Agony. Part. 1
-¿Qué mierdas fue lo que le pasó? –Preguntó Malcom caminando de un lado al otro.
-Sinceramente, Sr. Graves, ni el acero demaciano muerde de tal manera… -Respondió el hombre menudo con lentes culo de botella al tiempo que seguía cociendo las enormes cortadas en la espalda de Twisted Fate.
La noche anterior, Twisted había salido ileso del ataque de un demonio, otra vez. Yacía en una mesa plana, baja, de madera curtida y vieja. El piso estaba cubierto de sangre después de horas de la operación, mientras el viejo Dr. – y carnicero- Héctor Kidd cocía poco a poco las enormes cortadas.
La habitación pertenecía a Malcom Graves, muy cerca de los Puertos Principales de Aguasturbias. Afuera sólo se oía el mar, el murmullo de gaviotas, espuma, y la pululante marea de personas que iban y venían, los chillidos de poleas cargando y descargando, y un tiro de vez en cuando.
Twisted Fate yacía entre la vida y la muerte, no sólo por la falta de sangre, si no por los fuertes brebajes que le había dado el Dr. Kidd para calmar el dolor: se podían ver sus costillas desde afuera, y las heridas corrían desde sus hombros hasta casi sus glúteos.
-¿Cuánto tiempo deberá estar así? –Preguntó Graves, más preocupado de su socio de lo que dejaba ver.
-Sinceramente, no lo sé. Estamos en Verano y el calor no ayuda, así que todo ese oro que cargó hasta aquí se le debería ir en hielo y buenos brebajes. No es prudente que se acueste boca abajo todo el día… -Se limpió el sudor con la manga y siguió cociendo-, pero tampoco será lindo ni placentero dormir boca arriba en las noches. Le doy dos meses para cerrar la herida, pero en una semana debería estar caminando lúcido.
-Maldición, dos meses… -Murmuró Graves. Bufó y sacó un habano puro de su chaqueta. Se dispuso a encenderlo cuando Héctor le chistó-. Supongo que saldrás de aquí para fumar.
-Ah, sí, sí, claro. –Dijo entre dientes. Salió y dio su primera jalada.
Twisted Fate yacía tirado aún, adolorido y perdiendo la poca conciencia del mundo, antes de caer en un profundo sueño…
Mientras dormía…
La noche era cerrada, corría la segunda semana por las frías estepas al sur de Férljod en búsqueda de algún rumbo, algún destino, algún lugar cálido dónde descansar de nuevo.
Desde la primera semana, Tobías sentía el frío calar en los huesos sin ningún posible consuelo más que su débil y escasa ropa. Además de otros pares de camisones y pantalones, sus cartas y dados, no tenía nada. La última había sido dos noches atrás y el estómago lo regañaba con potentes punzadas de dolor.
Estaba desesperado por salir de allí, dejar el río atrás y seguir en búsqueda de un nuevo lugar dónde abrirse paso con sus actuaciones y habilidades.
Había llegado a un recodo del río cubierto por un enorme cañaveral y las aguas no se distinguían de la tierra. A lo lejos sólo se veían estepas y serranías lejanas en el norte y el oeste, al sur y al este cada vez más se extendían las estepas hasta convertirse en llanuras.
Tobías, fatigado y hambriento, se echó al suelo a descansar. Después de un rato, se dispuso a tomar una de las cañas y hacer una para intentar atrapar algo. Ya había perdido demasiadas cartas intentando comer, en vano.
Se dirigió con cuidado a una de las orillas más visibles y arrancó algunas cañas y sus hojas. Se sentó en la orilla y comenzó a tejer una cuerda con fragmentos de hoja de caña y caña en sí, recordando las enseñanzas de su padre.
-¿A dónde carajos voy? –Se preguntaba, al tiempo que recordaba el mapa en su cabeza: no había aldea a la que no haya ido ya dónde no debiera dinero, o su vida.
-¡Debe haber un maldito lugar! –Gritó, al tiempo que escuchó un lejano chapoteo. Al momento volteó y se levantó, con una carta de color rojo como la sangre lista en su mano. Al observar de cerca, sólo había ondas, pero ni rastro de qué las formó. Tobías no le dio mayor importancia y volvió con su caña.
Después de varias horas de pesca, no consiguió nada más que un insignificante pescadito que era poco más grande que su mano. Frustrado y hambriento, se resignó a encender una fogata y, después de destripar al pescado, lo devoró sin piedad.
Entrada ya era la noche, cuando se dispuso a caminar en busca de cobijo: después de horas de caminata nocturna, sólo se encontró con una pequeña zona boscosa con unos árboles menudos pero sin raíces. Se dirigió a ellos y vio a lo lejos que había pequeñas luces parpadeantes en el horizonte; pero la noche era entrada y el cansancio le agobiaba.
-Quizás mañana pueda llegar… Qué mierda, dormiré un poco. –Se dijo al tiempo que se dejaba caer. Acomodó su mochila contra el tronco del árbol más grande que había y se dispuso a dormir, cubierto sólo por su gabardina cómo cobija.
Sin mucho preámbulo, sólo bostezó y se dejó ir.
Al día siguiente, el día estaba igual de frío, sólo que una sutil cortina de neblina cubría todo el paisaje y hacía una humedad que calaba en lo más recóndito. Tobías maldijo por lo bajo y se paró de mala gana, entumecido cómo era de costumbre.
Recogió sus cosas, y siguió el curso del río en busca de las luces que había visto antes de dormir. Durante todo el camino, lo único que le acompañó fue el austero paisaje y el silencio. Mucho silencio, de hecho.
No había pájaros cerca, y el agua estaba tranquila. Incluso el aire pasaba pero sin dejar ningún rastro más que el frío consumidor. Tobías empezaba a pensar que había algo mal en el entorno.
Pasado el mediodía, el sol estaba en su punto más alto como una tenue silueta blanca entre las nubes grises y la neblina había pasado a estar sólo en el río al oeste. Tobías había divisado ya unas pequeñas casas de adobe y adoquines rudimentarios. Los techos eran de paja y había calles de barro: era una aldea entera. Tobías no se alegró más que del hecho que podría encontrar cobijo por un tiempo, todo dependiendo de cómo los lugareños vieran su llegada –o conocieran de él.
Al acercarse, notó algo extraño: la aldea estaba desierta. En las pequeñas granjas que atravesó, no había nadie, y las casas parecían ruinas, algunas caídas y otras a medio camino de caer.
Adentro, el pueblo estaba desértico –parecía hacía mucho-, y con destrozos por todas partes: jarrones por aquí, pertenencias por allá, todo sumido en barro y nieve. Las puertas crujían ante el viento, y algunas cosas se deslizaban o colgaban.
Tobías, de repente, sintió un frío escalofrío recorrer su espalda y, de inmediato, una carta color azul cobalto salió de su manga y empezó a girar sobre sí, observando con cuidado. Poco a poco, recuperó la calma y se dispuso a registrar las casas que estaba cerca.
En una de ellas encontró comida aún almacenada y comió hasta llenarse y guardó para después. En otra, una nueva manta y consiguió un par de botas nuevo que se puso sin dudar: las otras estaban gastadas y llenas de barro y nieve.
Apenas se dispuso a salir de nuevo a la calle principal, Tobías creyó escuchar una melodía simple, de algún instrumento de cuerda y luego, una voz que cantaba ronca y alegre.
-¿Qué demonios…? –Susurró, al tiempo que marchó al oeste, al río, en búsqueda de la voz.
Caminó poco antes de llegar a un recodo del río dónde yacían algunas lanchas atadas a unos precarios muelles de tablas y estacas. Antes de darse cuenta, una profunda y melodiosa voz le habló de entre las aguas.
-Disculpe usted mi canto –Dijo el monstruoso sireno-, Con está tonada buscaba llamar su atención. –El enorme monstruo se paró y, quitándose el sombrero, continuó-, Supe que infortunios usted tenía, de los que ofrezco absolución.
Tobías, confundido, cansado y frente a esta repentina propuesta, ignoró por completo el horrible y espantoso aspecto: una sonrisa enorme, más grande que cualquier fauces que haya visto en la vida. Dientes como pequeñas navajas, ojos amarillos y macabros, un par de bigotes escurridizos y una lengua de tamaño descomunal como el resto de su cuerpo.
-¿puedes sacarme de aquí? –Preguntó sin pensar más que llevado por la desesperación de una nueva salida.
El demonio, aún más sonriente, caminó hasta Tobías y, tomándolo por un hombro, dio unos pasos mientras decía-: Muchacho, el mundo es un río y yo soy su rey –rio-, y minúsculo es el precio…
Luego, se adelantó a él y lo miró de frente, diciendo-: Sabrás que tengo apetitos difíciles de apaciguar. –Casi susurró esto último, al tiempo que se relamía y acariciaba su enorme panza-, Sin embargo, en las mesas más finas nadie me deja lugar. Por eso, de hombres como tú necesito, para poder entrar. –Terminó con un macabro guiño.
Tobías lo miró de arriba abajo, pensando: "La verdad, si el apetito es todo, no es un precio muy alto. Ya he robado joyas más preciosas de las que tiene él mismo, ¿qué es para mí robar comida?" –Se dijo sin más.
-Si me ofreces una salida –Dijo por fin-, ese es un trato que voy a aceptar.
Y, antes de darse cuenta, una enorme y pegajosa lengua lo cubrió y no supo más de sí hasta que…
-¿Fate? ¿Estás bien? ¡Vamos compadre! ¿Estás ahí? –Escuchó entre alucinaciones. Abrió los ojos y Malcom estaba ahí con el Dr. Kidd quién le sostenía los párpados, uno por uno al tiempo que tomaba su muñeca.
-S-sí… -Gimió al tiempo que buscaba moverse sin éxito. La espalda le dolía como el infierno y el dolor era ensordecedor. La saliva de aquella lengua resultó ser no más que el sudor que le cubría el cuerpo vendado-. ¿Qué pasó?
-Te nos ibas, muchacho. –Respondió Héctor-. Malcom, ten más cuidado. Cuando eso suceda, dale a oler esto y despiértalo. –Dijo al tiempo que le daba una botella más de entre muchas. Luego, se volvió a Twisted Fate-. No sé qué hacías, pero no es conveniente que lo hagas de nuevo. Otras cortadas así, y no tendrás tanta suerte.
Fate no contestó. Se limitó a quedar inerte, sintiendo el dolor de su espalda con la mirada en la anda; con un regusto amargo del recuerdo de este raro sueño que, en años, no pensó volver a tener.
A todos mis lectores:
¡Hola, chicos! Lamento tardar tanto, disculpen por hacerles esperar pero he tenido una jornada difícil estos días, física, mental y emocionalmente.
Estoy de vuelta con nuevos capítulos de Twisted Fate y Heimerdinger, así como una nueva historia que no será de LoL, pero que les invito a seguir, titulada: "Zaphir: an untold elven history." La cuál sacaré en inglés y español. Esta pertenecerá a la sección de "El Señor de Los Anillos", aunque estará basada en los tiempos de la Primera Era de la Tierra Media.
Lamento mucho, si los he hecho esperar, en serio, no volverá a pasar. Espero sus comentarios, críticas o ideas, ¡lo que quieran! Y espero, disfruten.
Su servidor, Herrold.
