Capítulo 18

"Felix qui potuit rerum cognoscere causas"


Ámsterdam, Holanda: en el aeropuerto

Nadie podría imaginar quien estaba más aliviado ellos o el pobre taxista. Tala recogió sus cosas con un aire tan arrogante que casi rivalizaba al de Kai. Los otros se miraron entre sí. Spencer se encogió de hombros y les dijo a los otros que hicieran lo mismo.

Niell suspiró. Cerró el vehículo y empezó a seguirlos.

— No es necesario que venga. — dijo Spencer poniendo una expresión 'casi' amistosa… algo así como un gato le dice a un ratón mientras espera a que salga de su agujero.

— Tengo instrucciones — dijo el pobre conductor.

Un nuevo encogimiento de hombros de Spencer… iba a ser una laaarga espera.

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Primera clase.

Un viaje de vuelta a Rusia en Primera Clase siempre es bienvenido.

Viajar en Primera Clase y sin molestos compañeros… es idílico

Tala sonrió como sólo él podría hacerlo cuando fue llamado a ocupar el último lugar que fue designado para determinados pasajeros.

Y sin girarse para ver a sus… 'camaradas' avanzó con una altanería que bien podría rivalizar con la de Kai, avanzó erguido y resuelto a abordar el avión.

Los tres restantes integrantes del Equipo Ruso de Blade se miraron chasqueados. Aunque sus semblantes serios no mostraban su frustración ante la escapada de su pelirrojo capitán.

Bryan, Ian y Spencer se miraban contrariados. ¿Fue suerte? ¿Quizá porque alguien reconoció que Tala era quien más viajaba con Kai? ¿Disposición de alguien? No lo sabían. …o algo más simple: un vuelo que se había quedado varado por retrasos y prácticamente regresaba con la mitad de su capacidad. La azafata eligió a 5 pasajeros para primera clase. ¿Adivinan quién tuvo buena suerte?

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Briansk, Rusia:

— ¿Qué te ha parecido nuestro pueblo? — preguntó Kurprin mientras se dirigía hacia su destino, pasando cerca de la casa que habitaba Kai.

— Tranquilo — afirmó — También que tiene una leyenda interesante. Nikola me habló de unas construcciones antiguas.

— Sólo son ruinas, no queda mucho de ellas… ¿Estás interesado, no? Como imagino que serás tan imprudente como continuar bañándose en el Gospodin, al menos lleva el arma que te traje. Podrías encontrarse con lobos. No te servirá de mucho contra osos, pero al menos pueda ser que tengas una oportunidad. — el hombre de más edad dijo resignado.

Kai sonrió sinceramente, agradecido por la preocupación del hombre y divertido por su resignación.

— Te recomiendo este camino — dijo señalando uno su izquierda — Es largo, pero lo encontrarás interesante. Lleva fruta, pan y agua, los lobos no te atacaran por ello… aunque eso no sirve con los osos, pero siempre encontrarás bayas. Cuidado con las venenosas. Llegamos. Ah… esa canasta es tuya. — dijo entregándole una canasta.

— Todavía tengo comida.

— Le agradaste a mi esposa. Tómalo como un regalo.

Kai dio las gracias por el aventón, porque el señor Kurprin tenía que ir a una aldea primero y de ahí en adelante realizaría el recorrido de regreso a la cabaña a pie. Menos mal la canasta era liviana. Estaba satisfecho. Su día fue bueno y el de mañana sería todavía mejor. Tenía un plan que quería llevar a cabo antes que su grupo de 'tarados personales' regresaran y estropearan sus deseos.

Y, hablando de tarados… hacía un rato que no sabía de ellos. Así que tanto por su paz mental como para saber a qué atenerse decidió hacer una llamada a quien en ese momento consideraba el más transparente aunque inestable. Buscando de alguna forma de maneras torcidas una respuesta clara.

Pero antes, calentaría su comida. Durante su café se encargaría de saber en lo que andaban sus 'tarados personales'.

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En un avión viajando a Rusia:

En esta ocasión el viaje fue relativamente sin problemas. Eso sí, a todos les correspondió 'Primera clase' algo que definitivamente no les incomodó aunque no puede negarse que les sorprendió este… privilegio. En especial a Tala.

Cuando Tala se encontraba relajándose…

Pero el Cielo aún no lo consideraba su lobo favorito. La azafata llegó por otros pasajeros… 4 más.

¿Alguna vez han imaginado a un cocodrilo o a un tiburón hacer ojitos de cachorro y pucheros? Pues Bryan lo estaba haciendo, para incredulidad de Spencer y vergüenza de Ian.

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Sao Pablo, Brasil

Antón ingresó a la salita personal del Voltaire Hiwatari de la habitación que había reservado en su hotel favorito. La habitación, un poco más pequeña que la usara en Ámsterdam, pero no menos suntuosa.

— Antón — saludó el mayor de los Hiwatari y señaló un sillón colocado indirectamente al otro lado del escritorio que con otros dos formaba un pequeño conjunto, donde acaba de ser dejado un servicio de café y té.

— Debo entender que las negociaciones fueron satisfactorias. — dijo Antón mientras dejaba su infaltable sombrero y se servía un poco de café brasileño — ¿Desea un poco? — preguntó a lo que Voltaire señaló un pequeño recipiente blanco al lado de uno de porcelana verde.

— Interesante cultura, amables personas pero no me gusta su café.

Antón sonrió, moviendo su cabeza en un gesto que decía mucho, aunque Voltaire no lo tomó a mal. Conocía la predilección de Antón por el café fuerte.

— Gelhea mandó los informes y las últimas grabaciones. Los muchachos se encuentran en camino. — Antón extendió una carpeta sobre el escritorio y... sus ojos se iluminaron al descubrir unas galletas.

No obstante de su fuerte personalidad y proverbial crueldad, Voltaire era muy detallista, cualidad que utilizaba tanto para hacer la vida imposible a algunos como también para halagar otros. Entonces, levantándose se dirigió al sillón opuesto al que utilizaba Antón.

— ¿Fueron tomadas las disposiciones especiales? — dijo el anciano refiriéndose a Tala y compañía.

— Por supuesto. Aunque a juzgar por las conversaciones, temo que el Sr. Ivanov se encuentra un poco sacudido. — dijo sirviendo un poco de la infusión al hombre de más edad.

Voltaire contempló a Antón, no solo tomando en cuenta sus palabras sino también el tono de voz y sus sutiles muecas guardó silencio un momento meditando

— ¿Debo suponer que Tala dejó de ser tu opción? Puedo prescindir de Spencer a tu favor.

Antón sonrió malicioso. No le era indiferente la preferencia de Voltaire por el beyluchador. Tampoco sus intenciones que le diera 'una clase rápida' o al menos intentara indirectamente que fuera su tutor.

— No. Aún mantengo mi elección, aunque admito que me desilusionó un poco. — Tras un sorbo continuó — Atribuyo ese defecto en su personalidad al manejo de Boris — y rápidamente continuó ante el gesto de Voltaire para interrumpirlo — algo que a su edad es modificable o tratable... según el cristal bajo el cual se vea.

— Boris siempre ha tenido buen ojo con sus elecciones tempranas — ante la mueca del hombre de menos edad continuó con una sonrisa socarrona — ¿Opinas diferente?

Tras un sorbo de café que parecía ser de su entero deleite — Es bueno al elegir, no niego eso. Pero señalo que tiende a arruinarlos.

— Tal vez — sonrió ante la mueca del otro — Tienes razón. Cada uno a su talento ¿cierto? ¿Ahí es donde entras a recoger lo que ha sobrevivido?

— Es una forma de decirlo. Aunque como lo dice suena que recojo sobras. — Ambos se miraron. No había animosidad sino una especie de diversión entre ellos. — Prefiero decir que soy un recuperador de joyas. Un restaurador de talentos.

Algo diferente surgió en el rostro del mayor Hiwatari. Una sonrisa sincera… efímera pero significativa.

— Quieres hacerte cargo de pulirlo, entonces. — aunque parecía pregunta era una afirmación por el mayor de los Hiwatari.

— Quiero redimirme de cierto error que arrastro.

— Creía que lo habías superado. Según recuerdo ese error fue… controlado ¿Me mentiste?

— En ese orden: No. Sí. No.

— Estás siendo sarcástico. — su mirada era indescifrable.

— No, al menos no es mi intención. Admito que me tiene con cierto temor el equivocarme. Mi 'error' anterior me tiene molesto. Creí que sería mi legado personal. Erré. Realmente considero que el Sr. Ivanov tiene potencial. Que Boris lo arruinó. Y me llevará más tiempo de lo planeado recuperar esa brillantez perdida.

— ¿Entonces?

— Quiero que me dé carta blanca en este asunto. — una ceja gris se elevó.

— ¿Solo respecto a Tala?

— Si usted lo quiere.

— No. Ocúpate de todo el grupo y de Kai. Vigila sobre tu antiguo Jefe y coordina su encuentro. Eso me dejará libre para ocuparme de Daitenji.

Antón asintió. Que el mayor de los Hiwatari se dirigiera al actual Presidente y Representante Legal de la Federación Internacional de Beyblade por su nombre japonés decía cuan molesto estaba con ese asunto y que no sería nada agradable estar en el momento que ambos ancianos se enfrentaran… otra vez.

— ¿Qué hay sobre Boris?

Voltaire lo meditó un momento mientras tomaba otro sorbo de su infusión. — No intervengas demasiado. Me interesa averiguar que quiere y cómo reaccionarán. Creo que también te conviene ver sus reacciones.

Antón se encogió de hombros, prefiriendo no compartir sus observaciones.

— ¿Sin comentarios?

— Prefiero reservar mi opinión hasta confirmar mis predicciones. Sin embargo… — miró con una sonrisa propia en sus labios frente a la de Hiwatari — Boris no se comunicará ni con el Sr. Ivanov como tampoco con Sr. Papov. — ante la mirada interrogante del otro — El primero lo odia demasiado y el segundo le teme, ya liberado de él, sé que prefiere mantenerse alejado.

— Boris podría intervenir de todas formas y llamarlo. Si como dices le teme no dejará de asistir.

Antón negó con su cabeza — Ya me encargue te proporcionarle una excusa.

— Antón…

En su nombre iba implícita una advertencia. Pero Antón no llegó a su puesto de confianza de gratis. Sin decir más sacó una carpeta y se la entregó.

— ¿Qué es? — preguntó al verlo.

— La excusa del Sr. Papov — dijo Antón sonriendo.

La sonrisa de Antón no podría ser más perfecta para la situación. Y sin decir más… tomó otra galleta con la tranquilidad que su eficiencia y astucia le caracterizaban.

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En un avión viajando a Rusia:

Quizá porque no había dormido bien y el cansancio finalmente le cobró factura Tala, él pudo dormir. El pelirrojo finalmente se durmió casi después de asegurarse en el asiento; extraño porque era de los que no podían dormir hasta estar en el cielo. Despertó al escuchar su nombre en una conversación que por los susurros en que se hacía era obvio que no fue invitado.

Le despertaron ciertas voces… que no deberían estar ahí.

Demasiado conocidas… como para equivocarse a quienes pertenecían.

Demasiado molestas… para pasarlas por alto

Y…

Demasiado cerca.

Aunque lo más preocupante en ese momento para el joven pelirrojo era: ¿Por qué?

Algo simple. Algo inverosímil…

La azafata había ubicado a los últimos tres pasajeros escogidos (adivina quienes) para volar en primera clase. Los cuales ubicó en los asientos de atrás del pelirrojo.

¿Decepción...? probablemente.

¿Incredulidad…? Notoria.

¿Maldiciones…? Definitivamente.

—…pero Tala es un pésimo mentiroso es casi peor que… — una mirada de Bryan hizo callar a Ian pero sonreír a Spencer.

— Como sea, pero ese no es el punto. — Bryan empezó a hablar en otro idioma — El punto es si Kai le creyó a Tala… porque ni yo le creería y saben lo desconfiado que Kai es…

— Les recuerdo que entiendo perfectamente lo que están diciendo. Hablo esos idiomas. — dijo Tala mezclando ambos idiomas con un tono de amenaza…

…que los otros ignoraron olímpicamente.

Es más, Bryan levantó una ceja e hizo un movimiento con su mano que podía traducirse como 'si claro, lo que digas' y los otros se encogieron de hombros restándole importancia a su capitán. Todos sonrieron de lado…

— Disfruta del viaje Tala. — dijo Spencer apenas elevándose un poco sobre el asiento.

Tala no podía decidirse a sentirse ofendido o temer que su estatus de capitán estaba en peligro y en más de un sentido.

Justo cuando iba a maldecir su suerte entró en su teléfono una invitación a una partida de ajedrez. Al ver el número… no sabía si agradecer su suerte o empezar a maldecir.

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Conexión: Briansk, Rusia y en un avión viajando a Rusia:

¿Blancas? ¿Sin discutir? ¿Voluntariamente? ¿Tala tenía un mal día o… no era Tala?

La partida empezó, al igual que su video-comunicación. Para su tranquilidad, si era el pelirrojo. Aunque esa tranquilidad duró poco ¿Movimiento de peón a alfil? ¡¿Qué tan mal estaba Tala?!

La partida fue un desastre. Pensándolo en retrospectiva, una partida de ajedrez con Tyson habría sido más interesante y quizá más desafiante.

— ¿Qué ha pasado?" — dijeron a la vez.

— Viajo con estos tarados a Piotr.

— Viajas en primera clase, no deberías quejarte tanto — Kai movió una pieza y bufó su molestia antes de agregar — Jaque Mate.

— "¿Cómo sabes…? ¿Por qué estás tan contento? — esta vez no le fue propuesta otra partida.

Kai guardó sospechoso silencio.

— ¿Qué hiciste? — Tala notó el minúsculo cambio en el rostro del otro.

— Nada

Ese 'nada' despertó más sospechas de las que tenía por objeto tranquilizar — Mmm ¿Qué pensabas hacer?

— Ya tuvimos esta conversación… — Kai iba en retroceso… eso era una señal de alerta a cierto lobo.

— Sí. Tus mismas evasiones. ¿Fuiste a la aldea?

— Ciertamente no me iba a quedar aquí — en este punto Tala ya empezaba a molestarse. Quizá parecía muy frío e indiferente. Pero no con su grupo y mucho menos a quien consideraba su responsabilidad y le miraba con el cariño de un hermano mayor.

— Sólo a mí se me ocurre dejarte sin supervisión.

— Como soy quien viaja con esos tres… no fui yo el castigado.

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— Para que estés más tranquilo, mañana pasearé en el bosque. Hay unas ruinas interesantes que quiero explorar — dijo y esperó…

— Tú… maldito… &%(&%$$#=&$### $&((%&() ¡$%()=

— Ah… te recuerdo que no puedes editar esta conversación.

— )=&(… — entonces fue cuando Tala notó que él otro iba con plena ventaja. Y sin querer dio más información de lo que quisiera. Sospechando que el otro iba a utilizarlo en su contra, comenzó a hablar… — Recuer…

Antes que pudiera decir más Kai colgó y apagó el teléfono. La sonrisa volvió a su rostro.

Disfrutaba molestar a Tala.

Aunque a juzgar por el malhumor de Tala, que era casi palpable, no estaba de acuerdo con el punto de vista de Kai.

Y los otros intercambiaron miradas y sonrisas. No perdieron palabra de lo que dijera Tala, no ignoraban con quien conversaba y por las palabrotas dichas… sabían que no era el vencedor en esta ocasión. Ian en el asiento de atrás tenía más espacio para reírse. Los otros tuvieron que contentarse con sólo sonreír.

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Sobre San Petersburgo, Rusia: varias horas después.

Tala aún estaba molesto, pero lo había superado. Al menos Kai estaba de buen humor y parecía estar tranquilo. El pelirrojo se tragó su malhumor y llamó a Kurprin a los pocos minutos. Esa conversación al parecer salió mejor.

El trio a su espalda no podía pasarlo mejor… bueno en el avión del 'abuelito' sin duda tendrían más espacio y ciertas libertades que no podían tener en este avión. Se dieron cuenta del cambiante ambiente con la segunda conversación de Tala con Kurprin… literalmente se sintió un mejor ambiente.

Un breve intercambio de miradas, un más sutil intercambio de señas y una sonrisa de satisfacción, resumía la situación. Al menos por ahora.

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Aeropuerto en San Petersburgo, Rusia:

Tala vio su nombre sostenido por un taxista. Tala y compañía intercambiaron una mirada. Al parecer todavía tendrían una niñera.

Pasaron calles y calles por la ciudad. Ninguno habló. No era necesario. Deberán aguardar lo que el Sr. Voltaire tenía destinado para ellos.

Finalmente llegaron a la dirección que les habían proporcionado. No era el peor barrio de la ciudad, pero sin lugar a dudas no era el más exclusivo. Ellos bajaron del taxi y en el momento en que Tala iba a pagar el conductor les dijo que el viaje estaba pagado y con una sonrisa más de lástima que de burla les dijo que disfrutaran de la instancia y… que recibirían instrucciones dentro.

El edificio no era precisamente del tipo extremadamente ruinoso, aunque tampoco de mármol y oro. Era un barrio de gente obrera pero no tan bajo como para temer que les asaltaran al estar ahí parados… al menos no de día.

Haciendo una mueca y Spencer dirigiendo una mirada a los otros que decía 'es su culpa'. Después de estar hospedados en un hotel de cinco estrellas, viajar en primera clase… esto era un golpe bajo, aún para ellos.

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El hotel era pequeño pero limpio, así que ellos realmente no tenían por qué quejarse. Si no se toma en cuenta de dónde venían. En Administración les informaron que tenían alojamiento y dos comidas diarias pagadas por cuatro días. El encargado les dio una llave con una bola de madera como 'llavero' y les indicó que su 'habitación' estaba en el tercer nivel. Con la recomendación que el agua estaba racionada, el calentador a veces funcionada y otras veces no. Y, por supuesto… (suerte o calculado) el ascensor estaba en 'servicio' y no funcionaría por al menos tres días.

Con sus bolsas de viaje sobre su hombro se dirigieron a su 'habitación'. Como lo sospechaban fueron instalados en una habitación comunal. Una habitación con cuatro camas. Servicio sanitario y baño al final de un laaaargo pasillo, compartido con otros huéspedes.

La única ventaja que tenían era que eran libres de vagar por la ciudad, siempre y cuando no la dejaran NI se metieran en problemas. O al menos eso era lo que decía una escueta nota que les fue entregada en la administración.

Tala enderezó sus hombros, irguió su cabeza y con decisión dio su primer paso para elegir su cama cuando escuchó a Bryan decir: — ¿Crees que en este hotel tengan cable para adultos?"

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Hola.

Disculparán la tardanza en actualizar pero se me metieron otras historias en la cabeza y hasta que las escribí (una buena parte, al menos) me dejaron en paz. Y… si eso fuera suficiente cometí el error de no salvar lo que ya tenía escrito y cuando la dichosa máquina se trabó y la reinicié no tenía lo que había adelantado.

En fin, mi culpa.

Este es un capítulo corto y más como un pequeño descanso de algo más que viene. Disfruten como Kai de cierta tranquilidad… mientras puedas.

Saludos.

Traducción: "Felix qui potuit rerum cognoscere causas" significa "Feliz quien pudo conocer las causas de las cosas" Aunque corresponde a un verso de Virgilio (Geórgicas, II. 489) citado frecuentemente para celebrar la felicidad de aquellos cuyo espíritu vigoroso penetra los secretos de la naturaleza y se eleva así sobre las opiniones de los demás.

Y… va casi para todos en más de un sentido.