Amnesia
IX
Una nave apareció en los cielos, nacida de un resplandor que desapareció en segundos, dejando descender a la dichosa máquina del tiempo. En cuanto tocó tierra, dos guerreros, completamente maravillados por el extraño viaje, emergieron de la nave para pisar el pasado tan nostálgico, al menos para el príncipe de los saiyajin.
Ambos se escondieron detrás de las montañas, para que nadie sospechara sobre su llegada.
Trunks observaba el escenario de lejos, mientras que Vegeta se preparaba, cubriendo su cabeza con la capucha de su largo saco azul, un azul bastante oscuro y frío, sombrío como la vida que les tocó vivir en su tiempo; se cubrió las manos con guantes, incluso ese brazo robótico que a cualquiera espantaría a primera vista. Bien preparado, el príncipe dio una señal con su mano para indicarle a su hijo que ya era momento de ponerse en acción. Así la máquina del tiempo fue encapsulada; Trunks preparó su espada y Vegeta se mantuvo en constante guarda, precavido y astuto. Esta vez le dejaría el trabajo a Trunks: la simple tarea de aniquilar a Freezer y a su padre.
Todos los guerreros Z temblaban ocultos entre las rocas, expectantes de las acciones de Freezer y sus hombres. ¿Quién iba a salvarlos ahora? El príncipe Vegeta, ese gruñón de camisa rosa, no iba a poder contra dos tiranos, uno más poderoso; no iba acabar con ellos, no cuando el súper saiyajin —Kakarotto— no pudo terminar su misión en Namek.
«Estamos perdidos. No saldremos vivos de esta» pensaban algunos, presos del pánico, sin otro deseo más que escapar, sabiendo terriblemente que serían asesinados a fin de cuentas, y quizás de la forma más dolorosa posible. Pero de repente, cuando ya casi toda esperanza estaba a punto de desplomarse, se pudo ver una silueta aparecía de la nada, como por arte de magia, acompañada de otra silueta de, aparentemente, un encapuchado misterioso; ambos sujetos guardaban una inmensa calma, a pesar de tener un ki bastante bajo.
—¿Quiénes son esos sujetos? —indagó Bulma, achicando sus ojos para poder ver desde semejante distancia.
—No lo sé, pero con ese ki no podrán hacer nada. —agregó Piccolo, que observaba atento a los recién aparecidos, así como todo el grupo los miraba.
El encapuchado descendió hasta quedar sentado en una de las tantas rocas de alrededor. El joven de cabello lila se acercó hasta el emperador del universo, justo cuando este había ordenado a sus hombres que atacaran a la tierra; cuando los hombres prendieron vuelo para ser lo ordenado, una oleada de afilados espadazos los rebanó a cada uno, dejando caer sus cuerpos en una pila de simples cadáveres mutilados, aterrorizando a los pocos hombres que continuaban con vida e intrigando a Freezer, que junto a su padre miraba al causante de tanta muerte.
El guerrero descendió quedando frente a frente con el Lord y su progenitor. Podía notarse la terrible diferencia de poderes que existía entre ambos. Parecía que matar a simples hombres había sido fácil, pero con el ki de guerrero desconocido, no cabía duda que el que tenía la batalla ganada era esa lagartija reconstruida.
—¿Se te ofrece algo, terrícola? —dijo Freezer, con una sonrisa entre burlona y natural.
—He venido a matarlos a todos ustedes —respondió el muchacho, con firmeza y seguridad, más esa intimidante mirada seria que daba más significado a sus palabras.
—¿Qué vienes a matarnos? —burló, fingiendo estar sorprendido—. ¿Oíste eso papá?
Ambos rieron roncamente en unísono, confiados y completamente extrañados porque un "gusano" se atreviera a retarlos de esa manera.
—Eso lo dijiste porque no nos conoces.
—Si los conozco —corrigió de inmediato—. Tú eres Freezer, ¿no es verdad?
Esta vez, la sorpresa de Freezer se intensificó haciéndola más notable.
—No tienes por qué sorprenderte. Sé todo sobre ti.
—Me siento muy alagado , al saber que la gente de este insignificante planeta sabe algo sobre mí. Aunque parece ser que nadie sabe que yo soy el guerrero más fuerte de todo el universo, y mi deseo es conquistarlo. —presumió con elegancia y vulgaridad pero, pasando por alto las palabras de Freezer, el misterioso joven respondió algo completamente diferente a lo que Freezer imaginaba.
—Hasta se exactamente el lugar donde vas a morir.
—Pero qué disparates dices —fue su única respuesta después de enfurecerse terriblemente ante aquellas palabras, que para Freezer, parecían ser una simple mentira—. ¡Elimínalo!
—Sí, señor —uno de sus hombres, de tez verde, aceptó la orden del Lord sin vueltas.
—Y ustedes encárguense de los demás terrícolas.
Parecía estar todo definido. Los hombres de Freezer se "encargarían" de todo lo ordenado. El encapuchado, al que solo podía vérsele los labios, torció una sonrisa ingenua, recordando cómo era Freezer en tiempos más lejanos.
—No has cambiado en nada, Freezer —susurró para sí mismo, acomodándose en la misma roca que estaba sentado, listo para disfrutar del espectáculo que estaba a punto de iniciarse, sin mostrar ni el más mínimo grado de temor. Al parecer, el viaje, si iba a ser bastante reparador y satisfactorio.
Los soldados se dispersaron, rodeando al joven en un semicírculo.
—Escúchenme. Les advierto que mejor no se atrevan, porque todos ustedes también morirán aquí.
Los soldados no se creían aquellas palabras, por lo que amenazaban y gritaban al joven, sin tomar aquella advertencia como algo real, más bien, parecía que lo que el guerrero dijera, era un completo chiste. De hecho, uno de ellos, el que debía aniquilarlo, midió su poder de pelea con su rastreado, informando a los demás que el poder de pelea del desconocido era mínimo; con un nivel de cinco nadie iba a espantarse. El mismo soldado se rió en su cara, apuntó su arma y disparó esperanzado en que terminaría muerto; sin embargo, para su mala suerte, el guerrero desvió el disparo y lo hizo estrellarse contra una de las montañas del desértico terreno. Así más disparos fueron lanzados, y continuaban obteniendo el mismo resultado.
Esta vez era de temer; el hombre de Freezer se estremecía con temor, y para colmo, el guerrero había movido su cabello a un lado innecesariamente, con galantería y superioridad. Sin aviso previo, el desconocido se abalanzó hacia adelante para contra atacar y terminar con la vida de su agresor. Al percatarse de esto, Freezer dio media vuelta y observó sobre su hombro, maravillado, tal vez ilusionado con los poderes de su nuevo enemigo. Luego de eso, los demás hombres intentaron atacarlo, pero nuevamente fue en vano, pues todos terminaron probando del filo de esa maravillosa espada, que con el inmenso poder que inesperadamente surgió del terrícola, hacían una magnifica combinación. Gracias a ello, Freezer fue tan gentil de subvencionar un pequeño alago, respetado pero menospreciado por el guerrero que seguía igual de despreocupado.
Por otra parte, el grupo que se ocultaba tras las montañas, quedó terriblemente impactado al percibir tal energía descomunal, tal vez más grande que la de Freezer, o quizás al mismo nivel, que en un segundo había acabado con todo un grupo inmenso de soldados. Vegeta sacaba sus conclusiones individualmente y en sus pensamientos; se había dado cuenta de que ese ki en realdad pertenecía a la de un saiyajin. ¿Pero cómo? No era Kakarotto, ni mucho menos. Dudas y dudas emergían, pero no se quedarían con la intriga; habían perdido de vista a los extraños que se habían aparecido, y querían saber qué era lo que pasaría con ellos, o con Freezer. Tenían que averiguarlo de una forma u otra.
Con respecto al joven, continuó siendo alagado por King Cold, quien admiraba esos magníficos poderes. Pero su admiración desapareció un momento cuando el muchacho anunció que tanto padre como hijo serían asesinados.
—Goku no es el único súper saiyajin de este lugar. Aquí tienes a otro frente a tus ojos —confesó, dejando a Freezer en un shock temporal.
—¡Pero que buen chiste! —Reía y reía más fuerte—. Nunca había conocido a alguien tan gracioso como tú.
El viento se hizo un poco más fuerte, y fragmentos de las montañas que anteriormente habían sido azotadas con disparos se elevaron en el aire, anunciando un incremento de poder, que crecía y crecía a cada segundo, anulando las carcajadas de Freezer y su padre. Se detuvieron a ser testigos de la transformación del apodado niño, que cambió el color de su cabello en un parpadeo de ojos, a un color bastante familiar para el emperador. Ese dorado intenso, brilloso y celestial. Hacía temblar la tierra en un pequeño sismo. Y los ocultos tras las montañas estaban convencidos de que el dueño de esos poderes era nada más y nada menos que Goku, el único que había alcanzado tal poder de saiyajin; no obstante, el único que no estaba de acuerdo con el resto era Vegeta, que se enfurecía de tan solo pensar que alguien más, además de Kakarotto, tenía el poder de la leyenda de su raza. En cuanto al encapuchado, continuaba en su misma postura, relajado desde su lugar, continuando con su constante observación.
Freezer continuaba encarcelado en su miedo, en la sorpresa y los recuerdos, recuerdos de Namek, donde desgraciadamente conoció a su peor pesadilla, a su némesis, al que lo atormentaría por el resto de su vida. Y todo aquello que caracterizaba a Goku, se manifestó en el joven, que a fin de cuentas no mentía.
Había sido terriblemente subestimado.
—¿A qué le temes, Freezer? —indagó el súper saiyajin, y sin pensarlo, Freezer lanzó una pequeña pero poderosa esfera en contra de él.
¿Para qué describir el resto? Freezer terminó partido a la mitad; un nuevo voluntario que había sido víctima de un releje. Ahí iba otra vez, mal herido, y aun peor, asesinado. Los prófugos en las montañas habían sido testigos de la terrible ejecución; sin duda estaban completamente sorprendidos. Tan solo quedaba eliminar al otro monstruo.
Parecía imposible de creer; el forastero enfrentaría al padre del que acababa de asesinar. Era increíble el descaro de King, pero a pesar de que este le ofreció ser su padre, el extranjero se negó. Para colmo, acabada la charla, y después de que el muchacho le entregase su espada, el otro misterioso, el que se había estado relajando, manteniendo si vista en el escenario, tronó sus dedos, su cuello y levantó vuelo hasta interponerse entre los dos rivales. Cold reiteradamente se llevó una sorpresa. ¿Realmente había más guerreros? De eso no estaba seguro, pero su verdadera duda era saber si él también era un súper saiyajin.
—¿Qué sea tu hijo? ¿Qué clase de oferta es esa? —Reía el encubierto, masajeando sus hombros e imponiéndose frente al que se dirigía con sus preguntas—. Yo me encargaré de eliminarte.
Dicho eso, Cold no hizo más que comenzar a reír, mientras el súper saiyajin volvía a la normalidad con su cabello lila. Aun así las risas del rival no cesaban, hasta el momento en que otro incremento de poder surgió erizándole la piel.
—¿De qué te estás riendo? —pronunció con firmeza, y sin esperar respuesta alguna, dejó escapar de su mano una esfera de ki que parecía inofensiva pero, cuando impactó con su objetivo, perforó el abdomen de King, haciéndolo desprender un fuerte grito de dolor.
Detrás del acto, el adolescente recuperó su espada, la empuñó y sin hacer el más mínimo caso a las suplicas de su víctima, decidió cortarlo y convertirlo en polvo de un solo golpe. Para entonces, el grupo que finalmente había llegado después de escalar gran cantidad de acantilados, otra vez había presenciado un magnífico trabajo; pera más sorpresa, uno de los guerreros misteriosos ni había precisado transformarse para eliminar al más poderosos del dúo que ya había sido asesinado.
Todos los demás quedaron varados en un mismo lugar, observando a los que los habían salvado. El muchacho sonrió, mientras que el "disfrazado" con su capucha se mantenía en silencio, sin hacer ningún gesto, ni pronunciar una sola palabra, pegando su mirada oculta en todos los presentes. Por otra parte, el joven sacó del bolcillo de su chaqueta una pequeña caja equipada con una pequeña cantidad de capsulas, de las cuales seleccionó una y des encapsuló su contenido.
La desconfianza de todos estaba; en cuanto el humo naranja de la capsula se dispersó y el dueño de esta se acercó al artefacto para abrirlo, se dieron cuenta que era un simple refrigerador que guardaba sodas, ofrecidas por parte del guerrero.
—Tenemos tiempo antes de que llegue Goku. ¡Miren! —Tomó una lata—. Hay suficientes bebidas. Si gustan pueden tomarlas, con toda confianza.
La primera en acercarse fue Bulma; si, esa mujer tan confianzuda, despreocupada y atrevida iba a tomar una bebida de la nevera de un completo desconocido; eso no le importaba, cuando se trataba de sed en medio del desierto, al diablo con la desconfianza. De la misma forma pensaba Gohan, que corrió al lado de la muchacha para agarrar uno de los refrescos.
Y cuando estuvieron lo suficientemente cerca, la mirada del que vestían con ese saco azul se dirigió inmediatamente a los dos, pero aún más a la fémina. No había número, ni palabras para describir la cantidad de sentimientos que regresaron. Por un momento pudo sentir como su corazón volvía a latir; como los ojos azules, esos hermosos ojos finos de mujer lo atrapaban profundamente, en ese hechizo que creyó no volver a sentir jamás, pero hay estaba, pegando sus ojos negros a los de ella, deseando con ansias abrazarla, besarla, decirle entre susurros, lo mucho que la había extrañado; no debía dejarse llevar, no podía descontrolarse ni dejarse manipular por sus sentimientos por más difícil que fuera, sino metería la pata terriblemente y todo debía salir a la perfección; más tarde tendría tiempo para revelar su verdadera identidad a ella. Y sin más, cuando recuperó sus sentidos, soltó un minúsculo gruñido al no poder realizar lo que tanto deseaba, para luego darse media vuelta y alejarse del grupo, sentándose en el suelo, de espaldas a una roca que sería su respaldo.
Después de eso, Trunks contiguamente pudo darse cuenta de quién era su madre. Vaya, que bella mujer; su padre no había sido tonto, ni mucho menos había desaprovechado a una mujer tan magnifica como aparentaba ser Bulma. Al fin podía descubrir a quien había sacado esos ojos claros y ese espíritu valiente. En cuando a Vegeta, técnicamente su padre que tanto conocía, mantenía el ceño fruncido, con una vestimenta bastante colorida para lo que imaginaba, con ambas manos en los bolcillos del pantalón, y un temperamento que, sin haberlo vivido, denotaba orgullo, frialdad y maldad pura.
¿Con que ese era su padre? Lo veía más pequeño, más odioso y terco.
Al pasar las horas que el muchacho había predicho a todos, tres para ser exactos, luego de haber disfrutado de los refrigerios y permanecer hundidos en un silencio incomodo, donde nadie podía ver a nadie por inquietud, fue cuando el predicador se levantó del montículo donde descansaba y anunció algo técnicamente imposible. Observó su reloj y dado que el tiempo había pasado pronunció: —Ya pasaron las tres horas. Goku llegará en cualquier momento. —al mismo tiempo, todos elevaron la vista al cielo, divisando algo diminuto que se acercaba a gran velocidad, y dicha minoría era una nave esférica que abordaba al dueño de un ki familiar. ¡Goku había regresado! ¡Todos corrían a su encuentro!
—¿Q-… Qué hacen en este lugar tan desolado? —se preguntaba el recién llegado, impactado por la presencia de todos sus amigos en un lugar que ciertamente era casi imposible de encontrarlos.
¿Cómo era eso posible? Allí estaba el dúo misterioso, parados juntos uno al lado del otro, con pequeñas sonrisas dibujadas en sus rostros irreconocibles.
Al salir del cráter, Goku interrogó a sus amigos, que le confesaron quienes habían acabado con Freezer y su padre, y que luego les revelaron su llegada. El saiyajin no podía creerlo; miraba detenidamente los sujetos, pero no tenía idea de quienes eran.
El joven le pidió a Goku una charla en privado, a la cual el invitado aceptó, alejándose del grupo acompañado de ambos extraños. Una vez a solas, el mismo sujeto le pidió un favor: —¿Sería tan amable de transformarse en un súper saiyajin? —el pedido dejó a Goku sin palabras.
—Se lo pido por favor.
Los tres permanecieron en silencio ordenando ideas, hasta que finalmente Goku aceptó con un gesto de confianza. Los otros dos esperaban a que lo hiciera, y el resto del grupo que analizaban todo desde lo lejos se exasperaban en la intriga; todos menos Piccolo, el único que poseía una increíble audición, pudiendo escuchar cada palabra, agregando su aguda vista de águila.
Dos súper saiyajin aparecieron ante los ojos de todos. Goku estaba tan impresionado como los demás lo estaban; nunca nadie se había imaginado que pudiese haber alguien más con semejante poder, pero así era. Y Vegeta apretaba sus puños, mientras la sangre le hervía como la lava de un volcán; Mirai Vegeta sabía cómo se sentía su versión más joven: invadido de ira, odio y desesperación, más la desesperación que le daba darse cuenta de que habían dos súper saiyajin antes que él. Y verse al mismo en esa postura le daba gracia, no por lo ingenuo y estúpido de la ironía, sino por los recuerdos que le volvían como un huracán interminable.
Volviendo a los guerreros de cabello dorado, estos iniciaron una amistosa pelea, donde meramente el más joven intentó atinar a Goku con su espada, sin esperar que este la detuviera como lo había hecho varias veces, con un solo dedo. La prueba estaba hecha; Goku era el poseedor de un prodigioso poder.
—Excepcional. Tal y como me lo habían contado. ¡No! Quizá sea más que eso —ladeó su cuerpo a un lado para que la espada encajara en la funda que llevaba en la espalda—. Esta gran espada fue capaz de cortar a Freezer en dos.
—No creo que hayas peleado con todas tus fuerzas.
—Veo con satisfacción que puedo confiar en usted. Le contaré todo.
Próximo a rebelar la verdad, los demás estaban petrificados luego de presenciar algo tan genial como ese sencillo enfrentamiento que, a los ojos de ellos, no era para nada sencillo.
—Mire, lo que le voy a contar quiero que lo mantenga como un secreto, por favor.
—No te preocupes, puedes hablar con toda confianza porque es muy difícil que me hagan hablar.
—Quizá para todos ustedes que viven en esta época les resulte algo increíble, pero he viajado junto con mi compañero en una máquina del tiempo que se construyó veinte años en el futuro.
—¿¡Qué!? ¿Vienes del futuro, de veinte años después? —vociferó pasmado por la información tan delicada que había acabado de oír.
—Si —afirmó y continuó—. Bueno, mi nombre es Trunks, y usted se preguntará por qué tengo sangre de guerrero saiyajin. La razón es muy sencilla y es porque Vegeta es mi padre.
—¿¡Qué!? ¿¡De Vegeta!? —Volvió a decir, con la misma impresión—. ¡N-… No, no puedo creerlo! ¿¡De verdad eres el hijo de Vegeta!? —el joven asintió y el misterioso que persistía detrás de Trunks gruñó por lo absurdo que lucía Goku con esa cara que, desde siempre, detestó—. Se parecen. ¡A-… Ahora que lo dices se parecen mucho!
Goku se volteó para ver a Vegeta, el gruñón que permanecía parado con su mejor cara para comparar a Trunks.
—Con que va a ser padre…
—Yo naceré dentro de dos años aproximadamente.
—¡Ja, ja! Sí que me sorprendiste.
—Pero no viajamos en esa máquina del tiempo para contarles esto. Goku, quiero que usted sepa algo de suma importancia, por favor, escúcheme —a esto, Goku volvió su mirada a Trunks y escuchó con atención—. En esta época, dentro de tres años, el día doce de mayo a las diez de la mañana, en una pequeña isla que está a nueve kilómetros de la capital del sur, dos individuos poderosos aparecerán. Serán unos terribles monstruos que nadie dominará y todos creerán que no son de este planeta.
—¿De quién se trata? ¿Son extraterrestres?
—No. Son androides súper dotados, hechos en este mundo, conocidos como humanos cibernéticos, y su creador en uno de los científicos locos de la famosa patrulla roja: el doctor Maki.
—¿Qué dijiste? ¿La patrulla roja?
Recuerdos amargos regresaron de aquel bastardo. Era terrible la idea de saber que ese gusano aún continuaba con vida, haciendo de las suyas en la tierra.
—¿Por qué sigue con vida? ¿Aun continua con la idea de conquista al mundo?
—No sé cuál es su objetivo, pero lo más seguro es que el doctor Maki quiera cumplir esa ambición. Sin embargo, los androides asesinos que él construyó con esmero durante varios años… ellos fueron los que mataron a su propio creador, el temible doctor Maki. Lo que quiero decir es que esos androides, que disfrutan la vida asesinando gente y destruyendo lugares enteros, aún siguen con vida.
—Si quien fue capaz de derrotar a Freezer y a sus hombres está diciendo que los próximos enemigos son unos monstruos, quiere decir que se trata de algo realmente muy grave.
—Sí, yo traté de pelear con ellos, pero eran dos oponentes invencibles. Aun con uno me tuve que ver en la penosa necesidad de huir para salvar mi propia vida.
—¡Espera un momento! ¿Me dijiste que peleaste tu solo? ¿Qué no había nadie que te ayudara?
—No, señor —agachó la mirada.
—¿¡Qué!?
—Lamento decirle que soy el único guerrero que quedó después de veinte años. ¡Tal y como lo oye! ¡Soy el único guerrero que quedó después de veinte años! En la pelea que será dentro de tres años, mi madre, Krilin, Yamcha, Ten Shin Han, Chaoz, Piccolo, todos mueren asesinados. Gohan, quien apenas sobrevivió a esa batalla, me enseñó a pelear. A decir verdad, él fue mi maestro, pero desafortunadamente murió después de unos años. Usted debe saber mejor que nadie que, si Piccolo muere las esferas del dragón desaparecerán, y es por esa razón que no pudimos revivir a ninguno de ellos. A medida que transcurrió el tiempo, los androides fueron asesinando a las personas como si fuera una diversión, y por su culpa convirtieron el futuro de este mundo en un infierno —recordarlo hizo que Trunks se enfureciera; recordar a su maestro, a su padre y sus sacrificios, todo le recordaba su amarga vida llena de desgracia—. ¡No! Son terriblemente fuertes.
—¡Oye, espera un momento! ¿Y yo qué? ¿Qué pasó conmigo? ¡Cuéntamelo! ¿Esos tipos también me mataron? ¿O qué?
Ante tanta conmoción, tantas preguntas e incesantes alaridos, el encapuchado que estaba detrás de su hijo no pudo aguantar más y decidió ser el mensajero.
—¡No exasperes! —dijo—. ¡Tú no pelearas! Padecerás de una enfermedad y morirás a causa de ello —agregó lo último con calma en su voz.
—¿¡Qué!?
—¡Maldición! —Gruñó y mantuvo la calma—. Tu enfermedad atacará a tu corazón. Por más guerrero súper saiyajin que hayas sido es lo único que no podrás superar.
—¡Que mala suerte! Las semillas del ermitaño no curan las enfermedades —volvió a alardear con desgano y enojo—. ¡Demonios! Me voy a morir, ¡que humillación! Y yo que quería pelear contra esos sujetos, ¡no es justo! ¡NO ES JUSTO!
—¿Es demasiada humillación para usted si no pelea, Goku? —Interrumpió Trunks—. ¿No tiene miedo, señor?
—Sí, tengo miedo, pero son unos tipos muy fuertes, ¿o no? ¡Y yo que tenía deseos de conocerlos y de poder pelear contra ellos!
—Indudablemente, señor. Usted es un poderoso guerrero saiyajin. Todo lo que me ha contado mi padre y Gohan sobre usted era cierto —dijo con una sonrisa—. ¡Usted es digno de confianza! Qué bueno que lo conocí.
Luego de ello, Trunks sacó de su bolcillo un pequeño objeto, muy similar a una capsula, pero en lugar de eso era un frasco, que contenía dentro pequeñas pastillas. Lentamente se aproximó a Goku y le entregó la medicina que sería capaz de futuramente salvarlo de tal enfermedad.
—Si se siente enfermo, procure tomar esto.
—¿Qué es eso? —indagó tomando lo que Trunks le ofrecía.
—Es su medicina. En esta época es imposible curar una enfermedad como la suya, pero después de veinte años se encontró la cura. Con esa medicina usted tendrá una larga vida.
—¡¿Lo dices en serio?! ¡Qué bien! ¡Fantástico! ¿Por qué no lo dijiste antes? Ya me estabas preocupando, Trunks.
—Mire, señor. Lo que estamos haciendo no es correcto porque hemos cambiado completamente la historia, pero es preferible que vivir en ese infierno. Confiamos plenamente en que usted podrá hacer algo para salvar este planeta. Según lo que me contó mi padre, todos los guerreros, e incluso mi madre tenían las mismas esperanzas, y es por eso que en cuanto los planos de la máquina del tiempo que diseñó mi madre fueron encontrados, mi padre hizo lo posible por construirla.
—¡A ver, espera un segundo! No me dijiste quién era tu mamá, ¿acaso ella me conoce?
—Sí, y mucho.
—¿E-… Ella diseñó la máquina del tiempo? —decía Goku sumergiéndose lentamente en un shock que se incrementaba medida la intriga crecía—. N-No me digas que… que tu mamá es… es…
—Así es. Ahí está.
Detrás de esto, Goku soltó un grito descontrolado, perdiendo el equilibrio luego de saltar de la sorpresa. Contiguo a ello volvió a gritar el nombre de su amiga que solamente Piccolo fue capaz de escuchar. Por otra parte, Vegeta, que se mantenía encapuchado detrás de su hijo, se cruzó de brazos y soltó un gruñido al notar lo patético del guerrero; pero cuanta nostalgia recordar a ese tonto.
—Yo pensé que Bulma se iba a casar con Yamcha, pero al final se quedará con el gruñón de Vegeta…
—¡Eso no importa ahora, Kakarotto! —Vociferó el príncipe de misteriosa identidad—. Más te vale que esto lo mantengas en completo secreto, porque si mi hijo no está en este tiempo para cuando regrese, te juro que me las vas a pagar. ¿Quedó claro?
—¡Sí! —Respondió Goku animado, contento de al fin descifrar quién era realmente el que se escondía detrás de ese saco azul—. Aún en el futuro eres un gruñón, Vegeta. ¡Nunca cambias! —rio, rascándose la nuca.
—Tonterías…—agregó el príncipe y continuó metido en su silencio.
—Supongo que debes de ser más poderoso que el Vegeta de esta época, ¿no es así? —Sonrió frunciendo el ceño—. Espero algún día enfrentarme contigo. Quisiera probar tu poder.
—¡Hmp! Tú tampoco cambias, Kakarotto
Acabada la charla, y cuando los tres eran conscientes de que cada uno debía tomar su camino, se despidieron sin más. Goku volvió con su irónico grupo y los mirai se perdieron entre las rocosas montañas, para allí des encapsular la máquina del tiempo y volver a su época.
—Vaya, creo que ha sido una charla demasiado larga —recalcó Vegeta—. No veía el momento de volver. ¿Era necesaria tanta información?
—Creo que sí, aunque en ningún momento interferiste para decirme lo contrario, papá.
—Claro que no, confío en que ese tonto de Kakarotto no dirá nada —agregó con una sonrisa. Y la máquina lentamente prendió vuelo con ambos guerreros dentro.
Allí iban otra vez, partiendo de un pasado temporalmente maravilloso, para regresar al futuro que continuarían viviendo. Debían aprovechar las vistas; el cielo celeste; los guerreros que los saludaban moviendo la mano de un lado a otro; y Vegeta, que sin poder evitarlo, pegó sus ojos negros nuevamente a los de Bulma. Gran dicha tenía de volver a verla, tan hermosa y perfecta. Viéndola detenidamente, él no tenía ganas de irse, pero inmediatamente el paisaje desapareció, iniciando el viaje en el tiempo que amargamente los devolvería a donde pertenecían.
El cielo negro; la ciudad completamente destruida, con edificios y hogares invitados; la corporación capsula, como siempre, apenas se mantenía en lo que quedaba de ella; los campos sin vegetación, ningún rastro de vida; nuevamente en el infierno.
Al descender en el patio de la mansión, el dúo guardó la máquina del tiempo y sin decir nada tomaron distintos caminos para hacer lo que les placiera, aprovechando el corto tiempo —de dos días aproximadamente—, hasta que el combustible de la máquina fuera reiteradamente fabricado. Trunks decidió entrenar en los campos, no muy lejos de la corporación, mientras que Vegeta se perdió dentro de las ruinas de su antiguo hogar, donde actualmente mantenía vivo lo último que le quedaba: un inmenso jardín, el mismo que cuidaban Bulma y su madre dentro de un gigantesco domo de cristal. Se perdió entre los arbustos hasta encontrar el lugar ideal donde recostarse, bajo la pequeña luz solar artificial que él mismo había construido; esa luz le entregaba la misma escasa calidez del sol, sol que otra vez había desaparecido. Los días bellos eran pocos; tanto padre e hijo dudaban que tal maravilla volviera aparecer…
Aunque fuese un pequeño rayo del cielo.
Colocó sus brazos detrás de su nuca, recostado bajo el pequeño árbol de sakura, disfrutando del pequeño calor y de la suave brisa que ingresaba por las quebraduras del vidrio que tan duro y fuerte se mantenía, resguardando la belleza natural que la tierra aún conservaba. Cerró sus ojos y relajó sus músculos, soltando un satisfactorio suspiro detrás de los recuerdos que emergieron de la profundidad de su conciencia: recordó cada ocasión que había sido participe de cenas familiares, y lo más fascinante era que no le disgustaba en lo más mínimo.
Haber vuelto a encontrarse con Bulma —aunque no fuese de su misma época—, le había refrescado tanto la memoria. Le provocó sonreír, luego mostrar sus dientes, y finalmente soltar una risita confusa, construida por el pasado y el presente. ¡Cuántos cambios!
—Volveré a verte, mujer…—susurró dejándose llevar por su cansancio, que lo arrastraba sigilosamente a su sueño profundo—. Volveré… a verte.
Y los pétalos del sakura cayeron a su alrededor, entregándole el sencillo regalo de la paz y la nostalgia.
Continuará...
Nota
¡Buenas noches, mis amores!
Quiero decirles que sus review me inspiraron tanto que no me pude resistir. Tuve que actualizar para ustedes porque se lo merecen. Y bueno, en este capítulo tuve que utilizar algunos diálogos originales de la serie, tales como los tiene este capítulo. También quiero decir que esta es la ultima vez que utilizaré diálogos de la serie, pues en los siguientes capítulos, pienso usar una conversación entre personajes, que sea de mi originalidad.
Mientras tanto, espero que tengan una linda noche. Y dentro de poco actualizaré, no diré cuándo pero lo haré.
¡Hasta pronto! :3
