Pétalos de vida
X
Al cabo de tres años, tal y como todo estaba predicho, los guerreros Z se habían reunido en la isla que el misterioso muchacho de futuro les había dicho. Una vez todos juntos se saludaron mutuamente, pues claro había pasado mucho tiempo sin verse las caras, metidos en entrenamientos agitadores y beneficiosos. Sin embargo, la gran sorpresa no fue encontrarse, compartir algunas risas y ver cuánto había cambiado cada uno, sino la magnífica Bulma Brief. Ella siempre solía sorprender a sus amigos, mostrando un nuevo look o vehículo, pero por esa vez Bulma había sobrepasado ese límite de sorpresa.
—¿Qué es lo que pasa, muchachos? —indagó la mujer, que sin problemas cargaba con un pequeño bebé en sus brazos. El mismo se había convertido en el centro de atención, y tímido el pequeño niño escondió su mirada en el pecho de su madre.
Luego de aclarar la simple pregunta «¿Quién es el padre del niño?» fue cuando el asombro colmó en todos.
—Tu eres el hijo de Vegeta ¿Cierto, Trunks? —interrumpió Goku superando las maravillas de Bulma por mucho más.
Tal parecía que todo era un juego de desconciertos...
«¿Cómo es que él sabía tal cosa, si no se lo había dicho a nadie para conservar la noticia como una sorpresa?»
Quitando del camino la loca idea de imaginarse a ese príncipe gruñón de padre y las incesantes dudas de la nueva madre, todos decidieron prestar atención a la ciudad que se albergaba en la isla. Prendieron vuelo hasta aterrizar en las calles de la ciudadela, donde debían encontrar a los androides, aunque fuese una mínima señal de ellos. Y así es como los encontraron. Yamcha se había convertido en la primera víctima del grupo en experimentar el poder de esas espantosas criaturas, que para colmo era el Dr. Gero, acompañado de unas de sus creaciones.
Al guerrero le habían extraído todas sus energías, y sin contentarse fue perforado en el pecho. La agonía era próxima. No faltaba mucho para que Yamcha terminase asesinado; el dolor no podía compararse con ningún otro, jamás, por lo que parecía que su muerte sería lenta y dolorosa. Para su suerte, los demás habían llegado a auxiliarlo antes de que fuese demasiado tarde, llevándose a Yamcha lejos del lugar.
Las cosas pasaban tan rápido que de un momento a otro ya se encontraban volando en dirección a campos desolados. Allí se llevaría a cabo la primera pelea contra el androide Diecinueve, sujeto que no debía subestimar, ni ser subestimado. La semejanza de poderes no era mucha. Parecía ser que Goku podía ganarle, pero como había sido antes mencionado: «no debía ser subestimado». Así inicio el combate, que aseguraba duros golpes, acompañado y decorado de grandes destellos que desvanecían las nubes.
Era cosa del tiempo para determinar si lo que continuaría sería la derrota, o la deseada victoria.
Por otra parte, la intrépida y aventurera Bulma, sin haberse sentido satisfecha, abordó una nave junto al inseguro y asustado Yashirobe, para volar hasta el campo de batalla. Y aun sabiendo lo peligroso que podía llegar a ser, no le importó llevar consigo a su bebé. Incluso pasaba por alto las constantes amenazas del copiloto, que no dejaba de decir que lanzaría al chiquillo por la ventanilla. No obstante, dejó las amenazas a un lado cuando Bulma contraatacó diciendo que el padre del pequeño era, nada más ni nada menos que el orgulloso príncipe de los saiyajin. Pensar en ese sujeto le calabaza hasta los huesos, le erizaba la piel y le ponía los pelos de punta. Sostener al primogénito del orgulloso guerrero y mantenerlo a salvo era lo conveniente, a terminar carbonizado. Y mantenerlo protegido de su loca madre parecía algo más lógico todavía.
Mientras tanto, en el campo de batalla. Los guerreros estaban en aprietos. Goku estaba siendo terriblemente golpeado por Diecinueve, sin que el saiyajin fuese capaz de acertar ni un solo golpe. En ese momento se habían percatado de que el problema no era el androide robando energía, sino que la letal enfermedad estaba afectando el corazón del saiyajin, junto en ese preciso momento. Y pensar que días, semanas o meses atrás no había tenido ningún problema, cero inconvenientes; Goku había llevado una vida tranquila y sin otra preocupación más que entrenar arduamente para enfrentarse a las nuevas amenazas.
Todo se había vuelto una maldita pesadilla.
¿Qué iban a hacer sin la ayuda de un súper saiyajin? La pelea estaba más que pérdida si ese era el caso. Pero cuando nadie lo esperaba, cuando todos esperaban que Goku fuese asesinado y siguiera el turno de ellos, hizo acto de presencia el ser que menos esperaban que llegara. Pero claro, este estaba próximo a llegar, y había aparecido en el momento más indicado.
Nadie esperaría que él pudiera hacer algo por ayudarlos. No estaban seguros de que Vegeta pudiera darles un mínimo de pelea a esas chatarras, no cuando Goku no había podido.
Y en ese momento fue en el que el juego de las sorpresas había vuelto.
—Yo me transformaré en un súper saiyajin —afirmó Vegeta, con una sonrisa ladina, lleno de orgullo y confianza.
—Eso es imposible. Solo los guerrero saiyajin de corazón puro pueden convertirse en tal guerrero.
Después del argumento del namekiano fue cuando Vegeta puso en marcha su transformación. Y de sus cabellos negros apareció un amarillo tan dorado y brillante, casi celestial y poderoso. Al cabo de unos minutos, la melena del saiyajin era completamente rubia, agregando ese increíble ki desmesurado. Por poco y no parecía que ese era el mismo Vegeta de siempre.
—Mi corazón es puro. Pero de pura maldad —justificó el príncipe, dando pasos decisivos hacia su oponente.
Diecinueve no se quedó atrás. Notando el nuevo incremento de poder no podía desaprovechar; irrefutablemente debía absorber toda esa energía para volverse más poderoso. Para ello capturó las manos de Vegeta, inmovilizándolo temporalmente. Y aun así no era suficiente para frenar el frenesí del guerrero que no iba a dar el brazo a torcer.
En un parpadeo, el temible androide se había convertido en un montón de basura inservible. Vegeta habla salido victorioso en su primera batalla contra los androides. Tan solo quedaba eliminar al creador, que desafortunadamente se había dado a la fuga después de cegar a todos. Se perdió entre las rocosas montañas del desierto e intento ocultarse hasta conseguir aunque fuese una pizca de energía para lograr escapar completamente. Por lo tanto, todos iniciaron una nueva búsqueda, siendo conscientes de lo que era capaz.
Justo en ese momento fue cuando todo se salió de control. Bulma llevaba en su nave junto a Yashirobe y el pequeño Trunks, el Dr. Gero había logrado su cometido absorbiendo las energías de Piccolo, y para finalizar, el joven del futuro y su compañero encapuchados habían llegado "a tiempo", por decirlo de alguna forma.
El adolescente no podía entender quién era realmente ese androide que les daba dificultades a los guerreros; ninguno de los Mirai podía entender que hacía Maki con vida, y cómo era que no podían acabarlo tan fácilmente.
Estaban a punto de atrápalo, pero todos quedaron paralizados en sus pensamientos luego de que el muchacho les dijera que ese androide y el que estaba destruido en el campo de pelea, no eran de los que Trunks les había advertido.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Estos no son los androides, Trunks? —alardeó el guerrero de tez verde, dejando aún más inquieto al príncipe de los saiyajin.
«¿Trunks? ¡No puede ser! Mi hijo... Mi hijo se llama Trunks»
La nave de Bulma llegaba lentamente. Eso era una gran ventaja para el doctor que esperaba cualquier oportunidad para desaparecer. Y sin importarle nada lanzó una pequeña pero poderosa esfera de poder, que con sencillez pudo derribar la nave. Inmediatamente se marchó y la nave se convirtió en una gran bola de humo y llamas ardientes.
Nadie pudo reaccionar a tiempo, pues intentaban encontrar al prófugo. Y nada. El doctor ya se les había escapado.
En cuanto a los tripulantes del vehículo; Trunks y su compañero se encargaron desesperadamente de atraparlos antes de que murieran, producto de la explosión que haría la nave al estrellarse contra las montañas.
Trunks sostenía a su pequeña versión con mucho cuidado en un brazo, mientras en el otro sostenía al copiloto, Yashirobe. En cuando al encapuchado, él se encargó de acunar en sus brazos a la hermosa mujer. Ella no paraba de gritar creyendo que continuaba cayendo. Sin embargo, en cuanto abrió los ojos, abrazo de inmediato a su salvador.
—Gracias ¡Muchas gracias, señor!
—N-... No hay de qué. —Respondió el Mirai, con el corazón acelerado y sus ojos bien abiertos, contemplando a la mujer que en su época le había sido arrebatada.
—¿Dónde está mi bebé?
—Aquí está, sano y salvo —respondió el muchacho entregando el pequeño a su madre, y de inmediato clavó una mirada de odio hacia Vegeta, ese saiyajin que continuaba levitando y buscando con la mirada al androide. Trunks prendió vuelo hacia su padre de esa época y lo encaró con furia—. ¿Por qué no fuiste capaz de salvar a tu hijo y esposa? ¡Pudieron haber muerto!
—A mí no me importa en lo más mínimo lo que les pueda pasar —confesó—. ¡Mejor apártate, insecto!
Cuánta ironía. Pensar que Mirai Vegeta sufrió durante años por la pérdida de su esposa, quizás de sus amigos. Verse a sí mismo como un odioso príncipe orgulloso, le hervía la sangre. Sin embargo, no hizo nada. No pensó en reclamarle, ni en darle la paliza que realmente merecía por ser, él mismo, un asqueroso gusano.
—Muchachos. Ya no estén peleando. Vine hasta aquí para ver a esos androides pero parece que se han escapado.
—¿Estás loca? ¡Este lugar es muy peligroso! —Reclamó el adolescente.
—Ya lo sé. De todas formas si pude ver quién derribó mi nave, y sé quién es.
—¿Y qué con eso? —reclamó reiteradamente el muchacho.
—También sé dónde se encuentra su laboratorio. No está demasiado lejos de aquí, y ustedes pueden volar, así que eso no será un problema.
Vegeta, ese egoísta que había permanecido flotando, escuchó con atención cada palabra pese a su concentración buscando. Descendió de golpe y se acercó a su esposa con una mirada sería y desesperada, preparado para exigir la ubicación del lugar mencionado por la mujer.
—¡Vegeta! No te acerques así ¡Si tienes esa cada de pocos amigos, Trunks comenzará a llorar!
Todos se reían espaldas del saiyajin, notando que este indudablemente había obedecido pese a la gran necesidad de saber lo que necesitaba.
—Ahora que lo dices... —agregó el aún misterioso acompañante—. Yo sé dónde se encuentra ese lugar. De allí fue de donde saqué esto.
Luego de hablar, se sumergió en un silencio suspensivo junto con los demás, que curiosos observaban los siguientes movimientos: con su mano izquierda sacó el guante que cubría a la otra, revelando una mano de acero, esquelética, y escalofriante. Todos se llevaron un espanto, quizás algo de asombro, creyendo que aquello era sacado de una película de terror.
—Entonces... Tú también eres un androide —protestó Vegeta, conservando su transformación dorada, previniendo cualquier ataque sorpresa del desconocido.
—Por supuesto que no —dijo sonriendo—. Esperaba que dijeras eso, Vegeta. Sin embargo, estás muy equivocado, puesto que las extremidades del cuerpo pueden ser reemplazadas por mecanismos, tal y como hizo el Dr. Gero con los dos demonios que aún no han aparecido. Los androides de los que les advertimos no son simples robots completamente metálicos. Ellos eran personas normales que fueron renovadas para poseer un increíble poder, además de ser unos malditos gusanos destructores, programados para cumplir un solo objetivo... Aniquilar a Kakarotto.
—Kakarotto... —susurró el príncipe, y sonrió haciendo una pequeña pausa, acompañadas de mínimos gimoteos—. ¿Por qué no nos enseñas quién eres realmente? Ya llevas demasiado tiempo oculto bajo esas prendas.
Todos aguardaron en silencio, esperando que lo que tuviera que pasar, pasase.
Sin decir nada, el encapuchado puso una mano sobre su capucha y, acto seguido, hizo un lento movimiento que reveló su rostro, dejando a algunos cuantos boquiabiertos.
—¿¡Qué!? —dijeron en un grito al unísono, y Bulma, que lo tomó un tanto "normal", miró a los dos príncipes detalladamente, buscando alguna diferencia. Lo único que encontraba era el semejante parecido que tenían, a pesar de tener algunos detalles que los diferenciaba en lo más mínimo: ese brazo espantoso, la altura que el Mirai ganaba por centímetros, y las miradas contradictorias, que parecían contar distinta historias. Pero los azabaches de ambos príncipes seguían siendo iguales de intensos y profundos.
—Que fastidio. Creer que tuviste que recurrir a un método tan mediocre para recuperar una parte de tu cuerpo, me hace sentir deshonor.
—Espera —interrumpió la científica, acercándose de manera incómoda a Mirai Vegeta. Éste no pudo evitar retroceder milímetros, con nervios y ansiedad—. No entiendo ¿Quiénes son ustedes, si vienen del futuro? Aunque, sé que tú eres mi esposo de unos cuantos años más adelante, pero... ¿Quién es tu compañero?
—No hay tiempo para resolver tus cuestiones, mujer —reclamó el príncipe gruñón. Contiguo a ello, se acercó a paso decisivo hacia su versión futura y le dedicó su mirada más severa—. Será mejor que me digas dónde demonios se esconde ese insecto y sus creaciones, antes de que te haga añicos.
—Está bien —reía tras el comentario—. Se encuentra oculto entre las montañas de la ciudad de sur ¿Qué tan rápido serás para encontrar su escondite? Voy a seguirte el paso.
Algunos gruñidos se escaparon del príncipe menor, elevándose y desapareciendo inmediatamente en el cielo. Detrás de él iban los Mirai, siguiéndole el paso como lo tenían pensado, cosa que, en cierta forma, irritaba al orgulloso guerrero que llevaba la cabeza en el vuelo.
En cuanto a los demás, decidieron hacer caso a las indicaciones de Mirai Vegeta, y prendieron vuelo en distintas direcciones, que de igual manera llevaban al sur. Allí esperaban encontrar dicho escondite. Solo rogaban tener una agudizada vista de águila, para no volver a fallar.
—¡Oigan! No me dijeron quién era ese muchacho —alardeó la mujer, caprichosa y entristecida.
—Ese joven se llama Trunks, y es ese bebé que sostienen en tus brazos pero dentro de veinte años.
Después de la afirmación de Piccolo, éste se marchó para cooperar en la búsqueda, dejando a Bulma desconcertada. Era tanta la curiosidad y la duda que la invadía que comenzó a fijarse en su pequeño. Lo meció con sus manos de un lado a otro, causando risas él, hasta que la madre soltó un grito de alegría. Se sentía realmente orgullosa. Ella dichosa de tener a un niño que futuramente sería el muchacho más guapo de la capital. Siempre lo creía posible, pero debido a ese detalle del bebé Trunks, que vino por defecto en él por herencia de su padre, nunca creyó que esa mirada seria y formal sería un rastro atractivo. Aun así nunca estuvo equivocada, confiaba en sus genes y en los del padre de su hijo. Después de todo Vegeta si era un hombre agraciado, de características y fracciones envidiadas por mucho hombres. Tal vez, si él fuese más descuidado con su retaguardia, muchas mujeres podrían correr detrás del príncipe de los saiyajin. No estaba dentro de Vegeta formar un grupo de admiradores, por eso esa mirada tan severa y espantosa, así mismo su trato frío y distante con los que lo rodean, incluso con Bulma. Pero a pesar de todo eso, ella nunca fue capaz de entender cómo es que un tipo como él se haya fijado en ella, una mujer «cualquiera». Así es, esa era la forma en que él la llamaba, y no solo en sus tiempos de soltería, o cuando aparentaban ser novios…
Siempre fue así. Hasta ahora es así.
Antes de que Gohan pudiera prender vuelo en la dirección establecida por el Mirai, Bulma soltó un alarido para detenerlo, pedirle que la ayudara a volver a casa. De repente el aire del desierto no era tan agradable. Junto con el potente sol y las brisas temporales, el aire se estaba haciendo cada vez más denso y difícil de inhalar. En cuestión de minutos estarían completamente deshidratados, y todo porque carecían de transporte.
Nuevamente Yashirobe comenzó con sus discursos benevolentes y reflexivos, como por ejemplo: «No debimos venir aquí desde un principio». Pero como siempre Bulma lo dejaba en un nivel secundario al de su interés, pasando por alto sus amenazas y sermones.
—Gohan ¿Qué te parece si vamos a mi casa? Me imagino que los chicos estarán hambrientos después de buscar ese lugar. Además tengo muchas cosas que hacer con mi padre, quiero tener todo listo para estar disponible en cuanto llegue ¿Qué dices?
Luego de algunas súplicas, Gohan accedió a llevarla hasta Corporación Cápsula junto a Yashirobe, pues era obvio que lo haría tomando en cuentas todas las desventajas que ella tenía. El eterno corazón de Gohan, lleno de piedad y compasión, al igual que su padre, siempre responderán para salvar hasta al más indefenso.
Así comenzaron el viaje de regreso a la capital del este. En el transcurso, Bulma se daría el respiro de pensar en todo lo sucedido, en su hijo, en su esposo y en el del futuro. Ese del futuro, ese Vegeta es tan diferente, pero más diferente al Vegeta actual es su mirada indescifrable, que sin duda alguna oculta algo doloroso. Ella lo sabe; lo nota en sus ojos cada vez que la mira.
Lejos del desierto en el que estaban, volaba el grupo de guerreros, recorriendo los bosques de la capital del sur, en busca de la secreta guarida, o laboratorio de ese loco científico. Buscaban y rebuscaban si temer a lo que podría llegar a encontrarse, más los príncipes parecían estar jugando. El Mirai sabía bien la posición de aquel lugar, y aun así no revelaba la ubicación, dándole una especie de desafío al otro saiyajin, a ese terco que él mismo alguna vez fue. Trunks notaba ese pasatiempo implementado, cosa que no le agradó en lo absoluto, por lo que encaró a su auténtico padre, para recordarle el motivo de su llegada.
—Papá —murmuró—. ¿Qué se supone que estamos haciendo? Estas perdiendo el tiempo, y tú sabes dónde están esos monstruos. Seguro que Gero aún no los ha encendido y por eso no aparecieron todavía. No podemos arriesgarnos a que este mundo sea igual que en el futuro. Tenemos que terminar con esas amenazas.
—Trunks, no se trata solo de eso…
—¿Entonces de qué más se trata?
Antes de que pudieran continuar con la conversación, se escuchó un grito desde las montañas más pequeñas, oculta entre los árboles. Se trataba de Ten, que increíblemente había sido capaz de hallar una puerta de acero, en la entrada de lo que aparentaban ser una cueva. Evidentemente debía tratarse del laboratorio que buscaban, no había otra explicación para semejante puerta en una cueva, casi al borde de la nada.
De inmediato intervino Vegeta, que continuaba convertido en un súper saiyajin. Tenía ganas de desatar todo su poder y mostrarle a esos androides de que estaba hecho. Siempre había sido así y continuaría siendo así hasta el fin de sus tiempos, o al menos eso era lo que tenía pensado. Mientras todos sacaban sus conclusiones, él se acercó a la puerta. Era imposible frenarle el paso, nadie iba a detenerlo. Levantó la mano y de ella desprendió una poderosa bola de poder, capaz de derribar la puerta sin mucho esfuerzo. Al caer pudieron encontrar a Gero, herido como lo habían dejado a pesar de intentar escapar, acompañado de dos jóvenes androides. Al fin podían ver quiénes eran Diecisiete y Dieciocho.
—Estos son los androides de los que tanto hablaban, ¿no es así? —Vegeta miro a su derecha, donde estaba su versión del futuro. Mirai Vegeta asintió con una mirada adusta, enajenado de todo lo que volvió a su mente, después de años y años combatiendo contra ellos.
—¿Qué te parece si despertamos a número Dieciséis? —convencida, la muchacha se acercó hasta el gran compartimento, donde el androide dormía encerrado. No importaban las advertencias de Gero, era más interesante probar tener un nuevo miembro en su reducido equipo.
Todo esto continuaba siendo un divertido juego.
—¡¿Número Dieciséis?!
Ninguno de los Mirai tenía idea de quién demonios era ese nuevo androide, lo que si sabían era que poseía poderes ilimitados, y que según Gero era una falla. Si bien tener dos androides causando problemas en el futuro ya era un problema, entonces tener un tercero sería un contratiempo aún peor. No se daban una idea de cuán grande podía llegar a ser su poder, no sabían si después de ser liberados comenzarían a destruirlo todo. No sé daban cuenta de nada luego del shock que les causó ver cómo Diecisiete asesinaba a su propio creado, decapitándolo sin más. La cabeza rodó hasta la entrada, quedando a los pies de Krilin. Este último tembló con espanto, pero su tembleque fue peor cuando el mismo verdugo le aplastó la cabeza con los pies para que dejara de hablar.
Trunks que presenciaba todo, recordando pesadamente cada detalle de su vida y las muertes que le tocó contemplar, desprendió su energía con impotencia, al igual que su padre. Ambos recuperaron el deseo de pelear de un momento a otro, ahora tenían ganas de eliminar a esos insolentes con sus propias manos y llevarlos al infierno al que pertenecían. Nadie tuvo tiempo de ver cuando los dos, padre e hijo del futuro, se fueron en contra de los androides. Tenían la certeza de que podían darles pelea, o derrotarlos; tal vez los de esta época eran más débiles. En cuando dieron el primer puñetazo, se dieron cuenta de que estaban equivocados. El poder que emanaba de esos cuerpos era increíble, tanto así que los androides detuvieron cada uno de sus golpes, golpes que ellos mismos aseguraban alguna vez haber asentado con los monstruos de su época. Vegeta y Trunks estaban desconcertados ¿Cómo era posible que sus golpes fuesen leídos a la perfección por estos androides? La razón era una, única, y les causó escalofríos. Estos androides tenían más poderes de lo imaginado, mucho más poderosos, ágiles e inteligentes.
No podía ser posible que la historia fuera a repetirse. Allí miraba Vegeta a la androide Dieciocho, arrodillado, con los ojos cristalizado y la esperanza hecho añicos.
La fémina tomó su brazo robótico, lo sujetó con fuerza y lo golpeó en medio, dejando ambas mitades del brazo unidas, pero inservibles. Y el dueño de aquella extremidad metálica, aunque no pudiera sentir lo mismo dolor que el de un verdadero hueso roto, gritó con euforia sintiendo un punzante dolor en su hombro que lo turbó lo suficiente para dejarlo fuera de combate. Tras ello, Trunks se distrajo y fue alcanzado por una patada de Diecisiete, estrellándose contra un montículo de rocas y terminando inconsciente.
Nadie quiso ir en contra de los androides, ni siquiera el orgulloso príncipe, que tantas ganas tenías de enfrentarlos hace un momento, era capaz de moverse. Algo lo había dejado en shock, pero no sabía qué. Tal vez el verse a sí mismo siendo por poco y destruido por esas criatura, le causó una ira y deshonra interior, incapaz de controlar.
Para cuando volvió en sí, el trío de androides se había escapado a gran velocidad. Primero observó el lugar donde el pequeño equipo de «robots» estaba anteriormente, y luego desvió sus ojos a Trunks y su padre, malheridos y fuera de combate. Quizás ellos no tenían la capacidad de darles problemas a esas chatarras, pero Vegeta está dispuesto a demostrar lo contrario. Así sin importarle nada, ni tampoco a ayudar a los del futuro, inició vuelo en dirección a donde los androides se habían ido. Les daría la pelea de su vida.
Por otra parte, nadie se había dado cuenta de la partida de Vegeta. Estaban más atentos a auxiliar a los Mirai, y aún más al príncipe que no dejaba de temblar. Él nunca había vuelto a sentir tal dolor desde el día en que perdió su brazo, y el dolor era el mismo, o quizás peor. La fortuna era que después de años con altibajos, era posible soportar cualquier dolor, por más doloroso que fuera. Estaba acostumbrado, desgraciadamente tras su asquerosa vida infortunada, estaba demasiado acostumbrado.
—Creo que será mejor irnos a Corporación Cápsula. Allí podrán atender está herida.
—¡Por supuesto que no! ¡Tenemos que derrotar a esos monstruos ahora! No hay tiempo para atender mis dolencias. Eso los hace débiles. Me tienen harto de tanta piedad, ¡maldita sea! —luego de que Vegeta le respondiera a Krilin, se levantó gruñendo y con las piernas temblorosas. Sujetó su brazo roto con mucho cuidado, mientras éste chispeaba y derramaba aceite y, entre ese líquido negro, se distinguía su sangre caer al suelo.
De un momento a otro, ese juego desafiante de encontrar el laboratorio por pura habilidad, se había vuelto un completo dolor, mezclado con arrepentimiento y culpa. Trunks tenía razón, ellos siempre habían tenido en mente el plan para erradicar a esas criaturas. Tenían que haber aprovechado cualquier oportunidad; Mirai Vegeta sabía exactamente el lugar donde se escondía, y aun así prefirió descuidarse.
—¿Dónde rayos está el otro Vegeta? —Piccolo se alarmó lo suficiente como para llamar la atención de todos. Era cierto: Vegeta no estaba en ninguna parte, y su ki no se sentía tan cerca.
—Tenemos que ir a buscar a ese… ¡Idiota! —no podía resistir el alarido, pero el príncipe del futuro odiaba esas manías caprichosa y rebeldes, las cuales le recordaban a sus épocas, asquerosas épocas de ignorancia e indiferencia.
Alguna vez le había gustado ser así, se admiraba. En ese mismo momento, su antiguo comportamiento se volvía una carga pesada. No se toleraba en lo absoluto.
—¡No hay tiempo! Si no hacemos algo lo van a matar —agregó el príncipe Mirai con la voz ronca y una mirada fuera de sí.
Todos juntos partieron en dirección al próximo campo de batalla. Solo podían guiarse por el ki del otro príncipe. Mientras Vegeta, ese que aún sufría el dolor de su hombro derecho, volaba detrás de todos, a un paso lento y perezoso, pesado y agobiante. Trunks iba a alcanzarlo, cuando él lo frenó con su brazo sano, casi con un puñetazo en las costillas.
—Papá, no puedes venir. No estás en condiciones de pelear.
—¡Ya cállate! No me digas en qué condiciones estoy o no, tengo que pelear a como dé lugar —intentó ponerse en buena postura más de una vez, pero el dolor de su hombro se intensifican a cada esfuerzo dado, descendiendo hasta terminar arrodillado en una pradera. Los demás guerreros se alejaban sin darse cuenta—. No puedo permitir que todo se repita ¡No!
Su respiración se aceleró y sus ojos se cristalizaron más de la cuenta. Parpadeó repetidas veces difuminando el líquido en sus ojos, evitando que las lágrimas se asomaran y amenazaran con salir. No sabía cómo y porqué, pero a pesar de cargar con la asquerosa forma de ser de él mismo en esa época, sentía un poco de envidia por haber perdido tanto de su orgullo en su futuro. Tenía ganas de volver a ser el mismo.
Y eso no iba a poder ser… porque ya era así.
—¡Escúchame una cosa! Yo sé muchas cosas sobre ti, papá —se arrodilló junto a él—. Sé sobre tus errores, tus miedos. Incluso sé por qué temes en estos instantes. No crees que la historia vuelva a repetirse, sino que ella muera, ¿no es verdad?
—¡Cállate! —fue lo único que respondió con un tono desesperado y la voz entre cortada—. Nada de lo que dices es verdad.
—Claro que lo es, pero no quieres admitirlo —concluidas sus hipótesis, volvió a ponerse de pie—. Sigues siendo orgulloso, dudo mucho que admitas algo como eso. Lo que si estoy seguro que harás es compañía a Bulma, ayudándola a reparar y quizás mejorar ese brazo.
Se tardó mucho en procesar todo lo que su propio hijo había dicho. Era increíble como sabía tanto y Vegeta nunca fue capaz de decir lo suficiente para toda esa información. Si le hubiera contando tremenda cantidad de cosas, en la primera frase se hubiese quebrado, impidiéndole hablar y continuar. En muchos años había decidido no mostrarse débil, y lo tenía jurado. Y no se trataba de contar relatos o leyendas. Consistía en conocerlo a él, él el príncipe de los saiyajin, reservado y discreto.
Seguramente, ese debió ser Gohan, no cabía duda. ¿Quién podía conocerlo mejor? El hijo de Kakarotto siempre había sido inteligente, observador y simpático. Todas esas cualidades encajaban en alguien capaz de sacar hasta el más profundo sentimiento, de la persona más fría y orgullosa posible. Y con sacar esos sentimientos, bastaba para conocer las reacciones y expresiones. Gohan se había encargado de conocer al guerrero saiyajin, y detrás de su «misión cumplida» desahogó todos sus conocimientos en el hijo del belicoso príncipe.
—¿Me prometes que vas a volver, Trunks? —era lo que deseaba que saliese de su boca, pero el orgullo estaba, ¿¡Aún quedaba!? —. ¡Haz lo que quieras!
—Te prometo que volveré, no dejaré que nada me pace.
Lo vio alejarse hacía el campo de batalla, con los demás guerreros. Ese muchacho sí que sabía más de la cuenta. Vegeta incluso llegó a pensar que era un lee mentes, pero tan solo era una simple coincidencia. Después de todo se trataba de su propio hijo, sangre de su sangre. No había razón para esperar menos de él. Vegeta se llenaba de orgullo por su hijo, por lo único que le quedaba. Trunks había sido base, plataforma y columna de la gran estructura que Vegeta era. No había forma de derrumbarse, nada en él podía derrumbarse, ni siquiera su orgullo, nunca si su hijo se mantenía con vida. Y si, tenía miedo, el miedo que nació cuando lo vio alejarse en el cielo, luego del pequeño discurso inesperado. Pero a pesar de temer, no iba a desconfiar. Dejaría que su hijo se encargase de lo que le fuese posible.
Como lo había dicho… Sangre de su sangre.
Volvió a volar por lo cielos, pero no iba a seguir a Trunks, esta vez le haría caso. Iba rumbo a la capital del este, donde Corporación Capsula, según sus vagabundos recuerdos, debía ser una estructura firme, decorada de un hermoso jardín que, madre e hija, cuidaban con suspicacia. Los patios, espacios de aterrizaje o aparcamiento para distintas naves y vehículos. El domo de cristal, hábitat de gran variedad de animales que el Dr. Brief cuidaba con mucho cariño. Eso y muchas más maravillas lo esperaban.
De repente olvidó que monstruos arribaban en la tierra, por lo que su corazón se aceleró de emoción, y su vuelo —a pesar de la poca energía— se incrementó, convirtiendo un largo viaje en un simple paseo.
Para entonces Bulma ya estaba en casa. Vestía con una bata y trabajaba en sus próximos proyectos, despreocupada, ya que contaba con su madre para la deliciosa comida que aguardaba la llegada de guerreros hambrientos. Y muy en el fondo se preguntaba, dónde estaba Goku. No se había aparecido en ningún momento cuando su nave había sido derribada. Además, la forma tan desesperada de Gohan por marchase a la montaña Paoz, le daba que sospechar. Sin embargo, recordar cómo aquel Vegeta la había salvado de morir, la distraía lo suficiente como para dejarla estática, mirando el monitor de la computadora con la mirada perdida en los números.
—¿Algún día el otro Vegeta será igual que el del futuro? —caminar era lo único que podía hacer, perdida en sus pensamientos.
De repente, un estruendo la sacó de su mente, obligándola a mirar por la ventana, correr hasta ella y con Trunks en sus brazos. Pudo ver una gran cantidad de tierra y polvo en el aire, cosa que le dificultó ver qué sucedía. De inmediato Panchy, su madre, entraba con prisa y alarmada por el inesperado aterrizaje.
—¡Oh, mi querida Bulma! ¿Trunks está bien? —fue lo primero que salió de su boca, luego de atravesar la puerta del taller donde trabajaba su hija.
—Sí, mamá. Trunks está bien ¿Qué fue lo que pasó allá afuera?
—No lo sé. Estaba regando mis flores cuando algo se estrelló en el patio trasero. Creo que era Vegeta, pero quería saber si tú y mi nieto se encontraban bien…
—¿¡Vegeta!? —alarmada le entregó el bebé y se levantó de las cuclillas en la que estaba posicionada por precaución.
Corrió por los pasillos hasta llegar al patio trasero, lugar donde aún había algo de polvo y tierra flotando y rodeando la casa por culpa de la brisa. Mientras despejaba su vista de la temporal neblina, pensó lo peor. Por qué Vegeta estaría tirado dentro de un cráter en el patio trasero de su propia casa. Algo malo tuvo que haber pasado, y sin importarle lo que pudiese llegar a ver, continuó adentrándose en esa nube que ya comenzaba a desaparecer. Cuando el aire se purificó, Bulma alcanzó a ver la figura masculina del príncipe, pero no la misma de siempre. Su vestuario se le hacía conocido. Ese saco azul oscuro y la capucha cayendo por la espalda, las botas blancas típicas de él, además de la altura y postura. Ese no era su Vegeta, era el otro, el del futuro.
—¿Te encuentras bien? —con su suave voz se acercó hasta el mal herido. Éste no dejaba de mirarla, con los ojos entre abiertos y la mandíbula desencajada, más que nada por culpa del poco oxigeno que llegaba a sus pulmones.
En ningún momento sintió miedo de acercarse a auxiliarlo. Después de todo si era su marido, pero con otro carácter y rasgos… quizás.
—¿Qué le pasó a tu brazo, y por qué estás tan débil?
Vegeta no se había dado cuenta, pero tanto rato volando sin considerar su brazo destruido le había quitado toda su energía, tanto así que hablar parecía un caso imposible. Quiso caminar hacia ella para decirle y responder todas sus preguntas, pero en cuando dio el primer paso, sus ojos se pusieron en blanco y sus piernas temblaron descontroladamente. Finalmente perdió el equilibrio y se desplomó sobre su propio desastre.
A lo lejos de la capital del este estaba Trunks, parado sobre la carretera, a un lado de un diminuto acantilado, observando la feroz pelea de Dieciocho contra el saiyajin de raza pura. Tenía claro que no había grito que superara al de su padre cuando su brazo metálico fue destruido, pero claramente estaba equivocado. El grito del súper saiyajin combatiente era el doble de potente. Expresaba dolor e impotencia, acompañado de ira y vergüenza. Había sido posible a pesar de no creerlo, pero la joven androide le había roto el brazo, a la misma altura que el otro miembro metálico.
Fue ahí donde Trunks estalló de rabia. Poco le importó la presencia de Diecisiete y Dieciséis cuando se lanzó hacia la mujer, con la obvia intención de proteger a su padre, mejor de lo que lo hubiera hecho cuidando a su progenitor autentico.
No le importaba si era éste o el otro, era su padre… y sangre de su sangre debía respetarse.
Ningún otro pétalo caería… ya no. Quizás no.
Continuará...
Nota
Buenas noches, mis amores.
Al fin una actualización, sí. Paso mucho tiempo desde la última vez y me esmeré porque este capítulo fuese lo más largo posible, aunque he tenido mejores :v
¿Qué tenemos aquí esta vez? Vegeta y Trunks por fin llegaron al pasado, donde los androides son mucho más poderosos que los de su propia época. Dieciocho les rompió el brazo a ambos príncipes y causó mucho odio en Trunks, pero... ¿por qué más en el otro Vegeta, ese enano gruñón, egoísta y desmesuradamente orgulloso? Eso se verá más adelante.
Bulma, esta confundida con todo. Ahora hay dos hombres en su vida y obviamente uno pertenece a su realidad, pero el otro tiene algo que la atrapa, la desconcierta.
En el próximo capítulo se leerá un poco más de cercanía entre Mirai Vegeta y Bulma, cómo se tratan, y si acaso Bulma descubre lo que tanto curiosea en él. También habrá mucho desempeño de parte de Trunks y quizás la razón por la que reacciona de irracionales maneras con el Vegeta del pasado.
Se me complicó nombrar a dos príncipes, pero hice lo que pude, y a mi parecer se entiendo y de diferencian uno del otro xd
También quiero darle mis agradecimientos, especialmente a ShaneRyuThunder por inspirarme (7u7)r y por sus consejos. Ojalá te aparezcas y me sorprendas como siempre u/u no espero menos. Y cómo no, también para ustedes Yokai RoseWolf, sora 79, sky d, dandrea, Lol0210,gentecita que no pude mencionar (son demasiados ;w;) y toooodos esos invitados que pasan a dejar review de todas formas. Sin ustedes esto no crecería :3
¡Gracias por el apoyo! \(^0^)/
