Capítulo 10

"Sustine et abstine"


Ámsterdam, Holanda:

Si la expresión de Tala no tenía precio al escuchar las palabras de pequeño pelirrojo, la siguiente que les dirigió a sus compañeros de equipo fue… incomparable. Si metafóricamente –y últimamente no tan metafóricamente- Kai podía incendiar una habitación, todos notaron como la habitación bajó algunos grados, por un momento casi lo vieron transformarse en un lobo.

Entonces, irguiéndose a su altura total, que aunque no era tanta como la de Spencer era suficiente para intimidar a los G-Revolution quienes dieron un paso atrás.

— "Afuera… ahora" — fue dicho en ruso con voz ronca y sin admitir la mínima réplica.

Los tres rusos reconocieron que Tala estaba empezando a enojarse y optaron por retirarse, no sin antes dar una mirada a los estupefactos chicos menores. Ninguno de ellos había visto cuan intimidante podía ser el pelirrojo. Aun conociendo a Kai, nunca le habían visto así… pasaron saliva y deseando nunca presenciarlo.

Tala giró su mirada a donde los más jóvenes se encontraban dirigiéndose directamente a Tyson — "Zhelayu tebe uspeha"

Sin más, el ruso siguió a los otros.

La reacción tardía de los G-Revolution permitió a los rusos irse. Max fue el primero en recuperarse y miró a Kenny — "¿Q-qué dijo?"

— "¿Ah…?"

— "¿Qué dijo Tala?" — nuevamente preguntó el rubio.

Kenny tardó un poco en entender lo que se quería de él — "¿Dizzy?" — dijo con voz casi desmayada.

— "Afuera… ahora" — dijo la vocecita de Dizzy.

Max negó con su cabeza, mientras miraba a Tyson aún sin mostrar una reacción coherente más que girarse hacia él — "No Dizzy, lo que Tala le dijo a Tyson"

— "Te deseo mucho éxito"

-ooOoo-

Aeropuerto de Schiphol, Ámsterdam, Holanda

El viaje se realizó en silencio dentro del taxi que los conducía al aeropuerto de Schiphol para tomar su vuelo a Rusia. El silencio no se debía a que a Tala le faltaran palabras para 'expresar' su enojo, todo lo contrario… se estaba conteniendo y eso provocó que los otros, aún el enorme Spencer, optaran por el silencio.

…que no duraría mucho.

Tala se recostó, cruzándose de brazos cerró sus ojos. Los otros intercambiaron miradas esperando vanamente que su capitán se quedara dormido. Como si fuera un cuento tres rusos, uno grande, uno mediano y uno pequeño, pero no como si estuvieran frente a una niña de rizos de oro durmiendo en la cama más pequeña, sino como si el lobo estuviera a punto de soplar y resoplar para comerse a los tres cerditos.

Y, de alguna forma –no graciosa para ellos, al menos en ese momento- el lobo resopló y vieron con pesar como esos intimidantes ojos azules mirarlos como si pretendiera matarlos y arrojar sus cuerpos sin vida fuera del vehículo, quizá solo detenido por el pequeño detalle que tendría que hacer los mismo con el conductor y eso podría provocarle ciertos problemas en el aeropuerto, el cual para alivio de todos se encontraba ya a la vista.

El vehículo de alquiler se detuvo. Ian, encargado del pago se dirigió al conductor mientras el resto empezaba a bajar.

— "¿Qué demonios estaban pensando?" — la siseante voz de Tala era mucho más atemorizante que si vociferara.

— "¿Qué sería entretenido ver sus reacciones?" — Bryan respondió desvergonzadamente, haciendo rechinar los dientes al pelirrojo.

— "Estábamos aburridos" — dijo Spencer — "No dijimos nada que fuera comprometedor"

— "¿El que esos 'parvularios' piensen que Kai está muerto, asesinado por nosotros no es considerado comprometedor?" — un chasquido en la lengua de Tala hizo darse cuenta a los otros que el lobo no estaba tan enojado… al menos no tanto.

— "Relájate, nosotros no hicimos nada que no hubieras hecho en nuestra situación"

— "¿Eso me debe relajar?" — el pelirrojo no estaba más tranquilo ante eso pero al menos no tan enojado como al principio.

— "Tengo grabado todo… por si te interesa" — el más pequeño sonrió mientras sacaba su teléfono y lo agitaba.

Tala extendió su mano y el aparato fue puesto de inmediato en ella. Los otros se miraron esperanzados. No era bueno enojar a Tala; entre los tres bien podrían derrotarlo, especialmente porque Kai no estaba a la vista, pero ninguno estaba dispuesto a intentarlo.

Pese a todo, respetaban a su capitán y de alguna forma podrían considerar que 'quizá' se habían excedido un poco. Eh… no con los 'parvularios' en realidad en eso se habían quedado cortos, sino porque Tala se encontraba bastante nervioso después de la entrevista con el abuelo de Kai, cansado por el viaje y preocupado por Kai. Tampoco ayudó su entrevista con Dickenson, a quienes ellos reconocieron mientras hacían su graciosa salida.

Tala los miró con sus ojos entrecerrados… cuando divisó un par de vehículos aproximándose con rapidez, que reconoció al instante. Los otros notaron su reacción y siguieron su mirada. Vieron como unos hombres muy bien vestidos bajaron y enseñaron sus insignias a algunos guardias del aeropuerto.

— "Espero que tengas respaldo de esto" — dijo Bryan.

— "Más te vale no haya nada comprometedor" — susurró Tala lanzando el teléfono devuelta al beyluchador más pequeño.

Los hombres se acercaron a ellos y ante la mirada atónita de las personas que se encontraban en ese importante aeropuerto — "Será mejor que nos acompañen, sin escándalos" — dijo uno de los hombres.

Tala les dio una mirada de muerte a los otros, quienes bajaron la cabeza. Fueron separados en parejas. Tala y Bryan en uno; Spencer e Ian en el otro.

Nuevamente el viaje se hizo en un sepulcral silencio.

Ya dentro del vehículo, asignado, se dirigieron al centro de la ciudad. A lo lejos se miraba la Estación de Policía… por un momento el pelirrojo deseó que se dirigieran hacia ahí, pero sus ruegos no fueron atendidos, iban de regreso al hotel donde se hospedada el Sr, Hiwatari.

Ellos estaban viajando con la escolta personal del empresario japonés.

Al llegar les fueron indicadas una habitación a la cual entraron sin chistar.

Otra antesala.

Spencer, Bryan e Ian, esperaron afuera. En esta ocasión, ninguno consideró hablar, bromear y menos con los hombres elegantemente vestidos que se encontraban de pie al lado de la puerta por donde había ingresado Tala ni donde los otros estaban sentados mirándolos atentamente.

-ooOoo-

Región de Briansk, Rusia:

Cuando despertó eran casi las 1:00 PM. Tenía un poco de hambre y estaba rígido por la desacostumbrada estancia en cama, y no obstante la protesta de su cuerpo por ello, sentía una agradable placidez que hacía rato no sentía. No lo admitiría, pero Tala y Spencer tenían razón, realmente se había excedido un poco nadando ayer, pero había valido la pena. Pues no había dormido así en muchas semanas. De seguir así se recuperaría completamente en un par de días.

Decidido se levantó y empezó a moverse para desacalambrar sus músculos y buscar algo de comer. Dirigió su mirada hacia la puerta que comunicaba al baño y luego miró hacia el exterior, tratando de concentrarse en la brillante línea de agua que se miraba en la lejanía y no en los problemas que había estado teniendo y de alguna forma habían preocupado a Tala, para su propio disgusto y vergüenza; porque para ser sincero no quería pedir ayuda, aunque sabía que la necesitaba. En eso se fijó en su brazalete y lo abrió. El chip brilló dentro a modo de saludo y una suave calidez le inundó. Rozó suavemente el chip con su pulgar y el resplandor se apagó lentamente. Esa extraña pero reconfortante calidez era más perceptible desde hacía algunas semanas y la tranquilidad del momento lo hizo más especial, no amenazante, no agresivo solo cálido.

Sonrió.

Entonces, ya más tranquilo se dirigió hacia la cocina cuando divisó una bandeja sobre la mesa; levantando la tapa se encontró con un teléfono móvil, dos recipientes con comida y una nota:

**"Hay latas de comida en la despensa. Un rifle en el armario por si los osos o lobos se acercan mucho. Una linterna. Recuerda que prometiste ser prudente. Llámame al despertar,

Mamá" **

Aunque se quedó con la boca abierta un momento, una maldición rápidamente llegó a sus labios así como una sonrisa. Puso a calentar la comida, que sin duda era obra de Spencer. Recogió el teléfono para consultar la hora y notó que al menos habían cinco llamadas perdidas. Dudó un momento, mientras removía la comida marcó el número del pelirrojo.

— "Ya era hora" — escuchó la voz cansada y realmente malhumorada de Tala — "Debiste llamar hacer horas y…"

— "Acabo de despertar"

Silencio…

Más silencio.

— "¿En serio?" — preguntó Tala en cuya voz a había una nota de incredulidad — "¿La cabaña está intacta?"

No respondió pero escuchó voces en la lejanía que no dudaba eran de los otros.

— "Spencer dice que dejó pan en la alacena superior junto al café y té verde"

Ahí estaba de nuevo ese tono de voz que no presagiaba nada bueno.

— "¿Qué ocurre?" — en esas dos palabras resumía la situación que necesitaba ser informada y sobre todo la pregunta que no quería ser hecha.

— "No creo que podamos llegar hoy… digamos que surgieron algunos inconvenientes ¿Estarás bien?"

Silencio…

Silencio…

— "¿Contestarías lo mismo si yo te hiciera esa pregunta?"

— "Te llamaré después" — la voz de Tala era neutra, pero no para Kai.

— "Sé sensato lobo"

— "Idem"

Ambos colgaron.

-oooOooo-

Ámsterdam, Holanda: unos minutos antes.

Habían sido despedidos de la suite a donde habían hecho antesala, al menos tres de ellos, y más silenciosos que un ratón se habían dirigido a la habitación que les habían asignado. Demasiado lujosa para sus gustos. Una pequeña sala y dos habitaciones al fondo.

Así, estaban cuando la llamada de Kai rompió el silencio.

Tala se giró hacia los otros se encontró con expectación en sus rostros… esperando. Porque cuando Kai llamó, el pelirrojo apenas había traspuesto la puerta y estaba cerrándola cuando empezó a hablar con el bicolor.

Los otros siguieron la conversación en forma aburrida; hasta que Tala mencionó que existían 'inconvenientes' fue que ellos realmente pusieron atención. Tala notó el cambió en el ambiente y por un momento sus miradas se encontraron y de alguna manera desviaron su mirada de los ojos azules de hielo… un sentimiento de culpabilidad flotando entre ellos en medio de las ráfagas de enojo del pelirrojo.

Finalmente colgó.

— "¡Por todos los infiernos! ¡¿Cuántas veces tenemos que disculparnos?!" — protestó Bryan — "Un error… ¡Un mísero error!"

Otra vez esa maldita mirada.

— "Fue solo una broma, no era para tanto" — Spencer resopló — "¿Cómo íbamos a saberlo? No vi nada malo en ello"

— "Tú también lo disfrutaste, no lo niegues" — Ian se cruzó de brazos.

— "No, no lo disfruté" — negó el pelirrojo mientras se dirigía hacia un sofá un lujoso y se acostó de golpe.

— "No seas melodramático" — la voz tranquila de Spencer surgió, aunque no tan persuasiva como de costumbre.

— "¿Melo…? ¡Estamos varados aquí, ese irresponsable allá y…!" — respiró hondo antes de continuar más tranquilo — "...esto no puede estar pasando, no justo ahora"

— "¿Es tan malo?" — se aventuró Bryan — "¿Realmente malo?"

Tala no respondió de inmediato. Se levantó y se acercó a la cafetera… no sin antes darle un vistazo al pequeño bar que le hizo un guiño, pero descartó tras una vacilación — "Tengo una cita con el Sr. Voltaire en una hora. Kai dice que recién acababa de despertar ¿Qué crees?"

Miradas entre los tres rusos restantes mientras Tala regresaba al sofá.

— "Creí que habías hablado con él" — Spencer le miró detenidamente, necesitaba observar el lenguaje corporal del pelirrojo.

— "Era Antón"

— "Espera, ¿Antón está aquí?" — la voz de Ian tenía un pequeño inflexión de horror — "¿P-por qué?"

— "No lo sé, y… francamente no quiero saberlo"

La declaración de su capitán no era lo que esperaban… no de él.

-oooOooo-

Región de Briansk, Rusia:

La comida de Spencer olía casi tan bien como sabía. Nunca se lo decían abiertamente, pero el enorme ruso era un prodigioso cocinero. De no ser por la sensación que percibió en la voz de Tala la habría disfrutado más.

Porque no tenía duda que esa reacción del pelirrojo y esta estancia solitaria era obra de su abuelo… realmente el anciano debía estar furioso por las sanciones que les habrían impuesto los miembros del Consejo o del Torneo. ¿Cómo iba a suponer que no iban a llegar después de su confirmación? Pero entonces… ¿Por qué no fue convocado? ¿Por qué la orden de quedarse ahí?

A menos que fuera por su actual situación actual de 'reposo' dieta y medicación. Admitía que minimizó su cansancio e ignoró parte de sus lesiones al usar analgésicos; eso entonces explicaría que terminara ahí aunque no el retraso de los otros. Su abuelo nunca lo dejaría solo en esas condiciones, al contrario lo tendría vigilado… ¿Por qué esa repentina libertad? ¿Qué tramaba el anciano? No sería la primera vez que estuviera en medio de las retorcidas tretas del intrigante anciano. Suspiró e hizo una mueca. Tarde o temprano lo averiguaría.

Después de limpiar su desorden en la cocina y guardar los restos de comida miró con nostalgia la brillante franja en la lejanía y al momento dirigió su mirada a su habitación… casi mirando a través de las sólidas paredes de madera divisó la puerta que se dirigía a su 'habitación de aseo'. Quizá muy, muy en el fondo sintió una punzada de culpa ante su deseo de dirigirse a esa resplandeciente franja, sin poner atención a la recomendación/petición/orden de Tala de no excederse y reposar… maldijo.

Reposo.

Esa palabra regresó a él con fuerza que le hizo estremecerse. Miró a su alrededor con algo de pánico. ¿Qué se suponía que iba a hacer, aquí?

-oooOooo-

Ámsterdam, Holanda: Tiempo después.

La suite de Voltaire Hiwatari era suntuosa. El anciano sabía viajar y hospedarse. Esperaba al capitán del equipo ruso tras un elegantísimo escritorio. Papeles de distintas clases se encontraban sobre el mismo. Antón a un lado, de pie; y, un secretario particular quién se encontraban en unos sillones frente a él tomando nota de las disposiciones más urgentes y algunas… digamos 'especiales' que tenían que tomarse. Algunas de negocios y otras de carácter personal. El toque en la puerta le avisó que Tala se encontraba ahí. Era hora de poner algunas de las segundas en orden.

Y la mejor forma de hacerlo… era a través de una larga espera.

Cuando Tala fue avisado que sería atendido, se apresuró a dirigirse a la habitación que ocupara Voltaire. Uno de los guardespaldas le hizo entrar en la antesala donde una hora antes había estado con los otros. Sabía cómo era el interior. Pero sobre todo quién estaba adentro.

No era la primera vez que Tala estaría frente al mayor de los Hiwatari, tampoco sería la última –al menos eso esperaba- pero el que Antón estuviera ahí… garantizaba que no sería agradable. Nervioso era un eufemismo. Había sido entrenado para controlarse, frío, duro, insensible… pero era Voltaire y hombres más recios temblaban ante su nombre.

— "Haz que pase" — indicó a su secretario que dejara pasar al pelirrojo — "Y, encárgate del asunto" — el secretario asintió, se levantó y salió.

Antón se le quedó mirando.

— "Quédate. Será interesante"

Antón asintió y se sentó en la silla que le señalara.

Tala entró.

-oooOooo-

Voltaire notó el leve temblor en el joven mientras bajaba la cabeza. Sonrió. Si hubiera sido Kai no lo habría permitido, porque no era en sumisión sino en rebeldía; Kai bajaba la cabeza para evitar que él notara la mirada de rencor, rebeldía y odio. Pero Tala y el resto de los que conocían lo hacían por temor o sumisión.

Tala no se sentó. No le fue 'ofrecido' el tomar asiento y por tanto permaneció de pie.

— "Fuiste elegido como capitán del equipo sobre dos mayores. Boris me habló de capacidad de tu liderazgo y aptitudes de obediencia. ¿Algo ha cambiado?"

— "¿Señor…?" — Tala estaba confundido ¿No lo había mandado a llamar por la broma de los otros?

Voltaire elevó sus manos tocándose las puntas de los dedos en un leve toqueteo. Miró de reojo hacia el enjuto hombre sentado al lado de Tala, quien le devolvió la mirada y una sonrisa que haría palidecer la macabra de Bryan.

— "¿Sabe por qué está aquí, Sr. Ivanov?" — ya autorizado Antón intervino.

Voltaire miró con más atención a Tala.

— "No"

— "Interesante. Al parecer tu 'inteligencia' es la que lamentablemente ha decaído. Eso podría hacer que tu jefe inmediato sea el chico que recoge las toallas de los vestidores" — Voltaire extendió su mano y tomó un sobre que se encontraba en el escritorio.

Antón sonrió. Le encantaba ver como el Sr. Voltaire jugaba con otros –o hacerlos polvo-, era como un gato con un ratoncito pelirrojo… aunque en este caso parecía un tigre jugado con un ratoncito, demasiado insignificante para comer pero… podría servir de pequeño entretenimiento antes de ser aplastado o rodajado con una de sus garras. Su trabajo tenía recompensas después de todo. Entonces Voltaire sacó unas hojas y empezó a hojearlas.

Tala se estremeció ante el sonido.

— "¿Creías que no me iba a dar cuenta de lo que tramaban?" — su dedo índice golpeó las hojas con énfasis — "¿Qué están falseando sus informes? ¿Algo qué decir?"

— "Señor… no mentimos en ellos" — el pobre pelirrojo en verdad deseaba que hubiera sido por la broma de los otros a los parvularios de los G-Revolution.

— "Ingenuo. Pequeño pelirrojo ingenuo. ¿Te crees más astuto que yo?" — la burla estaba implícita, aunque eso no era lo que tenía aterrado a Tala sino las consecuencias — "No, no mienten, estoy de acuerdo. Ustedes solo se ponen de acuerdo con Kai y entre ustedes mismos. Aunque debo admirar que lo hayas intentado y que los otros te siguieran sin protestar, es un atenuante. Un diminuto atenuante a tu actual situación. Eso al menos demuestra que tus dotes de líder aún existen, y que finalmente Kai les está manipulando cosa me complace o…"

Voltaire hizo una aterradora pausa

— "…pretendes ganar su favor, situación que te pone en desventaja frente a mí"

— "Señor…"

Entonces Antón carraspeó recordándole a Tala que no le habían preguntado directamente y por lo tanto debería mantenerse en silencio. Ante ese carraspeo Voltaire le miró como diciéndole a Antón lo mismo.

— "Kai es aún menor de edad" — continuó el anciano e hizo una pausa para recalcarlo — "No está en posición de ayudarte, sino de hundirte. ¿Eso es lo que quieres?" — sabía que Tala no contestaría — "¿Prefieres que piense por ti?"

El silencio en la habitación era indescriptible, gotas de un sudor frío caían desde su frente. El pobre chico sentía que el latido de su corazón era audible hasta donde se encontraba el abuelo de Kai. Sin embargo, el anciano aún no había terminado con él.

— "¿Olvidaste informar que Kai tiene dificultades con Dranzer? ¿Cómo crees que debería tomar esa omisión, Tala?"

Tala maldijo interiormente ¿Había algo que no supiera este hombre?

— "L-lo siento señor" — Tala todavía estaba con su cabeza gacha y aunque no era tan visible temblaba y no de frío.

— "¿Con quién está tu lealtad, Tala? ¿Con Kai o conmigo?" — Voltaire lo estudió detenidamente, cada movimiento, leyendo perfectamente su respuesta corporal con una precisión envidiable.

Tala no contestó. No podía.

— "Antón ¿Quieres contestar por Tala?"

Antón se cruzó de piernas y miró fijamente al ruso — "Sr. Ivanov, sugiero que sus primeras palabras sean: con usted señor Voltaire. Mi lealtad está con usted"

Tala abrió la boca para repetir esas palabras… pero ningún sonido salió de sus labios.

Voltaire sonrió satisfecho — "Levanta la cabeza y mírame" — el joven hombre hizo lo que le ordenara — "Tienes 19 años y en muchos lugares eres mayor de edad. Tus bienes están congelados hasta que tengas 25. Sin embargo, existe más de algún trámite que podría 'atrasar' esa entrega por muchos, muchos años. No te equivoques conmigo Ivanov"

— "Si señor… lo siento"

— "Quiero que te comuniques con Kai dos veces al día. Grabarás toda conversación que tengas con él y entregarás una copia a Gelhea quien llegará a primera hora todos los días a recogerla. No le informarás o insinuarás que le estás grabando. ¿Entendiste?"

— "Si señor"

— "Mañana recibirán el resto de las instrucciones. Retírate"

Para satisfacción de Voltaire y vergüenza de Tala, el joven ruso tardó algunos segundos en conseguir que sus piernas le obedecieran y recordaran cómo dar un paso.

Viéndole con lástima, Antón se levantó, tomando su sombrero que tenía a un lado se lo puso, colocando su mano sobre el hombro del muchacho para dirigirlo hacia la puerta y casi guiarlo a la salida de la habitación-suite. Ya afuera le dijo:

— "Señor Ivanov" — la voz tranquila de Antón le hizo levantar la mirada — "Su lealtad es admirable pero su actitud muy tonta; si en verdad le interesa el bienestar del joven Hiwatari y el suyo propio debería considerar seriamente lo dicho por el Sr. Hiwatari" — caminó hasta situarse a su lado y susurró — "Siéntase honrado, el señor le debe tener consideración o de lo contrario… yo me encargaría de usted" — se tocó el sombrero en señal de saludo y caminó de regreso al estudio de Voltaire sin mirar atrás.

Fue al oír la puerta cerrarse que Tala recordó como respirar.

-ooOoo-

De regreso en el estudio-habitación de Voltaire, Antón se encontró con el anciano empresario quien le esperaba con una mirada rara en su rostro. Mientras colocaba su sombrero en el lugar que correspondía escuchó la voz del hombre de más edad.

— "¿Le tuviste lástima, Antón?"

El mencionado se encogió de hombros — "Me recuerda cuando yo era joven y tonto" — dijo acercándose al escritorio.

— "No recuerdo que fueras tan tonto"

Antón esbozó una sonrisa genuina de aquellas inusuales en él. Aunque la misma se borró casi de inmediato.

— "Comunícate con tu contacto. Necesito confirmar que todo esté dispuesto, antes de irnos a América. Encárgate que éstos ignoren que me he marchado y se comporten… por un par de días antes de trasladarlos a un alojamiento menos estresante" — dijo con una sonrisa maligna — "Deberás alcanzarme en Río de Janeiro"

— "¿Algún castigo para Tala y los otros?"

Voltaire se quedó en silencio considerándolo — "No. Veremos cómo evolucionan las cosas. Sé que será más difícil pero quiero informes sobre Kai… conociéndolo un par de días serán suficientes para que se encuentre con tu antiguo jefe"

— "Si señor Hiwatari" — Antón sonrió malignamente, porque a él también le hubiera gustado ver el rostro de su antiguo jefe en ese momento.

-oooOooo-

Había pasado lo que se les antojaba horas desde que el pelirrojo saliera a su encuentro con el mayor de los Hiwatari. Ninguno de los otros tres no habían sido convocados y esa tardanza les tenía inquietos. Su broma a los 'parvularios' fue graciosa en su momento, la disfrutaron –por decir menos- nunca pensaron que los metería en líos, pero después de ser detenidos en el aeropuerto…

— "¿Tala?" — Spencer se dirigió a su capitán cuando éste regresó con menos ánimo que ante,s por no decir bastante descompuesto.

El pelirrojo no respondió y sin vacilar se dirigió directamente al mini-bar de dónde sacó una botella y se sirvió más que un poco en un vaso. Tomó su contenido de un trago y lo rellenó antes de dirigirse al sofá sin siquiera tapar la botella.

— "¿Fue tan malo?" — Ian se atrevió a preguntar.

Un gruñido.

Una mirada intercambiada entre ellos y otro trago largo.

— "¿E-estamos en problemas?" — Bryan intervino.

— "Se nos ordena quedarnos aquí hasta nueva orden" — el pelirrojo dio otro largo trago y se levantó para regresar con la botella ante la mirada incrédula de los otros.

— "¡¿Aquí?!" — ahora la voz de Bryan era algo aguda.

Pánico…

Terror…

Mucho.

Bryan miró a su alrededor con ojos agrandados. Este lugar era ostentoso, demasiado lujo para que se atreviera siquiera a respirar por temor a romper algo. De acuerdo, no es que no lo hiciera en alguna ocasión, sino porque estaban en el mismo hotel que Voltaire Hiwatari… a unas habitaciones y… Y aunque estuvieran a uno o dos pisos de diferencia ¡Estaban en el mismo hotel!

Era el turno de Spencer para llamar al control.

— "Bryan, siéntate. Ian consigue una bolsa de papel o plástica, hiperventilará sin duda" — el pequeño hizo lo que se le ordenó — "Y tú…" — dijo arrebatándole la botella de licor a Tala — "Será mejor que te controles, dudo que este sea el mejor momento para hacer esto"

Tala le miró con odio pero no protestó. Se sentó, encorvándose mientras apretaba su cabeza con sus manos.

— "¿Hay más que deberíamos saber Rojo?" — la voz de Spencer era tranquila… sólo su voz.

Tala levantó su cabeza — "Sí" — su afirmación dicha tan suave y su mirada era tan vulnerable hizo que los vellos en el cuello de Spencer se erizaran.

— "¿Tala?" — preguntó Spencer.

— "El Sr. Voltaire sabe todo"

— "No es novedad" — la voz de Bryan desmentía la gravedad de la situación

— "¿Te parece poco acerca de los informes, el problema de Kai y Dranzer?" — farfulló su capitán — "Lo sabe… ¿Alguna sugerencia?"

Bryan guardó silencio.

— "¿Ya te comunicaste con Kai?" — intervino Spencer para desviar la atención a lo verdaderamente importante.

Tala levantó su cabeza y negó.

— "¿Le llamarás?" — Ian intervino, su voz denotaba tristeza.

— "Ahora no quiero…" — mantuvo su cabeza gacha — "Aunque tengo que hacerlo. Ian, dame tu teléfono y ponlo en modo de grabación"

Todos le miraron con sorpresa asimilando la noticia según sus personalidades.

Tala les ignoró mientras marcaba otro número, de su propio teléfono mientras Ian trabajaba en la programación de su teléfono, no era necesario explicar cuáles eran las órdenes.

** Grabar a Kai ** no era una orden desconocida, aunque hacía rato había dejado de ser habitual, además expresaba una orden tácita de "todos grabaremos, ninguna llamada de otro lado".

Sólo Spencer conocía a quien llamaba Tala. Era el Sr. Kurprin, el arrendador de la cabaña donde estuvieron y actual 'residencia' de Kai. Escuchó al pelirrojo hacer algunos ajustes y recomendaciones al arrendador. Además de discutir algo referente al pago por los 'extras' que pudieran necesitarse y amenazas de discreción.

— "Tala" — Spencer habló cuando el pelirrojo colgó.

Tala sonrió de lado — "¿Trabajo del capitán, no?" — y agregó con amargura — "¿Tienes alguna sabia reflexión, antes de llamarlo?"

-ooooOoooo-


Traducción: "Soporta y abstente" proviene de la máxima de los estoicos (En griego: aneku kai apekhu) Soporta todos los males sin que se turbe tu alma, abstente de los placeres que puedan perjudicar tu libertad moral.

No era mi intención que Voltaire apareciera tanto (me refiero a esta historia y a la otra) derrochando simpatía y buenos deseos. Pero la historia lo exige, al menos hasta el momento. Por otro lado 'Antón' es uno de los hombres de confianza de Voltaire. Aparece en "Significados y expectativas"; para quienes no leyeron la historia, bueno no es necesario leerla. No podía describirlo directamente, toda vez que ésta es una continuación de la historia pero puede ser descrito textualmente como: "un tipo delgado, enjuto, de unos cuarenta o cincuenta años. Parecería frágil, aunque totalmente alejado de la verdad. Era un tipo duro, fuerte y cuya conciencia habría muerto hacía muchos años, como diría él mismo, la mató cuando no lo dejó dormir…" aparece en el capítulo 12.

Y, un aviso. La otra semana no aparecerá esta historia, debería aparecer la otra aunque tengo algunos quehaceres que si puedo ordenar mi tiempo lo haré de lo contrario… digamos que me disculpo por anticipado por la espera.

Saludos.

PD. Gracias por todos sus comentarios ¡Estoy tan feliz! Sé que el capítulo anterior fue un poco soso, pero necesitaba algo para introducir esto. Me disculpo. Confío que éste lo compensará.

Pikamaster y los otros anónimos, gracias. Disculparán que no pueda compartir comentarios como los hago con mis otros lectores, aún así agradezco sus comentarios, tratando de contestar sus comentarios de la mejor forma.