IV
Ahogarse
Usualmente cundo alguien preguntaba a un niño sobre un lugar aterrador, muchas veces responderían que un hospital, con agujas, tanto con hombres como mujeres serios y el aroma a alcohol llenando el ambiente blanco y puro, sumado a aquella costumbre de algunos padres de asustar a los pequeños que apenas empezaban la vida con el nosocomio causando así traumas y deseos infundados de no ir ahí nunca, con el paso del tiempo los hospitales habían terminado como una mina de miedo para los niños y hasta para algunos jóvenes.
Aunque para Tendou, si le dieran a escoger, el hospital siempre sería más bonito y hasta acogedor que el CII, ese lugar era asfixiantes con sus paredes altas y rodeado por vallas con pequeñas púas como de hielo, con esos guardias que asustaban y médicos especialistas con cara de que el corazón se les ha escapado hace mucho por los ojos y manos firmes a prueba de errores se sentía como una cárcel para el alma.
Más para una tan vibrante como la suya.
El Centro de investigación integral era también conocido usualmente como aquel lugar donde eran llevados aquellos marcados a la fuerza, aunque eso la mayoría de los chicos de su edad no lo sabían, ni siquiera conocían ese lugar y la sociedad se empeñaba en mantenerlos alejados de tan horrible imagen y él no lo hubiera sabido si aquello no hubiera sucedido esa tarde de agosto, si no hubiera tenido que correr por las calles con los ojos rasgados en lágrimas y su única amiga rompiéndose a pedazos en sus brazos, dando bocanadas de aire que en lugar de aminorar su cansancio entre su carrera le causaban un dolor horrible en la garganta rompiéndole a pedacitos por dentro.
"Fue mi culpa, yo la deje sola"
Y corrió, corrió como nunca había corrido. Ninguno de los rígidos entrenamientos que llegaría a tener en Shiratorizawa en sus recuerdos, se compararía a aquella carrera.
Y cuando llego a casa de los padres de Leila, con su camisa llena de sangre y ella llorando con la mirada muerta fija en el cielo en lugar de encontrar un todo estará bien, pudo ver a las personas más asombrosas que conocía después de sus propios padres, caerse como un edificio lleno de detonadores, después de eso, entre su shock solos se supo en el auto, viéndoles hacer mil y un llamadas.
A la escuela, a la policía, a sus padres, al CII.
Los padres de reirá eran asombrosos, no solo habían peleado contra el estigma de ser una pareja de alfas y habían salido airosos, sino que habían formado una familia, triunfado en sus carreras y habían criado a una persona fuerte.
Ambos median más de 1.70, pero en ese momento, temblaban, y se veían más pequeños, que la llama de una vela a punto de consumirse.
En su película favorita, esa que había visto más de cinco veces uno de los protagonistas solía decir que cuando el corazón de un padre se rompía, podía escucharse a millas de distancia.
No podía decir que lo entendía, pero el llanto tan desconsolado de esas dos personas juntas, podría escucharse hasta el otro lado de la isla y el no pudo hacer más que quedarse en silencio con la mirada perdida inhalando con dificultad el aroma a bosque que le envolvía, aunque por más que aspirase, seguía sintiéndose perdido.
Todo eso era horrible y solo deseaba enredarse entre las sabanas y dormir hasta despertar de la pesadilla de la que no lograba despertar por más que mordiera su lengua, estaba aterrado, por primera vez se sentía vulnerable eh impotente, algo que desde que su anormalidad, por llamarle de alguna manera, se manifestó no había vuelto a sentir.
Tenía catorce años, adoraba el manga/anime, tenía un par de "waifus", su cabello rojo lacio caía como agua de fresa sobre su cabeza cubriendo su frente y se escurría entre sus dedos cuando lo peinaba, jugaba bien al voleibol siendo un bloqueador monstruoso y tenía un alma gemela quien estaba seguro seria la persona más maravillosa en su vida.
Tendou Satori, era uno entre un millón, Tendou Satori era un monstruo, un monstruo que aun teniendo poder no pudo hacer nada por proteger a alguien importante.
Ella estará bien—ahora con el tiempo encima y los años pasando cuando recordaba a su joven yo. Parado mirando fijo sin parpadear sintiendo los ojos secarse hasta causarle dolor, con la voz quebrándose y el aroma a bosque apenas amarrándolo a la realidad, Tendou no podía decidir si aquellas palabras habían sido para sí mismo o para los dos hombres frente a él, que recargados contra la pared fuera de la habitación de intervención se descocían en llanto aferrándose uno al otro intentando no hundirse más de lo que ya estaban en esa oscuridad que amenazaba con tragárselos—lo estará.
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El centro de investigación integral era un edificio grande y blanco a un par de horas de Tokio, desde fuera era imponente y desde dentro era aterrador, llantos, gritos y el traqueteo de camillas, gente susurrando y algunos perdiendo la lucidez era lo único que se podía escuchar, personas sufriendo en cada rincón de la infraestructura, pacientes y familiares.
El ambiente era tan denso que podía ver lodo escurrir de las paredes, impregnarse en su cuerpo y escurrir por su garganta hasta cubrir su corazón.
Causando asco, temblores y sobrecogimiento, ese lugar era más para lo que su mente de 14 años podía procesar, era tan fuerte, que termino en uno de los blancos baños regresando todo el contenido de su estómago apenas y reirá fue quitada de los brazos de su padre para ser metida al quirófano, con el cabello pegado a su frente y mejillas y las lágrimas mezclándose con el asqueroso sabor a jugos gasticos que escurría aun por su barbilla.
Ya no sabía si lo que le hacía arder la garganta era el ácido que había pasado por ella hace unos momentos o el aroma de bosque que se había hecho más fuerte que nunca, el aroma era tan fuerte que el neutral aroma de las pastillas de limpieza había sido ocultado de su rango olfativo, algo inusual, ya que el natural aroma siempre estaba en segundo plano acompañándole pero no impidiéndole los aromas del mundo real.
"perdón, debo estar preocupándote mucho, no te preocupes, solo estoy un poco estresado."
Más que estresado estaba aterrado, era un mentiroso, no solo intentaba mentirle a él, sino a el mismo pero todo se cayó sobre el cuándo reirá salió de la sala operaciones y su mirada solo pudo centrarse en ese pequeño cuerpo recostado sobre aquella cama en medio de la vacía habitación de cortinas azules, con su cabello pegado a su cuero cabelludo, las mejillas hundidas y los labios rotos.
Mientras veía a los padres de leila, con la cara contra las sabanas y gritando hasta el punto de que casi podía escuchar como las cuerdas vocales se reventaban una a una, con ella sin moverse, como muerta, lejos de ahí.
Cuando se dio cuenta que ella ya no estaba ahí.
"puede que nunca más sonría como solía hacerlo"
Solo de pensarlo, dejo de respirar, el lodo sobre su corazón subía hasta su garganta cortando el oxígeno, era como estar muriendo, pero por más que pasaban los segundos no moría, su cuerpo se estaba convirtiendo en una roca siendo hundida al fondo de las cloacas de Tokio y por más que pateara intentando salir de ahí no podía escapar, el agua que le ahogaba estaba dentro de su propio cuerpo.
"sálvame"
¿Satori-kun?—al parecer el golpe seco de su espalda contra la pared de la habitación había llamado la atención de los padres de leyla que le veían con terror, sin importar cuanto tiempo pasara aún se arrepentía de haberles hecho aquello cuando peor estaban.
Los médicos suelen llamarlo ataque de ansiedad, fue horrible wakkun
No podía moverse, no podía respirar, no era más que un pececillo de acuario siendo comprimido por el peso del mar profundo.
Lo sé, estaba ahí
El suelo estaba frio y a cada respiración arrítmica el mundo se difuminaba en tonos de gris, no podía ver más que las manchas borrosas y escuchar una constante voz ajena en su cabeza "estoy aquí" resonar por cada rincón de ella, pero aun así no logrando calmar los calambres y presión sobre su cuerpo.
Y no pude hacer nada
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V
Miyagi
El último año de escuela media fue horrible.
Estaba solo, y esa era una realidad que apenas despertó aquella tarde después del primer ataque de ansiedad de su vida tuvo que enfrentar le golpeo, le hubiera gustado decir que aquel episodio fue el primero y último pero conforme la realidad de que su mejor amiga se había convertido en un cascaron vacío frente a sus ojos, algo le decía que nada volvería a ser igual y aquel lodo en su garganta no se iría por sí solo.
Así como no volvería a tener burbujeantes historias, ni nadie quien gritara en cada partido su nombre, estaba solo de nuevo, y nada duele más que estar solo después de conocer lo que es la compañía, volvería a ser el monstruo solitario que nunca había olvidado que era.
"Al menos nos tenemos el uno al otro"
El acariciar la marca sobre su hombro era el único placebo en su vida ahora que tenía que soportar la hipocresía de compañeros de clase que en su vida se habían interesado en ellos más que para decir a sus espaldas lo monstruoso que era y como se la tirarían a ella, por dios, estaban en escuela media ¿y ya eran tan asquerosos?
El repasar cada bonita nube con su dedo índice sobre su camisa mientras recitaba alguna nueva canción que hubiese escuchado en la radio, imaginando como seria cuando se encontrasen era lo único que podía desconectarle evitando así ser invadido por aquella oleada de aguas negras, era hermoso como de alguna manera aquel aroma le felicitaba con cada bloqueo bien hecho.
Él nunca le dejaba.
Ni cuando los miércoles por la tarde tenía que caminar por los largos pasillos del CII hacia la habitación de leila solo para verla con ojos muertos mirar hacia el cielo por la ventana, siempre mirando sin ver como buscando algo que no estaba ahí, algunas veces acompañada por sus padres, otra por suave música clásica y otras, la más frecuente desde ya casi un mes, por Satsuki el vivaz chico de la habitación de alado.
Hiromi Satsuki, 20 años y alumno de la universidad T en el área de literatura, alguien que fue atacado por la calle por dos alfas, apenas alcanzando el uno setenta y con cabello negro y corto que se encrespaba de manera graciosa pues apenas estaba creciendo después de la intervención de cuando llego, era un típico japonés, respetuoso y amable.
No soy muy especial, aun no entiendo que paso—era lo que repetía cada que tenían la oportunidad de hablar, cuando leila sedada se despedía del mundo para hundirse en pesadillas que dañaban su cerebro, pero no su cuerpo, preferible el daño a su palacio mental, que de cristal se agrietaba cada vez que cerraba sus ojos, que el daño a su cuerpo pues sus brazos no podrían soportar más rasguños—supongo que debo dejar de pensarlo tanto y asumir que simplemente paso, ¿sabes? al ser un beta me pude resistir a la voz un poco.
Satsuki y el eran parecidos, no por el físico, porque de este no podían estar más alejados el uno del otro.
—Aunque no sirvió de mucho, para cuando me di cuenta ya estaba tirado en la esquina de un callejón.
Pero siempre sonreía, con esas sonrisas que te ocultan, esas sonrisas que quieren verse como felicidad, que ocultan búsquedas de aceptación, miedo al rechazo, asco.
Ambos mentían.
Con una sonrisa como la que se ponía en la cara cada vez que alguien le preguntaba sobre aquella tarde y sosteniendo su hombro soltaba un Ella está mejor, y yo también.
Y aun cuando eran tan parecidos, tan mentirosos, Satsuki era mil veces más fuerte que él.
Tan fuerte como para ver a reirá casi 12 horas al día, hablándole a alguien que si tenía suerte le devolvía alguna mirada de soslayo y aun así cada día se levantaba, lavaba los dientes e impasible sosteniendo el suero conectado a su vena se movía de manera torpe hasta estar junto a esa cama listo para contar día tras día anécdotas con esa sonrisa de Cheshire en la cara, en cambio el, si tuviera que contar las veces que tuvo que excusarse para salir al baño y sacar los ansiolíticos que desde el primer episodio le acompañaban constantemente para después meterse un par de pastillas en la boca mientras su cuerpo se iba destensando hasta lograr poder sonreír como lo hacía Satsuki, el tiempo de una noche no alcanzaría para contar los momentos o lugares.
El lorazepam, el fármaco actual, el tercero desde su primer ataque de ansiedad, era ya casi tan común como el sentimiento de angustia cuando el aroma a bosque se intensificaba a su alrededor casi de manera dolorosa, como si quisiera contenerle en un abrazo asfixiante, diferente a aquellos de aire , lo estaba preocupando y podía sentirlo, era como un doble golpe de sentimientos, que le hacían caer de manera ilógica y estúpida en el lorazepam cada vez que sucedía la ocasión, a pesar de decir que no lo volvería a usar.
Era como la tabla roída durante una inundación, sabía que tarde o temprano se hundiría con ella, que solo era momentánea la seguridad y que cuando el ansiolítico fuera perdiendo efecto sobre su cuerpo tendría que recurrir a mas drogas, tendría que buscar nuevas pastillas para no hundirse en el agua de esa sucia cloaca que solo lo dejaba suspendido apretando su garganta sin matarlo.
"Dicen que irme es lo mejor"
El médico, psicólogo, psiquiatra quien fuera quien recetaba las pastillitas del frasquito naranja que le dejaban ir y regresar airoso de sus visitas al CII, no le importaba y aun no le importan mucho los títulos del doc que sin falta le atendía cada martes, se lo dijo a sus padres y a él, principalmente a sus padres porque para ese señor de bata blanca con lentes de Harry Potter y calva brillante el solo era el pobre paciente catatónico, catatónico su trasero, solo tenía ansiedad.
"Nos mudaremos a casa de mis abuelos en Miyagi a mitad de diciembre"
Ese hombre solo exageraba, pero fue más que suficiente para que sus padres pusieran precio a la casa y fecha para la mudanza, apenas acabar la escuela media estarían mudándose a la prefectura de Miyagi con sus abuelos, quienes cabe destacar estaban más que extasiados de tener a su hija de nuevo en casa.
Dicen que iré a Shiratorizawa, es una especie de academia barra internado rara para niños pijos—decírselo a reirá era su prioridad, encargarse de dejarle claro a Satsuki que la cuidara era una obligación—pero su equipo de voleibol es formidable, y me ofrecieron una beca.
Si ella respondió o si siquiera movió su mirada de la vista que le ofrecía la ventana, ya no lo recordaba.
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La casa de sus abuelos era, curiosa.
De aspecto tradicional y teniendo un campo de arroz a la vuelta de la esquina y más personas mayores de 60 años deambulando por ahí que jóvenes de su edad, era fácil relajarse y olvidarse de que día, mes u hora era.
Era como ese pueblo al que se muda esa pequeña familia de tres en "los niños lobo" y la que sería su nueva escuela barra hogar por los próximos tres años estaba a una hora y media de ahí y estando a un mes de mudarse a los dormitorios la distancia estaba aún más lejos de lo que los kilómetros podían medir.
Con cartas de Satsuki relatando con bonita caligrafía, digna de universitario, los lentos avances de reirá y el aroma a bosque regresando a su estado tranquilo, como de bosque en febrero, no fue sorpresa que en las primeras dos semanas el lorazepam no fuera más que un frasco de reluciente plástico color naranja sobre su buro, un adornillo más que le miraba distante cada vez que salía a dar una vuelta preguntándole si no le llevaría.
Y él podía darse el lujo de responder un "No".
Todo era tranquilo, exceptuando esos momentos en que su abuela tan chapada a la antigua he ignorando, como alguna vez hizo con su madre, la marca de su hombro no dejaba de traer personas a conocerle, betas y alfas, sabía lo que ella quería, lo que ellos querían, no era necesario que se lo dijeran, no era necesario que nadie en ese estúpido ¿pueblo? Se lo dijera, podía escuchar a sus espaldas las voces de las ancianas y ancianos, era el único omega sin marcar de la zona y eso a los pocos betas y alfas de edades no tan distantes a la suya les hacía creer que tenían oportunidad, estaban desesperados, para chicos que no aspiraban a salir de ese pueblo de campos de arroz su llegada era como uno de esos plot twist inesperados en los animes.
—No estoy interesado.
Pero satori, el solo quiere ser tu amigo, es el nieto de la señora Nanami y el otro día te vio deambulando por ahí solo—no la culpaba, pero empezaba a hartarse—me ha dicho que puede enseñarte el lugar.
—No necesito ningún guía.
Estaba harto, estaba enojado ¿acaso nunca respetaría su "no"? ¿Tan poco valor tenía su palabra para ella?
Era la octava vez que le decía que no.
¿Por qué si era una omega también, lo trataba así? ¿Cómo una simple chuchería?
En ese momento no supo si fue su mirada o el extrañamente fuerte aroma a bosque que le inundaba, de manera extraña ahogando todo aroma a su alrededor de una manera diferente a aquella vez en el CII, más agresiva, pero su abuela puso la cara de terror más marcada que vio en su vida, como si alrededor del hubiera visto-u olido- el peligro de seguir con su perene necesidad de encontrarle una pareja adecuada a su nieto, y del joven que había estado junto a ella minutos antes no había ni rastro.
—dile que me disculpe.
"¿a quién?" se quedó en su boca, mientras regresaba su mirada a su juego pausado en cuanto vio a su abuela irse velozmente de la sala.
Después de aquello, lo que quedo de su estadía fue tan tranquilo como ese pequeño bosque al otro lado el arrozal, que tranquilo se mecía tumbándose la nieve.
Y cuando esa casa dejo de ser desconocida, tuvo que irse.
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(A "A-less-A" muchas gracias por leer mi historia, como no tienes cuenta, o no la activaste al momento de dejar el review no te pude contestar por mensaje privado, pero muchísimas gracias por el apoyo, nos leemos pronto, a todos los demás conteste por MP)
Hey, mucho gusto.
Soy Gizeh o Kichan en fanfiction, la autora, muchas gracias por sus favoritos, visitas y comentarios.
La verdad me embarqué en este proyecto bastante insegura porque tenía un millón de ideas que plasmar y mis borradores siempre terminaban siendo confusos por lo mismo tarde en traer lo que es la continuación, aunque en retrospectiva fue mucho menos de lo que me lleve en el primer capítulo ya que aterrizar la idea me tomo casi dos meses y medio.
Bueno leí en los comentarios sobre que había un par de personas que no estaban tan enteradas de lo que era el Omegaverse y lo que conllevaba, así que básicamente dejare una pequeña explicación aquí junto con algunas notas extras sobre el fanfic, son libres de leerlas o no:
En el Omegaverse el universo de divide en Alfas, Betas y Omegas.
Podemos tomar básicamente a los Alfas como los dominantes de este universo, mas "fuertes y hábiles" aunque su supremacía es más que nada debido a su voz de mando, aquella con la que pueden someter a omegas y en menor medida a betas a sus órdenes.
Los Betas serían los segundos en cuanto a decisiones ya que en su mayoría son lo que podríamos tomar como "personas normales" capaces de llegar a revelarse a la voz de algunas alfas.
Y por último tenemos a los Omega, aquellos capaces de engendran independientemente de ser hombres o mujeres, pero siendo básicamente el ultimo eslabón de la cadena muchas veces siendo sometidos y humillados por los Alfas.
¿Por qué Tendou no se somete? Debido a su naturaleza de alma gemela lleva una marca que va más allá de las reglas bilógicas, ahondare en ella un poquito más adelante.
Pero dicha marca es sacada de Soulmateverse, el universo de las almas gemelas.
Así creando una mescla entre ambos para crear el universo en que nuestros adorables chicos nacieron.
Y en otras aclaraciones, tenemos a reirá (o leila, como gusten llamarle, quería crear un personaje que tuviera cierto impacto en la vida de Tendou de una manera no romántica porque sentía que el "chico solitario que espera toda su vida siendo infeliz a su alma gemela hasta que lo encuentra y son felices" era un tanto lineal, decidí que fuera una chica debido al alto número de chicas "Perras" –comillas hasta el infinito- en los fanfics que si bien son chachis para la trama y me encanta reirme en sus caras quería al menos un Occ femenino en mi fanfic que si bien no enamorara porque es secundario al menos aportase algo más a la trama que un "te voy a joder la vida porque tu husbando es mi husbando".
Reira al principio tenía pensado estuviera enamorada de Tendou y nunca descarte por completo la idea así que deje algunas entrelineas no directas que lo dan de cierta forma a entender, de alguna manera me gusta pensar que es una chica amable que se enamoró de su mejor amigo pero sabiendo que él tenía una felicidad destinada solo se quedó en silencio acompañándole esperando estar ahí cuando se encontrara con esa felicidad.
El nombre de Reira, o apodo, lo tome de uno de mis personajes favoritos en cuanto a diseño del mundo del anime, Leila de NaNa, siendo hasta el nombre idéntico.
En cuanto a Satsuki, su diseño original en cuanto a personalidad es un Gary Stu (o Mary Su), un chico herido y mentiroso que busca hacer felices a los demás, no tiene gran relevancia aun.
Sin más, nos leemos pronto.
