La Dulce Venganza

Capítulo 3: La idea de Lucius

Pasó sus manos por su rostro, esto no podía estar pasando, lo tenían todo fríamente calculado, no podía ser posible que hubiese sido un engaño. No estaba dispuesto a perder contra ella, no después de hacerlo miles de veces en el pasado. Sentía que en cualquier momento explotaría de rabia, y eso era algo raro en él, puesto que normalmente controlaba sus enfados y se mostraba de lo más frío posible. Pero esa chica lograba sacarlo de quicio en tan solo unos segundos.

Apretó los puños y caminó hacia la puerta, no iba a dejarla marchar así como así, con esa amenaza y sin ningún castigo.

-Draco detente – ordenó Lucius, intuyendo lo que iba a hacer su hijo -, lo vamos a solucionar. No dejes que la rabia nuble tu buen juicio.

-Debemos averiguar qué trama – contestó Draco, apretando los dientes.

-Sí, urgentemente – afirmó Blaise afligido.

-¿Por qué piensan que trama algo?

-¿Acaso no notaste su actitud?

-Ella actuaba como un Malfoy – dijo Theo luego de razonarlo un poco.

-Exacto, - Lucius se levantó de su silla y fue hacia el mini bar que tenían ahí, para servirse un vaso de whisky de Fuego - estaba siendo fría, calculadora y no había ningún remordimiento por dejarnos en la calle con esa amenaza de demanda.

-Sabemos que las tiene todas para ganar y estoy seguro que le dio los datos erróneos de sus finanzas a nuestro espía a propósito para hacernos caer.

Los comentarios de Blaise no hacían más que enfurecer más a Draco por la situación. Quizás si el dueño de Thompson Incorporated hubiese sido otra persona, estaría pensando y actuando como su padre, manteniendo la cabeza fría para solucionar el problema, pero no era así. Granger siempre lograba sacarlo de quicio, era un don que ella tenía, y el hecho de que se viera tan tremendamente sexy no ayudaba tampoco.

-Es muy lista – confirmó Theo, pasándose las manos por la cabeza.

-Sí, pero nosotros también lo somos.

-¿Qué sugieres, Lucius? – preguntó el moreno.

-¿Qué es lo más frágil de una persona?

Los dos jóvenes sentados se miraron confundidos, sin saber qué responderle a su jefe.

-El corazón – comentó Draco, apoyándose en la silla que tenía en frente -. ¿Quieres enamorarla, padre? Perdona, pero eso sería repugnante.

-No yo, tú, Draco.

-Ni hablar, yo estoy casado. – Y el solo hecho de pensar en esa posibilidad se le revolvía el estómago.

-Y te llevas tan bien con tu esposa como te llevarías con una hiena hambrienta – comentó Lucius, sorprendiendo a los demás presentes.

-Mujer del demonio, no lograrás que me lleve bien con Granger.

-Debes admitir que luce realmente bien.

-No pedí tu opinión, Zabini.

-Yo sólo decía – dijo, levantando las manos en plan de inocencia.

-¿Por qué no la seduces tú en mi lugar? Veo que no tienes inconvenientes.

-Pansy me castrará si sabe que la engaño, y le tengo demasiado cariño a mi amigo como para que me lo quiten.

-Y además Zabini está en Italia.

Draco gruñó, pensando en lo complicada que se volvería su vida si aceptaba seducir a Granger. Una parte de sí deseaba con todas sus fuerzas hacerlo, y esa parte era principalmente su amigo que había despertado hacía rato y se negaba a volver a su estado original. Conquistar a Granger sería sin duda un desafío, puesto que era una chica, a todas luces, inteligente y perceptiva, atenta a cada cosa que sucedía en su alrededor, dispuesta a defenderse a toda cosa. Era un reto, que la mitad de él quería tomar. Pero la otra mitad se oponía, porque sabía que ambos tenían un pasado tortuoso, porque él la odiaba y ella a él, y no tenían problema en ocultarlo. Ella, una sangre sucia, una impura, inferior en todo sentido. Pero una mujer sumamente hermosa e interesante.

Mierda, estaba en problemas.

-¿Qué dices, hijo?

-¿Piensas que, después del modo que la traté... mierda, el modo en que la he tratado desde que la conocí, se va a poder borrar con unas rosas rojas y chocolates? ¿Crees que no se dará cuenta, padre? – Cuestionó, pasando sus manos varias veces por su cabeza, desordenando su pelo -. Es la bruja más inteligente que conozco.

-Y tú también lo eres, Draco – Lucius puso sus manos en los hombros de su hijo, mirándolo fijamente al rostro -, confío que podrás descubrir que hay en esa cabeza rubia teñida.

-Sé que soy irresistible padre, pero a menos que le haga un Imperio no lograré ganarme su confianza en dos días, antes de que nos demande.

-Es verdad – concordó Blaise, cogiendo un vaso de whisky del mini bar -, es muy poco tiempo.

-Hay que aceptar lo que pide – sentenció Lucius.

-¿¡Qué!? Estás demente, padre.

Lucius negó con la cabeza. Llevaba en el negocio muchos años, y la experiencia le decía que era mejor mantener a sus enemigos cerca. Voldemort le había enseñado a temer a lo temible y sabía que la mente de Hermione Granger podría ser tan grande como el mismísimo Señor Oscuro. Esa inteligente chica haría lo que fuera por destruirlos si se oponían a su palabra, quizás no de la forma cruel con que hacía las cosas su antiguo Lord, pero sí con esa astucia característica.

-Es mejor dejar que crea que tiene la delantera – comentó el rubio -. Ahora no tiene a Potter para resguardarla. Está sola.

-Seguro tiene un montón de gente que la apoya.

-Sí, pero nosotros también.


Está bien, tenía que admitirlo, se veía guapo, realmente guapo. Los años le habían hecho bien, definitivamente, y qué bien olía. Tenía una debilidad con los perfumes de hombre, y que él usara esa exquisita fragancia no permitía que se concentrara. Se apoyó en la pared del ascensor, y tomó su cabeza con ambas manos. Tenía que calmarse, sino su plan se iría al diablo y no podría lograr sus objetivos. Pero no podía negarlo, Malfoy la ponía a mil, y pudo notar que ella a él también. Sonrió ante tal pensamiento, Malfoy estaba más que encantado de verla, se fijó de reojo en lo duro que estaba cuando se acercó a él.

Sacudió la cabeza. No podía pensar en eso. Concéntrate, Hermione. Pensó antes de salir del ascensor. Se dirigió a las chimeneas que estaban habilitadas para transportarse y fue directamente a su oficina.

El ajetreo en Thompson Incorporated era algo normal del día a día, así que podría meterse en el trabajo, pasar horas revisando papeles, firmando documentos, viendo planos, y en diversas juntas, y así olvidaría a cierto rubio que hacía sus piernas temblar, a pesar de que no era lo que quería.

Su secretaria se pasó minutos después de que llegara, para dejarle su taza de café humeante, con canela y dos terrones de azúcar. Se lo agradeció, lo necesitaba.

-Ha venido el señor Kent, señora, para informarle sobre los avances en Surrey – comentó Penélope, colocándole sobre el escritorio una carpeta con documentos que debía revisar.

-Perfecto, dile que me reuniré con él en 10 minutos en la sala de juntas. ¿Puedes avisarle a Roger también, por favor?

La chica asintió, y se marchó del despacho en silencio. Surrey era una de sus grandes inversiones. Habían descubierto una mina de plata hacía dos años. Comenzaron la excavación de inmediato, luego de conseguir los permisos respectivos. Y era todo un éxito, les había dado una gran fortuna. Recordaba a Vince emocionado por el proyecto, quedándose hasta tarde trabajando, planeando las cosas con tal minuciosidad que nadie podría negar que había sido un trabajo fácil. Se acordaba también de las veces que lo había regañado por estar tan metido en el trabajo, las peleas que habían tenido por lo mismo los había dejado días sin hablar más de lo estrictamente necesario, pero siempre lo arreglaban, con sexo, claro.

Ahora, sin Vince a su lado, ella era la que se encargaba de esa minera en particular. Era el gran proyecto de su fallecido esposo, y quería que todo se hiciera tal como él lo había planeado.

George Kent era uno de sus supervisores de obra, un hombre de unos cincuenta y tantos años, con canas en el cabello, ojos profundamente azules, y sonrisa encantadora. Era, sin duda, un hombre de confianza, y era esa la razón por la que Vincent lo había elegido para ese trabajo tan importante. Un tipo con experiencia, y una sabiduría infinita, con quien era grato hablar, puesto que siempre tenía algo que enseñar.

-Querida, qué bueno es verte aquí – le dijo el hombre al verla, dándole un abrazo amistoso.

-No podía quedarme recluida en casa para siempre – comentó Hermione con un suspiro -, Vince ya no está, pero no echaré abajo todo nuestro trabajo.

-Por supuesto, sé que puedes llevar esta empresa como se debe.

Había estado trabajando desde su casa desde que Vincent había muerto, hacía tan solo dos semanas había vuelto a sus oficinas, en Londres. Ocasionalmente se presentaba ahí, para juntas de suma urgencia, o para firmar documentos que requerían su presencia, pero había decidido llevar su luto a solas. Todo en esa empresa le recordaba a su difunto marido, y no la ponía de buen humor aquello, no cuando la herida estaba ahí, latente. Estar en esos pasillos, ver cómo quitaban el nombre de la puerta del despacho de Vince era como si le metieran los dedos en las llagas de su alma, y simplemente no podía soportarlo. Lo había amado, a pesar de que se había vuelto una chica fuerte y fría con los años, y las situaciones de la vida la habían llevado a ser así, lo había amado con locura, y su pérdida la había dejado destrozada.

Segunda vez en su vida que estaba destrozada por la muerte.

-¿Hermione? – Roger, quien había entrado en algún momento a la habitación, la llamó sacándola de sus pensamientos, y cuando fijó su vista en él, la miraba con preocupación.

-Lo siento – se disculpó con una sonrisa incómoda, y Roger frunció el ceño al darse cuenta -, estaba perdida en mis pensamientos.

La chica tomó asiento en la cabecera de la mesa e invitó a los dos hombres que la miraban con preocupación a sentarse, para llevar a cabo la reunión que los convocaba. Kent le habló de todo lo que tenía que hablar, le preguntó y contestó a preguntas que ella le había con suma ligereza, olvidando que ella se había comportado de manera extraña hacía unos minutos. Pero Roger, quien la conocía tan bien, la miraba con seriedad, tratando de descifrar qué era lo que pasaba por esa rubia cabecita. Hermione se había reunido con los Malfoy aquella mañana y, para su fastidio, no lo había llamado apenas había llegado, para informarle qué había ocurrido. La recorrió con la mirada, esperando ver algún indicio de que estuviera herida. Observó cada gesto, por si llegaba a quejarse de algún dolor que quiera hacer pasar desapercibido. Pero no halló nada, simplemente unos ojos tristes que se empeñaban a ocultarse bajo una sonrisa amistosa o una expresión de concentración.

Juraba que si Malfoy le había hecho algo, partiría en el mismo momento y lo reventaría a maldiciones. No le importaba que tuviera que ir a la cárcel, le haría pagar a ese imbécil si había llegado a dañarla.

-Todo marcha bien ahora, querida, pero temo que necesitaremos unas cuantas manos más en un mes cuando lleguemos más a fondo – comentó Kent.

-Ok, le diré a Penélope que te envíe los curriculum que nos han llegado y si es necesario le diré a Anne de publicidad que prepare anuncio en el profeta reclutando magos.

-Sería maravilloso, querida.

-¿Algo más? – George negó con la cabeza, por lo que la chica se levantó de su asiento -, Bien, avísame si será necesario el anuncio.

El hombre se despidió de ambos y se marchó por la puerta. Hermione se acercó a la mesa, y tomó la vuelapluma y la libreta en la que había escrito ésta, y pasó las páginas, encerrando en un círculo lo que era más importante, para luego encargarse de eso al llegar a su oficina. Pero Roger le quitó la libreta antes de que pudiera terminar, y la obligó a mirarlo.

-¿Estás bien? – preguntó preocupado.

-Por supuesto.

-¿Y por qué tus ojos piden a gritos poder llorar?

Suspiró, y apoyó su mano sobre la que él tenía sobre su mejilla.

-No es nada, George me recordó lo mucho que extraño a Vince.

Él la miró con ojos tristes, también lo extrañaba, había sido su mejor amigo, su apoyo, su compañero. Perder a Vincent había sido la cosa más dolorosa que había vivido, creía estar preparado, puesto que lo había acompañado a él y a Hermione durante todo el tiempo en que estuvo en tratamiento, pero no fue así. Cuando su mejor amigo murió sintió que una parte de él también moría. "Cuídala" le había pedido la última noche, cuando Vince supo que no tenía más tiempo, y Roger no había podido hacer otra cosa que prometerle que lo haría.

-También lo extraño, nena, pero lo vamos a superar – le dijo, acariciándole las mejillas con sus dedos.

Resopló, divertida.

-No me llames nena.

-¿Qué tal la reunión?

Sabía que debía cambiar de tema para hacerla sentir mejor, mientras más estuviera metida en los negocios, menos tiempo tendría para pensar en su difunto esposo, y así, con el tiempo, pensar en él sería menos doloroso. Se lo agradeció en silencio y comenzó a contarle todo lo que había sucedido en la reunión.

Y pensar en la reunión le trajo a la memoria cierto rubio que hacía que su estómago diera vueltas. ¿Por qué pensaba eso? Se regañó mentalmente, no podía pensar en el enemigo de esa forma, y si seguía poniendo esa cara de estúpida que seguramente tenía, Roger comenzaría a sospechar, y no quería que se pusiera pesado como la otra noche en la Mansión Malfoy. No estaba en sus planes involucrarse con nadie, tenía que mantener la cabeza fría para llevar a cabo todo lo que había pensado esos años. Aunque tampoco había estado en sus planes involucrarse con Vincent, para empezar, ni casarse con él.

Se abofeteó mentalmente, esta vez lograría su cometido aunque fuera lo último que hiciera.


Draco bebía whisky en su oficina, mientras miraba por la ventana el exterior. Allá abajo podía ver a muggles pasear a sus perros, mujeres con bolsas de compras, padres tratando de controlar a sus hijos, y viejas que juntaban con otras viejas a cotillear. No tenía idea por qué su familia había escogido un edificio en el medio del barrio muggle para tener sus oficinas, pero ahí estaban, los magos que eran reconocidos por odiar a los muggles. Aunque claramente tenían puesto un hechizo para camuflar la empresa, cuando un muggle miraba el edificio veía ahí una aburrida fábrica de crema de pies. No entendía tampoco por qué precisamente tenía que ser de pies.

-¿Draco?

Theo entró a su oficina, golpeando ligeramente la puerta para anunciarse. Aunque Draco seguía metido en su mundo y no se percató de su llamado. La descabellada idea de su padre había puesto su cabeza patas para arriba. Es decir, cuándo habría pensado él, o cualquiera que lo conociera, que se involucraría con Hermione Granger. Siempre había sido una chica interesante, no lo negaría, tenía conocimiento de cosas que nadie podría imaginar. Era una chica muy sabia, con una inteligencia que sabía que lo superaba por mucho, a pesar de que él también la poseía. Y eso era intimidante. Por lo mismo, y por ser parte del team Potter, la había odiado cuando estaban en la escuela. Al enterarse que era una sangre sucia, la había odiado aún más, porque eso había hecho que no hubiese ninguna posibilidad de que pudieran llegar a ser amigos, o al menos tolerarse.

Ahora de adulto, los prejuicios a la sangre eran para él algo estúpido, no entendía por qué había llevado esa ideología tanto tiempo. Probablemente por miedo a su padre. Pero a pesar de sus creencias ahora, seguía siendo una locura que sedujera a Granger.

-¿Draco? – Theo le tocó el hombro para que notara que estaba ahí - ¿Estás bien?

-Perdona, sólo estaba pensando – se excusó, dejando el vaso sobre su escritorio.

-Ya lo veo. ¿Crees que la idea de tu padre funcionará?

Theo no iba a discutir sobre lo que creía que funcionaría o no para descubrir qué era lo que tramaba Thompson al ir a sus oficinas a amenazarlos de esa forma. Lo que él en realidad quería averiguar era cómo estaba el matrimonio de su mejor amigo, y cómo estaba él con eso.

-Claro que funcionará.

-¿Y qué hay de Astoria? – Draco frunció el ceño levemente, un gesto que no pasó desapercibido por su mejor amigo -. Creí que cuando dijiste que ustedes dos estaban bien lo decías en serio.

-Bueno, pues, no podía arriesgarme a que alguna de las conocidas de mi madre escuchara, se pusiera a chismorrear y se enterara todo el mundo, sería un escándalo – comentó el rubio, sentándose cansadamente en su sillón.

-Va a ser un escándalo cuando todo el mundo se entere, - Draco sabía que así sería. Lo había pensado varias veces y esa era la principal razón para no hacerlo antes. Pero a estas alturas, ya no soportaba seguir viviendo así, no era feliz, no era la vida que él quería. Puede que a su padre le importara un comino si era o no feliz con su madre, pero él no quería que sus hijos se dieran cuenta que lo único que tenían en común sus padres eran ellos - se va a saber igual.

Y a pesar de lo que muchos pensaran, Draco ya no era el chico malo que quería irremediablemente llamar la atención. Luego de la guerra mágica, no había tratado de ocultarse, pero solamente quería destacar por las cosas buenas, y notables que hiciera, como lo hacía ahora en la empresa. Ya no quería ser la oveja negra.

-Lo sé, no estaba de ánimos para que se enteraran tan pronto.

-Lo siento, Draco – Theo podía notar el tono apagado del rubio. Aunque siempre trataba de ocultar sus sentimientos, él podía saber cómo se sentía de inmediato, puesto que lo conocía de toda la vida.

-No lo hagas, ya ni siquiera me importa.

¿Mentía? Al parecer no, aunque sabía que de igual forma lo afectaba. Sabía que Draco siempre trataba de conseguir la aprobación de su padre, y sabía también que a Lucius le importaba un pepino la felicidad de su hijo, puesto que solamente pensaba en sí mismo, en sus conquistas, en su empresa y en su reputación. Si Draco llegaba a divorciarse de Astoria sería una mancha en el honor de su familia.

-Creí que todo iba bien, creí que estabas enamorado.

-El amor fue en los primeros años solamente, - comentó Draco, dando vueltas a los hielos de su vaso - después se volvió rutina, hacer el amor dos veces a la semana, vernos solamente en la cena, dormir en camas separadas, no es estrictamente el matrimonio que todos quisieran tener.

-Es el matrimonio que los sangre pura aspiran.

-Sí, pero… - pero él ya no pensaba como un sangre pura en su totalidad - Bueno ya no importa.

-¿Y qué pasa con tu plan de conseguir un heredero, Draco? Pensé que querías tener un hijo.

-Sí, bueno, esos planes se fueron al carajo cuando Astoria vio a Daphne engordar con su bebé, según ella no está hecha para tener esa cantidad de kilos, - Theo puso los ojos en blanco, mas Draco no pudo reprochárselo, él mismo lo había hecho en su momento - aunque es ridículo porque Daphne se ve encantadora, muy feliz y radiante.

-Parece que estás enamorado de la hermana – bromeó el chico.

-No, no, no me metería con eso, pero bueno, el divorcio se supone que sale en tres meses más, así que por tres meses todavía estaré encadenado.

-¿Y qué pasa con Granger?

Gruñó, Granger era un tema para él. No quería llamarla, pero debía hacerlo, por su bien y por el de la empresa. No podían meterse en una demanda, no cuando competían contra la heroína del mundo mágico, ella tenía todo para ganar y aunque maldijeran al juez no podrían ganar. Se pasó la mano por el rostro, y suspiró, de nuevo. Normalmente conquistar a una chica no le suponía ningún problema, pero sabía que tendría que esforzarse con ésta, y no solo porque era ella precisamente, sino porque sabía que su marido había fallecido recientemente, y lo más seguro es que su duelo lo vivía día a día aún. Hermione Granger era una persona fiel, lo había sabido siempre, con sus amigos, con Weasley, con su familia, con sus creencias. Y seguro que seguía siendo así, a pesar de que trataba de mostrarse con una actitud fría.

-Tengo que llamarla. Pero no quiero hacerlo.

Theo asintió, entendiéndolo.

-Si te sirve de consuelo, hablé con ella en la fiesta de tu madre, es muy simpática.

Draco lo recordó. Recordó lo celoso que se sintió cuando vio a Theo hablando con la misteriosa y atractiva chica del vestido rojo. Volvió a suspirar, probablemente se arrepentiría de decir lo que pretendía, pero sabía que con el chico a su lado podía hablar de lo que fuera. Al fin y al cabo era su mejor amigo.

-Mierda, si te vi hablándole – comentó, bebiendo un largo trago de su whisky -, no sabes las ganas que tenía de acercarme a conocer a esa chica -. Theo lo miró sorprendido – Es decir, mírala, se veía extremadamente sexy con ese vestido.

-Me sorprendes.

-Me conoces, sabes que soy un maldito mujeriego.

-Me alegro que lo admitas.

-Pero yo no sabía quién era – se defendió, a pesar de que Nott no había dicho nada, recordando como el vestido se apegaba a sus caderas, y a su diminuta cintura a la que seguramente podría envolver con un solo brazo. Y esas piernas… Mierda, estaba empalmado de nuevo -, no la había reconocido aún.

-Está claro que te atrae – comenzó Theo -, llámala, pasarás un buen rato y conseguirás descubrir que hay en esa mente suya.

-Mañana, no quiero parecer ansioso.

Horas más tarde Draco seguía con tan empalmado como cuando la vio llegar a sus oficinas, y necesitaba urgentemente descargarse, o una ducha fría. Pensó en ir a un bar y acostarse con cualquier chica tonta que cayera a sus pies. Pero no estaba de ánimos de andar respondiendo llamadas de aquella afortunada chica, puesto que siempre querían más. Tenía ese efecto en las mujeres.

Una ducha y su mano tendrían que ser suficientes. Esperaba.

Llegó a su casa a las nueve de la noche, había tratado de desviar sus pensamientos de esa rubia preciosa metiendo su cabeza en el trabajo, tratando de adelantar lo más posible, y leyendo lo que fuera que pudiera permitir llevarle la delantera.

Suspiró cansado una vez que tocó el suelo de la Mansión. No es que hubiese sido tan eficiente ese método, había tenido que releer los documentos un par de veces, porque ella se negaba a irse de su mente. Maldita fuera Granger. Debería inventar una poción para repeler atracciones indeseadas, sabía que a muchos les gustaría tenerla. Porque un simple Obliviate no sería útil para que dejara de desearla. Era algo que tenía bajo la piel, y aunque su memoria se fuera, su cuerpo respondería a ella.

-Amo Draco – lo saludó su elfo, haciendo una reverencia tan exagerada que su nariz tocó el suelo -, qué alegría verlo en casa.

-Gracias, Lainadan, también me alegra verte – dijo cansado.

-Lainadan quería informarle que la señora Malfoy ha llegado hace un par de horas, señor, y parece algo molesta.

-¿Quién? ¿Astoria? – preguntó con sorpresa. Se suponía que ella volvería en unas semanas más, lo cual no le molestaba en absoluto, puesto que no tenía ganas de verla. Ninguna gracia le causaba que estuviera ahí antes de tiempo, y que llegara sin avisar. Al fin y al cabo, se suponía que ella estaba con su amante recorriendo el mundo, no en Inglaterra jodiéndole la vida.

-Sí, señor, está en la habitación del amo.

Volvió a suspirar y puso los ojos en blanco. Tenerla ahí antes de tiempo no suponía ninguna paz. Seguro venía a darle solo problemas, pero no dejaría que esa noche lo molestara. Solo la usaría para su bien, ahora no tendría que descargar su deseo solo, tenía a su mujer para satisfacerlo.

Abrió la puerta de su habitación y no la vio en ninguna parte, pero de inmediato escuchó un ruido proveniente de su armario y de ahí salió ella, con el ceño fruncido, las manos en las caderas. Lanzó su chaqueta a la cama y se encaminó hacia ella. No había tiempo de hablar, ni de discutir, y cuando ella abrió la boca para decir una palabra, se la selló de inmediato con sus labios, en un beso feroz y hambriento. La acorraló contra la puerta del armario, y sujetó sus manos sobre su cabeza, mientras con la otra tomó una de sus piernas y la enroscó en sus caderas.

No hay necesidad de explicar lo que pasó después, pero digamos que no hicieron el amor como una pareja de enamorados. Fue fuerte, con furia y desagrado, algo que no le quitó el sabor amargo que sentía en la boca ni el ardor en el estómago. Se recostó a su lado mirando el techo, jadeando luego de explotar.

-¿Quién es? - preguntó Astoria luego de un rato en silencio.

-¿De qué hablas?

Él lo sabía perfectamente, pero prefería hacerse el desentendido.

-Reconozco cuando te encaprichas con alguien y te desquitas conmigo, Draco. - Astoria hizo un puchero, a lo que él simplemente bufó y puso los ojos en blanco.

-No es de tu incumbencia.

-Claro que sí, lo es si mi marido desea a alguien más - la chica pasó su mano suavemente por el pecho de Draco, tratando de llamar su atención. Sin embargo, el rápidamente se la quitó de encima y se levantó para alejarse. No estaba de ánimos para pelear con ella, ni caer en sus juegos.

-¿Por qué volviste a Inglaterra? - Preguntó entrando en el baño para poder ducharse.

-¿Por qué cambias el tema? - Draco ignoró la pregunta, y se metió a la ducha. El agua caliente relajó sus músculos agotados, sin embargo, el relajo duró poco pues Astoria abrió la puerta para poder mirarlo directamente, claramente enfadada -. Vine a exigirte mi dinero, me diste muy poco.

-No voy a darte más, que te quede claro.

Decidió que seguirle el juego no era algo que le apetecía hacer, por lo que simplemente se dio la vuelta, agarró el bote de shampoo y comenzó a lavarse el pelo.

-¿Como pretendes que viva así?

-La gente normal vive así. Ahora, necesito que el lunes estés a las 9 am en el ministerio para que firmes unos papeles.

-¿Que papeles?

-Negocios - respondió con simpleza.

-¿Y si no me presento?

Se giró para encararla, y la miró con esa cara que solamente los Malfoy podían poner. Una mirada llena de odio y rencor que empequeñece a cualquiera que lo vea. Ella retrocedió un par de pasos, pero le mantuvo firme la mirada, sin apartarla.

-Pues enviaré un par de mortífagos amigos de mi padre por ti, así que más te vale asistir si no quieres que te lleven a la fuerza.

-No te atreverías - dijo asustada.

Draco se acercó a ella, sin importarle su desnudez ni que estuviera todo mojado. Se agachó un poco para que sus rostros quedaran a la misma altura y entrecerró los ojos, dándole un toque más aterrador.

-Pruébame.

Ella sabía que era capaz de hacerlo. Su marido era malvado, nadie podría negar eso.

-Ahora agarra tus cosas y vete, a la casa de tus padres, a un hotel, lo que sea, pero no tengo tiempo para ti.

-Eres un desgraciado

-Puedo vivir con eso - y se volteó la última vez, para ahora si ignorarla por completo.


Hola hola! ¿queda alguien por ahí? Espero que sí, porque este capitulo va con todo el amor para ustedes. Espero les haya gustado, se que es corto, pero bueno...

Gracias por los que se toman el tiempo de leerlo y comentar... a los lectores silenciosos, los invito a compartir sus opiniones, no muerdo :)

Espero que la inspiración llegue pronto para vernos en otro capitulo.

Nos vemos pronto, y suerte en todo!

MRS Taisho Potter

PD: He estado pensando en leer un Dramione... me recomiendan alguno?