- Miguel? – Gabriel llevaba un buen rato buscando a su hermano, había buscado dentro de la casa, fuera de esta, en el bunquer, las habitaciones de los hermanitos y hasta en algunos sitios de la ciudad que eran del agrado de su hermano mayor, como la biblioteca central, los museos y algunos café donde servían el chocolate caliente italiano favorito de la espada del cielo – Donde demonios te has metido! – Ya frustrado y sin más ideas de donde buscar a su hermanito, decidió subir al cielo y ver si su padre lo había llamado sin que nadie más supiera.
- Aun no encuentras a tu hermano? – Chuck, perdón… Dios, levanto la vista de sus pergaminos, justo en el instante en el que el menor de los Arcángeles aparecía ante su presencia. Encontrando los ojitos tristes de su pequeño, dejo los pergaminos y abrió los brazos en una clara invitación al consuelo de su viejo padre.
- Se está escondiendo de mí? – El puchero triste en el rostro de su hijo lo hiso enternecer
- Estoy seguro de que ese no es el propósito de Miguel cariño… - Pronto el rostro de su hijo menor se metía en el hueco de su cuello buscando refugio de sus propios pensamientos. Bien sabia Dios como Gabriel aún se sentía culpable por abandonar el cielo y a sus hermanos y esa culpa lo llevaba a sentir la inseguridad del amor de sus hermanos profesaban por el en la actualidad.
- Entonces cuál es? Lo he llamado el día entero, lo he buscado en cada rincón de la casa, el bunquer hasta por la ciudad y nada… Cuando lo llamo tampoco ha venido – El nudo en la garganta de su hijo era palpable, si no intercedía pronto tendría a un angelito lloroso en sus brazos.
- Cariño, Miguel está en una misión… Estoy seguro de que te ha escuchado, simplemente ha estado ocupado, eso es todo – Gabriel se tensó de inmediato, se separó del brazos de su padre y le dio una mirada acusadora
- Enviaste a Miguel a una misión y ninguno fue capaz de avisarme! He estado el día entero llamando a mi hermano y ninguno pudo bajar o enviar un pequeño mensaje de texto?! – la indignación en Gabriel era tal, que su tono de voz se elevó varios tonos más de los que el quería en un principio. Provocando en su padre una mirada de desaprobación
- Hijo, baja el tono, estás hablando con tu padre no con uno de tus hermanos. Si no te hemos contado nada, no ha sido por querer preocuparte – Dios intento calmar a su pequeño indignado
- Que parte de lo he buscado todo el día! No has entendido! – Indiscutiblemente su padre estaba en ese momento reuniendo cada molécula de paciencia en su interior, para no caerle a su hijo con el regaño que tenía en el fondo de su garganta.
- Lo siento – En ese momento Miguel apareció algo mal herido a disculparse con su hermanito Gabriel
- Miguel! – Padre e hijo corrieron a tomar el peso alicaído del mayor de los Arcángeles.
- Estoy bien, estoy bien – Intento disimular lo mejor que pudo sus heridas, sin ningún éxito de su parte, Gabriel y su padre lo llevaron de vuelta a la tierra, donde lo cuidarían mejor en su habitación.
- Quedate quieto – Chuck intentaba estirar las alas de su hijo para curarlo rápidamente y evitar el sufrimiento en su pequeño guerrero, pero Miguel no cooperaba con su padre, desatando la ira del todo poderoso – Miguel espada del cielo, si no te quedas quieto ahora mismo, te dolerá otra parte más de tu cuerpo, ahora dejame trabajar en tus alas!
- Papi, dale tregua, está muy adolorido, no creo que amenazarlo con una tunda sea lo mejor – Gabriel intento abogar por su hermanito mayor, provocando en Miguel una sonrisa famélica, muy distinta a su usual sonrisa del millón de dólares, tan característica en él.
- Obedeceré, lo hare… solo no te enfades más con Gabe - Chuck dejo caer por un momento la cabeza, viendo con ternura a sus pequeños que algún día le sacaran mas canas de las que ya tenia
- Bien, Gabriel, toma las manos de Miguel… Hijo respira muy profundo… a la cuenta de tres, jalare su ala y la pondré de vuelta en su lugar… esta bien? – Los dos Arcángeles asintieron a las órdenes de su padre, Chuck elevo el ala de su hijo y empezó a contar – Uno… Dos – Sin previo aviso jalo el ala del mayor, provocando un grito ensordecedor que hiso retumbar la casa entera.
- Dijiste al maldito tres! – Aulló adolorido por el jalón repentino
- Lenguaje Miguel! – Lo regaño su padre traspasando parte de su esencia a su hijo para terminar de sanar el ala y un par de magullones mas
- Al carajo con el lenguaje! Dolió! No estaba preparado… - Se quejó infantilmente provocando una risa en el interior de su padre, que por supuesto no exteriorizo, porque debía ser firme en el respeto a su presencia.
- Esa no es excusa Miguel – Sin previo aviso Chuck le soltó dos palmadas por sobre la ropa, sin demasiada fuerza, pero aun así Miguel sollozo por cada una de ella, sentido por ser regañado por su padre
- Bien, basta de drama… ahora alguno me puede explicar por qué carajos no me avisaron que mi hermano estaría en batalla y saldría así de lastimado?! - Los aludidos se dieron una mirada cómplice, que puso aún más nervioso a Gabriel – Esta bien, sino me quieren en sus vida basta con que lo digan – Gabriel se preparaba para marcharse, cuando Miguel lo detuvo
- Fue mi culpa Gabe, no culpes a papa por esto – Chuck le dio una mirada de disculpas a su hijo menor, intentando traspasar algo de calma al Arcángel mensajero, sin mucho éxito en su intento.
- No lo culpo a él, los culpo a ambos! Estuve el día entero buscando a Miguel! Y resulta de que tu supiste todo el tiempo donde estaba! Y no solo eso! Esta herido y en peligro… Carajos! Podría haberlo ayudado
- Que les sucede a ustedes dos con el lenguaje el día de hoy?! – Chuck perdía la paciencia y comenzaba a gritar al igual que Gabriel
- No me pidas lenguaje cuando me tuviste el día entero con el alma en un hilo y no fuiste capaz de dar una sola señal de que mi hermano estaba en un lugar peligroso.
- Porque te estaba protegiendo! – Grito Miguel enojado por la situación
- Protegiéndome! Mirate Miguel, apenas si te mantenías en pie hace unos segundos atrás
- Y tu hubieses quedado peor
- No soy una cria! Para que me protejas de un peligro que ni siquiera me has dicho de que se trata
- Fue Almeida! – Termino gritando agotado Miguel el nombre de la más poderosa enemiga del Arcángel mensajero.
- Almeida… Estas bromeando? Almeida te hiso esto'? Padre tu… - Gabriel se giró a su padre quien mantenía la mirada baja, intentando encontrar las palabras para describir a su hijo por qué no le habían contado nada
- Fue Almeida quien le entrego a Satán la daga que asesinaría a nuestro padre – Gabriel movió las fichas del ajedrez en su mente, hasta que encontró la combinación perfecta
- Almeida quería asesinar a nuestro padre?... solo por… venganza?
- Ella ya no es más un problema – Gabriel no pudo evitar el nudo en su garganta, por un segundo vio todo rojo, quería arrancarle la cabeza a Miguel por asesinar a Almeida y por otro lado, quería haber sido el mismo quien le quitara la vida a esa mal nacida.
- Sabes que fue para protegerte – Chuck intento abrazar a Gabriel pero este no se lo permitió
- Protegerme? Donde estuviste para protegerme cuando Miguel y Raphael tomaron el control de cielo he padre? Donde estabas tú cuando Almadia me sedujo y sufrí en sus brazos hasta que por una suerte infinita logre separarme de ella… donde estabas tú cuando tus hijos te necesitábamos! He?! Enviaste a Miguel a morir en tu nombre, sin ayuda de nadie!
- Yo si tuve ayuda hermano – Gabriel se giró a Miguel, quien tenía el rostro cansado y el alma media rota por haber traicionado a su hermanito menor
- De que hablas? Acaso todos sabían excepto yo? Por eso no había nadie en casa o en el bunquer? Fuiste con Sam? – Miguel se dejó caer en su cama ya sin fuerzas para seguir discutiendo con su hermano
- Debíamos actuar, fue lo que hice, te pido disculpas por haberlo hecho a tus espaldas , pero quiero que entiendas que fue por tu bien… no quería que algo te sucediera en manos de esa arpía
- Porque? Temías que Almeida me volviese a seducir?
- No… temía que te volviera a dañar como lo hiso la primera, la segunda y la tercera y la décima quinta vez.
- No confiaste en mi
- Yo lo ordene hijo, tu hermano solo recibió órdenes y trajo una victoria, ahora dejaremos a Miguel descansar, se lo merece y mañana le pedirás disculpas por tu actitud
- Yo no me disculpare con ninguno de ustedes
- Oh… si lo harás… porque te juro hijo, mi paciencia tiene un límite y lo estas alcanzando – Sin dejarle espacio a seguía reclamándole a Miguel o a el mismo, transporto a su hijo hasta el cielo, donde lo sentó frente a él, dispuesto a dejarle claro que él era el padre y quien daba las órdenes, a quien s ele debía respeto y por sobre todas las cosas obediencia.
- Si me vas a azotar hazlo ya! Porque eso no quitara el enojo que llevo dentro, ustedes me traicionaron. No solo me mintieron, sino que me pase el día entero pensando en que mi hermano ya no me quería hablar y tú lo sabias! Y me dejaste pensarlo, simplemente para mantener su mentira
- Nadie te ha mentido, simplemente te lo contaríamos una vez estuviera todo controlado, yo mismo no pude acompañar a tus hermanos porque eso significaría ponernos en peligro a todos, Almeida podría habernos asesinado a ti y a mi si hubiésemos actuado. En cambio tus hermanos, los Winchester podían controlar la situación y eliminar la amenaza
Gabriel bajo la cabeza, encontrando de pronto muy interesante el piso y sus zapatos, si había sobreactuado un poco y para ser justos, el mismo no habría dejado ir a ninguno de sus hermanos si supiera el peligro al que se podían exponer con una arpía como Almeida
- Gabriel… espero una respuesta de parte tuya
- ….
- Parecías tener respuesta para todo hace unos minutos
- … yo
- Tu?
- Lo siento
- No Gabriel, lo vas a sentir! Jugaste lo suficiente con la paciencia de este viejo y no estoy dispuesto a seguir soportando que me contradigan mis hijos cada vez que una de mis decisiones no les parezca a sus señorías
- No fue esa mi intención padre
- Si fue esa tu intención Gabriel, no intentes bajar el perfil a tus acciones.
- Yo perdí la cabeza por un momento
- Exactamente por eso decidí no decirte sobre Almeida y dejarte ocupado buscando a Miguel, era algo inocente que buscaras a tu hermano por un par de horas.
- No fue justo Padre
- Lo fue si sigues vivo
- Almeida no quería mi cabeza
- Quería la mía y por hacerme daño tomaría la tuya, como casi toma la de tu hermana
- Prim?
- Ella está bien, esta con Bobby y Dean en este momento
- Y Lucy?
- Tu hermano se encuentra bien, fueron junto a Sam a cuidar de Miguel
- Entiendo y Cas?
- Esta aquí, no permitiría que se volviera a topar con los maleficios de esa bruja, la última vez que fue arrasado por ella
- Lo recuerdo muy bien padre
- Esa arpía hiso el suficiente daño Gabriel
- Y ahora… - Gabriel levanto la mirada a su padre, asustado del lio en el que se había metido, por su impulsividad y su falta de control de ira – Tu?
- Yo… - Dios todo poderoso adivinaba a su hijo con solo un simple gesto de su retoño, sabía perfectamente lo que sucedía con el… Estaba arrepentido y no sabía cómo salir de esa
- Me vas a … tu sabes? – Dios levanto las cejas, provocando en Gabriel un remolino de afluxiona
- A que? – Estaba mal jugar con el sentimiento de miedo de su hijo por la surra que le llegaría, pero no podían culparlo… o sí?
- A castigarme?
- Te lo buscaste
- Debo concederte eso
Sin mucha ceremonia Dios tomo a su hijo en su regazo, Gabriel intento tomar su castigo de forma humilde y no seguir reclamándole a su padre por cada cosa que había sucedido ese día, aun así su estoicismo duro poco al sentir la primera fuerte nalgada en su desprotegida colita
- Oawwww… padre, hablemos
- Ya no hay nada que hablar Gabriel
- Pero padre eowwww
- Silencio, te lo has ganado a pulso, cada una de las nalgadas que recibirás hoy, son por tu desobediencia
- Aowwwww
- Por esas palabrotas
- Aowww
- Por insultar a tu hermano
- Perdon! Aosu
- Por creer que puedes mandar a tu propio padre
- Aow! Aoushhh! Aowww… lo seinto! Lo siento!
- Oh si, de eso me voy a encargar yo
Las nalgadas siguieron cayendo una tras otra, provocando los gritos y el llanto del pequeño problema de su hijo menor. El nudo en el estómago de Chuck crecía con cada grito de su hijo, pero no se podía detener y dejar un mal mensaje, Gabriel debía entender que su padre hablaba y el hacía caso.
- Papi... perdón!
- Ya está cariño, dos más y todo estará perdonado – Gabriel cerro fuertemente los ojos y se agarró del pantalón de su padre, cojinete aire para soportar las últimas dos, que siempre eran las más fuertes.
- Aowwwww! Perdón papito, perdón perdón! Aowwwwwww!
Dios acurruco rápidamente a su hijo, arrullándolo en su pecho, soportando el peso del pequeño ángel lloroso, susurrándole suavemente cuanto lo amaba.
- Papi, lo siento, de verdad lo siento
- Lo se cariño, ya paso todo
- Pero duele
- Lo se cariño, ese es un recordatorio para que entiendas que si papa dice blanco tu no me gritas negro
- Nunca más papito
- Bien! Ese es mi muchacho, te sientes mejor?
- Si… - Gabe se acurruco un poco más contra el gran pecho de su padre
- Entonces debemos volver a casa
- No podemos quedarnos un momento más? - Gabriel sentía la vergüenza de que todos lo viesen con los ojos llorosos, sabrían lo que habría pasado con papa.
- Lo siento cariño, pero tus hermanitos también necesitan de papa
- Es verdad, pero por ahora eres solo mío
- 5 minutos
- Wii!
