VI
Wakatoshi
Flash
Wakatoshi recordaba pocas cosas de la época antes de saberse un alma gemela, dícese de manera romántica, porque en aquel tiempo aun no sabía siquiera que significaba estar vivo, porque tenía alrededor de tres y lo máximo que se pude puede recordar de esas edades son recuerdos traumáticos, como caídas que dejaran cicatrices en forma de frijol o hasta el nacimiento de fobias extrañas como a mariposas y al color naranja.
Pero para Wakatoshi que no conoció antes de los seis nada más allá del amurallado jardín de la casa de sus abuelos, no había memorias lo suficientemente relevantes para ser almacenadas en su cerebro antes del suceso de esa mañana de navidad.
Estaba despierto y desde hace más de media hora escuchaba el sonido proveniente desde el pasillo.
Estaba seguro que su madre estaba por irse a trabajar al igual que su padre y su abuela estaría haciendo el desayuno, la navidad, una celebración extranjera no propia de las creencias tan tradicionales de su abuela y madre.
Y sabía que aunque su padre estuviera emocionado no la celebraría por respeto al matriarcado alfa de la familia Ushijima, nunca debía desobedecerse lo que aquellas mujeres dijeran, era algo que hasta Wakatoshi con sus apenas cuatro años y un par de meses entendía.
Lo que no entendía era la repentina picazón sobre su hombro, ardía, le quemaba, se movía y latía.
Pequeñas aves de rapiña picoteaban su hombro, arrancando su piel.
Trayéndole con el aleteo de sus metafóricas alas flashes de una habitación de cálidos colores verde pastel y adornos azul que empezaron a aterrarle, principalmente porque la visión distaba demasiado del tradicional cuarto con solo su cama, siendo esta una bastante occidental en vez de un futon gracias a su padre y una tare de convencimiento en pro de sus cervicales, y el escritorio.
Y si no fuera suficiente con eso podía sentir un miedo no suyo corriendo por todo su pequeño cuerpo, como si los sentimientos de otra persona buscaran refugiarse en los suyos, como si inconscientemente algo quisiera sostenerse de él, solo logrando hundirlos a ambos, como en aquella película extranjera que vio a hurtadillas con su padre donde aquel hombre queriendo sostenerse del chaleco salvavidas de la bonita chica pelirroja terminaba hundiéndolos a ambos.
Sin contar que los pequeños intervalos de visión compartida no eran estáticos, el dueño de aquella habitación estaba posiblemente más aterrado que él, movía sus ojos hacia todos lados, muerto de miedo.
Y a él empezó a invadirle el pánico también, pero no podía hablar, estaba paralizado y de entre el pequeño hueco entre sus labios lo único que lograba escapar eran pequeños gorgoreos lastimeros, como los de una pequeña ave que cae del nido y se sabe perdida, sentía frio, terror, ganas de llorar y gritar, pero solo se quedó quieto.
Estaba tan quieto mirando el techo que nadie notaria que pasaba algo raro.
—waka-chan sé que mama dijo que no ¡pero te compre un regalo!
Papa era una isla, papa era cálido, le enseño a jugar voleibol, contaba historias antes de dormir y siempre traía algún dulce de regreso del trabajo y papa, más haya de hacerle feliz por el balón curiosamente envuelto en una cinta roja le hizo feliz al leer la imperceptible mueca de pánico en su rostro, al ver en sus ojos que algo andaba mal y que ese gorgoreo lastimeros no eran lo normal en el pequeño Wakatoshi.
Papa era suave.
Fue tomado en brazos y llevado corriendo hacia la sala principal de la gran casa tradicional, pasando entre las puertas corredizas apoyado en el pecho de su padre el dolor iba menguando y los flashes se hacían más estáticos a cada momento.
Cuando llegaron a la sala y su madre ordeno sacarle la camisa la cara tanto de ella como de su abuela solo podía ser expresada con una palabra "terror", terror a la marca que se extendía lentamente sobre su hombro.
No solo había sido un niño, así rompiendo años de matriarcado, sino que ahora el destino había traído a una alma gemela a la rama principal de la familia.
"si hubieras nacido omega o beta te hubiéramos desheredado"
En gran parte de sus cumpleaños, en vez de palabras bonitas junto a las rodilleras o balones nuevos, esas eran las palabras de su abuela.
"O simplemente te hubiéramos lanzado a la calle"
Las de su madre junto a el silencio de su padre, no pudiéndose oponer ni a ella ni mucho menos a su abuela.
Agradezco tanto que hayas nacido wakkun
Las que tendría que esperar 10 años para escuchar.
.
Los recuerdos de su padre eran los mejores, el enseñándole a jugar voleibol, el preguntándole emocionado a la luz del ocaso sobre la otra pequeña persona bajo su mismo cielo, el revelándose ante su madre y abuela para pedir que le dejaran en paz por ser zurdo, pidiendo que le dejaran ser diferente.
El con grandes maletas saliendo por la puerta grande, dejando en el suelo un difuso rastro de gotitas de agua.
Podría decirse que ese recuero no era precisamente bonito, pero lo era para la mente tan analítica de Wakatoshi.
Porque el merecía ser feliz, y la gente libre es feliz.
Y porque no lo culpaba, si hubiera podido, él también hubiera huido de ahí.
.
Al Wakatoshi de 7 años, ese que apenas había entrado a la pequeña escuela comunitaria de su zona y era ignorado con terror por los demás niños al ser el único alfa de su clase de apenas diez alumnos, le gustaba sentarse en el patio a lanzar el balón y abrazar el aire mirando los flashes de una vida que no era suya.
Sonriendo a la nada al saberse parte de algo, porque si no enloqueció de soledad en aquellos años en lo que más cercano al amor era la comida sobre la mesa todas las tardes al regresar de la escuela, fue gracias a esos pequeños retazos de vida, a ese chiba inu tan bonito y esas personas tan amables y vivarachas que eran los padres de su alma gemela a los que podía ver por breves segundos sonreír o bailotear de un lado a otro, al niño de cabello rojo, lacio y bonito que había podido ver apenas por breves instantes reflejado en el espejo acomodando su uniforme dentro de esa habitación de colores verdes y azules.
Y con el tiempo termino amando mas a todo lo que rodeaba a esa persona que a su propia vida, y dejo de intentar hablar y socializar, y para cuando el primer año de curso termino y los tres pequeños grupos de primer año fueron juntados en uno de segundo, los grupos de amigos ya estaban formados, y el comía solo todos los días.
Y no es como si aquello le importara mucho porque si tenía suerte, mientras tomaba el almuerzo debajo del gran durazno junto a la entrada un pequeño flash sería enviado ante sus ojos y tendría suficiente felicidad para estar feliz todo la jornada educativa, entrenamiento y antes de acostarse.
Entre hojas de durazno, balones y los flashes de la vida ajena se auto convenció de que su vida podría fluir sin complicaciones hasta encontrarle.
Aunque encontrarle también le aterraba.
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—Es como una amapola.
Había dicho a su madre la primera y única vez que esta le había preguntado mientras arreglaba su kimono y peinado de gala en la sala principal, ese mismo día tendrían que ir a la boda de una de las hijas de la rama secundaria de la familia y las rojas flores bordadas con preciosos hilos sobre la tela de negra de seda solo podía evocarle el bonito cabello de su alma gemela, solo le había visto una sola vez hace ya un tiempo, en un flash de apenas unos segundos, pero si algo no podía olvidar era aquel color.
—La amapola es la flor narcótica, ¿no es así?
—es la flor en tu kimono.*
Sentada, con el cabello en la elegante wareshinobu y el plisado del obi en perfecto orden su madre era hermosa, era una belladona
"Bonita y mortal"
—La amapola es una flor salvaje y delicada, madre.
—ya veo.
No esperaba una respuesta más larga que eso, su padre se había ido hace un par de meses y lo único que la había escuchado decir había sido "ya era hora". ¿Y él? él aun esperaba sentado en la entrada de la gran casa después de regresar de las practicas, con sus rodilleras gastadas y el viejo balón blanco de cuero que después de tanto tiempo y uso había pasado a un amarillento sucio, esperando escuchar el sonido de las llantas de la maleta de su padre.
—En el lenguaje de las flores, la amapola simboliza el reposo, la tranquilidad y el consuelo, ¿no es así Wakatoshi?
Su abuela era aterradora, era la matriarca de la rama principal, con mirada afilada y su altura propia de la alfa que era intimidaba con solo estar en la misma habitación, y aunque el inexpresivo rostro del pequeño Wakatoshi no demostrara ese miedo, podía percibirse en como retraía todo su cuerpo buscando auto protegerse, ella la líder de la familia era su más silenciosa pesadilla, esa que se colaba entre sus sueños y rasgaba los pequeños resquicios de felicidad en forma de balón, si seguía viviendo en esa casa era porque ella aun lo tenía en gracia y a sus siete años eso era algo que tenía muy en claro.
—si.
—Debe ser una persona bonita.
—si.
—Esperemos que la persona bonita, sea un omega.
"no dejes que te encuentre"
Eran los pensamientos que llenaban su cabeza cada vez que veía a aquella mujer frente suyo.
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"Sus prácticas acaban de terminar"
A mediados del año escolar, mientras estaba practicando sus remates contra la pared como la entrenadora del pequeño equipo de su escuela le había indicado, había visto el flash de un bloqueo perfecto, ese día asusto a las otras seis personas en el gimnasio, después de todo no era normal ver a Ushijima-kun reír de manera tan vivaz eh inocente, también jugaba voleibol y como supo un par de días después, sus prácticas acababan media hora antes que las suyas.
"Son las 4:30, debe estar yendo a casa"
—Ushijima-kun, pon más atención en la práctica.
—perdón.
La curva de los levantamientos de la entrenadora siempre eran bonitos y fáciles de rematar, dignos de una ex armadora tan capaz como para haber sido parte de la selección nipona.
Una gran elevación que no pudo rematar.
—¿Ushijima-kun estas bien?¿¡Ushijima-kun!?
Ellos no eran compañeros, de club, ellos no eran gente que quería hablar de manera amigable, y la postura de ese niño frente a sus ojos no podía significar otra cosa que aquello que su mente le gritaba.
Frente a él solo podía ver a esos chicos, la torre de Tokio pequeña a lo lejos y mucha gente amontonándose alrededor, eso ya no era un flash, era una película de terror frente a sus ojos.
"Quiero protegerlo"
Fue como un efecto cadena, primero el movimiento mudo de los labios de ese niño quien claramente había utilizado la voz intentando doblegar a su alma gemela y luego omegas de aquel circulo de mirones a su alrededor habían caído de rodillas contra el suelo, algunos betas sosteniendo sus rodillas respirando con dificultad y los alfas de distintos grupos de amigos poniéndose frente a todos estos con el instinto de protección a flor de piel.
—¡Él no tiene derecho, nadie lo tiene!
El eco de su voz apenas se estaba disipando entre las paredes del pequeño gimnasio cuando regreso en si, con la rodillas sobre la duela, respirando con dificultad y sus compañeros de equipo, cuatro betas y un omega, casi gimiendo lastimosamente de miedo pegados a la pared más lejana de el.
—Ushijima-kun, hablemos.
Se quedó sentando con la espalda contra los barrotes de la red, abrazando sus rodillas y sintiéndose alguien horrible hasta que escucho el último "hasta mañana" de sus compañeros de equipo y los pasos de la entrenadora, tan elegantes y bonitos se empezaron a acercar hasta sentirla acomodarse junto a él.
—¿eres un alma gemela verdad Ushijima-kun?
La entrenadora Utsukushi era alta, bonita y según había dicho cuándo se había presentado una beta de 28 años exjugadora profesional a la que le gustaba cocinar y enseñar a otros su más amado deporte, y por la línea de colores que surcaba desde su codo haciendo espirales alrededor hasta llegar a su muñeca, era como él.
—¡como yo!
—si.
Quería hablar más, quería preguntar más, quería ser un niño curioso por una vez en su vida pero sentía como cada palabra se atoraba en su garganta muriendo sobre su lengua dejando el sabor amargo de algo imposible de decir, así que frustrado solo podía quedarse en silencio viéndola ondear su brazo frente a su cara, esperando que entendiera que quería saber más.
Por suerte Utsukushi-sensei, como todos aquellos maestros de vocación sabía leer la pequeña y redondeada cara de los niños.
Yo escucho su melodía, es difícil de explicar pero desde que tengo memoria la melodía se mescla de manera suave entre mi ambiente, cuando tenía un partido realmente difícil y los abucheos de la porra contraria me ponían muy nerviosa la melodía ocultaba todos los demás sonidos dándome paz—mientras hablaba repasaba las líneas con sus finos dedos llenos de cinta, no estaba solo, la gente como él estaba más cerca de lo que parecía y se sentía terriblemente reconfortante—la gente suele preguntarme como es que alguien como yo termino dando clase en una primaria comunitaria cuando se me ofreció trabajo en muchas otras de la capital y la respuesta es sencilla, el destino me guio aquí, aquí lo encontré y aquí es nuestro hogar ahora.
—y el. . .
—¿hm? ¡Ah! El suele sentir aquello que me pasa de manera física, golpes, quemaduras y hasta me ha dicho que solía sentir un ardor terrible en las manos, debo suponer que eran mis saques mortales.
—Yo veo su vida.
De manera distraída empezó a rascar sus manitas con nerviosismo, era la primera que hablaba sobre ello con alguien que pudiera entenderle.
—por segundos, pero hoy. . .
—¿fueron más que segundos?
Se limitó a asentir viendo a la entrenadora bajar de nuevo la manga de su jersey sobre el largo arcoíris en su brazo, era muy bonito.
—ellos, sus compañeros, querían usar la voz con él, querían dañarlo y yo no eh podio hacer nada.
—no estés tan seguro de ello.
Por la alargada ventana del gimnasio la luz naranja se colaba creando un juego de luces ondulantes, pero Wakatoshi solo deseaba poder ver el color rojo.
—nosotros, las almas gemelas no respondemos a la voz, ni a bueno, no sé si sea adecuado decir eso a un niño.
—ya me enseñaron sobre el celo en clase.
—como esperaba de la estrella de nuestro equipo, tan maduro.
—gracias.
Se sentía realmente cómodo, era como ser entendido completamente.
—pero como te decía, nosotros no respondemos a nada de aquello, porque no buscamos una pareja para toda la vida.
—¿entonces?
Sus grandes eh infantiles ojos estaban llenos de temor, pero la ligera caricia en su cabello y la sonrisa tan maternal de aquella brillante mujer, eran calmantes.
—es nuestro complemento para esta y todas nuestras siguientes vidas, se dice que uno esta bendito por el simple hecho de haber nacido, pero se está aún más bendito al ser un alma gemela, el simple hecho de que hayas nacido lo salvo Ushijima-kun.
Después de aquello recordaba haber sido acompañado a casa por la entrenadora hecho un mar de lágrimas silenciosas, que como pequeñas perlitas de cristal rodaban por sus mejillas.
La cena estaba fría, y la luz de la sala principal se encontraba apagada por lo que su madre y abuela lo más seguro es que estuvieran en su habitación.
Pero nada importaba en ese momento, él le había protegido, no lo había dejado solo y por eso ignoraría el sabor salado que le daban sus lágrimas al arroz.
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Con el paso del tiempo, de los grados y los entrenamientos aprendió muchas cosas, la perfecta forma de saltar, como aprovechar ser zurdo, dividir, multiplicar y que tal vez y con mucha suerte aparte de ver parte de su vida podría llegar a escuchar su voy y que tal vez el escuchara la suya.
Por lo que solo, en la penumbra de su habitación siguiendo el consejo de Utsukushi-sensei tenía charlas sobre cómo había ido el día, sobre cuantos remates había fallado y lo bonito que había sido su bloqueo en el flash que había tenido en medio de su ultimo salto del día.
Si le estaba escuchando o no, no lo sabía, solo sabía que disfrutaba poder hablarle a alguien quien sabia le quería.
Alguien que aun y cuando le abrumaba sabia había nacido para estar con él.
Por eso cuando escucho esa voz viniendo de la nada, entre la oscuridad respondió sin pensarlo al instante esperando llegara su respuesta, la voz de aquella persona era bonita, tan bonita que no se paró a pensar que era la de un chico hasta la mañana siguiente.
"verde"
Grito a la oscuridad de su cuarto, el primer color que había visto cuando las marcas aparecieron, el color de las paredes una habitación que no era suya pero sabía cálida.
Después de aquello, no recibió más sonidos de su parte, hasta el día en que conoció el nombre de aquella chica de pecas.
Había entrenamiento hasta tarde, estaba en su segundo año y con la última gran competencia de los de tercer año cerca y todos sobre exigiéndose al máximo en respuesta al entusiasmo de los senpai, cayó sobre la duela de espaldas sosteniendo su cabeza, perdiendo de nuevo como hace años una elevación perfecta.
Era parecido a la primera vez, pero completamente diferente.
El gimnasio lleno, tan diferente al de su pequeña escuela elemental siendo la principal diferencia.
Los alrededor de sesenta muchachos de diferentes clubs fijaron su mirada en el AS del equipo de voleibol que gemía de dolor hecho un ovillo sobre sí mismo, algunos preocupados, la otra gran mayoría curiosos.
"Reira"
"Reira, esto es mi culpa"
"Eres mi única amiga, no me abandones"
La secuencia frente a sus ojos acompañada de la desesperada voz de quien sabia era su alma gemela le estaba lacerando, la linda chica de cabellos esponjosos que veía todos los días en flashes recurrentes, hablando, sonriendo, haciendo poses extrañas y a la que había supuesto era amiga de él, la única persona que convivía con el fuera de sus padres en sus flashes, estaba siendo sostenida en el aire por unas manos llenas de sangre, con casas difuminándose alrededor en un carrera desesperante y agobiante.
"Reira, soulmate-kun también te va a extrañar, no nos hagas esto"
—No le hagas esto.
—¡Ushijima-kun reacciona!
Sus ojos se desorbitaban perdidos en la duela junto a su cara, el ruido de una respiración sollozante se mesclaba con el chirrido de las zapatillas y los gritos asustados del entrenador, se mezclaban con su propia respiración pesada, sus las lágrimas empezaron correr por su rostro mientras sostenía con más fuerza su cabeza jalando sus cabellos, haciéndose daño.
"no me quiero quedar solo, no otra vez, no nos dejes solos, tengo miedo"
—no le hagas esto reirá.
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Cuando despertó estaba en su habitación, con su madre y abuela junto a él.
—te trajo el entrenador.
Recibió impasible, como había sido toda su vida cuando estaba en casa, el vaso de agua que le ofrecía su abuela, le dolía el cuerpo, la cabeza más que nada, se sentía abrumado y apenas podía enfocar bien, como estar entre el sueño y la realidad.
Aunque más que sueño todo parecía una pesadilla.
Miraba sus manos ante la mirada atenta de su abuela y madre, no tenían sangre, miraba alrededor y no había más que su habitación que en años no había cambiado más allá del cambio de la pequeña cama por un futon y el sonido lejano de los insectos tal vez entre las gardenias detrás de su habitación.
—¿le paso algo?
Aunque su madre siempre fuera distante, decir que no agradecía la pregunta sería un poco desagradecido porque en ese momento lo único que necesitaba era un poco de apoyo.
—a él no, fue. . .
La visión de un baño, la sensación de opresión y de nuevo la visión pero ahora de vomito le hizo entrar en trance de nuevo.
—Wakatoshi, ¿está todo bien?
Empezó a respirar más rápidamente, estaba muy preocupado demasiado preocupado, algo malo pasaba.
—¿Dónde estás?
Su voz firme mirando a la nada hizo callara a su abuela y congelar a su madre ante la visión del niño tan ido, tan fuera de la realidad.
—¡respóndeme!
Nunca supo lo aterrador que fue para su madre y abuela verlo parado sobre el futon gritando como nunca lo había hecho mirando a la pared, desesperado y con lágrimas a borbotones cayendo por sus mejillas.
"perdón debo estar preocupándote mucho, no te preocupes, solo estoy un poco estresado"
—no me mientas, ¿Dónde estás? Dime por favor.
Callo de rodillas, con la mirada aun sobre el pecho, con la impotencia escurriéndole por el cuerpo, con la garganta doliendo por haber gritado más que en todos sus años de vida.
Sin poder regresar, con la mirada fija en la pesadilla de su alma gemela sin poder abrazarle, extendió sus brazos a la nada acunando el aire, intentando estar con él y no en su habitación ante la aterrada mirada de su madre y abuela.
¿Cuánto tiempo paso con los brazos ajustados alrededor del aire? Aun muchos años después Wakatoshi sigue preguntándoselo.
Solo sabía que los flashes dolorosos frente a sus ojos no acababan, que por más que pudiera ver como el mundo de su alma gemela se derrumbaba a pedazos, como su único soporte se había roto, como lo perdía todo a pedazos y su propio cuerpo le asfixiaba, no podía hacer nada más que sentirse impotente y gritar al vacío "estoy aquí" intentando que llegara a él.
"sálvame"
—¡estoy aquí!
Al mismo tiempo que los ojos de él se cerraron entre hipeos y sonidos de respiración desesperados, con aquellos dos hombres corriendo hacia él y el cuerpo de la demacrada reira justo frente a él, Wakatoshi también cayo inconsciente entre gritos de su madre y abuela.
.
Después de despertar solo entre las cobijas del futon a la mañana siguiente, nadie en su hogar volvió a tocar el tema.
.
Su último año paso rápido entre los partidos reglamentarios, el torneo de primavera, visiones de pastillas, chicos de cabello negro con sonrisas falsas y una reirá distante a diario, todo se volvió frio y rutinario.
Se preocupaba más de cinco veces al día, y hablaba solo más de ocho esperando ser escuchado.
—¿a qué preparatoria planeas inscribirte?
Ya había llegado esa época del año, el año escolar estaba por acabar y se su
Supone debería estar estresado intentado ir a la escuela con el mayor número de sus amigos en ella pero amigos no tenia y la decisión era fácil, sencilla y casi automática.
—iré a Shiratorizawa.
—la misma escuela que tu padre, me parece bien.
Se limitó a asentir siguiendo su plato de arroz frito, no mencionaría nada sobre aquella visión del folleto de Shiratorizawa entre unas pálidas manos que no eran suyas.
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—no quería hacerlo.
Era la primera vez que usaba la voz, la primera vez que había ordenado algo a un omega y se sentí asqueroso, como un ser despreciable y sin valor.
Mas porque aquella persona era familiar de su alma gemela, quien suponía era su abuela y quien el flash de su mirada asustada ante su grito de "ya basta" aun le quemaba las pupilas, algo paso, estaba seguro que como tal no había escuchado su voz, Utsukushi-sensei se lo había dicho más de una vez, solo las almas gemelas se perciben una a la otra, aunque tal vez él le dijo lo que había dicho, tal vez él también estaba aterrado.
Pero solo quería alejar a todos aquellos sujetos que traía la mujer y siempre miraban en su dirección, en dirección del bonito pelirrojo que vio hace años, como si miraran una vitrina de carne.
—No me odies.
Alfas habían hecho aquello a reirá, valiéndose de su posición biológica privilegiada, con la voz.
—no me odies, Por favor.
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¡Hey aquí kise de nuevo! ¡Feliz año nuevo! Y gracias por haber estado apoyando tanto este fanfic aun y cuando yo estuviera un tanto trabada con el capítulo tres, especialmente a un par de personitas que me encontré en un grupo de Facebook de la pareja y que recomendaban mi fanfic y decían cosas bonitas de él.
Cuando tenía el bajón de sentir que no iba a ninguna parte con la trama me acordaba de eso y de todos los comentarios que me dejan tanto en wattpad como en Fanfiction, sus opiniones siempre me llenan de motivación.
(A partir de aquí daré un par de agradecimientos y aclaraciones sobre el capítulo)
Así que gracias a:
-Akashi K. Kisumi (que compartió mi fanfic, así a lo bom me apareció en mi inicio y al principio hasta me asuste, pero el sentimiento fue súper bonis, aparte de que nunca me había pasado, mi corazoncito exploto.)-Mariel Ramirez Vega
-Anabel García
-Damian AntiCoral
Así como también a las que respondieron a mi post sobre la familia de Wakatoshi y me apoyaron a destrabarme un poco con esto del chico milagroso.
- Alessa Ruiz
- Belen Ktepaza
Ahora si, a las aclaraciones del capítulo.
(*) Aquí la madre hace referencia a la amapola Papaver somniferum que es de la que se saca el opio y cocaína, mientras que wakatoshi hace referencia a la Papaver rhoeas la amapola silvestre y la que esta bordada en el kimono de su madre, el significado dado por su abuela es como tal el de la Papaver rhoeas.
(*) Las marcas para cada par de almas gemelas es distinto así como lo que reciben de esta o el método con el que se "comunican" pero todas convergen en que las emociones fuertes pueden transmitir las sensaciones completas de lo que está viviendo el otro.
Como aclaración extra, el nombre de la entrenadora de primaria/escuela elemental de Wakatoshi significa "hermosa" o "bella".
Antes de irme ¿Qué opinan de IwaOi?
Porque planeo usarlo un poquitín.
