El Noviazgo?!
- Sam… - Dean llamo a su hermano con la vergüenza deslizándose por su ronca voz.
- Dime? – Sam siempre ha sido un ser sensible a cosas como los estados de ánimo de su hermano mayor, pero esta vez lo estaba volviendo loco con tanta cursilería totalmente impropia del Winchester amante del bourbon, cuero, autos clásicos, armas y sangre. Respirando muy profundo y contando hasta mil, volvió a asomar la cabeza entre las espesas cortinas del probador.
- Qué opinas? – Dean le modelaba un conjunto digno de un hijito de papá en Harvard o jugador de golf
- Que te estas disfrazando para pedir la mano de una semi diosa? – Dean arrugo una camisa entre sus manos, sintiéndose miserable, fuera de lugar, camino arrastrando los pies hasta la pared más cercana, donde golpeo su frente incontables veces hasta que Sam lo detuvo sosteniéndolo por los hombros
- Se tú mismo Dean, no puedes esperar a que Chuck te crea la pose de hombre de familia cuando lo has amenazado con quemarlo en aceite sagrado un par de veces. – Dean se maldijo a sí mismo, susurrando una y mil veces en que lio se había metido.
- Mi suegro es el maldito Dios Sam!
- No creo que ayude a tu causa el llamarlo de esa forma –Dean volvió a golpear su cabeza esta vez sobre el pecho de Sam, el grandote tomo a su hermano y lo abrazo como solo el sabia abrazarlo – Chuck ya sabe de esto, es una mera formalidad, si el no quisiera que su hija estuviese contigo ya lo habría impedido.
- Tienes razón con eso
- Si necesitas un cambio en el closet, pero no de este tipo, vamos por algo más relajado.
Los cazadores salieron de mejor humor con varios conjuntos, hasta se sintieron de ánimo para comprar zapatos nuevos y un par de chaquetas algo más a la moda. En la noche se prepararon con dos tartas de frutas y una botella de buen vino, esperaron a que Bobby llegara y partieron como una familia normal a visitar la casa de la novia.
Al entrar al jardín los cazadores se encontraron con un enorme letrero "Estamos en el patio trasero queridos" Sabiendo que el autor era Gabriel los tres bufaron camino a su nuevo destino, grande fue su sorpresa al ver la decoración llena de luces colgando de los arboles como cascadas, una barbacoa sacaba muy buen aroma, en la parrilla Lucifer los saludo con la espátula al estilo militar, Gabriel jugaba con Prim en el columpio colgando del árbol más alto en ese enorme jardín seguramente tocado por la gracia de alguno de los arcángeles. Ni rastro de Miguel o de Chuck, Dean suspiro aliviado porque el primer encuentro fuera menos tenso, Sam y Bobby se acercaron a saludar a Lucifer, entregar las ofrendas al extrañamente amable Estrella de la mañana, dios del inframundo y Arcángel caído Lucifer! Amo de la parrilla y las hamburguesas.
- Dean – Prim no salto del columpio a sus brazos, solo por intentar mantener el trato con sus hermanos y comportarse – Gabe, puedo? – Gabriel paro el columpio agradeciendo el gesto de su hermanita, por pedir permiso y no salir como una adolecente hormonal a brazos del cazador, que alguna vez quiso su cuello en bandeja de plata.
- Por supuesto Princesita, Dean – Saludo el orgulloso hermano mayor al enfadado y confundido cazador
- Gabriel, es un… gusto verte –Dean forzó lo que al gusto de nadie podía parecer una sonrisa, enfadado por el control obvio en lo que más amaba de Prim, su impulsiva personalidad.
Pasados unos diez minutos en que Prim ya se encontraba sentada con su vestido color crema, vaporoso hasta los tobillos a un costado de Dean, jugueteando con la tela semi transparente, provocando el auto control del cazador. Sam y Bobby disfrutaban de lo lindo jugando a quien le corta el rollo primero a los enamorados, contando historias sobre Dean y sus "conquistas" anteriores. Prim podía actuar como una loca niña enamorada de un actor de cine, pero en verdad era una heredera al trono máximo en la creación con eones de madures a sus espaldas, renegando de cualquier sentimiento de celos, logro mantener la compostura junto a los más bellos ojos verde peligro.
- Veo que ya están todos aquí – Miguel junto a Chuck llegaron a decir hola a los Wínchester y Bobby – Donde esta Castiel? – Chuck extraño de inmediato la presencia de su hijo menor con el ceño fruncido lo busco entre los presentes.
- Si, hem, veras Chuck, creo que Castiel no quería estar en una reunión familiar, de este "tipo" –Chuck de inmediato arrugo aún más el ceño ante esta explicación de Sam, sin decir agua va, detuvo el tiempo para todos, excepto, para él y su hijo menor, quien ahora se encontraba tembloroso frente a Dios, su padre.
- Padre –En su habitual postura esquiva Castiel susurro el saludo lo más alto que su nerviosismo le permitió
- Castiel, HIJO… he escuchado de los Winchester que mi HIJO, no deseaba acompañarnos en este "asunto familiar" – Castiel se maldijo para sus adentros, pensando en que podría haber dado otra decorosa escusa.
- Padre… yo… - Dios no se dejaba engañar por sus hijos, menos cuando estos cometían lo que a sus ojos era un imperdonable.
- Mejor solucionaremos esto –Castiel dejo caer la cabeza abochornado hacia delante, sus lágrimas se amontonaron tras sus ojos, de inmediato Chuck con la mano de hierro característica en él, jalo a su hijo menor hasta su regazo, doblo las mangas de la camisa blanca hasta los codos, exponiendo los musculosos brazos de Dios, dándole amor duro a su hijo menor.
- Padre, por favor – Chuck no lo dejo exponer antes de dar la primera palmada, los Ángeles son fuertes, rudos, el mismo Castiel se había enfrentado a peleas épicas dolores realmente rudos, pero jamás podían bajar la intensidad de sus lágrimas a la hora de caer en manos del padre celestial, Chuck sabía perfectamente cómo mantener a sus hijos en norma, pero cuando realmente se enfurecía, era cuando se restaban de la real familia que el había creado para sus hijos alados.
- No quiero escusas sobre tu comportamiento Castiel, tú eres uno de mis favoritos, mi pequeño guerrero sin importar tu rango o tu falta de poderes o inclusive tu humanidad en algún segundo, pudiste entregar tu alma entera, aun estando sin tu gracia demostrate ser un digno hijo de Dios Tú más que nadie merece ser mi hijo, mi pequeño ángel de alas negras, no me detendré hasta que te quede marcado a fuego en tu rebelde trasero.
Castiel aguanto las lágrimas, pero le fue imposible detenerlas con la mano de su padre dejando todo su punto marcado en la cola desprotegida, pronto se largó a llorar con el alma partida frente a las palabras de su padre, lo tonto que se sintió por auto marginándose del cielo, ahora de su familia, no creía merecer estar entre los Arcángeles y la primogénita, para él su lugar era junto a los Winchester, como su familia y su aliado. No junto a Dios o sus hermanos… Si las palabras de su padre fueron duras, más aun fue la mano en su cola desnuda, ser un adulto y sentirse un pequeño castigado puede tener un efecto doloroso, ser quebrado ante tu padre, como un crio, la sensación de vulnerabilidad colgando de sus rodillas, abrazado a su pierna, rogando porque se detenga, el ardor en sus mejillas por las lágrimas, se sumaba al aumentado picor de cada palmada. Chuck dejo unas cuantas muy buenas impresiones de su enorme mano en las posaderas angelicales.
- No te permitiré Castiel una desobediencia como esa, nunca más! Soy tu padre y si tu padre te ordena estar con nosotros tu vienes y punto! Está claro? – Las poderosas palabras calaron a fondo junto a tres palmadas aún más fuertes justo donde se juntan las piernas con las nalgas.
- Owww.. padre.. ahowww, si señor! –Apenas si sostenía los gritos, Chuck estaba siendo muy efectivo con su discurso
- Te prohíbo una actitud como esta hijo, tu eres parte fundamental de esta familia y la única razón por la que no estás viviendo con nosotros, es porque tú mismo has preferido estar con los Winchester, lo que no quieres decir que has perdido una familia por otra, sino que has ganado una extra, entiendes?
- Si padre, lo has dejado muy claro. – Chuck se tuvo que morder las mejillas para no reír ante la ternura de su hijo menor
- Bien, ahora ven aquí – Con la misma fuerza que aplica con mano de hierro, aplica su amor a sus pequeños, dándole consuelo en los momentos precisos. Acurruco a Castiel, hasta que el Ángel rebelde logro calmar su llanto y las infinitas frases de perdón.
- Padre, lamento mucho todo esto – Chuck beso el tope de la coronilla de su hijo, pronto el tiempo volvió a su curso, Chuck miraba nuevamente ceñudo a su alrededor por su hijo y Castiel apareció tras del como si nada, saludando de muy buen humor a sus hermanos. Miguel y Bobby dudaron un poco del cambio en la decisión de Castiel si a eso se le sumaba la delicada nueva forma de tomar asiento del Ángel. Los dos mayores encontraron la respuesta de inmediato a la nueva adición a la cena familiar.
- Castiel! – Prim tan fiel a su espontaneidad como siempre, se lanzó a los brazos de su hermanito menor, sentándose sobre sus piernas, fue mucho el auto control del Ángel para no soltar el grito de dolor que tenía amarrado en la garganta, miguel y Bobby sostenían la risa, por entender perfectamente la cara descompuesta del pobre chico
- Para mí no tienes un enorme abrazo –Chuck salió a la salvarle, el pequeño de sus ojos se lo agradeció infinitamente. Prim por su lado corrió a los brazos de su padre, cosa que se le había estado haciendo costumbre, el vacío en sus entrañas al pensar en él se estaba llenando de apoco, muy de apoco, pero lo suficientemente rápido, para darle la sensación de hogar cada vez que él llegaba a casa.
- Ya que todos están en casa, tal vez sería bueno empezar con la parte incomoda – Dean tomo todo el valor liquido capaz de tomar antes de transformarse en un verdadero lio – Chuck dejo ir a su pequeña consentida, quien se situó al lado derecho del cazador, Dean tuvo que usar mucho de su valor para detener el temblor de su mano al tomar entre las suyas la delicada mano de la dulce Prim, sintiendo por primera vez la enorme diferencia entre la piel tersa y virginal de la joven, en comparación a la suya, áspera, tantas cicatrices contando heridas en batalla, la suya no tenía una sola marca, un tono parejo trigueño dorado, suave como la porcelana fina. Él era un cazador, ella un futuro Dios disfrazada de humana. – Chuck… YO – Sujeto aún más fuerte la delicada anatomía de Prim y se dio cuenta de no era a su familia a quien debía hacer el famoso protocolo, era a esa mujer que con tantos años de vida, en verdad jamás había vivido hasta hace un par de meses, el día en que vio por primera vez, esos ojos verde peligro, en la azotea del Misisipi
- Relajate Dean – Gabriel siempre lo molestaba, pero esta vez en la voz del bromista solo se escuchaba comprensión
- Si Dean, esta todo en familia –Chuck ya sabía lo que en el interior del que consideraba uno de sus mejores amigos se debatía.
- Prim! – La castaña se giró directamente a los ojos verde peligro que tanto amaba, Cada fibra en el cuerpo del cazador vibro, solo con ver la vida misma en los exóticos iris turquesas de su futura novia.- Te amo… No como se aman a los amigos o a los hermanos, que la verdad por mi cobardía o el destino no he conocido otro amor más real que ese, por ello, se lo que es dejar el alma, cuerpo, mi vida en manos de quien sea por salvarle a uno de ellos… Pero no logro imaginar el vivir sin ti Prim – El aliento de la pequeña figura acorralada entre esos fuertes brazos de acero forjado en furia y batalla se detuvo – Donde el cielo encuentra su reina yo encuentro mi muerte, donde el inframundo encuentra su fin yo encontrare mi tortura eterna, acá en la tierra la salvadora de la creación, los salvara a todos excepto a uno, heredera del trono yo te proclamo la Reyna de mi vida, solo por ti peleare y con todos los días de esta mortal vida, te hare feliz… Prim, por favor, se mi novia, permítele a este simple cazador recorrer la divinidad en la dulzura de tus labios – Las lágrimas corrieron libres en las mejillas de Prim, la joven heredera sostuvo a su mortal cazador ahora arrodillado contra la estrecha cintura.
- Si Dean, Si! – El cazador salto de la alegría, recorrió cada centímetro aquella tela vaporosa semi transparente hasta quedar erguido en su total altura, Prim soltó un suspiro contenido de puro amor, era hipnotizante la belleza del cazador.
- Oh Prim – Rodeando por completo a su pequeña beso sin censura a su nueva novia, los aplausos de todos no se hicieron esperar, hasta Chuck lucia feliz, Gabe lloraba de felicidad igual que Bobby y Sam, Lucifer se dejó caer junto a Castiel para abrazarlo, el ángel aun le costaba demostrar sus emociones y él le ayudaría con ello.
- Un brindis por los nuevos novios! – Miguel extrañamente pidió el brindis, ganándose extrañas miradas de todos, sobre todo de Gabe.
- Por los novios!
- Por los novios! – La celebración fue sorprendentemente bien desde ese momento.
