Capítulo 19

"Mane, thecel, fares"


Briansk, Rusia: temprano en la mañana

Kai respiró profundamente el aire fresco mientras avanzaba con buen ritmo. El lugar no era tan malo como pensó que podría ser. A regañadientes tenía que agradecer al menos 'internamente' a su abuelo. El lugar si bien era rústico, a falta de otra mejor descripción era tranquilo. Salvo por su… susto anterior.

No era un mal lugar para escaparse de vez en cuando… aunque 'escaparse' no lo es cuando saben dónde buscarte, pero al menos le daría un tiempo para organizarse. Un río, un lago, privacidad y si pudiera integrarse con la población le daría cierta seguridad. A cambio podría mejorar algunas cosas y contratar a algunos para construir su refugio.

La cabaña donde actualmente vivía no era su primera opción. Quería algo más cerca del lago y algo alejado del camino. Hizo nota mental de preguntarle a Kurpin sobre propiedades a la venta.

Ya de cerca las ruinas no podían considerarse espectaculares. Eran un simple caserón o una buena parte de él al menos. Quizá en sus mejores tiempos podría llamar la atención pues su edificación era claramente distinta al resto de las casas de la aldea. – 'Extraño' – pensó el propietario del Fénix.

Pero dudaba en sus condiciones actuales fuera una edificación rescatable. Estaba por marcharse cuando divisó el escudo de armas en uno de los frontispicios que aún estaba en pie. Lo que parecía una espada cruzada con un sable, probablemente, ambas armas rodeadas de lo que parecían alas. Un pequeño blasón se apreciaba, pero no podía identificar que tenía. Y, sobre las armas se notaba una corona condal.

Tendría que preguntar a qué familia pertenecería y que significaban. No se notaban detalles finos, así que no podía decir si eran campos de gules y la divisa no era legible.

Dando un último vistazo decidió irse. Partes estaban derrumbadas, pero podía apreciarse por el grosor de los muros que perfectamente sostendrían un segundo piso y hasta un tercero. Una mueca afeó sus facciones al pensar que buscando con cuidado encontraría un sótano… un escalofrío le recorrió al darse cuenta que tenía un desagradable parecido a la Abadía.

Ese lugar le desagradaba.

Empezó a caminar hacia la parte ancha del río que había visto.

Caminó cerca de media hora antes de encontrar un lugar que decidió era perfecto para un descanso. Decidió tomar un baño. El agua estaba fresca, no tan fría como para no soportarla, aunque menos tibia de donde generalmente tomaba un baño. Al parecer las recomendaciones de Kurprin no estaban de más.

Salió del río y después de cambiarse sacó la comida de su mochila; queso, pan, fruta y agua. El lugar era tranquilo, no obstante que deseaba dormir, recordó el lugar donde se encontraba y sopesando su seguridad y la probabilidad de ser sorprendido por un oso o lobos decidió hacerlo al llegar a su cabaña. Pensaba ver el lago, pero no era tan temprano y todavía no consideraba estar en condiciones de hacerlo el mismo día.

Aunque cansado por su caminata de regreso de la aldea y su exploración, se sentía extrañamente satisfecho. El lugar era un pequeño refugio, obviamente no era ni por asomo turístico, aún para los locales –jóvenes- ni siquiera podría considerarse un trampolín para progresar. Su mente se desvió a una persona importante en su vida: su abuelo. La mente del anciano era sin duda retorcida, en más de un sentido y raramente para algo bueno, pero el anciano era un astuto, demasiado… quienes llegaban a conocerlo sabían que no solo su dinero y poder le hacían peligroso. Sacudió su cabeza, no quería volver a meterse en eso… miró al cielo tan azul, una brisa jugó con sus largos cabellos en la entrada de la cabaña, donde se había detenido un momento a descansar.

Sonrió. Al menos tendría un par de días más sin Tala y los otros, decidió que era su mejor momento para disfrutar de su libertad. Recogió sus cosas y enteró en la cabaña. Estudiaría unas horas antes de acostarse más temprano.

-ooOoo-

San Petersburgo, Rusia: en un hotelito modesto.

Tala rechinaba los dientes. Ian y Bryan habían sabiamente optado por ir a recorrer la ciudad para relajarse de cierto cierta 'Roja Autoridad' que ya los tenía hartos.

Spencer estaba empezando a arrepentirse de haberse quedado cuando una llamada sonó en el teléfono de su capitán.

— ¡¿Dónde demonios estabas?!

— Es agradable saber la emoción que causa mi llamada — Kai respondió con voz monótona — Te llamé por cortesía y… por las 12 llamadas perdidas y 4 mensajes que dejaste. Estás empezando a ser un fastidio— esto último fue dicho en un tono que indicaba al pelirrojo quién mandaba.

Tala se llevó su índice y pulgar a su nariz. Respiró hondo — Estaba preocupado. — dijo más humilde.

Kai pareció considerarlo como una disculpa porque se quedó un rato en la línea.

— No sé qué me pasa…

Spencer dejó caer las pinzas que tenía en su mano en ese momento. Tosió y haciendo una ruidosa salida dejó la habitación sin más explicación.

Tala le dio una mirada al otro ruso, pero se guardó de comentar algo que pudiera darle una pista a Kai al otro lado de la línea y esperando que no se hubiera dado cuenta de…

— Sabes que no puedo salir… legalmente de acá. — dijo Kai después de un momento de vacilación.

Tala maldijo mentalmente. Sus palabras confirmaban que sí se dio cuenta.

— Tenemos órdenes que quedarnos al menos tres días más. — de mala gana confesó, esperando con ello distraerle de hacer preguntas que por su desliz anterior no quería contestar.

Los ojos de Kai se abrieron ante tal noticia. Fue entonces cuando sufrió esos pocos momentos de ambivalencia. Tenía más tiempo en libertad… pero eso significaba castigo… ¿Para él, para Tala o para ambos?

— ¿Estarás bien solo? — preguntó Tala al notar la vacilación del otro.

— No necesito niñera. Tú por otra parte…

— ¡¿Qué?! ¿Insinúas que yo sí? — un ruido extraño le contestó, una especie de risita sofocada por un oportuno aclaramiento de garganta — Kai… tú…

— Al menos yo sé que me pasa.

Nueva maldición en la mente del pelirrojo. Esta conversación estaba fuera de control. La llamada era para saber cómo lo estaba haciendo el más joven, no para… 'esto'. Tenía que retomar el control de esta llamada… al menos.

— Hablando de eso… tu abuelo ya lo sabe. — Al otro lado Kai se encogió de hombros en ese momento Tala entrecerró sus ojos como si el otro lo estuviera viendo y contestó — ¿Lo sabías? — aunque ello sonaba más como un reclamo.

— ¿Creíste que no lo averiguaría? ¿Por qué crees que me mandó acá? Y antes que empieces… ustedes estarían acá de no ser por lo del Torneo y… lo del teléfono.

— Eso…

— Tú deberías ser la niñera de ellos no al revés.

— Espera…

— NO. Hablaremos de esto personalmente. Ten cuidado. Que yo deteste seguir el 'protocolo' no significa que no lo recuerde.

Eso calló cualquier respuesta que Tala pensara darle. Eso hizo que Tala hiciera una mueca y mentalmente se abofeteara.

— Como gustes. ¿Al menos…?

— Y antes que empieces a convertirte en una mamá gallina. Estoy bien.

— Yo no… — el resoplido amortiguado al otro lado de la línea le hizo rodar sus ojos — ¿Al menos cumpliste con lo otro?

— Para que te quedes tranquilo, sí.

— Voy a creerte.

— Me alivia saber que me crees. Dormiré tranquilo esta noche. — la sarcástica respuesta del bicolor hizo rodar los ojos al pelirrojo.

— Kai…

— Tengo que estudiar un par de horas antes de irme a dormir. Saluda a los otros.

La comunicación terminó. Tala se llevó los dedos a su nariz apretando el puente de la misma antes de apoyar su frente en su palma. El peso que sentía sobre sus hombros se alivió… al menos un poco. Sin embargo, todavía se sentía pesado, frío y asfixiante.

Ya era tarde y estaba cansado. No había dormido bien estos últimos días. Un baño le relajaría… suponiendo que tuvieran la 'suerte' de tener agua caliente… o agua.

-oooOooo-

El grito de Tala despertó a los otros.

A diferencia de cualquier otro grupo, ellos no demostraron ni enojo ni curiosidad. Ellos comprendían que a veces, en los momentos más tensos… cada uno de ellos era un candidato perfecto para tener pesadillas. Esta vez le tocó a Tala.

Oh eso pensaron…

Spencer encendió la luz de la lámpara cerca de su cama y al mismo tiempo les hizo señas a los otros para que se quedaran en sus lugares.

Como se dijo antes, no era inusual para ninguno el despertar agitado, sudoroso… quizá hasta frenético pero no gritando. Ellos habían aprendido a controlarse aún en esas circunstancias tan fuera de control.

El ya de por sí pálido ruso, esta vez su rostro estaba casi verdoso. Tardó unos segundos sin entender lo que Spencer le decía y porque tenía una botella de agua frente a él. La miró indeciso, sin saber qué hacer con ella, salvo sostenerla… con una mirada de terror en sus ojos.

— Bebe — escuchó una voz a su izquierda, la de Spencer, quien le quitó la botella y la desenroscó.

Obediente, Tala dio un par de tragos. Antes de extender su mano hacia el teléfono que estaba en la mesita de noche cerca de la lámpara encendida.

Spencer fue más rápido.

— ¿Qué crees que haces? — preguntó el más alto al pelirrojo.

— Llamar a Kai.

Spencer entrecerró sus ojos mientras consultaba el reloj — A esta hora él debe estar dormido. Si lo despiertas se molestará, sabes lo que le cuesta volver a dormirse. Y, en esta ocasión necesita ese descanso.

— No me importa. — dijo extendiendo su mano exigiendo la devolución del teléfono — Tampoco me importa aprender un par de groserías más, si ese es el resultado.

— ¿Qué sucede Rojo? — Bryan se había sentado en su cama, ignorando la mirada de advertencia de Spencer.

— Soñé con él — fue el tono y el rehuir su mirada que les hizo estremecerse — Yo… yo… son esos sueños. — dijo con voz tan baja, que de no estar acostumbrados y entrenados a escuchar atentamente. Hubieran perdido sus palabras.

Rostros impasibles en el exterior, pero internamente los tres rusos se retorcían ante las tres palabras y lo que estas significaban, especialmente después que Tala dijera que tenía malos presentimientos, el día anterior.

— ¿Pasado? — preguntó Ian.

— No. Al menos no lo creo. Él se estaba ahogando. — Tala contestó con pesadumbre — Yo… sentí su frío y terror.

— Ése no suena como Kai — intervino Ian.

Se miraron entre sí, antes de desviar sus miradas. Spencer aún jugueteaba con el teléfono de Tala, indeciso de devolvérselo. Bryan apretó sus labios en preocupación, pero también para evitar decir algo impropio del momento, aunque fuera para su propia tranquilidad e Ian se quedó quietecito volviendo a recostarse y mirando el techo, tratando de no pensar, de olvidar lo que de alguna manera todos sabían: que era muy posible que Tala acertara… otra vez.

Spencer tomó una decisión — Tala. Si él está dormido y le llamas se despertará de malas… podría no contestarte o ya no volverlo hacer; lo enojarás y podría ignorarte el resto del día. Eso podría ser peor.

— Lo sé pero…

— Si pasó… lo que… — Spencer no quiso terminar la oración mientras devolvía el teléfono a su capitán.

Tala bajó su cabeza, tampoco quiso hablar.

— Llámale mañana. Es madrugador y sintiéndose mejor estará levantándose a las 5:30 ó 6:00 horas. — la voz tranquila de Spencer resonó en la quietud de la habitación.

— Pero…

— Rojo — intervino Bryan — No hay nada que podamos hacer desde aquí. Tus 'sueños' no son de buen augurio, pero no siempre se cumplen o lo hacen tan rápido.

Tala resopló — Iré a caminar. — dejó su teléfono sobre la mesa y fue a buscar ropa — No vale la pena mantenernos todos en vela. — dijo mientras se vestía.

— ¿Crees que es una buena idea salir? — preguntó Ian — No es un buen barrio y nosotros no somos conocidos aquí.

Bryan sonrió enigmáticamente.

— No. No es una buena idea, pero no puedo quedarme aquí. — dicho esto, Tala tomó su abrigo y salió.

— Tranquilo enano. — empezó Bryan al notar que Ian empezaba a incorporarse — Yo me preocuparía más por el pobre diablo que se le ocurra meterse con él en su estado actual.

Ian sonrió medio preocupado y medio resignado — Es verdad, pero 'eso' también podría meternos en más problemas. — señaló.

Spencer y Bryan intercambiaron unas miradas.

— Bien… ya que no podré dormir y dudo que me dejen ver el único canal para adultos en este hotel… voy tras él.

— ¿Seguro? — preguntó Spencer.

— ¿Me dejarás ver…? — al ver la mirada de Spencer e Ian, se encogió de hombros y agregó — Muy seguro. Velaré por el idiota que se tope con Tala.

-oooOooo-

Los pasos de Tala eran sorprendentemente livianos para la agitación que sentía dentro de sí. Cuando llegó a la entrada –o salida del edificio- el portero abrió la boca para decirle algo… y la cerró casi de inmediato al ver el rostro del joven. Se apresuró a abrir la puerta de la calle, sin siquiera atreverse a dar la recomendación que tuviera cuidado.

Iba a cerrar la puerta cuando una pesada mano cayó sobre su hombro. Eta vez ni siquiera abrió la boca y dócilmente volvió a abrir la puerta para darle paso a un joven un poco mayor de cabellos lila-gris… y una mirada francamente insana.

-oooOooo-

Un viento frío recibió al pelirrojo pero ello no logró frenar a Tala, quien caminaba con fuera y decisión, aunque tan alterado que no sabía realmente a donde ir, que no prestó atención a una pareja de transeúntes que se encontraba en la esquina contraria e intercambiaron miradas y después de una llamada telefónica empezaron a seguirlo a prudente distancia.

Era temprano… o de madrugada según se mire, literalmente. Ya era notable el fenómeno de "Las noches blancas de San Petersburgo" Era tal la claridad pese a la hora, que las farolas automáticas de la calle permanecían apagadas.

La pareja que seguía a nuestro pelirrojo, se volvió un trío. Diez minutos habían pasado, pero Tala aún no conseguía calmarse. Fueron unos quejidos los que trajeron a Tala devuelta a tierra firme. A menos de 20 metros estaba un grupo de jóvenes, unos diez o doce, no mayores de 18 años. Todos rodeaban a un incauto sujeto a quién empujaban de uno a otro, no obstante que les rogaba que lo dejaran tranquilo, que ya no tenía más dinero en sus bolsillos.

Tala se les quedó mirando un momento, indeciso. Uno de los maleantes (porque definitivamente no eran buenos muchachos), levantó la vista y murmuró algo a quien parecía ser el cabecilla. Señalando con su cabeza al pelirrojo y levantando su teléfono.

— ¿Qué miras? — dijo el 'cabecilla'.

Tala permaneció callado, solo levantó su cabeza y miró fijamente al 'cabecilla'

— Será mejor que sigas tu camino — dijo mirándole de pies a cabeza considerando su capacidad económica — Pero no gratis. Me gusta tu abrigo. Lo quiero. Y esas bonitas botas también — su mirada se volvió oscura y sacó una larga navaja que tenía escondida entre su ropa y que hasta ese momento no había tenido necesidad de mostrar.

El resto empezó a avanzar amenazadoramente…

-ooooOoooo-


Hola:

¡Ah esas tardanzas!

Lo bueno, es que ya tengo hecho el otro capítulo que lo subiré la otra semana. Lo malo…. La espera. Doble disculpa por eso.

Saludos.

Traducción: "Mane, thecel, fares" significa "Pesado, contado, dividido" Amenaza profética que una mano misteriosa trazó en la pared de la sala donde el rey Baltasar celebraba el que había de ser su último festín cuando Ciro penetraba en Babilonia. Aparece en el Libro de Daniel.

NOTA IMPORTANTE: Y en ese sentido debe ser tomado: un significado premonitorio para quien está amenazado por una catástrofe inminente. No textualmente como cita bíblica.