Capítulo 20
Tamquam tabula rasa
En las calles de Petersburgo, Rusia
Tala miró a su alrededor el 'cabecilla' y cuatro más empezaban a acercarse.
En otras circunstancias, Tala se hubiera hecho de la vista gorda. Nunca se había considerado a sí mismo como alguien heroico, menos un bienhechor, aunque admitía que tampoco era la maldad andante. A todas luces un "chico malo".
Él se podría permitir sentir desde lástima por cualquier pobre diablo hasta cierto gozo que otros le temieran, ser capaz de intimidar con una mirada y que la sola mención de su nombre infundiera temor.
Pero… esta vez, quería desahogarse, sacar sus dudas, temores inseguridad e irritabilidad. Dejar salir a su animal interno…
Algo empezó a burbujear en su interior de Tala, el control sobre su temperamento –o el poco que tenía- se derrumbó. Sus ojos se entrecerraron, sus labios se curvaron en una sonrisa lobuna y su barbilla se levantó…
— Oblígame — siseó el pelirrojo.
Oleg, que era el nombre del matón, sonrió aceptando el reto y haciendo un movimiento con su cabeza mandó a los primeros.
Tala sintió a cuatro más a su espalda y se llevó la mano a su cinturón. La detuvo de inmediato. En la hebilla tenía una pequeña cuchilla disimulada; ésta no era muy grande pero lo suficiente para causar daño, especialmente si sabes cómo y dónde usarla. Retrajo su mano. Sonrió. Él quería pelear, necesitaba pelear… pero quería sentir su puño golpeando directamente carne y provocando dolor.
Ellos empezaron a rodearlo. Dos se quedaron con el sujeto que habían atrapado, tres empezaron a rodearlo de frente, los de atrás esperaron su turno. El lobo estaba rodeado… Tala sacudió sus manos y sus dedos, moviendo su cabeza de un lado a otro. Parándose firmemente, abriendo un poco sus piernas y… esperó.
En menos de tres minutos, los primeros tres yacían en el suelo, dos gimiendo y uno sin moverse. Los que intentaron atacarlo por atrás al ver como los otros caían, de ellos dos empezando a levantarse y otros dos con los ojos abiertos, aún sin poder creerlo.
Tala tenía un poco de sangre en una de sus manos… aunque no era suya. Le molestaba un poco su mano derecha, no es que la tuviera rota sino que se había lastimado un dedo, nada del otro mundo, pero estaba extrañado... su único pensamiento fue: ¿Cuándo se descuidó?
Pasado el estupor inicial, otros tres se lanzaron contra Tala, pero esta vez con un palo, una cadena y un cuchillo. Nuevamente sólo uno quedó. Esta vez apenas 4 estaban en pie, incrédulos que este pelirrojo hiciera tal daño. Los dos restantes que sostenían al sujeto a quien originalmente estaban asaltando, lo lanzaron sin miramientos contra la pared, desde donde fue testigo de algo que no pensó sucedería. Seis contra uno.
La adrenalina bombeaba. Su entrenamiento se hizo cargo del pelirrojo. Un gozo interno se apoderó de él, quería más… el lobo se había soltado.
-ooOoo-
A pocos metros, un tipo escondido en las sombras de la esquina sacó una navaja. La hoja brillaba a la luz de la luna. Su sonrisa se amplió al pensar que el pelirrojo no sabría ni qué le pasó.
Dio un paso adelante…
Antes que siquiera pudiera usarla, una mano de hierro apretó la mano que sostenía la navaja, no solo inmovilizándola sino también apuntándola contra su propio abdomen y un brazo apretó sin contemplaciones su cuello, impidiéndole el más leve sonido.
El férreo control se volvió casi asfixiante y alarmante, si tienes en cuenta que ahora tu navaja apunta directamente a tu abdomen, empezando a sentir el filo en tu piel. Y si eso no era suficiente para aterrarte, una voz que susurraba a tu oído podría…
— Shhh. No grites. Aunque quisiera tener una excusa aceptable para romperte el cuello o destriparte como la rata traidora que eres… tengo ciertas instrucciones de no meterme en demasiados líos. Deshacerme de tu cadáver encaja en lo que quiero evitar. Ahora escucha y escucha bien… — la voz siseaba como una serpiente — Mueve tu cabeza si entiendes lo que digo. — un leve movimiento… casi temeroso — Bien. ¿Ves ese pelirrojo que le está dando una paliza a tus amigos? — otro asentimiento — Ese es mi compañero. Puedo soltarte y dejar que le ataques, pero si lo haces a traición como intentabas... podrías herirlo y eso me molestaría" — dijo con voz más profunda y aterradora, sin contar que apretó el agarre, logrando un gorgoteo. — …y tú realmente no quieres que me enoje ¿Cierto? — otro movimiento de cabeza — Si le atacas de frente, temo que no sería justo para ti… y al ver la navaja eso le molestaría mucho a él. Podría herirte malamente o matarte. No es que me importe lo que te pase pero… eso le metería en problemas y… bueno no queremos eso tampoco… ¿Cierto? Realmente no tengo ganas de terminar en el Cuartel dando explicaciones que no debería y… bueno no quisiera que tuviéramos problemas con la policía y ser acusados otra vez de homicidio.
Silencio…
— Así que te propongo dos cosas: Una: dame la navaja tranquilamente y puedes ir a enfrentarte o… intentar enfrentarte a él; te prometo detenerlo si se violenta un poco. Dos: dame la navaja, vete y regresa por tus amigos en… quince minutos y yo me llevo a mi pelirrojo.
— D… dos… — tos — Me…voy — dijo aflojando su mano y permitiendo que la navaja se deslizara en la mano del otro.
— Buena decisión. Procuraré no dejarlo salir, pero te recomiendo que tú y tu pandilla no transiten por aquí un par de noches. No es una amenaza, pero no me gustaría que mis otros compañeros se preocupen por un desquite no nos llevaría a nada bueno. ¿Romanovich aún está al mando de los Rejoneros?
— No… Lemka.
— ¿Cuándo salió?
— Hace dos meses.
Bryan le soltó — Dile que los Blitzkrieg están en la ciudad por unos días y que le manda saludos. Ahora vete.
El gamberro no espero a que se lo repitieran y corrió como alma que lleva el diablo.
Bryan, una vez le vio cruzar la cuadra se dirigió hacia donde estaba Tala, todavía enfrentándose a los últimos que quedaban en pie. Se aproximó con calma.
Oleg aprovechó una apertura y casi le ensartó el cuchillo, fallando por unos centímetros. Fue cuando el pobre imbécil sintió que el infierno se transfiguró en ese pelirrojo. Terminó en un montón.
Tala se giró con deseos de más, como un animal salvaje sediento de sangre o al menos de lastimar. Se dirigió al último que quedaba en pie, le sujetó del cuello; cuando iba a darle un golpe alguien le tomó del brazo, haciendo que el otro se girara violentamente.
— Basta Tala. Es suficiente.
Tala rechinó sus dientes mientras se miraba los puños ensangrentados. Bryan podía sentir la tensión del pelirrojo con solo sostener el brazo. En eso la tensión se fue.
— Estoy bien. Suéltame. — dijo con voz tranquila… al menos en apariencia.
— Vete — le dijo al sujeto que cayó tembloroso. Otro que ni lo pensó dos veces, aunque susurró un apenas audible 'gracias'.
— Dije que me sueltes — volvió a decir Tala.
Bryan le soltó y agregó mirando a los otros en el suelo gemir y retorcerse — Prometí que podían venir por ellos en 15 minutos, sabes que me gusta cumplir mis promesas.
Tala dio una mirada de desprecio a los jóvenes caídos en el suelo.
— ¿Mejor? — preguntó Bryan siguiendo la mirada.
— No realmente.
Sin decir más se alejaron del lugar.
Dieron un largo rodeo antes de estar de vuelta en el hotelito que les habían asignado. Sólo porque Tala había aceptado a regañadientes que no era tan buena idea deambular por ahí a esas horas, en especial si la idea es pasar desapercibido o en su caso específico 'no meterse en problemas'.
Para los sensibles oídos de este especial grupo de rusos, era un fastidio escuchar a Tala moverse y revolverse en su cama. Caminar en la pequeña habitación, salir al pasillo, regresar, acostarse y empezar todo otra vez.
Contradictorio si se toma en cuenta que eran capaces de dormir en condiciones… especiales; podían dormir colgados de una cornisa o más precarias.
Después de aproximadamente una hora, Bryan se levantó y sin ceremonia encendió el televisor. Siguiendo su ejemplo, Spencer la luz, sacando un nuevo aparato en el que estaba trabajando y el pequeño Ian su teléfono y empezó a teclear.
Tala levantó una ceja, quedándose quieto por un momento. Dejó su pequeña caminata y tumbándose en la cama, cerró los ojos.
-oooOooo-
Briansk, Rusia: temprano
No obstante de estar pensando en la situación de Tala, despertó descansando y de buen ánimo. Los pocos días transcurridos desde su llegada habían hecho maravillas en su estado físico y mental. Calculaba que tendría unos cinco días más de descanso antes de reincorporarse a su rutina
Y eso le llevaba a otro punto: decidir su propia vida.
El 'envío' de material y programas de estudios le sugerían que tendría que reorganizar no solo su agenda sino su vida, antes que alguien más lo hiciera por él.
Dio otro sorbo a su café antes de dirigirse dentro de la casa. Atizó el fuego de la salita. La noche había sido fría y todavía lo estaba. Aunque no fue una tormenta en el sentido estricto, el invierno prometía venir un poco antes de lo calculado. Las montañas alrededor no obstante, se encontraban nubladas y un aire frío empezaba a sentirse, aunque podría mejorar a juzgar de los intentos del sol por asomarse entre las nubes.
Se sirvió otro poco de café mientras meditaba la conveniencia de ir o no al río. No dudaba que la tormenta habría aumentado el caudal, fuerza y frialdad. Se encogió de hombros. Podría decir meterse al verlo por sí mismo.
Recogió su teléfono para revisar mensajes. Encontró uno de voz de Spencer. Se asombró porque provenía del teléfono de Tala y un par de mensajes de texto, ahora del teléfono de Spencer donde le pedía que hablara con él antes de intentar contactarse con el pelirrojo. Que era importante, aunque no urgente.
Suspirando pesadamente, apagó su teléfono. Llamaría, pero disfrutaría tranquilamente de su desayuno, decidió.
-ooOoo-
San Petersburgo, Rusia
La tan esperada llamada de otra región, finalmente vibró. Bryan, Spencer e Ian se miraron. Spencer recogió la llamada.
— "¿Qué sucede?" — Kai fue directo al grano.
— Tala tuvo uno de 'esos' sueños.
— "¿Qué tan malo?"
— Lo suficiente para alterarlo y salir a medianoche. Enfrentarse a los 'Rejoneros' afirma Bryan.
El mencionado le dio una mirada a Spencer que bien podría traducirse como '¿No confías en lo que dije?', que el más grande ignoró.
— "¿Qué soñó?"
— Que te ahogabas o algo así. No quería tomar agua e insistía en despertarte. No lo dejé, por eso salió a la calle. Regresó y estuvo fastidiando hasta que finalmente su "Roja Autoridad" se durmió.
Tala despertó al escuchar su apodo en los labios de Spencer quien, al parecer, tenía una conversación telefónica un tanto escabrosa con Kai, aunque no podía oír que decía el bicolor. Bryan miraba el televisor junto a Ian, aunque no parecía que perdieran palabra de Spencer.
— "¿Hizo algo más que debería saber… o mejor ignorar?"
— Mira…
— "No. Creí que estarías a cargo"
— No fue mi culpa, además no le pasó nada…
— "Sé que no le pasó nada, pregunto por los otros"
— Un poco maltratados, pero nada que nos meta en problemas. Bryan se encargó.
Silencio
— Ya te dije, no pasó nada.
— "¿Con Bryan metido en medio?"
— Lo subestimas, es confiable… a veces — Spencer dirigió una mirada a Bryan quien al sentir la mirada levantó su vista del televisor y se miraron durante un momento antes de cada uno concentrarse en lo que estaban haciendo.
— "¿Debo suponer que ésta es una?"
— Si ganó una apuesta, ¿Por qué no?
— "Hm"
— Ah, ya está despierto — dijo Spencer al darse cuenta de la mirada azul sobre sí.
— "¿Es todo lo que te dijo? ¿Qué me ahogaba en un río?"
— No dijo donde, pero sí, en esencia eso. Estaba demasiado alterado para decir más.
— "¿Podré confiar que lo solucionarás?"
— Descuida me encargaré personalmente.
— "¿Bryan…?"
— Sí, no dejaré que se meta… Sólo trata de relajarte y…
— "Sergei"
— Deja de llamarme así. Dije que lo haré… ¿Acaso no confías en mí?
— "¿Cómo deberíamos confiar en Tala?"
— Es un modo de verlo.
— "¿Confiarías en mí si fuera al revés?"
— Es posible… Sí, yo también desconfiaría.
En eso se giró hacia el pelirrojo.
— Quiere hablarte — dijo Spencer con una sonrisa que quedaría más adecuada en Bryan.
Tala le envió una mirada de sospecha pero no dijo nada y tomó el teléfono.
Silencio.
Más silencio.
— ¿Kai?
— Creí que ibas a ser más sensato — dijo finalmente el bicolor con voz plana. Tala rodó sus ojos — ¿Creíste que no me iba a enterar de tu salida o alguien más?
— Me sentía encerrado.
— Bienvenido a mi mundo.
— No pasó nada…
— Desde luego, por eso hasta tuvo que intervenir 'Bryan' ¿Qué &/%$ te pasa? Perderás más que la capitanía con esa actitud sin contar que decepcio…
— Te pareces a tu abuelo.
Silencio…
Silencio…
Más silencio.
— No lo dije como ofensa… bueno… me excedí, pero…
— Deberías tener más control.
— ¡¿Cómo tú?! — Tala dijo mordazmente y en el instante se arrepintió.
Y, a juzgar por el silencio a su espalda confirmó que se había más que excedido esta vez.
— ¿Kai? — esta vez su voz perdió su mordacidad.
— Cómo yo. — fue repetido nuevamente con voz plana.
Tanto a su espalda como al otro lado de la línea el sonido de un televisor y el cantar de aves, respectivamente.
— Kai, yo…
— De todos, no pensé que sacarías a colación 'eso'.
— Ka…
— No interrumpas.
La voz de Kai se había vuelto fría, tan desprovista de emoción que mandó un escalofrío directamente a la columna de Tala. En verdad era un Hiwatari. Para temor, horror y macabra fascinación, en ese momento parecía escuchar a Voltaire Hiwatari.
— Hasta que te controles no vuelvas a llamarme.
Dicho eso cortó la llamada.
-oooOooo-
Briansk, Rusia: temprano
No pudo evitarlo. Realmente le había afectado las noticias que había recibido de Spencer y la actitud irracional de Tala. No sólo ponía en peligro a los oros sino que podía llegar a ser… 'excluido' de su grupo. En realidad no es que alguien realmente le impidiera ver a quien él quería pero podría ser una limitante. Pero ya su vida era un infierno de vigilancia y control. De mala gana tenía que admitir que tampoco su salud era la mejor en este momento.
Ahora sin embargo, se sentía arrepentido de cómo actuó con Tala. Sabía que el pelirrojo no lo hacía –al menos en esta ocasión- con ánimo de enojarlo. El tono y la pausa en su voz confirmaban la preocupación de Tala.
Lanzó una piedra a la corriente, ésta saltó varias veces antes de hundirse. Empezó a caminar otra vez murmurando — ¡Maldición Tala! ¡¿Por qué ahora?!
Cada uno de ellos tenía un talento oscuro o al menos así se les decía. El de Tala era uno que Ray –de saberlo- hubiese llamado 'místico'. Los sueños de Tala eran acertados en un respetable 70% el problema era que nunca podrían ser catalogados como "optimistas". Eso era algo que avergonzaba a Tala y alarmaba al resto.
Tala quizá hubiese terminado siendo parte de algún programa militar o al menos científico si su talento en el Beyblade no hubiese sido superior. A raíz de su última manipulación –Gracias a Boris Balkov- se habían detenido sus premoniciones, pero su encuentro con Garland y su posterior coma, regresaron. El mismo pelirrojo le contó que había soñado con él mientras estaba en coma. Éste era su cuarto sueño.
Recogió otra piedra y la lanzó con más fuerza de la necesaria. Se sentía frustrado. Chasqueó su lengua. De mala gana dio la espalda al río y empezó a caminar de vuelta a la cabaña mientras soltaba una andanada de maldiciones en contra de cierto pelirrojo.
Repentinamente el silencio surgió. Las aves dejaron de cantar. Varios hombres aparecieron, hablando rápido y señalándolo.
-oooOooo-
San Petersburgo, Rusia
Tala se encontraba molesto… digamos que emanaba una aura de 'Háblame-y-te-mato' bastante molesta y hasta sofocante. Y, aunque no podía intimidar a los otros, al menos no a los tres juntos y en su contra, optaron por dejarlo por su lado.
Al menos durante un buen rato.
Ninguno ignoraba la fuente de 'ese' estado, como tampoco las órdenes dictadas anteriormente por el JEFE de mantener comunicación con Kai. Bueno, ellos habían sido testigos involuntarios del desplante del bicolor al pelirrojo.
Muchas cosas podrían decirse de ellos –y una buena parte… o la mayoría ser ciertas- tales como ser unos inadaptados, raros, agresivos, 'malos', sicópatas (más de alguno psicótico), pero no se permitían ser autodestructivos –aquello de más vale dar que recibir- Ellos eran más que un equipo aunque no lo admitieran ni bajo tortura (ya lo habían demostrado) y se cuidaban entre sí.
Así que con la propuesta de Spencer de salir a dar un paseó 'todos' aceptaron. Un pelirrojo más a regañadientes y amenazado, pero una palabra entre ellos y el 'capitán' cerró la boca y mansamente los acompañó. Era una forma de ahogar las penas sin meterse a líos, no era posible romper a llorar (o sólo romper) principalmente en un espacio tan pequeño en su hotelito.
El paseo no estuvo tan mal. Pese a estar en varias ocasiones y hasta varios meses, la Ciudad de San Petersburgo, ésta siempre ofrecía paseos interesantes. El humor hosco y oscuro de Tala no lo empañó.
Porque era un hecho que "todos" en algún momento tuvieron o tendrían un período oscuro.
Así horas más tarde se encontraban en una de las múltiples plazas en cuyo alrededor se encontraban ventas de comidas.
— Cuando regresemos deberías llamar al 'Principito' — comenzó Bryan.
Una mirada de Tala le hizo subir una esquina de su labio.
— Dijo que no lo llamara — contestó el pelirrojo.
Spencer levantó una ceja — Aunque Kai tenía toda la razón al decirlo. Te excediste — dijo tomando un bocado de su tazón.
— Tienes órdenes de hablarle ¿No? — comentó 'casualmente' Bryan acentuando su sonrisa. (Ah los amigos)
— Estoy de acuerdo con Bryan — dijo Ian — elevándose tres cejas ante ello — No me miren así. Saben que es lo mejor para todos.
Tala cerró sus ojos pero no replicó. Tomó su café sin decir palabra, con la mayor calma que podía aparentar. ¿Había algo que decir? Desobedecer órdenes era un suicidio, haber dejado a Kai solo… un error el cual todavía lamentaba y él no se encontraba en el mejor de sus momentos. Eso había sido evidente por su enfrentamiento con –al parecer- con los 'Rejoneros' y su 'conversación' con Kai. El que Spencer asumiera el mando tampoco era un indicador favorable.
-oooOooo-
Briansk, Rusia
No era necesario ser un genio para saber que algo ocurría. Un momento después un muchacho algunos años mayor que él se le acercó, le miró con desconfianza y empezó a hablar en su lenguaje cascado.
— No te entiendo— le dijo Kai — Habla más despacio.
El muchacho (aunque en realidad un poco mayor que él) lo miró confuso y un poco molesto, en eso escucharon la voz profunda de un hombre que gritó "¡PAVEL! ¡VEN ACÁ!" y el chico corrió a donde el hombre lo llamó.
Pareció interrogarlo y señaló a otro grupo de muchachos a donde el llamado 'Pavel' se dirigió. El hombre a su vez se dirigió resuelto hacia Kai.
— ¿Eres el chico raro que se baña en el río? — él hombre preguntó sin preámbulos
Kai levantó la ceja pero asintió.
— Una chica no llegó ayer a su casa. Se llama Idania Chewnokwa. ¿La has visto? Rubia, diecisiete años de ojos verdes y de esta estatura — dijo el hombre mientras levantaba su mano hasta indicar la altura de la chica.
— No. ¿Dónde la vieron? — preguntó Kai.
El hombre lo estudio un momento con desconfianza antes de responder — En el camino a Djenk. Me han dicho que te vieron ayer por ese sector.
— ¿Tuviste algo que ver? — escuchó una voz a su espalda, cuando se giró se encontró con un joven de la edad de Tala que le miraba con enojo
— Es posible, desconozco los nombres de los lugares acá — girándose y viéndolo directamente Kai fue rotundo — No.
— ¿Entonces para qué fuiste ahí? — continuó el llamado hombre de más edad.
— Estuve por las ruinas que Nikola me dijo que eran interesantes. Como dije, desconozco los nombres de los lugares. ¿Puedo ayudar con…?
— Si tuviste algo que…
— ¡Eniv! — le amonestó el primer hombre.
— No me importa que Anastas diga, él es un extraño y…
— Suficiente — se impuso el hombre — Debemos encontrarla, con este tiempo no aguantará pasar una noche más fuera.
— Pero Romev…
— Dije que no — de mala gana el muchacho se fue con el grupo a donde se dirigiera el primer chico. Entonces el mayor se giró hacia Kai y le dijo — Agradezco tu interés, muchacho, pero te aconsejo que te quedes en tu casa y no salgas por el día de hoy. Y no te acerques al río. Los ánimos están caldeados y no quiero que consigas un disparo.
Y sin más se giró, siguiendo a los otros.
Kai se quedó pensativo y algo molesto. ¿Era posible que creyeran que él había tenido algo que ver con la desaparición de la muchacha? Correcto, él era el 'Extraño' pero…
Pero entonces, viéndolo desde su perspectiva ¿Por qué no? si fuera local también pensaría mal de quienquiera que llegara y a los pocos días se extraviara una chica.
Suspiró. Por ahora sería mejor hacer caso al consejo del llamado Romev. Llamaría a Kurprin para preguntarle su mejor curso de acción…
Un pensamiento le golpeó al tiempo que su lengua dijo una maldición y cerró sus ojos en frustración ¡No tenía el número!
-oooOooo-
San Petersburgo, Rusia
Al regresar al hospedaje se encontraron con una llamada perdida en el teléfono de Spencer desde Briansk, Rusia. No lo había llevado, total no era que tuviera muchas llamadas.
Spencer se lanzó a su cama mientras escuchaba el mensaje de voz
— ¿Y? — preguntó un ansioso Tala.
— Es de Kurprin. Al parecer trató de comunicarse contigo — dijo Spencer mientras miraba a Tala — ¿Apagaste tu teléfono?
Una maldición y tres rodamientos de ojos.
Tala cogió el teléfono en el aire que le tirara Ian y marcó el número del arrendador ruso.
— Diga — se escuchó una voz con fuerte acento al otro lado de la línea.
— Sr. Kurprin, soy Tala Ivanov.
— Señor Ivanov, finalmente me contesta. He intentado comunicarme con su amigo acá. No he podido salir y no sabía cómo mandarle un mensaje… necesito que permanezca en la cabaña y no salga al río el día de hoy. ES IMPORTANTE. La sobrina del carnicero se perdió y el novio de ella está con la idea que su amigo tiene que ver, porque casualmente fue visto en las ruinas a donde ella se ha dirigido y…
— Espere. No entiendo…
— Llámelo y dígale que no salga hoy. Eniv es un insensato. No dudará en disparar primero y preguntar después.
-ooooOoooo-
Traducción: de Tamquam tabula rasa "Como tabla lisa" (en la que no hay nada escrito). Estado del alma antes de recibir sensaciones, según la filosofía aristotélica. (En esta frase se condensa la oposición aristotélica a la teoría de las ideas innatas que defendía Platón y posteriormente otros filósofos como Descartes).
