida.
En cuanto Gohan llegó a la destruida Corporación Capsula, corrió al encuentro del saiyajin y salieron disparados hacia el cielo, inquietos y preocupados. No estaban listos para una nueva pelea; no había pasado mucho tiempo desde el último enfrentamiento y sus cuerpos estaban débiles y levemente heridos, aun no sanaban del todo. Tratándose de Trunks, no existía pero que valiese, y más con la convalecencia de Vegeta que, en caso de perder a Trunks, ya no habría quien lo hiciera entrar en razón. En caso de que Vegeta terminase asesinado por los androides, Trunks tendría que quedarse junto a Gohan y continuarían solos; en cambio, Vegeta, no tendría como vivir, su corazón se terminaría de quebrar en fragmentos más repartidos que la vez que Bulma fue asesinada.
—¡Papá! —se escuchó desde lo bajo, entre los escombros de un viejo edificio, al compás de las explosiones que creaban los androides con cada esfera de energía.
—¡Trunks! —no pensó en los riesgos, ni tampoco si salía más herido de lo que ya estaba. Descendió en picada hacía su hijo, entre las explosiones, desesperado por alcanzar a su objetivo y protegerlo.
—Lo siento, papá —se lamentaba Trunks entre los brazos de su padre, secando sus lágrimas contra el pecho del príncipe—. Soy un tonto, no lo volveré a hacer, lo prometo.
—Ahora no prometas nada, primero tenemos que salir de aquí.
Gohan luchaba contra los androides en lo que Vegeta encontraba un lugar seguro donde dejar a su heredero, pero en vano era tratar de frenar a diecisiete y dieciocho; nunca podían hacerlo incluso luchando juntos, menos podría lograrlo Gohan por su cuenta. Inevitablemente terminó estrellado en el suelo, con heridas abiertas producto de una lluvia de golpes.
El príncipe se lanzó a la pelea; no dejaría solo a Gohan. Por más que no lo admitiese, él era una pieza muy importante en su vida; con el pasar de los años se había dado cuenta de que el hijo de Kakarotto tenía potencial, que era capaz de mucho. No lo dejaría morir después del cariño que le había tomado, así que dejó a Trunks en un lugar presuntamente seguro y corrió a auxiliar a su compañero, listo para enfrentarse a las máquinas.
—¿Dónde está en enano? —Indagó la rubia—. Yo quería jugar con él.
—¡Él no luchará, no participará de esto! ¡Yo soy tu oponente ahora! —y se posicionó en frente de sus enemigos, con la guardia en alto.
—Tranquila, hermanita —agregó diecisiete—. Yo lo buscaré y acabaremos con los tres.
—¡Eso no lo permitiré!
Se inició una intensa pelea, con destellos en el cielo que desvanecían las nubes. Dos guerreros apenas preparados luchaban nuevamente, deseando poseer más suerte que cualquiera en la tierra. Era ese el momento decisivo; vivir o morir; definitivamente no ganarían, pero no se dejarían asesinar tan fácilmente.
Al cabo de unos minutos, la pelea concluyó, más catastrófica que cualquiera de las veces anteriores. Esta vez los dos guerreros quedaron tendidos en el suelo, en custodia de la fémina que jugaba con ellos, aventando patadas que tonaban las costillas y brazos, incitando a que Vegeta y Gohan soltaran gruñidos, quejidos, gritos incluso.
Diecisiete buscaba como un tigre, procurando visualizar al crío oculto entre los escombros; no iba a darse por vencido. Sería capaz de buscar por toda la ciudad con tal de atrapar a su presa.
Trunks, detrás de una columna, con la respiración agitada, mil lágrimas en los ojos y una mano en su boca para evitar gritar, se ocultaba arrepentido de haber llegado, aterrorizado, paralizado y muerto de miedo. No saldría de su escondite a menos que fuera necesario.
De improvisto, no muy lejos del campo de batalla, donde los dos guerreros seguían tendidos en el suelo, rogando que el moreno no encontrase al niño, se escuchó un estruendo, provocado por Diecisiete. Desgraciadamente había encontrado al chiquillo, y estaba a punto de asesinarlo. Trunks no podía moverse demasiado, su miedo lo había aprisionado y lo llevaría al borde de la muerte.
—¡Trunks! —gritó el padre despavorido y se levantó del suelo en un parpadeo, apareciendo delante de Trunks, interponiéndose en el camino entre su hijo una energía inmensa que asesinaría sin piedad.
La energía fue lanzada y recibida por el príncipe de los saiyajin, quien en una luz alucinante parecía desvanecerse; su figura desaparecía lentamente. Gohan era testigo de ese horror que parecía una pesadilla. Pero, en cuanto la luz se desvaneció y la energía colmó de la mano que la expulsaba, se apreció al gran guerrero, con los ojos apretados y su cuerpo a punto del colapso. Podía verse como sus piernas temblaban listas para hincarlo sobre sus rodillas, y así fue; calló arrodillado al suelo, en frente de su atacante, con un gran goteo de sangre que salía sin parar de su brazo derecho, o más que un simple goteo parecía una hemorragia. Y detrás de él estaba el pequeño Trunks, sin consuelo, derramando lágrimas sin fin, acercándose sin miedo a su padre que parecía agonizar.
—Papá…—tartamudeó entre sollozos—. ¡N-…No!
—Ahora prepárense para morir —agregó el sujeto en frente de ellos—. ¡Dieciocho! Son todos ellos.
Sin que ninguno de los dos se diera cuenta, Gohan estaba de pie, con ambas manos en su frente, con el propósito de usar su última alternativa. Con un grito anunció su ataque: ¡Taioken! Ambos androides quedaron inevitablemente segados, mientras que Vegeta y Trunks taparon sus ojos. Gracias al hijo de Goku, lograron salir con vida de aquel lugar; volaron lejos del campo de batalla, a costa del único que aún se mantenía en pie: Trunks, que en una mano sujetaba el chaleco de su padre y en la otra el de Gohan.
No dejaba de lamentarse, disculparse sin parar, repitiendo una y otra vez su error en su cabeza. Eso lo atormentaría durante mucho tiempo; pensar que por su culpa, los últimos guerreros por poco y pierden la vida.
Al llegar al sótano, Trunks dejó a ambos sobre el suelo. Gohan permanecía despierto, pero terriblemente herido, mientras que el príncipe había perdido el conocimiento. A él le quitaron su chaqueta, alarmándose por el terrible daño que había recibido. Salvar a Trunks había sido difícil, y aun así lo habían logrado; sin embargo, el costo por aquella vida había sido muy grande.
—Tu padre fue muy fuerte Trunks… —dijo intentando consolar al niño horrorizado al ver que a su padre había perdido su brazo derecho en aquel terrible ataque, y aun así se sentía tan agradecido de que continuara con vida—. Voy a pedirte que me ayudes, pequeño.
—Soy un idiota —continuaba Trunks, arrodillándose y mirando de soslayo al inconsciente guerrero—. Por mi culpa…
—Trunks…—lo abrazó con fuerza, y el niño correspondió—. Tu padre también cometió muchos errores años atrás; yo cometí mis errores; todos cometemos errores de los que seguro estamos arrepentidos. No te eches la culpa por esto, solo querías sentirte útil. Deseabas enfrentar a los androides, creyendo que podrías vencerlos con tu potencial. Lo sé porque cada día lo pienso, y a pesar de todo no tengo la valentía que tuviste tú el día de hoy. Estoy orgulloso de ti, pequeño valiente.
La mirada de Trunks se iluminó, sus ojos tomaron un brillo único que nadie había visto jamás en tantos años. Su sonrisa se ensanchó pese a la angustia, sus lágrimas se borraban lentamente y su esperanza se intensificó dentro de él; después de todo si era su culpa, pero no permitiría que eso lo perturbase por el resto de su vida. Se levantó erguido y sin desmembrar la forma de su quijada, que ilustraba una guiño a la valentía; se sentía valiente, y seguiría siéndolo.
—¡Gohan! No hay tiempo que perder. Ayudemos a mi papá —afirmó imprudente, apresurándose a buscar lo necesario para sanar la terrible herida abierta que debían atender.
—Así se habla, Trunks.
Continuará...
Nota
¡Esta vez más largo! si, ya superó las 4 páginas de Word. Ahora serán 6. Espero que no me tarde tanto en escribir. En cuanto a las Review; me encanta que se estén metiendo tanto en la historia, y que pese a lo dramática que hago la trama les encanta. Quiero que sepan, y además esto lo indiqué en mi perfil: me encanta el DRAMA. Soy amante de ese genero en la literatura y yo soy de las que piensan: "sin un buen drama, no sería una trama tan interesante". No sé si alguien más piensa igual que yo, pero eso es lo que llevo en mi cabeza; y no soy una chica depresiva ni nada de eso, sino que todo lo contrario. Soy una persona muy carismática y alegre (?
Con respecto al capítulo, me parecía más interesante que Vegeta resultara herido, como Gohan en la película "los guerreros del futuro". Si bien había hecho algún que otro fan art de Vegeta sin su brazo derecho, esta era la razón.
Espero que les haya gustado, y con mucho gusto esperaré las review. Una siempre es más interesante que la otra y siempre me animan, me inspira y me encantan :3
