N/A: La historia será pausada después de este capítulo hasta nuevo aviso.

Pétalos de vida


XIII


Trunks y Gohan sobre volaban los largos campos, en silencio y pensativos. Ninguno hablaba sacando sus conclusiones. Después de encontrar esa coraza, ese huevo y una vieja máquina del tiempo, había muchas cosas que pensar. Al menos, los más aterrados con el asunto eran mirai Trunks y su padre. A saber, en cuanto a esa criatura, si era realmente un peligro o solo se trataba de un miserable. Pero era imposible creerse lo último. Esa máquina vieja había sido robada sin duda. Era obvio que el que la robó debía ser un sujeto poderoso.

—¡Trunks! —gritó Gohan, pero su acompañante estaba demasiado distraído—. ¡Trunks!

—¿Sí? —miró al niño que volaba en frente suyo.

—¿Qué crees que haya sido esa coraza tan extraña que encontramos?

—N-No… no estoy seguro. Además, en el futuro de donde mi padre y yo vinimos, jamás apareció una criatura de ese tamaño.

—Como vino un año antes que ustedes, eso significa que llegó hace cuatro años a esta época con un propósito que todavía no conocemos. Eso fue lo que nos digo el señor Vegeta.

—¡Sí! Y lo sabía porque eso se lo indicó la computadora de la máquina.

Los dos continuaban volando a gran velocidad.

—Así que una criatura vino de un futuro muy adelantado y estuvo aquí desde hace cuatro años desarrollándose sin que ninguno de nosotros se diera cuenta.

—Si. ¿Quién habrá sido el culpable de esto? ¿Y con qué propósito mandó a esa criatura?

Continuaron su vuelo nuevamente en silencio. Eran muchas dudas, muchas sospechas. Debía encontrar al monstruo cuanto antes, al menos antes de que comenzara a hacer destrozos.

Por otra parte, mirai Vegeta y Bulma viajaban en la nave en la que había partido del lugar donde estaba esa vieja máquina del tiempo. Estaban callados, mirando al frente. Extrañamente, en un momento, el ambiente se volvió incómodo, al menos para el mirai que seguía muy apegado a Bulma.

Era irremediable. Siempre iba a sentir lo mismo por esa mujer. Estar muy cerca de ella lo ponía nervioso, incómodo. Necesitaba hablar de algo con ella antes de que la situación empeorara, pero por suerte ella lo hizo por él rompiendo el silencio.

—Y, dime, Vegeta —lo miró de reojo—. ¿Nunca pensaste en recuperar tu brazo de otra forma?

—¿Eh? N-No, la verdad —dijo serio—. En nuestro futuro Piccolo era quien hacía funcionar las esferas junto a Kamisama. Como los androides lo asesinaron, tanto las esferas del dragón como el Dios de la tierra fueron borrados. Y perdí el bazo muchos años más adelante.

—¿Y los nameks? ¿Nunca pensaste en ellos?

—Si pensé en usar las esferas del planeta de Piccolo, pero las hubiera usado para revivir a todos apenas cayeron. Tú moriste y en la destrucción de la casa todo se redujo a cenizas. Muy pocas cosas quedaron intactas o poco dañadas, por lo que las naves no las tenía, sin contar que no conocía el paradero de esos sujetos. Tienen otro planeta, no lo olvides.

—Ah, es verdad. Se me había olvidado —respondió angustiada—. Vaya, ¿por qué no nos pediste ayuda apenas llegar? Nosotros tenemos las esferas.

—¡Bah! No creo que eso sea necesario. Ya me acostumbré a mi brazo y no quiero convertirme en un peso extra.

—¡Vamos! —revisó en la cajuela de la nave, dentro estaba el radar del dragón. Lo activó y la primera esfera apareció—. ¿Ves? La suerte está de tu lado. Vamos a buscar las esferas, no nos tomará mucho tiempo.

Después de pensarlo unos cuantos segundos, gruñó resignado y la miró con el ceño fruncido.

—Demonios. Está bien, vamos a buscar esas tontas esferas, mujer terca.

Ella soltó una pequeña risita y, ni corta ni perezosa, descendió a toda velocidad hasta aterrizar en donde se suponía estaba la primera esfera.

Buscaron un buen rato. Encontraron la primera enterrada en la tierra y la guardaron en un pequeño bolso. La segunda tampoco fue muy difícil de encontrar: estaba muy cerca de ellos, bajo el agua de una laguna, en las profundidades de un alegre bosque.

Así fueron recolectándolas lentamente. Mirai Vegeta sintió nostalgia al haber comenzado con esa mini aventura, como una especie de misión secundaria que, por primera vez, era por él. Nunca nadie le había hecho algo así, ni siquiera la Bulma del futuro, pero ésta había tenido muy poco tiempo con él como para haberlo sorprendido. Demasiado había sido la sorpresa de Trunks. Ahora, en otra época, se sorprendía por cosas de la misma mujer que había perdido. Todo se le hacía tan ameno. ¿Cómo era que el príncipe de esta época no la aprovechaba como mirai Vegeta quería? No era suya, pero cuánto deseaba pedirle a Shenlong algo como eso. Un deseo simplemente imposible.

Continuando buscando en silencio. Esta vez la música de la pequeña televisión de la nave mataba esa incomodidad que antes sentían, pero la programación se interrumpió con la voz de un sujeto bastante tranquilo, pero algo alarmado.

Interrumpimos este programa para traerles las noticias de último momento —los dos prestaron suma atención—. En las afueras de la capital del este, en un pueblo pequeño llamado Ginger, nos comunicaron que los habitantes de ese lugar han desaparecido. Y esto lo ha comprobado uno de nuestros reporteros que fue al lugar de los hechos y se ve completamente deshabitado por razones extrañas. Mientras tanto, la policía tiene esa área restringida. Nuestro corresponsal sigue en el lugar de los hechos.

—El pueblo Ginger queda en… —dijo Bulma pensando muy seria. El sujeto volvió a hablar.

En estos momentos se continúa una profunda investigación sobre este extraño acontecimiento.

—Ese pueblo está cerca de donde encontramos la máquina del tiempo —interrumpió Vegeta bastante alterado—. No podemos arriesgarnos a pensar que es solo algo extraño. ¿Qué tal si fue esa criatura que encontramos?

—P-Pero, ¿y las esfe…?

—¡No hay tiempo que perder, date prisa!

—Está bien…

—¡Demonios! Espero equivocarme —susurró sin dejar de lado su nerviosismo. Bulma lo miró preocupada, aceleró la velocidad y rápidamente se dirigieron a la corporación cápsula.

Se tardaban mucho en llegar, la nave era rápida, pero no lo suficiente como para convencer a mirai Vegeta. Estaba con la mano sobre su pierna, moviendo sus dedos, inquieto y desesperado. Fue entonces que Bulma, antes de que las noticias acabaran, llamó a la Kame House. Se suponía que Krilin y los demás ya debían estar allí. Al ser atendida por su amigo les pidió que miraran las noticias, a la vez que ella también lo hacía junto con el mirai.

Las imágenes eran horrorizaste, catastróficas. Más de quince mil habitantes desaparecidos y el pueblo repleto de ropa sin cuerpos. Los camarógrafos y sus compañeros también sufrieron el fenómeno. Se oían gritos y disparos de fondo. Trunks y Gohan no habían llegado, Chichi atendía a Goku que estaba en el segundo piso de la casa, y cuando todos llegaron a living, donde todos estaban reunidos mirando la televisión, expectantes, se enteraron de la catastrófica situación. Nadie estaba seguro de nada, no comprendía lo que estaba sucediendo, de lo que Trunks estaba seguro era de que debía ir a averiguar lo que estaba pasando. Iría solo, no permitiría que nadie lo acompañase, no quería poner en riesgo a nadie, más cuando él era capaz de transformarse en súper saiyajin. Hasta el momento era el guerrero más poderoso de esa casa.

En cuando a mirai Vegeta y Bulma, continuaban sobre volando la capital. Ya estaban muy cerca de su destino. Sin embargo, antes de llegar escucharon un extraño ruido bajo los pies del príncipe. Debajo de él estaba la bolsa con las esferas del dragón que habían recolectado. Las había movido accidentalmente con sus pies, pero en lugar de escuchar un ruido como el de cristales chocando pudo oír claramente rocas. Al levantar el bolso estaba pesado, más pesado de lo que habituaba ser. Para Vegeta no fue un problema levantarla.

—¿Qué sucedió con las esferas? —dijo Bulma anonadada—. ¿Por qué son piedras si todavía no las utilizamos?

—Es Piccolo —sonrió soltando de golpe la bolsa—. Ahora comprendo; se fusionó con Kamisama.

—¿Qué se qué? —ya comenzaba a aterrizar en el patio trasero—. ¿A qué te refieres?

—Piccolo buscaba volverse más poderoso y la única forma que tenía de hacerlo era fusionándose con Kamisama. Sabes que alguna vez ellos se separaron.

—Sí, lo sabía —abrió la compuerta de la nave—, pero no imaginaba que afectaría a las esferas.

—No lo entenderías —bajó de la nave y caminó de camino a la casa—. Ahora no tenemos tiempo que perder. Supongo que ya no podremos pedir ese deseo, así que repararemos mi brazo e iremos a reunirnos con los demás.

—¿Qué se supone que vas a hacer?

—¿Tú qué crees? —sonrió deteniéndose a mitad de camino, la miró sobre su hombro y continuó—. Pienso pelear a como dé lugar. No puedo quedarme de brazos cruzados.

—¿Pelear? ¿Tú crees estar en las condiciones para arriesgarte a algo como eso?

—Que no tenga mi brazo no quiere decir que no esté en condiciones para luchar. Después de todo, en el futuro, tenía que luchar de esta manera.

—Si tú lo dices —se encogió de hombros y sostuvo entre sus manos el extraño huevo, abandonando las esferas de piedra—. Vamos a reparar ese brazo, tal vez lo mejore y te sea más efectivo a la hora de pelear.

Ambos caminaron uno al lado del otro hacia el laboratorio.

—¿Puedes lanzar esas esferas de poder con el brazo mecánico?

—No, no estaba tan avanzado como para eso. Además, no tenía suficiente tiempo para perfeccionar ese detalle. Con suerte si puedo golpear —bramó. Tenía su mirada al frente, serio y preocupado. Lo de Ginger todavía le rondaba en la cabeza.

—Entonces le daré más resistencia y lograré perfeccionar eso que falta —sentenció.

—Pero no creo que tengamos el suficiente tiempo para eso.

—¡Tranquilo! Yo puedo hacer lo que sea —presumió y el mirai le abrió la puerta del laboratorio dejándola pasar—. El brazo está casi terminado, solo queda agregar ese detalle y créeme que no es tan difícil. Lo terminaré en media hora, ¿crees poder aguantarte esos minutos?

—Estuve esperando durante muchos años hasta que la máquina del tiempo estuviera lista. No será nada para mí esperar treinta minutos. Solo espero que no te pases de ese tiempo o juro que tomaré ese brazo y me iré por mi cuenta.

—No exasperes. Si doy mi palabra pienso cumplir.

—Como digas. ¿Qué quieres que haga mientras tanto?

—Bueno —se acercó al brazo que estaba sobre una mesa exhibido. Comenzó a trabajar en él con algunas llaves y herramientas—. Seguramente Trunks despierte en cualquier momento. Que suerte que se quedó dormido todo este tiempo que no estuvimos. ¿Podrías encargarte de él cuando despierte?

—¿Estás segura de que no necesitas mi ayuda con eso? —cuestionó, solo como excusa para estar más cerca de ella. No podía evitarlo, pero quería más acercamiento, aunque fuera un poco. No para aprovecharse, sino para recuperar el tiempo que perdió en el futuro.

—Bueno, podría necesitar tu ayuda, pero luego te encargas de Trunks cuando despierte, ¿sí?

—Como quieras —asintió Vegeta y se acercó a ella, con una bata blanca encima de su ropa. La ayudó en lo que pudo con la prótesis. No estaba seguro de cuánto podía hacer; era cierto que era muy inteligente, y más ahora que sabía más sobre las cosas que Bulma hacía gracias a las libretas que se encontró en el futuro, pero era obvio que Bulma lo superaba. Entonces se dejaría llevar por las instrucciones de ella.

Lo que fuera por ayudarla y estar más cerca.


(...)


Pasó la media hora y Vegeta estaba más intranquilo que nunca. Durante todo ese tiempo pudo sentir las energías de otros peleando. Sintió la energía de Goku, la de Piccolo, la suya, la de Freezer y su padre, todas en un solo lugar reunidas. No podía comprender nada, solo sabía que todo esto escaba ocurriendo en ese pueblo. También sintió el poder de Piccolo, la fusión que ahora era. Le fascinaba que el namek fuera más poderoso que antes y que, además de eso, se estuviera haciendo cargo de ese fenómeno, pero a pesar de eso seguía inseguro. Tenía que ir y encargarse de eso, o al menos ayudar a los demás.

Por más que su deseo más grande era estar junto a Bulma, no podía evitar querer pelear y resolver las cosas. Quería un mundo seguro para ella y el pequeño Trunks. Y si quería que ella siguiese con vida primero tenía que encargarse de todas esas amenazas.

—¿Sigues preocupado? —preguntó la mujer, sacándolo del trance—. Déjame ayudarte a poner el brazo.

—S-Sí —dijo un poco desconcentrado. Se quitó la camiseta después de la bata, Bulma revisó su hombro metálico antes de colocar la nueva y mejorada prótesis, revisó que el encaje de la articulación estuviese bien y pudo ver un poco de sangre. Eso le cambió la mirada y Vegeta lo notó—. Tranquilízate. Es normal que haya sangre, estuve demasiado tiempo sin el brazo y necesita circular.

—¿Estás seguro? —preguntó insegura y levantó el pesado brazo. Él solo asintió un poco apresurado—. Está bien, aquí voy.

El nuevo brazo era más realista: tenía la forma del otro brazo del saiyajin, no esquelético como el anterior. Bulma se encargó de forrarlo con algo muy parecido a piel artificial, era capaz de lanzar esferas de poder, el metal era mucho más resistente que el titanio, incluso más que el diamante. Era muy difícil que se destruyera. Al colocarlo lo único metálico que se vería sería su hombro, de resto parecía que había recuperado su brazo. Luego de asegurarlo bien se apartó dejando que el mirai probara moverlo. La sensación era fascinante. Podía moverlo incluso mejor, se sentía más poderoso e incluso era mucho más cómodo.

—Esto es perfecto —susurró el príncipe. Levantó su mano robótica e hizo aparecer una esfera de energía. Luego la desvaneció y miró a la mujer.

—Espero que te guste. Este durará mucho más que el anterior —sonrió simpática, se acercó a él lentamente y le dio un beso en la mejilla—. Es lo menos que podía hacer.

Vegeta no dijo nada, solo se la quedó mirando serio, sin expresión en su rostro. Tenía un leve tono carmesí en sus mejillas, estaba sorprendido por ese gesto y un poco avergonzado luego de sentir el calor en su rostro. Sin duda ella causaba muchos efectos en él.

—A-Ahora debemos irnos —cambió de tema rápidamente. El rosa desapareció de sus mejillas y caminó en dirección a la puerta—. La pelea entre Piccolo y esa criatura ha acabado después de que los demás guerreros llegaron a ayudarlo. Tengo que saber qué fue lo que pasó y si ese monstruo sigue con vida.

—¿Crees que Piccolo y los demás pudieron acabar con él?

—No lo creo… solo estaban Piccolo, Krilin y Trunks —dijo serio—. Lo más seguro es que la criatura haya escapado.

—Entonces, ya que las cosas son así pondré a mi padre a investigar sobre eso que encontramos en la máquina del tiempo y llevaré algunos trajes de combate que ya tenía preparados para Vegeta.

—No creo que sea necesario investigar sobre ese huevo, ya no. Lo que importa es asesinar a la criatura, es todo.

Salió del laboratorio y fue hasta la habitación que el príncipe y Bulma de esta época compartían. Buscó otra ropa más cómoda, se vistió con ella y acompañado de Bulma y el pequeño Trunks fueron en busca de una nave para marcharse de la corporación, reuniéndose con los demás.

Sin embargo, una situación hizo que Vegeta abandonara la idea de que ella y el pequeño lo acompañaran.

—¡Oh, querida! Y el apuesto Vegeta —dijo Panchy, la madre de Bulma—. ¿Qué hacen aquí? ¿Irán de paseo a algún lado?

Vegeta no la escuchó, se había quedado parado hace un momento con los ojos cerrados. Podía sentir como el otro príncipe se movía después de un tiempo sin sentir su poder, lo mismo que Ten, Trunks y Krilin. Todos se estaban moviendo y no sabía qué era lo que estaba sucediendo.

—Mujer —espetó abriendo sus ojos—. Iré por mi cuenta. Quiero que te quedes aquí.

—¿Eh? P-Pero, ¿qué pasó con encontrarnos con todos?

—¡Es una orden! Se quedan aquí y cuando te lo pida irás a donde yo diga.

—¿Por qué lo dices de esa manera? —frunció el ceño Bulma.

—No tengo tiempo para explicar. Has lo que te digo.

Y sin más el hombre salió despegado al cielo, envuelto por su ki, desapareciendo lentamente de la vista de Bulma.

Lo primero que pensó el mirai fue en encontrarse nuevamente con su hijo. Lo sentía lejos, pero se daba una idea de a dónde se dirigía con Krilin.

Después de otra media hora volando llegó hasta lo que quedaba del laboratorio de Gero. Su hijo y el calvo estaban destruyendo el lugar sin sentido. No comprendía qué estaban haciendo y por qué.

—¡Papá! —dijo Trunks al percatarse de su presencia. Vegeta descendió—. ¿Qué haces aquí? ¿Y tú brazo? ¿Cómo es posible que lo hayas recuperado?

—Deja de hacer tantas preguntas —caminó hacia ellos—. ¿Qué es lo que están haciendo aquí? ¿Por qué destruyen el laboratorio si ya no hay nada?

—Eso es lo que tú crees, Vegeta —añadió Krilin y continuó destruyendo—. Es una larga historia. Ahora solo tenemos que buscar una habitación secreta.

—¿Qué es lo que hay allí? Explíquenme de una vez —rugió alterado.

—Cuando la encontremos lo veras —respondió Trunks—. Ahora ayúdanos, papá. Cuanto más rápido mejor.

Vegeta volvió a gruñir y levantó su mano, imitando lo que hace unos minutos hacía el dúo. Buscaron y buscaron, era difícil ver alguna puerta o túnel, pero después de un rato Trunks logró ver algo. Era una especie de escalera que llevaba a un subterráneo o sótano.

—¿Crees que sea por allí? —dijo Krilin y el primero en bajar fue el príncipe.

Todos bajaron por la escalera. Era un largo túnel de acero, profundo y oscuro, no obstante, no tardaron mucho en llegar hasta el final. Al pisar tierra se encontraron con un largo pasillo, también oscuro y frío. Caminaron por éste con cuidado de no encontrarse a nadie peligroso, pero no encontraron a algún ser, sino una gran puerta de metal. Vegeta fue el que la abrió haciéndola rechinar, detrás de ésta todo seguía oscuro, con la diferencia de que ahora escuchaba sonidos muy parecidos a los de una computadora. Trunks buscó el interruptor para por fin ver lo que se habían encontrado y, al encender la luz, se toparon con lo que parecía ser un laboratorio. En medio de éste había una enorme y extraña computadora funcionando, y justo al lado una incubadora con algo muy pequeño flotando en ese líquido que contenía.

—Con que esta es la computadora principal —dijo Krilin molesto—. Piccolo tenía razón.

—Quiero que vengan a ver esto —interrumpió Trunks justo al lado de la incubadora. Los otros dos se acercaron y observaron lo mismo que él mirada—. Seguramente esa cosa diminuta es la que luego se convertirá en Cell.

—¿En quién? —Vegeta miró a su hijo confundido—. ¿Hablas de esa criatura que nos encontramos en la máquina del tiempo?

—Así es —soltó serio y Vegeta volvió a gruñir impresionado. No comprendía nada, no sabía quién era ese sujeto y si era realmente una amenaza.

—¡Vamos a destruirlo ahora mismo, nos iremos de aquí y me contarán todo lo que saben! —exclamó el príncipe y en su mano, apuntando a la pequeña criatura, creó una esfera de poder.

—Espera, papá —dijo Trunks acercándose hasta una mesa con papeles—. Estos son planos.

—¿Planos? —se acercó Krilin—. ¿Y son del Cell? ¿Pueden ayudarnos en algo?

—No —respondió sujetando los papeles—. Esto es del androide diecisiete. Seguramente podamos encontrar el punto débil de ambos.

—¡Eso es genial! —sonrió el pequeño victorioso—. Así podremos detener el desarrollo de Cell.

—No comprendo nada de lo que está pasando —también se acercó Vegeta de brazos cruzados—, pero podemos llevar esos planos con Bulma para que haga algo al respecto. Estoy seguro de que encontrará la solución para acabar con esos dos insolentes.

—Por supuesto —afirmó Krilin. Luego se volteó a mirar al príncipe y conservó su sonrisa—. Ahora destruyamos este lugar.

Los dos saiyajin asintieron completamente de acuerdo. Luego de enrollar los planos, Trunks y los demás dispararon en todas direcciones, hasta que el laboratorio y la computadora quedaron reducidos a polvo y chatarra.

Ya con todo destruido y después de una destructiva explosión, los tres salieron del lugar y prendieron vuelo en dirección a la corporación. Ninguno hablaba todavía, estaban distraídos, pensando en todas las cosas que estaban sucediendo. No fue después de un rato que Trunks rompió el silencio.

—Disculpa, Krilin. ¿Puedo encargarte que lleves estos planos a mi madre?

—¿¡Qué!? —dijo Vegeta, saliendo de su trance—. ¿Por qué no vamos todos?

—Sí, Trunks. ¿Qué planeas hacer? ¿No van a acompañarme?

—Quisiera entrenar con Vegeta —miró a su padre—. El otro tú dijo que superaría sus poderes como súper saiyajin, y aunque parece imposible sonó muy seguro de hacerlo.

—¿Superar los poderes de un súper saiyajin? —sonrió ladinamente—. Siempre pensé en hacer algo así en el futuro. Idiota, me leyó la mente.

—Sería una magnífica idea que entre los tres entrenemos para alcanzar ese poder. ¿Qué me dices papá?

—Está bien, iré contigo —continuó sonriendo y soltó una pequeña risa—. Esto será interesante.

—Bueno —interrumpió Krilin—. Entonces yo iré a llevarle esto a Bulma. Espero que pueda encontrar la solución. Mientras tanto, les deseo suerte.

—Gracias, Krilin —dijo Trunks y le extendió los planos. Krilin los sostuvo, aceleró su vuelo y los mirai se desviaron para ir con el príncipe de este tiempo.

En el camino, medida se acercaban al ki de Vegeta, Trunks le contó a su padre al respecto de Cell y de todas las cosas que sucedieron mientras no estaba.

—¡Maldición! Así que Cell, ¿eh? No puedo creer que tenga las células de todos. Si se desarrolla nos acabará con facilidad.

—Así es. Por eso mismo tenemos que acabar con él o los androides —suspiró y luego miró a su padre detenidamente—. Bueno, ¿vas a responder a mi pegunta?

—¿Cuál pregunta?

—¿Ese es tu verdadero brazo o…?

—Claro que no es mi brazo —interrumpió—. Bulma insistió en buscar las esferas del dragón para pedir ese deseo.

—Y tú cediste, ¿no es así? —sonrió con picardía. Un poco de bromas no estaba mal por el momento.

—¡Cállate! —desvió la mirada, molesto y cambió de tema—. Construyó un nuevo brazo, mucho más avanzado que el que tenía antes. Me será mucho más útil y puedo decir con seguridad que pienso luchar contra esas cosas ahora que tengo esto.

—Eso me alegra mucho, papá —sonrió esperanzado—. No tenemos tiempo que perder. La última vez que entrené contigo fue hace mucho tiempo. Ahora será el doble de emocionante.

—Claro, como digas —dijo irónico y continuaron volando en silencio por los cielos. No estaban muy lejos de donde el otro príncipe se encontraba.


Habían pasado tres días. Las cosas seguían igual de malas: Cell continuaba haciendo de las suyas en muchas ciudades, absorbiendo la energía de muchos habitantes. Piccolo y los demás no lograban encontrarlo; cada vez que estaban cerca de lograr su cometido, la criatura se les escapaba al sentir sus presencias. Goku continuaba descansando, recuperándose de su problema del corazón, no faltaba mucho para que lograra despertar. Mientras tanto, los demás guerreros planeaban cómo hacer para atrapar al nuevo androide aparecido, ese maldito Cell, antes de que continuara acabando con todos los terrícolas y, quien sabe, evitar que encontrara a los otros dos androides. Bulma y su padre trabajaban en los planos, tratando de encontrar de alguna forma lo que los derrotaría, y sin duda estaban consiguiendo lo que tanto querían. Pronto tendrían un artefacto para lograr vencer a Diecisiete y Dieciocho, o al menos ayudar a los guerreros.

Al cabo de esos tres días, a Yamcha se le pasó una loca idea por la cabeza: buscar a Cell para atraparlo viajando en una nave de la Corporación Capsula, solo para que ese despiadado ser no se enterara de sus presencias cada vez que llegaban a donde estaba. Sin embargo, Piccolo no estaba completamente convencido; decía que Cell era muy astuto y no mentía. No era muy efectivo que lograran algo de esta nueva forma, pero nada perdían con arriesgarse. Era mejor eso a estar de brazos cruzados, mirando la televisión y escuchando los reportajes con mucha impotencia.

En cuanto a Goku, luego de que los guerreros se fueran de la forma que habían inventado, despertó causando un gran alboroto. Chichi estaba tan feliz de que por fin su marido hubiese despertado, tanto como el Maestro Roshi. No podía creer que ya estuviera completamente repuesto después de todo lo que había pasado, pero así era Goku y no podían evitar ser así. Después de todo se trataba de un poderoso saiyajin, y una enfermedad no iba a dejarlo aturdido, a fin de cuentas.

Hablaron con el guerrero, éste sabía muy bien todo lo que estaba ocurriendo, también que Vegeta no había podido derrotar a los androides y que por ello copiaría la idea del príncipe: superar a un súper saiyajin. Tanto Chichi como Roshi lo quedaron mirando, pero, rápida y malhumorada, la mujer lo regañó para que no luchara; se acababa de despertar y era muy seguro que los androides acabarían con él fácilmente.

Sin escuchar las palabras de su mujer, el saiyajin se devolvió a la casa, a la habitación donde había estado todos esos días. Se vistió con su característico traje naranja, se despidió de su esposa con un amoroso beso y luego del maestro. Estaba apresurado, quería comenzar con su entrenamiento, y lo mejor iba a ser entrenar en la habitación del tiempo. Para eso necesitaba reunirlos a todos y tenía que hacerlo rápido antes de que más cosas terribles continuaran.

Goku utilizó su tele-transportación luego de su romántico momento con Chichi y desapareció.

—Cuídate mucho, Goku —dijo Chichi para sí misma, con sus ojos iluminados, llena de esperanza y preocupación.

En la nave donde los guerreros viajaban, se lamentaban la lentitud de la nave, temían no llegar a tiempo, pero eso era lo más seguro. Después de un rato, cuando Krilin y los demás hablaban sobre Goku, éste se apareció detrás de todos. Solo Krilin estaba desatento, hasta que por fin cayó en cuenta de que Goku realmente estaba allí. Corrió hacia él invadido por la felicidad. No tuvo cuidado cuando lo abrazó, pues cuando lo hizo rompió la puerta trasera de la nave, mandándolos disparados hacia el exterior, mientras el hombrecito lloraba por su dicha; su amigo estaba devuelta con ellos y eso era lo mejor que podía haber pasado en todos estos horribles días.

—Kamiccolosama —dijo Goku luego de ver a Piccolo sentado. El namekiano se impactó por el comentario y le reclamó.

—¡No combines mi nombre! Sigo siendo Piccolo —rugió.

—¡Ja, ja! Sí, lo siento, Piccolo —de repente, la mirada del saiyajin se volvió seria—. Ya se todo sobre los androides y Cell. Temo decirles que en esta condición no podré enfrentarme a ellos, por eso me llevaré a Gohan para entrenar en un lugar en donde podremos estaremos un año en tan solo un día.

Nadie comprendió a qué se refería, pero Piccolo permaneció tan serio como siempre.

—Hablas de la habitación del tiempo —se levantó del suelo—. No creo que puedas aguantar un año allí. Cuando eras un niño estuviste tan solo un mes y con suerte pudiste salir con vida.

—Así es, pero ahora las cosas son diferentes, y si quiero superar mis poderes tendré que arriesgarme. También los invitaré a Vegeta al cuadrado y a Trunks.

Todos rieron ante la forma de referirse a ambos Vegetas.

Luego de sus palabras, el saiyajin extendió su mano a Gohan. La intención era tele-transportarse donde estaban los otros saiyajin y avisarles sobre ese lugar del que, mirai Vegeta, seguro desconocía.

Después de sonreírle a Krilin, Goku desapareció gracias a su técnica y con su hijo. Después de milésimas de segundo, ambos aparecieron en una gran montaña desértica. Al borde de ésta estaba Vegeta parado, como si nada, mirando al frente, casi sin parpadear. Más atrás, recargados en las rocas, aburridos y casi cansados, estaban padre e hijo mirai. Se veían fastidiados, aunque mirai Vegeta parecía dormido. En cuanto a Trunks, recargaba la cabeza sobre la palma de sus manos y los codos sobre sus muslos, mirando a su padre más joven en aquel borde parado.

—Hola, Trunks —dijo Goku, saludando tan simpático como siempre—. ¿Qué es lo que hacen aquí?

—Kakarotto —bufó mirai Vegeta y sonrió. Hacía mucho tiempo no tenía un encuentro tan cercano con el saiyajin de clase baja—. Que fastidio saber que despertaste.

—Veo que ni en el futuro has cambiado —sonrió Goku. Sabía que el mirai bromeaba. Eso era bastante agradable—. ¿Qué pasa que están aquí sin hacer nada?

—Vegeta a estado parado allí durante tres días y sin hacer nada —suspiró Trunks perezoso—. Cada vez que me acerqué me dijo que nos fuéramos, que éramos una molestia y piensa en un lugar para entrenar y volverse más poderoso.

—Vaya, que astuto es Vegeta —sonrió el saiyajin de cabellos alborotados—. Con que también piensa en superar al súper saiyajin.

—¿Tú también lo pensaste, Kakarotto? —dijo sereno el mirai que estaba detrás de ellos—. Supongo que es la primera vez que tenemos la misma idea, pero seré el primero en alcanzar ese poder.

—Como digas, Vegeta. Estaré ansioso esperando los resultados del entrenamiento —sin deshacer la sonrisa, Goku se elevó hasta llegar al borde de esa montaña y tratar de hablar con el príncipe. Éste todavía estaba callado, quieto, ni siquiera se volteó para verlo cuando escuchó sus pasos detrás de él.

—Papá —dijo Trunks al príncipe—. ¿Crees que el señor Goku pueda convencerlo?

—Tranquilo, Trunks —se levantó de donde estaba sentado, cruzó sus brazos y sonriendo—. Seré terco, pero Kakarotto sabe lo que hace.

—Tú no eres tan terco como él. Creo que cambiaste, a fin de cuentas —sonrió su hijo, levantándose junto a él.

—No digas tonterías, Trunks. Sigo siendo el mismo de siempre —mintió soltando una pequeña risa. Era obvio que este saiyajin no era el mismo que el de antes. Mirai Vegeta demostraba ser completamente diferente al Vegeta que todos conocían. Eso no sabía si era una ventaja o una debilidad, cosa que se planteó siempre que tenía tiempo de pensar en su vida y todo lo que tuvo que pasar.

Ahora no tenía tiempo de ponerse a dudar de su personalidad, sus sentimientos y actitud. Tenían cosas más importantes que hacer en lugar de fijarse en esa pequeña diferencia. Por el momento, ¡no! Siempre sería el mismo, por más que el Vegeta de esta época lo criticara diciéndole cosas como que era un ser débil y le daba vergüenza saber que era su imagen a futuro. Después de todo mirai Vegeta se sentía orgulloso de sí mismo, de lo que consiguió, lo que logró y de su propio hijo. Con eso era más que suficiente para convencerse de que no necesitaba ser tan frío y duro con los demás, a pesar de que todavía era un orgulloso príncipe saiyajin.

—Vámonos ahora —gritó Goku a Trunks, Gohan y mirai Vegeta. Todos obedecieron y fueron detrás de él y el príncipe.

—¿Dónde se supone que vamos a entrenar? —dijo mirai Vegeta intrigado.

—Iremos al templo sagrado. Allí hay una habitación donde puedes entrenar un año en tan solo un día.

—¿Un año en tan solo un día? —con un gesto sorprendido en su mirada, el príncipe mirai continuó mirando al su eterno rival—. Demonios. Si hubiera sabido de ese lugar sería más fuerte ahora.

—Lo que pasa es que eres un insecto —dijo el príncipe más joven, mirando a su yo del futuro por encima de su hombro—. No fuiste capaz de poner a nadie a salvo en el futuro, aunque los demás me dan igual ciertamente.

—Me dices a mi insecto cuando a ti te apaleo una mujer —sonrió el mirai y Vegeta se quedó callado luego de soltar un gruñido.

Vegeta voló más rápido que el resto, adelantándose un poco sin perder de vista a los demás, arrugando el ceño más de la cuenta y rugiendo más de una vez, sin encontrar un contrataque a las palabras de su otra versión. Mirai Vegeta solo continuó sonriendo, observando cómo el otro parecía irritado por su presencia. ¿En serio iba a ser capaz de convivir con él mismo del pasado?

Los demás no dijeron nada, continuaron volando con una leve sonrisa por la casi cómica escena. Después de unos minutos llegaron al templo y una vez allí buscaron a Mr. Popo. Se sentía extraño si Kamisama no estaba, pero el templo continuaba siendo igual de bello y vivo.

—¡Hola! Mr. Popo —saludó Goku y los demás se detuvieron detrás de él. El hombre de tez negra lo quedó mirando—. Cuánto tiempo, veo que te mantienes ocupado a pesar de todo.

—Es lo menos que puedo hacer —sonrió el más bajo y continuó—. ¿Qué te trae por aquí Goku? Y veo que traes algunos amigos.

—Ah, sí —se irguió el saiyajin—. Quería pedirte un favor, viejo amigo. Estoy seguro de que ya conoces la situación allá en la tierra, por eso vinimos a entrenar para volvernos más fuertes y acabarlos de una vez. Y para eso iba a pedirte dejarnos pasar a la habitación del tiempo.

—Claro, Goku. Sabes que si puedes venir cuando quieras, y más cuando se trata de algún enemigo poderoso —dijo el hombre y con una seña invitó a todos a pasar al templo.

Caminaron por un largo pasillo blanco, estaba descubierto y daba a hermosas plantas y arbustos. Las columnas eran firmes y las paredes celestiales y limpias. Nada era parecido a lo que mirai Vegeta recordaba de este lugar: todo destruido, apenas si algunas de las columnas todavía estaban de pie, los suelos estaban completamente sucios, las hermosas plantas secas, las paredes manchadas, vidrios rotos, a la compañía de una brisa y el silencio sepulcral. En esta época por lo menos el cantar de las aves, para los dos mirai, era como un dulce para los oídos.

Que suerte que solo el príncipe conocía este lugar en su futuro.

—Aquí está —anunció el cuidador del templo—. ¿Quién entrará primero?

—Primero entraran ambos Vegetas y Trunks —contestó el saiyajin y los nombrados pasaron adelante, acercándose a paso lento hasta la puerta de la habitación.

—Nos veremos pronto, señor Goku —dijo serio Trunks, emocionado caminando detrás de los dos orgullosos.

—Mucha suerte, Trunks. Trata de llevarte bien con el gruñón de Vegeta.

Esta vez solo el príncipe de este tiempo miró de reojo a su rival y los tres entraron. Mr. Popo cerró la puerta y el tiempo comenzó a correr. Allí era completamente diferente, una maravilla, pero algo completamente desconocido.

—¿Qué es lo que sucede aquí? Me siento más pesado y es difícil respirar. Además, aquí no hay nada —decía Trunks tratando de caminar hacia afuera de la entrada, pisando ese piso blanco y extenso.

—Acostúmbrate, Trunks —gruñó mirai Vegeta—. Esto no es nada comparado con los entrenamientos de la cámara de gravedad que tenía Bulma en la casa.

—Pero yo nunca entrené en ese lugar, no me pidas demasiado. Ya me acostumbraré —sonrió el ojos celestes—. ¿Cuándo comenzaremos a entrenar?

No les dio tiempo a darse cuenta, pero el otro Vegeta ya no estaba detrás de ellos. Éste estaba lejos, en ese blanco paisaje, entrenando lo mejor que podía. Ambos mirai se adelantaron y comenzaron a correr en dirección al príncipe, tenían que entrenar los tres juntos si querían tener mejores resultados.

El primer entrenamiento comenzó. Los dos del futuro se transformaron en súper saiyajin, mientras que el príncipe solo se mantenía en estado base. Los mirai atacaron con patadas y puñetazos, sin lograr acertar ninguno. No obstante, estaban presionando al saiyajin, lo estaban obligando a retroceder, cubriendo su rostro solo con sus brazos cruzados. No fue hasta que Vegeta encontró una abertura que barrió a Trunks y le dio una patada en el rostro, mandándolo a volar lejos. Aquí aprovechó mirai Vegeta para atacar a su yo del pasado. Los dos príncipes peleaban casi emparejados, pero era obvio mirai tenía la ventaja por estar transformado.

—¿Qué esperas? —gruñó el mirai—. ¿Por qué demonios no te transformas en un súper saiyajin?

—¿No te has dado cuenta, insecto? —Vegeta dio un gran brinco hacia atrás, alejado de los dos mirai, pero solo miraba a Vegeta del futuro—. Si entrenas de esa manera jamás lograras superar tus límites.

Vegeta sonrió y mirai lo quedó mirando, pensativo. Poco a poco caía en lo que él estaba diciendo.

—Me sorprende de ti, Vegeta —con una sonrisa, Vegeta se acercó al del futuro y se rio de él—. Al parecer, si no fuese por mí, no serían nada. Solo son unos estorbos. No pudieron hacer nada en el futuro y vinieron arrastrándose al pasado para pedir ayuda.

Sin que Vegeta lo esperaba, el príncipe del futuro le propinó una patada en la boca, obligándolo a caer con un gran dolor en la mandíbula.

—Hablas demasiado —se reincorporó mirai Vegeta, cruzado de brazos y serio—. Se lo que estoy haciendo: cada uno tendrá su turno para entrenar en estado base, mientras los otros dos lo atacan. Mejorará la velocidad y el rendimiento. Así que mejor deja de estar jugando y tómatelo enserio, gusano.

Apenas Vegeta comenzaba a levantarse del suelo, limpiando un rastro de sangre que caía de su boca. Estaba furioso. Eso era mejor si lo que quería era volverse poderoso. No le quedaba de otra que seguir el plan de su versión del futuro, era mejor eso a que todos entrenaran en base. Así que, sin decir nada y en pose de pelea, se preparó para contraatacar. Otra vez eran los mirai contra él solo. Debía buscar alguna abertura nuevamente y tratar de golpear a los súper saiyajin; cuando lograse eso entonces ahí se vería el progreso. Por ahora era un caso imposible.

Los dos súper saiyajin volvieron a atacarlo. Daban veloces puñetazos, tomaban tajada con las piernas intentando golpearlo, pero Vegeta continuaba cubriéndose, presionado, pero lo hacía. En algunos momentos intentaba romper su guarda para golpear a sus atacantes, pero no había abertura ni movimiento tan rápido que superara a esos dos saiyajin. Cuando lo intentó, mirai Vegeta lo dejó sin aire de un rodillazo, luego con sus manos tomadas formando un puño lo golpeó en la nuca y finalmente atinó una patada en su cuello, tirándolo lejos.

Vegeta apenas podía levantarse, ya estaba agitado y con varias heridas y moretones. Trató de ponerse de pie, limpiaba el sudor de su frente y daba bocanadas de aire, sintiendo que se ahogaba. Miró a su versión más adulta, le dedicó su mirada más fulmine y asesina. Lo odiaba tanto que su sola presencia lo molestaba, por más que fuera él mismo quien estaba en frente suyo. Aspiró a caminar, pero por más esfuerzo que aportó cayó de rodillas abatido, sin dejar de respirar con desesperación.

Los mirai volvieron a estado base y se acercaron al malherido. Trunks iba a intentar ayudarlo, pero mirai Vegeta lo detuvo sabiendo que lo hacía Vegeta lo rechazaría. Mejor era que se levantara solo, todavía debían continuar con el entrenamiento. Mirai Vegeta bien entendía que esto solo era el comienzo, un pequeño calentamiento.

—No te quedes ahí, insecto —caminó como dirigiéndose a la entrada de la habitación—. ¿Y te haces llamar príncipe de los saiyajin? Por favor. Es mi turno y necesito que te levantes ahora, ¿o tendré que descartarte?

—¡Gusano! —rugió Vegeta y se levantó milagrosamente. Se transformó en súper saiyajin y fue contra el mirai Vegeta. Ahora era turno de él aguantar los golpes—. ¡¿Cómo te atreves a humillarme de esa manera?! ¡Soy más poderoso que tú!

Trunks entendió que ahora debía atacar a su padre, el del futuro. Mirai Trunks y Vegeta fueron con todo hacia el príncipe del futuro. Hicieron los mismos movimientos salvajes: puñetazos, rodillazos. Por un momento Vegeta se emocionó y apartó a Trunks de su lado bruscamente. Juntó sus manos hacia atrás acumulando energía y luego las puso en frente suyo, cargando uno de sus más poderosos ataques.

—¡Galick Gun! —anunció y un inmenso poner fue en contra del mirai. Si éste no detenía ese ataque era muy probable que destruyera la entrada a la habitación y jamás pudieran salir.

Era demasiada adrenalina para los primeros minutos.

—¿¡Estás loco!? —alardeó Trunks a su padre más joven y vio que Mirai Vegeta cargó el mismo ataque.

De un momento a otro, dos enormes poderes se chocaban entre sí. Era impresionante cómo todo se volvió oscuro y sombrío, bajo el brillo de esas potentes energías. ¿Quién iba a ganar? Si era cualquiera de los dos de todas formas acabaría mal. Alguien debía hacer algo.

—Hacía tanto tiempo no usaba este ataque —sonrió Mirai Vegeta, acrecentó su poder y comenzó a ganar terreno al otro Vegeta.

—¡Papá! Detenten o alguno de los dos va a morir —volvió a gritar el muchacho, volviendo al estado base y mirando la escena sin saber qué hacer.

El grito de su hijo hizo que Mirai entrara en razón. Tenía que evitar esto, de lo contrario las cosas iban a terminar de la peor forma. Así que dejó de lanzar energía, se rodeó de un campo de fuerza y voló a toda velocidad dentro del ataque de Vegeta, hasta quedar cara a cara con él.

Vegeta quedó estupefacto cuando vio al mirai en frente suyo, no tuvo tiempo de reacción y fue noqueado de un solo golpe en la nuca.

Por suerte, el haber atravesado el ataque, hizo que se desvaneciera y no destruyera nada importante. La entrada estaba intacta, el blanquecino suelo se reconstruyó como por arte de magia y nadie terminó asesinado. Mirai Vegeta cayó al suelo boca arriba, agitado. Se dio cuenta de que ese príncipe tenía mucho potencial, incluso superaba sus poderes cuando él tenía la misma edad. Podía decirse que el Vegeta de esta época era mucho más fuerte que el Vegeta del futuro, o al menos casi estaban emparejados.

Trunks corrió al que estaba inconsciente y lo levantó en sus brazos. Caminó con él hasta su padre del futuro y le sonrió entusiasmado.

—Nunca imaginé que fuera así de emocionante verte luchar, papá.

Vegeta sonrió a su hijo, cansado y hambriento. Era momento de descansar después de la dura prueba— Eso no es nada, Trunks.

«Quiero que te prepares, porque cuando él despierte será tu turno»

—Sí, papá —añadió aún más entusiasmado y caminó a la entrada, buscando recostar a Vegeta en una de las cuatro camas que vio antes apenas entrar.

Mirai Vegeta se levantó sin mucho esfuerzo, movió su brazo robótico por si acaso, esperando que no estuviese dañado ni nada por el estilo y, en efecto, era un brazo increíblemente resistente. No tenía ni un solo rasguño, no desprendía algún vapor por estar sobre calentado, no de dolía la unión del hombro y se movía con gran fluidez.

—Es mejor de lo que esperé, Bulma.

Y con una sonrisa se encaminó a la entrada, para ducharse y prepararse a lo que venía después.

Todavía les quedaba un duro año.


Ya habían pasado ocho meses y los tres saiyajin se acostumbraban a entrenar sin tanto resentimiento. Trunks mejoraba notoriamente cada día, al igual que sus dos padres. Estaban alcanzando lo que querían poco a poco, sus poderes eran inimaginables, nadie los conocería cuando salieran, sin contar que a Trunks comenzó a crecerle el cabello y ya debía amarrarlo con una coleta improvisada. El brazo robótico continuaba de maravilla, sin ningún daño, sin abolladuras, robusto y fuerte como siempre. Mientras, Vegeta, continuaba igual de terco y orgulloso, más que el mirai. Era demasiado duro y bruto, no tenía piedad con ninguno de los dos, ni siquiera con Trunks que era su hijo después de todo. Cuando se trataba de sobre pasar el límite ninguno de los tres era flexibles, se golpeaban sin medir la fuerza ni pensar en las consecuencias. ¿Qué si estaban muy maltratados y cansados? ¿Qué importaba? Eran saiyajin y se hacían más fuertes con el pasar del tiempo gracias a esas heridas y la exigencia.

Al final, no estaban equivocados cuando pensaron en superar los poderes del guerrero legendario. Cada vez estaban más cerca, a días de logarlo, y cuando lo alcanzaran lo perfeccionarían, se acostumbrarían al nuevo poder.

—Es suficiente por hoy —demandó mirai Vegeta demasiado adolorido. Tenía un ojo morado, algunos rasguños en su torso desnudo y el brazo izquierdo, moretones en las partes visibles de su pierna y el sudor le corría fruidamente por todo el cuerpo—. Tómense un descanso.

Trunks no estaba igual que él, pero el Vegeta de esta época sí. Los dos príncipes estaban en el mismo estado, sangrando y destruidos. Eran irreconocibles, pero de curarlos se encargaría el muchacho.

Trunks llevó en cada hombro a sus padres, quienes rengueaban y no dejaban de jadear necesitados de oxígeno. Dejó al mirai en una cama y al otro Vegeta en otra. Luego Trunks entró en el gran almacén y buscó las cosas necesarias para curarlos. Iba a tardarse en encontrar aquellas cosas, pues a veces se olvidaba dónde las dejaba, o los príncipes desordenaban buscando comida y todo se perdía de un instante a otro. Era muy difícil que Trunks tuviese mala memoria.

—Esto va mejorando —soltó mirai Vegeta, ya más estable—. Pronto podremos hacerles frente a esos androides, los venceremos y todo esto se acabará.

—¿Es verdad que los androides de esta época son más poderosos? —Vegeta lo miró de reojo desde su cama. Sujetaba su brazo adolorido.

—Sí. Es lo que no comprendo —suspiró—. ¿Cómo es posible que los androides de este tiempo sean mucho más fuertes? Son los mismos sujetos, a excepción de número Dieciséis y ese monstruo Cell.

—Será porque todos en el futuro son unos insectos, hasta los androides —sonriente se levantó de la cama y caminó hasta estar entre medio de su cama y la del mirai—. Ahora déjame hacerte una pregunta.

Mirai Vegeta lo miró impertérrito, cruzado de brazos y atento.

—Cuando esa mujer murió en el futuro, ¿fue que cambiaste, o qué ocurrió contigo? —gruñó Vegeta, mirando con algo de desprecio al mirai.

—¿Hablas de Bulma? ¿Cómo sabes que ella está muerta?

—Es obvio, si estuviese viva no la hubieras dejado en el futuro con esos androides. O es que acaso si eres un desgraciado y la abandonaste.

—Eso jamás lo haría —desvió la mirada—. ¿Acaso tu sí? ¿Dejarías atrás a tu mujer y a tu hijo?

Vegeta solo atinó a reír entre dientes, no dijo nada después. Se quedó mirando a mirai Vegeta y de repente la sonrisa que tenía desapareció, cambiando a una seria— ¿Acaso no es obvio eso?

—Sí, ya sé que los dejarías morir. Si no los salvaste de la explosión de la nave cuando Gero los derribó, entonces dudo que los salves de algo peor.

—¿Por qué lo hiciste tú? —gruñó molesto esta vez.

—La perdí como un estúpido en el futuro. No voy a soportar verla morir otra vez —cerró los ojos, a sabiendas de que Vegeta lo miraba con asco—. Simplemente me di cuenta de lo que había perdido demasiado tarde. Y lo mismo te ocurrirá a ti si sigues siendo de esta manera.

«Te arrepentirás cuando los pierdas y me entenderás para entonces»

Justo en ese momento llegó Trunks con una pequeña caja blanca en manos. Vegeta lo miró detenidamente, recto y tan orgulloso como siempre, soltó un suspiró engorronado y volvió a la cama donde antes estaba sentado.

Trunks los miró a ambos, curioso por la mirada de su padre y la actitud de Vegeta. Primero fue con el de esta época y éste lo apartó obligándolo a retirarse de él. Después caminó hacia Mirai Vegeta y éste dejó que lo curara. Ardía el contacto del alcohol en las heridas, así que Trunks fue con cuidado, mirando atento la cara de su padre por si este se quejaba de más. Después le vendó el ojo y algunas heridas pequeñas poco importantes.

—Eso es todo —dijo Trunks guardando las cosas, pero mirai lo detuvo sujetando su antebrazo—. ¿Qué sucede, papá?

—Quiero que cures a Vegeta también —ordenó y se encaminó al almacén, en busca de algo para comer.

Era irremediable. Tenía que hacerlo o de lo contrario mirai Vegeta iba a molestarse como muchas veces había ocurrido en estos meses. Ni el mismo Vegeta ni Trunks querían que el príncipe del futuro se molestara, pues era raro, pero él justamente parecía un demonio, el diablo en persona, peor que Vegeta, ciertamente. Y Vegeta no le tenía miedo, pero no toleraba cuando se ponía pesado.

—Supongo que lo oíste, papá —dijo Trunks a Vegeta. Era raro que el muchacho lo llamara así a veces, pero ya comenzaba a acostumbrarse—. Tienes que curarte o no servirá de nada el entrenamiento.

—Suenas demasiado a tu madre, mejor cállate —bufó Vegeta y extendió su brazo donde tenía un corte profundo. Trunks comenzó a curarlo y, aunque molestaba el alcohol, se dejó curar hasta el final.

Mirai Vegeta tenía razón: algún día se arrepentiría de perder a Bulma y el pequeño bebé Trunks. Fue eso lo que comenzó a poner pensativo a Vegeta, pero por más duda que tuviese no iba a dejar de decir que, ni la mujer ni el niño, le importaban en lo más mínimo. Sin embargo, si no le hubiese importado, ¿por qué tuvo un hijo con esa terrícola? ¿Qué acaso no sintió amor en el momento de hacerlo? No sabía bien, pero si sintió algo distinto cuando Bulma comenzó a llamarle la atención, y ni hablar las veces que tuvieron sexo. Sin duda la terrícola en su momento lo traía loco, y ahora Vegeta estaba confundido. No sabía si quería llevar esa vida aburrida o continuar siendo el hijo de puta de siempre.

Después de unos minutos, Trunks terminó de vendarlo y Vegeta dejó de pensar en esas cosas. Le molestaba mucho tener que perder tiempo carcomiendo su cabeza con esas dudas, en vez de estar pensando en una estrategia o como atacar a esas amenazas. Y no tenía pensado vencerlos por el bienestar de la tierra, Bulma o Trunks. Pensaba derrotarlos porque quería demostrar cuán poderoso era, que podía superar a Kakarotto y que algún día lo mataría, para luego marcharse y hacer de su vida lo que se le diera la gana, o aniquilar a los terrícolas; sin Kakarotto que le estorbara no había nada que no pudiera hacer.

Y otra vez entraban Bulma y Trunks: no quería hacerles daño por alguna extraña razón.

Allí se quedó acostado en la cama, ya vendado, solo, con los mirai distraídos en el almacén de ese lugar. Otra vez estaba sintiendo ese cosquilleo en el estómago, esas palpitaciones fuertes en el pecho, las mismas que sintió con Bulma durante sus encuentros carnales o cuando solo la besaba.

Apretó los ojos intensamente y golpeó la cama con poca fuerza. Cada vez estaba más molesto por sentir tal cosa y quería olvidarse de eso, de la mujer y del mocoso que heredó su sangre saiyajin.

Necesitaba enfocarse en su verdadero propósito, lo que realmente quería: conquistar el universo, volverse inmortal y hacer de las suyas con quien quisiera.

Pero, ¿estaba realmente seguro de que eso quería?


Continuará


N/A: Buenas, corazones. Es difícil decir que pausaré este fabuloso fic, pero por falta de tiempo tendré que suspender algunas semanas, tal vez un mes o dos, pero cuando vuelva a actualizarlo le traeré capítulos más largos. También responderé las review cuando lo vuelva a publicar. Las leí todas y tengo que decir que cada opinión de ustedes me encantó. Espero leer más. ¡Hasta tanto, buena suerte y nos leeremos pronto!