La Dulce Venganza
Capítulo 4: Liverpool
-Bien, Hermione, es ahora o nunca.
Cambiar su aspecto nunca había sido una prioridad para ella, de hecho, no era de las chicas muy femeninas cubierta con capas de maquillaje para disimular esas pequeñas manchas que la caracterizaban tanto: sus pecas. Aplicó la base de maquillaje como le habían enseñado en ese curso corto que había tomado en una peluquería muggle. Sabía que si quería obtener sus objetivos, debía poner todo de sí, y esa era la primera opción, hacer una versión mejorada de sí misma. Se sentía extraña teniendo la piel tan blanca, tan perlada, tan perfecta, recordaba cuantas veces Ron le había dicho lo mucho que le gustaban sus pecas, incluso había tratado de contarlas, pero cuando llegó a la setenta y dos se había aburrido.
De su piel se pasó a sus ojos, coloreándolos con tonos cobrizos y luego delineándolos de negro. ¿Qué pensaría él si la viera así? De seguro se caería de espalda al reconocerla. No sabía si le gustaría, probablemente se pondría celoso de todo aquél que le dirigiera la mirada. Rio ante esto. Pero esa pequeña alegría duró muy poco, pues cayó en cuenta de que estaba sola en ese mundo. Sin nadie a su lado.
Respiró hondo. Ya no quería llorar más, lo había hecho lo suficiente. Sabía que tenía que levantarse, enderezar su vida, volver a vivir luego de meses sin salir de esa oscuridad en la que se había sumido. Pero las sombras habían invadido su corazón, el que estaba en pedazos hacía tiempo. Estaba lleno de odio y resentimiento, y estaba segura que si se lo sacaba, sería tan negro como el carbón. Luna había dicho una vez: Logrando que te sientas solo, no eres una gran amenaza. Sin embargo estaba en desacuerdo con ella. El haber perdido a sus amigos había hecho que fuera vulnerable en el comienzo sí, pero luego de un tiempo se había hecho fuerte, y nadie iba a impedirle hacer pagar a aquellos que le habían quitado su felicidad.
El hotel en el que se hospedaba brillaba con las luces de navidad, los colores rojo y verde adornaban cada rincón del lugar, contagiando el sentimiento festivo a cada uno de los presentes. Casi podía imaginarse en la escuela, cuando Hogwarts era bañado por el espíritu navideño. Su vestido dorado combinaba a la perfección con el ambiente. Nunca le había gustado ser el centro de atención, pero ahora indudablemente lo era, cuando al pasar, tanto hombres como mujeres se daban vuelta para mirarla.
La fiesta que se organizaba en el hotel era espléndida. Viktor se lo había dicho alguna vez, y ahora sí que le creía. Una orquesta de brujas y magos, vestidos con majestuosas túnicas moradas, estaba tocando sobre el escenario, el que estaba adornado con luces y árboles de navidad encantados. Había hombres y mujeres bailando con gozo en la pista, y varios los observaban desde las mesas dispuestas alrededor, mientras bebían champagne, cerveza de mantequilla o whiskey de fuego. Todo el mundo se veía feliz, era casi contagioso.
Casi.
Respiró hondo, tratando de darse ánimos para celebrar. O al menos intentar hacerlo. Era el primer año que estaría tan sola en navidad. Sin Ron, sin Harry ni sus padres. No es que no agradeciera que Viktor la hubiese invitado, pero simplemente no era lo mismo.
Lo buscó con la mirada, y lo localizó en el medio de la pista, con una preciosa chica a la que tomaba de la mano y la hacía girar, al compás de la música. Vestía un traje rojo, lo que le recordó al primer baile al que habían ido juntos, la navidad del cuarto año. Esa había sido una gran fiesta, a pesar de había peleado con Ron. Viktor miraba a aquella chica con una hermosa sonrisa, de esas que uno le da sólo a quien ama de verdad, y de pronto se sintió tímida, e incómoda por estar ahí. Como una intrusa, como si estuviera invadiendo un espacio que no debería invadir. Un espacio donde solamente podía existir Viktor y ella.
Aquella muchacha era se prometida.
Viktor iba a presentarle a su prometida, eso había dicho. Cuando la había contactado meses atrás pensó que quería intentar algo con ella, como cuando se conocieron para el Torneo de los Tres Magos. Pero de inmediato le había contado que se había comprometido hacía poco. Se alegraba por él, claro, merecía ser feliz, merecía a alguien que no estuviera roto por dentro y pudiera amarlo con todo su ser.
Ella algo dijo, provocando una carcajada llena de júbilo en el búlgaro. Algo en el interior de Hermione se removió, algo parecido a la envidia. No por ella, no por él, sino por su amor.
Y cuando estaba dispuesta a marcharse, Viktor la vio y le sonrió, no como le sonreía a su novia, pero una sonrisa llena de cariño.
No pudo escapar, y tratando de imitar el gesto de él, se acercó caminando. El muchacho tomó a su prometida de la mano, tirando de ella para poder aproximarse a Hermione.
-¡Hermione, qué gusto verte!
Krum la abrazó levantándola del suelo, tal como lo hacía cuando se conocieron. Tal como lo hacía siempre que la veía. Y por un momento olvidó todo el sufrimiento, dejándose llevar por la alegría contagiosa del joven búlgaro. Era bueno que alguien la abrazara así, por estar feliz de verla, no por lástima, como había pasado con la mayoría de las personas en el último tiempo.
Cuando la dejó en el suelo, Hermione miró a la novia. La muchacha debía tener unos veintitrés años, su cabello negro como la noche, brillaba bajo las luces navideñas. Tenía la tez tan blanca como la nieve y los ojos de un profundo color verde.
-Ella es Cloe, mi prometida.
Cloe se acercó a ella y le dio un amistoso abrazo. Supo de inmediato que la chica era autentica, carismática y podía llegar a ser una gran amiga.
La invitaron a acercarse a la mesa donde estaban reunidos con sus demás familiares. Hermione saludó a los padres de Viktor, quienes la recibieron al igual que él. No podía creer que a pesar de que hacía tantos años que los había visto, aún la recordaran y la trataran con tanto cariño. Se sentía muy a gusto con todos ellos, era un momento para disfrutar, y dejar de lamentarse.
La mesa que ocupaban era de ocho personas, Irina y Alexander, los padres de Viktor, estaban sentados al lado derecho de ella, con Alexander en la cabecera. Al lado de ella se encontraba Cloe, y frente a Irina, Viktor. Los padres de la novia estaban al otro lado de la mesa, ocupando la otra cabecera.
Viktor invitó a Hermione a sentarse junto a él, en el medio de todos. Por un momento se sintió en una cena del siglo XVII, como si ella fuera parte de la mesa del Señor Darcy. Todos arreglados, compartiendo una comida exquisita, y hablando de cosas triviales. Claro que su Señor Darcy no se encontraba ahí, sino que en Inglaterra, bajo una lúgubre lápida.
-¿Dónde está Vincent? – preguntó de pronto Cloe, llamando la atención de la castaña, quien de inmediato trató de disimular el nudo que se había formado en su garganta al pensar en Ron. Se dio cuenta entonces, que el asiento frente a la madre de Cloe estaba vacío, pero preparado para alguien.
-No debe tardar – comentó Bernard, su padre, mirando hacia todos lados.
Sin embargo, terminaron de comer y el tal Vincent no llegó.
El maestro de ceremonia anunció que iniciaría el vals en los próximos minutos, y cuando la música empezó, Viktor se levantó e invitó a su novia a bailar. Hermione sonrió, sí que se había convertido en un amante del baile. Cloe la miró entonces, como preguntándole si estaría bien si la dejaban sola un ratito, a lo que ella le guiñó el ojo para tranquilizarla. Y así, ambos se fueron a la pista a seguir bailando, tal como lo habían hecho cuando ella llegó ahí.
Cuando el reloj marcó las once y media, la muchacha miró a la pareja, quienes bailaban en eses momento un lento, abrazados y mirándose con amor a los ojos. Decidió que era hora de marcharse. Se despidió de los padres de ambos, alegando que estaba cansada por el viaje, y se levantó. No quería interrumpir, pero si se iba sin despedirse no podría dormir por la culpa. Así que caminó hacia ellos, quienes de inmediato la recibieron con una sonrisa. Merlín, eran adorables.
-Chicos, subiré a mi habitación, estoy agotada – anunció, colocando una voz de cansancio.
-No te vayas aún – suplicó Cloe, poniendo un puchero que le hizo recordar a Ginny. Ahora que lo pensaba, la chica tenía muchas similitudes a su mejor amiga -, no hemos hecho aún el intercambio de regalos. ¡Tenemos uno para ti, Hermione!
-Son muy amables, pero…
-Por favor – dijo la chica, alargando la "o" para que pudiera convencerla -, además Vincent ya llegó, está…
Cloe comenzó a mirar hacia todos lados, buscando al chico. Parecía que el joven Vincent era más escurridizo que Harry escapando de Filch, pero al localizarlo, tomó a Viktor y a Hermione de las muñecas y cruzó la pista de baile con ellos pisándole los talones.
-¡Vincent, por Merlín, se supone que es Noche Buena, no noche de negocios! – le reprochó Cloe, quitándole el celular de la mano y llevándolo a su propia oreja – Roger, ¿podrías hacer el favor de dejar a mi hermano en paz un día? ¡Es Noche Buena!
Hermione, quien se encontraba medio oculta tras el cuerpo de Viktor, escuchó como la muchacha reía, para luego presionar un botón en el aparato muggle de su hermano, y entregárselo a él.
-Hemos estado esperando toda la noche para presentarte a la hermosa Hermione ¡y tú no apareces! – la aludida se sonrojó por el halago de la novia de Krum, pues no estaba acostumbrada que las personas la llamaran hermosa, menos alguien que había conocido hacía unas pocas horas.
-Lo siento, hermanita, pero iba a ganar uno grande.
-No me importan tus millones, Vince, hoy es un día para pasar en familia.
-¿Y dónde está la hermosa Hermione, querida Cloe?
La voz de Vincent era ronca, grave como la noche, pero con un toque cálido que le daba confianza. Viktor miró hacia atrás, buscándola, y al ver que se ocultaba detrás de él, cuan niña pequeña, se hizo a un lado, revelándola.
Y fue entonces cuando Hermione conoció a Vincent Thompson.
Su cabello era negro como el de Cloe, pero a diferencia de la chica, él tenía los ojos tan oscuros, que casi parecían negros. Era más alto que Viktor, debía medir más de un metro y ochenta centímetros. De espalda ancha, y brazos fuertes, enfundados en un smoking azul marino entallado. Era, sin duda, un chico realmente guapo.
Él entrecerró los ojos, y la observó desde su altura, no podía decir que la estudió de pies a cabeza, puesto que no despegó los ojos de los suyos en ningún momento. Y tras unos segundos donde nadie habló, Vincent sonrió y se inclinó, estirando su mano derecha, pidiendo la de ella.
-Es un gusto conocerte, hermosa Hermione – comentó, para luego besar suavemente la mano de la muchacha, quien sintió un choque eléctrico apenas sus labios tocaron su piel.
La fotografía que tenía sobre su escritorio la mostraba a ella riendo mientras Vince le daba un beso en la mejilla, para luego mirar a la cámara sonriendo. Aquel día había sido magnífico, el día de la boda de Cloe y Viktor. Vincent había logrado sacarle más sonrisas en esos tres meses que sus conocidos en Inglaterra los pasados meses antes de conocerlo. Él sabía lo que había vivido, sabía de su sufrimiento, y dedicaba cada día a tratar de volverla a la vida, de hacerla reír, de hacerla feliz. Y lo amaba por eso.
No era difícil amarlo, y luego de bastante tiempo se dio cuenta. Hacía que se olvidara de todo, era quien estaba ahí cuando lo necesitaba. Se había convertido en su mejor amigo.
Cuando se casaron ella sólo lo veía así, como su amigo. Vincent tenía la idea en la mente sobre su empresa. Tenía todo planeado, libros y libros de base que había conseguido en la Universidad Muggle a la que fue. Le había propuesto matrimonio, no en el sentido amoroso, o eso creía ella, sino que más que nada como un negocio. Él la necesitaba, Hermione, con su inteligencia, era sin duda la mejor candidata para reinar junto a él ese imperio que planeaba construir. Roger lo estaba ayudando mucho también, pero ambos sabían que para el mundo mágico europeo, un hombre casado era más confiable que uno soltero. Algo estúpido, si lo piensan, una creencia primitiva que aún se mantenía entre los magos, pero que era más fácil seguir que combatir.
Así que se casaron un 3 de Junio. Y cuando se besaron por primera vez frente al altar, chispas saltaron entre ellos, unas que nacieron ese día y que fueron aumentando con el pasar del tiempo.
-Maldita sea.
Maldijo cuando vio que una lágrima había caído sobre el pergamino que leía. Inspiró hondo, tratando de tranquilizarse. Tenía que dejar de llorar, tenía que superarlo. Pero simplemente no podía. Eran esos momentos cuando volvía a sentirse como lo había hecho hacía ocho años atrás, cuando la oscuridad había invadido su vida y con ello había perdido a Ron y los demás. De momentos pensaba en pedirle a alguien que borrara sus recuerdos, un Obliviate acabaría con su sufrimiento y la dejaría libre. Sin embargo, sabía que tenía que seguir firme, y lograr aquello que le había prometido a Ron hacía tantos años en el cementerio.
Penélope abrió despacio la puerta y asomó su cabeza por ésta. Hermione secó rápidamente la lágrima que mojaba su rostro, sin embargo, sabía que sus ojos igual la delatarían. La secretaria sintió lástima, y apenada le informó que tenía una llamada, a lo que la ex – Gryffindor simplemente asintió.
-Granger…
La voz de Malfoy borró todo rastro de tristeza de su ser, causando otro tipo de oscuridad en su corazón.
-¿Cuántas veces debo repetirte que he cambiado de apellido? – cuestionó cabreada.
-Te pido mil disculpas, es la costumbre.
¿Draco Malfoy pidiendo disculpas? Tenía que estar bromeando.
-Me sorprende que llames, Malfoy – comentó – creí que enviarías a alguno de tus lacayos.
-Prefiero que sea cara a cara… No literal, claro, no tengo tiempo de ir a tu oficina.
Hermione puso los ojos en blanco, no es que lo hubiese dejado entrar a Thompson Incorporated tampoco si él se hubiese propuesto ir.
-Dime de una vez lo que quieres decir, tampoco me sobra el tiempo.
-Hemos decidido aceptar.
La sonrisa de victoria de la muchacha habría asustado a cualquiera. No había pisca de bondad en ella, sólo malicia por haberlos hecho caer en la trampa.
-No esperaba menos – dijo tratando de mostrarse seria, a pesar de que en su interior saltaba de euforia -, sería estúpido perder todo si les estoy dando una gran oferta.
-Pero con una condición – respondió Draco, bajando todos los humos de la cabeza de la chica -. Yo voy a dirigir todo. Tus hombres me responderán a mí y acatarán mis órdenes. Tú solamente vas a esperar el dinero, como una ama de casa espera a su marido llegar con el sueldo.
Apretó los puños con fuerza, ¿quién se creía ese imbécil? Maldito machista.
-¿Cómo pretendes dirigir algo que desconoces, Malfoy?
-Tú vas a enseñarme.
-¿Disculpa?
-¿No te crees experta en el tema?
-¿Pretendes que te enseñe todo lo que sé y deje que hagas con mis trabajadores lo que tú quieras? No lo creo. – Casi podía reír de lo estúpido que sonaba, pero Malfoy no lograba que riera, sino que su sangre hervía.
-Puedes visitar la excavación y opinar, pero las decisiones finales las tomaré yo, ¿qué dices?
-Sabes que aún puedo demandarlos.
-Lo sé.
-Y si hay algo que no me guste, lo haré.
-¿Estás aceptando o no?
-Nos vemos mañana a las nueve de la mañana en Liverpool, y no llegues tarde, mi tiempo es oro.
Roger maldijo cuando la muchacha le contó sobre la conversación con Malfoy, puesto que debía atender una emergencia en la planta que tenían en Surrey, imposibilitándole acompañar a Hermione hasta el sábado por la tarde.
-¿No puedes cambiar la cita para el sábado? – cuestionó, pasándose las manos por el cabello, nervioso por dejarla sola con el ex - mortífago.
-Eso sería poco profesional, mi querido Roger.
-No quiero que estés sola rodeada de esa gente, Hermione, entiéndelo – la tomó de los hombros y la miró a los ojos con intensidad, como para transmitirle de esa manera que estaba sumamente preocupado por la situación. Hermione era la mujer de su mejor amigo, y desde siempre había sentido algo especial por ella, admiración quizás, amistad, por supuesto, atracción, no lo sabía. Pero lo que sí sabía era que no quería que nada malo le sucediera, y si él no podía ir a esa reunión, no podría cumplir la promesa que le había hecho a Vincent sobre protegerla a toda costa.
-¿Por qué no confías en mí, Roger? He demostrado un centenar de veces que soy lo suficientemente fuerte para enfrentarme a lo que sea.
-Pero…
-Por favor.
El modo en que lo dijo hizo al joven suspirar derrotado. No podía llevarle la contraria cuando usaba ese tono de voz. Tan dulce y tan firme a la vez.
Sabía que a pesar de lo que dijera, ella haría lo que quisiera. Era tan rebelde, como una adolescente reprimida por sus padres. No tenía caso pelear contra lo inevitable.
-Me mantendrás informado – le ordenó -, si a ese imbécil se le ocurre hacer algo indebido, no dudes en que no me importará acabar en Azkaban por matarlo.
-No te preocupes, lo tendré todo controlado.
Hermione no tenía ni idea de lo que le esperaba.
Irónico, el día brillaba, el sol radiante le sonreía desde las alturas, burlándose de su malestar. No era que no quisiera ese proyecto. Merlín sabía cuánto se había esforzado en conseguir los permisos. Lo que le molestaba era tener que lidiar con Malfoy. Ese era uno de aquellos días en los que quería olvidar su pasado, relajarse, dejar de lado su oscuro propósito de vida. No obstante, tener a Malfoy siguiéndola como perro faldero no era algo que le agradara.
Odiaba que los Malfoy hubiesen obtenido la forma de la reina británica para excavar ahí. Odiaba no haberlo pensado antes. Odiaba estar sola en aquella ciudad que apenas conocía. Odiaba sentirse tan vacía.
Un hermoso colibrí pasó volando por cerca suyo. El ave, de un majestuoso color azul, revoloteó a su alrededor, como inspeccionándola.
-Hey, pequeño.
Siempre había creído que los pájaros eran pequeños ángeles, y aquel había llegado justo a tiempo para espantar sus demonios. Estaban al pie de una pequeña colina, a unos metros de donde estaba la entrada a la excavación. El colibrí dio un par de vuelta alrededor de ella, y luego voló colina arriba, devolviéndose un par de veces, como si quisiera que lo siguiera.
Miró a las proximidades, por si Malfoy había aparecido, mas no había nadie, por lo que siguió a la linda ave. Y fue sin duda la mejor decisión. Un hermoso prado de flores blancas se extendía colina abajo. De esos que sólo se ven en las películas, o las fotografías de revistas.
Un ángel, un pequeño ángel.
Vincent sabía cuánto le gustaban las flores blancas, y ese hermoso paisaje solo podía hacerla pensar que no estaba sola. Él estaba ahí, acompañándola, protegiéndola desde el más allá. La brisa corría ligeramente, soplándole sus risos dorados lejos de su rostro. Y con la brisa le llegó el exquisito olor de las flores, inundándola por completo.
Malfoy apareció frente a la excavación a las 8:57 am. Estaba ansioso por verla, para qué engañarse. Lo sentía en sus huesos, con tan solo pensar en ella sentía su sangre arder. A pesar de que le había dicho esa mañana a su padre que le era completamente indiferente, que sería solamente actuación el tratar de seducirla, estaba deseoso de empezar el juego. Hermione Granger, perdón, Hermione Thompson ex – Granger, iba a caer rendida a sus pies, y lo iba a lamentar con creces.
Miró a su alrededor, no la vio en ningún lado, pero no iba a inquietarse, puesto que aún faltaban unos minutos para las nueve. Pero a medida que el tiempo pasaba, y ella no aparecía, se preocupó. La chica había dicho que conocía el lugar, obvio, si ella misma quería empezar la excavación ahí antes de que ellos se le adelantaran. ¿Se había arrepentido? Lo dudaba, ella no era de las que se rendía fácilmente. Y si hubiese cambiado de opinión, sabía que sería lo suficientemente cortés como para al menos hacer una llamada telefónica para avisar.
Suspiró, esto era extraño.
Un pájaro azul pasó volando por su alrededor, molestando su paz, la que contrastaba totalmente a lo que sentía por dentro. El ave voló y voló rodeando su cabeza, hasta hacerlo marear.
-¿Qué quieres, estúpida ave?
Estúpido se sentía hablando con un animal, pero tan pronto como dijo eso, el colibrí salió rápidamente en dirección opuesta a la de él, subiendo por la colina que llevaba al prado de flores. Y al seguirlo con la mirada la vio. Granger se encontraba en la cima de la colina, de espaldas a él. Su largo cabello rubio estaba amarrado en una coleta holgada, vestía una blusa blanca y unos jeans ajustados que hacían que su trasero se viera más apetecible. Sonrió, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí parada, pero no le iba a dar la satisfacción de mirarlo desde las alturas, aunque fuera literal, así que metió las manos en el bolsillo y caminó hacia ella a paso tranquilo. Y a medida que se acercaba, se dio cuenta, graciosamente, que ella llevaba unos cursis bototos de seguridad color rosa.
-Tú jamás pierdes el estilo, ¿verdad? – se burló, llegando a su lado.
Hermione despertó de su ensoñación en cuanto lo escuchó, despidió sus pensamientos sobre su pasado, y se concentró en el rubio que estaba parado frente a ella. Nunca pensó que Draco Malfoy pudiera dejarla sin aliento, pero aquella mañana de Junio lo había hecho. La camisa azul que usaba, hacía resaltar el gris de sus ojos, haciéndolos más hipnotizantes de lo que ya eran. Usaba jeans, tal como ella usaba, y eso la sorprendía también, nunca imaginó tampoco verlo en jeans.
-Malfoy – lo saludó con un asentimiento de cabeza, mientras poco a poco recuperaba el habla -. Llegas tarde.
-Corrección querida Granger, - continuó con ironía, sabiendo que llamándola por su antiguo apellido la haría enfadar, y cómo le gustaba que se enfadara – llegué hace varios minutos, solo estaba esperando que la señora se dignara a bajar de las nubes para poder trabajar.
Hermione se giró de nuevo hacia el prado, tratando de grabar en su memoria esa hermosa vista, para poder volver a ella cuando sintiera la necesidad de hacerlo, y así poder sentirse más cerca de su difunto esposo.
-Es un lugar precioso – comentó, más para sí misma que para él. Y de pronto Draco sintió su tristeza como propia, podía ver en sus ojos, en aquellos que trataban de mostrarla al mundo como una mujer fuerte e independiente, la desolación que la invadía por dentro, y sintió ganas de decirle que todo iba a estar bien. – Vamos a trabajar.
Tan pronto como lo dijo, comenzó a caminar hacia el pie de la colina, dejándolo atrás con sentimientos encontrados. Hermione era todo un misterio, uno que pensaba resolver a toda cosa.
Se acercaron al letrero de publicidad para crema de pies que ocultaba mágicamente la obra. Podía ver la mirada burlona en el rostro de la chica cuando se acercaron, y trató de hacer caso omiso. Apenas se encontrara solo llamaría a los de publicidad para que cambiaran esa estupidez, ¿qué les había dado con la crema de pies, por Merlín?
Unos toques con su varita en el cartel hizo que este dejara el glamour y mostrara, a través de él, la excavación que había empezado Malfoy's Golden and Silver. Era un hechizo similar al que ocultaba al Callejón Diagon, en Londres, y aquello le hizo sentirse un poco menos fría, pues le recordaba su primera visita a aquel mágico lugar.
Como todo un caballero, Malfoy le indicó que pasara primero, a través de esa puerta que había aparecido frente a ellos. A veces olvidaba que el rubio tenía aquellos modales que tan intensamente le había inculcado su madre desde pequeño.
Ya en terreno mágico, vio que no estaban solos, como ella había pensado antes, y por lo cual se encontraba algo nerviosa. Allí había muchos magos, vestidos con overoles de distintos colores, azul, verde oscuro, amarillo y negro, suponía que el color indicaba algún trabajo que ejercían. En su compañía todos vestían de azul, y franjas de otros colores bordadas en el brazo izquierdo les indicaban el puesto que tenían. Además de los overoles, todos los magos usaban cascos amarillos, y gruesos bototos negros, que los protegían de daños indeseados.
A su derecha, un gran camión de carga hacía ruidos con el motor, mientras los hombres de verde levitaban pesados carros llenos de tierra. Estos carros eran llevados hacia allí por los de amarillo, quienes los conducían desde el interior de la cueva que estaba a su izquierda, a través de rieles, como los de los trenes. Más allá, magos de negro armaban una estructura de fierro, del tamaño del camión, mientras que los de azul, con lo que parecía ser una perforadora de suelos, hacían un agujero, siendo guiados por un mago que no vestía overol, sino ropa normal, y usaba un casco blanco. Suponía que él era el supervisor.
Era curioso, siempre decía, los parecidos que tenían las costumbres de las Mineras mágicas a las muggles.
Malfoy hizo aparecer dos cascos blancos ante sus ojos, y le ofreció uno a ella para que se lo colocara. No podía entrar a aquel lugar sin los elementos de seguridad.
-Siento que no sea rosa – bromeó, y no pudo evitar sonreír, de forma inconsciente.
La llevó por la planta explicándole de forma clara cada estación que tenían. Le comentó que habían empezado a realizar la excavación hacía poco, los hombres de amarillo llevaban los residuos que sacaban a medida que cavaban más profundo, y que el camión lo llevaría a unos kilómetros para su reutilización posterior.
La perforadora trataba de hallar un lago subterráneo, que según Anthony Goldstein, se encontraba a seiscientos metros bajo tierra. Recordaba a Anthony del Ejército de Dumbledore, no sabía que lo había llevado a acabar en la empresa de Malfoy, pero solamente esperaba que supiera lo que estaba haciendo. No quería verlo herido. Un Ravenclaw ahí, curioso, se preguntaba qué diría Roger al ver a su ex compañero de casa junto a Malfoy.
-Goldstein, ¿recuerdas a Hermione? – le preguntó el rubio cuando se acercaron a donde estaban trabajando los magos de azul.
Trató de pasar por alto el escalofrío que pasó por su espalda cuando escuchó a Malfoy decir su nombre, el que sonaba casi como un pecado en esos labios finos. Aunque el escalofrío pasó a segundo plano cuando la incomodidad la invadió al ser abrazada sorpresivamente por Anthony.
-¡Hermione Granger, cuánto tiempo!
-En realidad, es Hermione Thompson ahora, Goldstein, directora de Thompson Incorporated, y codirectora de este proyecto.
-Estoy encantada de volver a verte, Anthony – comentó Hermione luego que Malfoy aclarara su posición. Y el ex Ravenclaw la abrazó con tanto cariño que casi se sintió incómoda. Realmente no estaba muy acostumbrada últimamente a recibirlo.
Luego de unas palabras, donde Anthony le contó lo que habían estado haciendo hasta que llegara, Malfoy convocó una reunión con todos sus obreros, para presentarles a la nueva codirectora. La subió a la parte de atrás de un camión, para que todos pudieran verla, a la mujer que pronto sería derrocada del poder.
-Estimados trabajadores, - Hermione pidió la palabra luego de que Malfoy la presentara, a lo que él no pudo más que ceder a regañadientes – estoy aquí para que esto funcione, sé que muchos se especializan en oro y plata, pero mi equipo, que llegará el lunes, y yo, les enseñaremos a sacar correctamente los diamantes, para que así la producción sea la mejor para todos nosotros. Por favor, no tengan miedo de preguntar, estoy dispuesta a responder todas sus preguntas.
¿Respondería si le preguntaba qué estaba tramando realmente? Estaba seguro que no, pero la dejó hablar con sus empleados con ese tono tan confiado, sabiendo que un día, no muy lejos de ese, la desenmascaría. Podía notar en las caras de los obreros su admiración por ella, aunque por lo que podía escuchar de sus mentes, la mayoría admiraba más que su inteligencia y gentileza para hablar, su bello rostro y ese trasero respingón. Apretó sus puños con rabia hacia ellos, sintiéndose traicionado, pero a la vez… celoso.
-Bueno, basta de charlas, ¡a trabajar!
Hermione puso los ojos en blanco, ante el molesto tono de Malfoy, aunque nadie lo objetó, y se esparcieron en sus distintas labores. Cuando estuvieron solos, se quedaron en silencio, no había nadie alrededor que escuchara sus conversaciones, nadie que escuchara lo rápido que latía sus corazones.
-Dejaste a todo el mundo embobado – dijo él, metiendo sus manos en los bolsillos y mirando hacia el horizonte.
-No es verdad.
-Como tú digas.
De un salto, Malfoy bajó del camión llegando a tierra firme y la miró. Se veía preciosa ahí, mirando hacia el horizonte con sus largas pestañas y mechones de su cabello ondeando al viento. La deseaba de tal forma que dolía, pero sabía que ella no iba a ceder a estar en sus brazos tan fácilmente.
-¿Quieres que te muestre un poco más? – le preguntó, y ella apartó la vista de las colinas para centrarla en él y asentir.
Draco estiró los brazos entonces, indicándole con ese gesto que saltara y él la atraparía. Y por alguna razón, en ese instante, confió en él, agachándose para poder bajar. El muchacho la tomó de la cintura y la sostuvo en el aire con una facilidad que pocos tenían, acercándola a su cuerpo lo suficiente para que sintiera la electricidad que él mismo sentía. La bajó despacio hasta que sus rostros quedaron tan cerca que podía sentir su aliento dulce, tan cerca que son un solo movimiento podría atrapar eso labios rojos y besarla como había querido hacerlo desde que la había visto en la casa de sus padres. Quería que enrollara sus piernas a su alrededor, y llevársela lejos para poder hacerla suya hasta ya no poder más, no dejarla salir de la cama aunque le rogara.
Y Hermione podía sentir cada centímetro de su cuerpo pegado a ella, un inexplicable cosquilleo bajaba por su columna vertebral, y su piel se puso de gallina. Él la miraba con tal intensidad que sabía que si se inclinaba apenas un poco para besarla, ella se rendiría sin poner ninguna objeción. Se mordió el labio inconscientemente, provocando que Draco casi perdiera totalmente el control, sin embargo la bajó rápidamente, y se dio la vuelta, alejándose un par de pasos.
Tenía que controlarse y seguir el plan. Seducirla, ese era el plan. No ser seducido.
-¿Seguimos? – cuestionó Hermione, haciendo como si nada, simulando perfectamente que nada de lo que había pasado instantes atrás la había afectado en lo absoluto, mientras que el rubio sentía un terrible dolor en la entrepierna.
-Seguro.
El resto de la mañana pasó sin inconvenientes, bueno excepto por el deseo mutuo y latente, pero que ambos intentaban ignorar. Draco le mostró todas las instalaciones, entraron en la mina, donde presentó personalmente a Hermione con algunos de los supervisores de cada piso. Uno de ellos, Steve Sheep le mostró que habían extraído varios minerales en los días que llevaban trabajando, sin embargo, los diamantes eran más difíciles de encontrar y sacar. Hermione sintió que la satisfacción recorrió su cuerpo cuando Sheep le dijo que quizás no lo estaban haciendo correctamente, y ella miró a Malfoy como diciendo "te lo dije", puesto que había señalado con anterioridad que su fuerte no era la extracción de diamantes. Draco simplemente puso los ojos en blanco.
-No te preocupes Steve, coordinaré con Draco para poder hacerles un curso.
Un escalofrío recorrió la espalda del rubio cuando escuchó su nombre de pila de sus labios carnosos, y quiso, por milésima vez, llevársela de ahí.
Cuando estaban terminando de almorzar en el casino que habían montado para los trabajadores, Roger la llamó.
-Dime por favor que sigues viva.
-Estas siendo ridículo - comentó Hermione, saliendo del lugar y alejándose unos cuantos metros para que Malfoy no escuchara su conversación.
-¿Te hizo algo ese imbécil?
-Roger estoy bien... - dijo exasperada.
-Estás en el medio de las serpientes, Hermione, no puedes culparme por preocuparme por ti.
Hermione se dio la vuelta y miró hacia el casino, donde pudo divisar, a través de la puerta abierta, que Draco la observaba con demasiada seriedad. Le frunció el ceño, como preguntándole de esta forma qué era lo que sucedía. Sin embargo, la mirada de Malfoy se hizo aún más fría y desvió sus ojos hacia Anthony.
-Déjate de preocuparte ¿sí? Sé cuidarme sola.
Roger suspiró.
-¿A qué hora vas a regresar?
Malfoy y ella habían acordado quedarse esa noche en Liverpool para ver más detalles por la mañana, cuando uno de los expertos en oro que tenía la empresa del rubio, Terry Boot llegara de su viaje.
-No regresaré hoy, sabes que los diamantes brillan con la luna en lo más alto y el hechizo adecuado, debo buscarlos para... – claro, esa era otra razón por la cual Hermione quería quedarse.
-Hermione - la interrumpió - se suponía que la reunión sería para conocer al personal y conocer un poco más la mina, no para comenzar a darle todos los tips a Malfoy.
-No voy a traerlo esta noche.
-Y seguro que no tienen ningún tipo de seguridad mágica en ese lugar contra intrusos.
-No soy una intrusa – toda la conversación ya comenzaba a cansarla. ¿Por qué Roger insistía en tratarla como si fuera de porcelana?
-Ok, si vas a quedarte, entonces iré al Ministerio a tomar un traslador hacia allá.
-No, Roger, acordaste reunirte con Jordan esta noche. No puedes perder esa oportunidad.
-Pero Hermione...
-No, - dijo rotundamente- no sería buena amiga si te dijera que vinieras para acá sabiendo que hay una posibilidad de que te entreguen a tu hijo. Samuel es más importante ahora.
-Karina no es una asesina, sé que si espero un día más no matará a Sam, en cambio Malfoy...
-Basta, tú irás con el abogado, yo me encargo de Malfoy.
Lo oyó suspirar derrotado y luego se despidió de él, haciéndole prometer que le avisaría como le iba con su abogado. Roger había tenido una aventura hacía tres años atrás con una chica que trabajaba en un bar de mala muerte. Se habían divertido al comienzo, aunque Vince y Hermione la tenían entre ceja y ceja. Y no era por el trabajo que ella tenía, sino que no dudaba al momento de manipular a Roger sentimentalmente, para conseguir cualquier capricho que quisiera. Claro, un hombre en su posición, con uno de los rangos más altos en la empresa minera más importante del país, era un hombre bastante codiciado por las chicas. Era el soltero del momento.
Roger ciegamente le había dado de todo, le había comprado cuanta cosa quería Karina, con tal de complacerla, pensando que eso hacían los chicos enamorados. La actitud que tenía hacia ella era extraña y varias veces Hermione le sugirió a su marido la idea de que Roger estuviera influenciado por algún tipo de poción de amor.
Imposible había dicho Vincent, él siempre ha sido así con sus aventuras.
Pero más tarde, cuando Karina anunció que estaba embarazada de Roger, algo pareció despertar en la mente del joven empresario, al darse cuenta de lo que estaba pasando. Se hizo pruebas, exámenes de sangre, percatándose efectivamente que había dosis, una pequeña cantidad, pero suficiente para dejarse influenciar por la chica, de Amortentia.
Cortó relación con ella de inmediato, obviamente, y cuando pasó el tiempo necesario, le pidió una prueba de ADN, para saber si efectivamente el niño que venía en camino era suyo. Y lo era. Pero luego de que Samy naciera, la resistencia de ella para que lo viera era cada vez mayor, hasta el punto de que se había marchado a quizás dónde, llevándose a su hijo. Eso había pasado hacía dos meses, y desde entonces Roger estaba trabajando con Lee Jordan para buscarlos y que los jueces del Wizengamont le dieran la custodia total a él.
Malfoy apareció en la puerta con el rostro tan serio como cuando Snape daba clases en Hogwarts. La sacó de sus pensamientos en cuanto lo vio, tan guapo como era, podría hacer que cualquier chica cayera a sus pies. Sin embargo ella tenía que recordarse qué estaba haciendo ahí, y lo que había hecho su familia para ganar su odio incontrolado, y dejar de lado pensamientos carnales que pudieran estar surgiendo en su interior.
-¿Qué? – preguntó, colocando sus manos en jarras, retándolo con la mirada a decirle cualquier insulto.
El rubio entrecerró los ojos, y la miró de arriba abajo, haciéndola sentir desnuda. Se acercó poco a poco, dando unos pasos tan ligeros, pero seguros, como si volara sobre un mar de hielo. Y cuando llegó a su lado, tomó su mentón con su mano helada, levantándole el rostro hacia él, mirando sus labios con deseo.
-Te sugiero que cuando estés trabajando para mí olvides las llamadas de tu noviecito – dijo con tanto veneno que hasta él mismo se sorprendió del odio y los celos que sentía.
Hermione hirvió, y no solo por el hecho de que se había dado cuenta que quería besarlo, sino porque las palabras machistas de él. Lo empujó lejos de ella, quitando su mano de su cara como si su toque la quemara.
-¿Quién te crees que eres, Malfoy? No eres mi jefe, eres mi socio, que te quede claro ahora, porque sabes que puedo demandarte en cualquier momento si no cumples con tu parte – amenazó Hermione, colérica -, y lo que haga o no con mi vida privada no es de tu maldita incumbencia.
Sabía que era una locura, pero verla así, tan enrabiada, lo excitaba tanto como si la viera desnuda. Por un momento sintió como si estuvieran de nuevo en la escuela, cuando la insultaba sin piedad y ella lo hacía de vuelta, era un juego de niños que no estaba dispuesto a perder.
-No me amenaces, Granger - se acercó de nuevo a ella, sabiendo que en cualquier momento podría lanzarle algún hechizo que lo noqueara -. No tienes poder sobre mí, ¿entiendes? Ya me gané a la Reina, me ganaré al Wizengamont si es necesario. Si no quieres estar aquí, eres libre de irte, pero no vengas a joderme. Tengo el poder aquí y no quiero que te distraigas por llamadas personales. Ahora sígueme.
Lo odiaba. Definitivamente lo odiaba.
Pasar el resto del día con él no fue exactamente agradable, como lo llevaban en la mañana. El ambiente se había vuelto tenso, intenso, y feroz, pero frio a la vez. Ya no había conversaciones triviales, palabras sobre el tiempo, o sobre el color de los uniformes. Todo se enfocó principalmente en los diamantes, en el oro, la plata y el cobre que habían extraído. Nada más. Y Malfoy no perdía oportunidad en demostrar que él era el dueño y que los obreros respondían a él y solamente a él. Hasta Anthony se había visto en el aprieto de tener que acatar sus órdenes e ignorar las sugerencias de Hermione.
Ya estaba harta de él. Y tenía que hacer el mayor esfuerzo para no matarlo en ese mismo momento.
Cuando la noche cayó, ambos se fueron al hotel. Eran alrededor de las siete de la tarde, la luna estaría en lo más alto a eso de las nueve. Tenía un tiempo para descansar un rato antes de partir sola a la mina a buscar los diamantes.
-¿Nos vemos en la cena? – preguntó Malfoy como si nada, apenas llegaron al hotel.
-No, debo trabajar en otras cosas, cenaré en mi habitación.
-Ok, como quieras.
Y así cada uno se fue por su lado, sin mirar atrás ni una sola vez.
Seguro que me odian por tardar tanto en subir un capítulo, y entendería perfectamente que no lo lean, pero si están aquí, leyendo este mensaje, les agradezco que se hayan tomado el tiempo de leerlo. Me gusta este fanfic, no quiero abandonarlo, y prometo terminarlo aunque me demore años jaja, espero que no sea así. Pero bueno...
Espero les haya gustado el capítulo, déjenme sus comentarios para saber si les gusta como va la historia, se los agradecería mucho
Saludos a todos, y que tengan un lindo año
MRS Taisho Potter
