Prólogo:
Viéndolo desde otro punto, es como en esas películas en las que tocan el timbre, el tiempo se detiene. Tú estás en un momento feliz, con tus amigos y familia. A pesar de que él nunca se va de tu mente, por ese momento eres feliz.
Te diriges a la entrada, caminas con una sonrisa en la cara, giras para contestar una pregunta, algo sobre los platos, los cubiertos, los vasos. La verdad es que no lo recuerdo.
Mueves el dedo índice para indicar donde están esas cosas, pero el timbre vuelve a sonar. Suspiras con frustración y aceleras un poco el paso.
Al abrir, tu sonrisa se va tan rápido como llegó. Tú corazón, ya a la mitad, comienza a dolerte. Y aun no sabes porque. Solo sabes que esos dos hombres, con uniformes planchados, medallas de batalla y cara de lástima vienen a terminar con tu vida. Uno de ellos extiende el brazo, un sobre blanco en su mano.
Ya sabiendo lo que sigue tus ojos se llenan de lágrimas, tu corazón se acelera, dejas de respirar.
"Lo sentimos mucho señorita." Con esas cuatro insignificantes palabras, tu vida ha llegado a un final. Sueltas un jadeo de dolor, te llevas la mano al pecho para tratar de evitar que lo que te quedaba de corazón se destroce.
Pero te es imposible, pues en el momento en el que viste a esos dos soldados en tu puerta, con una carta...tu vida terminó.
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