Bajo la luz de la luna

Presionó con fuerza el pedazo de papel entre sus manos, al igual que sus ojos. Dos lágrimas cayeron en contra de su voluntad. Él no merecía sus lágrimas, no merecía siquiera que pensara en él. Continuó arrugando el papel hasta que le dolió el puño. Después solo tomó aire profundamente y ahogó un grito de frustración y dolor a la vez.

Quiero que sepas que te aprecio, pero encontré a otra persona. Nunca en su vida había leído una carta más directa, cortante e hiriente en su vida.

"Isabella, baja ya. Mike está aquí." Mi gozo en un pozo. Pensó para sí. Se limpió las lágrimas y los residuos de sus mejillas.

Intentó arreglar su cabello y que sus ojos lucieran menos rojos. Se sentó en el taburete frente a su espejo de cuerpo completo y se observó. Algo llamó su atención. Era una marca sobre su muñeca. Bajó la mirada y observó el cardenal en su piel. Este era diferente al resto que tenía en su cuerpo. Podía sentir las manos de Edward acariciando esa parte, mientras que ella se perdía en sus hermosos ojos.

Deja de pensar en eso Bella, seguro que está casado. Se reprendió. Negó con la cabeza y se puso de pie. Caminó lo más despacio que pudo, pues no quería recibir a su invitado. Siempre era lo mismo en su patética vida. Se levantaba, se vestía, almorzaba, clase de francés, clases de pintura, una hora libre de lectura, la comida y el resto del tiempo estaba destinado a Mike Newton. Suspiró con pesadez y bajó las escaleras. Allí estaba el joven rico y arrogante. La vio y sonrió, como si ella fuera su premio, un pedazo de carne.

"Buenas tardes Bella." Dijo tomando su mano y besándola. Le dejó residuos de saliva. Bella lo limpió disimuladamente y sonrió forzosamente. Trataba de hablar lo menos posible cuando estaba con él, sabía que podría soltar cosas de la que se arrepentiría. Si hacía preguntas se limitaba a contestarlas con monosílabos. "Planeé todo una día de diversión. Iremos al parque, después pasaremos a la feria y por último te llevaré a cenar. Así que ponte algo elegante."

Quería gritarle que no pensaba cambiarse, pero una mirada de su madre le hizo retractarse. Se volvió y caminó a su cuarto. Se puso un vestido azul con los hombros descubiertos, claro que iba a llevar una abrigo encima. Regresó a la sala y vio a su madre y a la madre de Mike platicando animosamente. Su padre también estaba ahí, hablando con el señor Newton. Su padre le mandó una mirada de disculpa. Ella le sonrió para asegurarle que sabía que no había sido su culpa.

Estuvo toda la tarde con Mike, siempre fría, distante. Miró su muñeca repetidas veces. No sabía porque pero ansiaba ver de nuevo a Edward. Podía ver que era diferente. Mike intentó besarla en la cima de la montaña rusa, pero Bella fingió un ataque de tos. Intentó besarla en la entrada de su casa, pero de nuevo se escapó.

Mike se fue, dejándola fuera de su casa. Bella miró alrededor para asegurarse de que no había nadie. Se fue de ahí directo al bosque frente a su casa. Quería caminar libremente, sin Mike, su madre o alguien más sobre ella. Sabía que no tenía mucho tiempo antes de que su madre se diera cuenta y mandara a los perros. Ah, los perros. Los había mandado cada una de las tres veces que intentó escapar. Era torpe y eso la retrasaba. Siempre la habían encontrado. Siguió caminando, adentrándose más. Quería perderse entre el follaje de los árboles. Acarició con cariño cada uno de los troncos por los que pasaba. Respiraba hondo, olía a césped mojado pues había nieve. Le dio frío, ya que se había quitado el abrigo, pero la verdad es que no le importaba. Esos momentos son los que hacían la diferencia en su repetitiva y patética vida.

Escuchó ruidos a lo lejos, un río, un lago, una cascada, no lo sabía. Se adentró más, hasta el punto de perder el camino por el que había pasado. Se sintió como en la historia de Hansel y Greten. Solo que ella prefería vivir con la bruja que con sus padres.

Se acercó más y podía sentir la humedad en el ambiente, el aire se volvía pesado. Cuando salió de los árboles vio una hermosa cascada, el agua era clara, tanto que de no ser por el frío le hubiera encantado nadar. Me daría una pulmonía. Pensó. La verdad es que no le importaba mucho, su estancia en la tierra le daba igual. Su vida no tenía sentido, ya no.

Se sentó en una roca, en la orilla. Cerró los ojos y aspiró con fuerza, llenando sus pulmones de ese refrescante aire, tan limpio, tan puro. De pronto escuchó pisadas detrás de ella y se giró bruscamente, antes de saltar con cuidado de la roca y esconderse detrás de ella.

Vio a alguien salir de entre los árboles y se asustó, no eran ni sus padres ni los perros o policías. Podía escuchar los murmullos. Sabía por la voz que era un hombre. Murmuraba cosas como "boda" "no quiero" y "Jessica". El joven se acercó un poco más y distinguió a Edward. El color de su cabello era inconfundible. Edward pateó una piedra y después con el brazo arrojó otra al río.

Bella salió lentamente para no asustarlo. "Hola." Dijo tímidamente. Edward se sobresaltó un poco pero después se relajó.

"Hola." Bella notó el cambio de su voz.

"¿Sabe cómo regresar? Es solo que estaba dando un paseo por el bosque y me perdí, llegué aquí. Pero no sé como regresar."

"Mi casa no está muy lejos de aquí, supongo que podría encontrar la suya. Conozco muy bien el bosque." Sonrió de lado y Bella le contestó. "¿Quiere que la lleve ahora?"

"No, está bien. Solo quería saber. Aunque si usted se tiene que ir, nos podemos ir." Edward negó con la cabeza y Bella sonrió internamente. Quería un poco de tiempo con Edward. Se sentó de nuevo en la roca y Edward se acercó.

"¿Puedo sentarme?" Bella sonrió y asintió. Edward podía ver sus hombros descubiertos, su piel pálida contrastaba con el color azul de su vestido. Antes de que pudiera detenerse las palabras salieron de su boca. "Se ve hermosa esta noche." Bella lo miró algo sorprendida y después se sonrojó. "Disculpe, estoy siendo un maleducado."

"No, en lo absoluto. Es usted muy lindo."

"Puede hablarme de tú si gusta."

"Gracias, tú también." Rieron un poco, ambos un poco nerviosos por la cercanía. Estaban a unos centímetros de rozar sus brazos. Bella tembló involuntariamente por el frío.

"¿Tienes frío?" Antes de que ella pudiera contestar, Edward se quitó su saco y se lo puso sobre los hombros. Bella no lo rechazó pues, aparte de que tenía frío, olía increíble. "No te gusta el frío ¿cierto?"

"No, ni la humedad. Aunque te acostumbras."

"Pero aquí no hay tanta humedad." Dijo algo extrañado.

"No, pero en Forks, Washington sí."

"¿Vivías ahí?"

"Sí, era mi hogar." Bella suspiró melancólicamente y a Edward no le paso desapercibido.

"¿No te gusta Chicago?" Bella negó con la cabeza.

"Mi hogar siempre será Forks."

"¿Es por el frío? Sé que es más frío aquí."

"No, es como…" se quedó callada, pensando. Puso su dedo índice en la barbilla mientras que Edward solo la veía maravillado. "Es como cuando pruebas el helado de chocolate." Bella miró a Edward, quien tenía el ceño fruncido. Ella rió y Edward también. "Perdón que utilice el helado, pero es como una clase de debilidad para mí. Aunque aquí no puedo comer mucho, pues hace mucho frío."

"Está bien, continúa." Dijo Edward sonriendo.

"Bueno, como te decía. Es como cuando pruebas por primera vez el helado de chocolate. Cambia tu vida, sabes que no podrás morir sin volver a comer. Pero cuando no hay helado de chocolate y te ves obligada a comer de vainilla. No es lo mismo, tu paladar ha quedado sellado por el chocolate." Terminó y después se quedó callada, mirando a la nada. Edward comenzó a reír histéricamente, Bella lo miró y también comenzó a reír. "¿Qué es tan gracioso? Si te crees tan listo porque no das un ejemplo mejor." Lo golpeó suavemente en el hombro y Edward se limpió las lágrimas.

"Lo siento mucho. No era mi intención burlarme, pero veo que de verdad te gusta el helado." Rió un poco más y después intentó calmarse. Bella lo estaba fulminando con la mirada, pero en sus labios había una sonrisa.

"Sigo esperando tu respuesta genio. Dime un ejemplo mejor."

"Bueno, poniendo en cuenta todo lo que dijiste sobre el helado. Supongo que sería como…" se giró y miró la cascada, tenía la mirada perdida. Ahora fue el turno de Bella de observarlo. "Supongo que sería como el amor a primera vista."

"¿El amor a primera vista?" Edward la miró y ella estaba atenta a lo que decía. Esperando a que continuara.

"Sí, es como cuando ves a una persona. Es hermosa, bueno en mi caso. La más hermosa que hayas visto. Tu corazón y estómago reaccionan en cuanto tus ojos se posan sobre ella. El mundo se detiene y solo son tú y ella." Inconscientemente se fueron acercando el uno al otro. "Entonces escuchar su voz, su risa. Amas todo de ella aun sin conocerla. Sabes que es la persona con la que quieres estar toda la vida. Y después de que aparece ella, ya no hay nadie más. Las caras de las demás desaparece." Bella podía sentir el aliento de Edward en la cara. Su voz era tan dulce como la miel y tan aterciopelada. "No ves a nadie más que a ella. Se convierte en tu sol, y tú el planeta que gira a su alrededor. Peleando por un rayo de calor. Algo que te de la esperanza de que puedes llegar a permanecer a su lado." Bella ladeó la cabeza y levantó la mano. Tocó un mechó del cabello de Edward. Él se estremeció un poco ante su roce, pero ella no lo notó.

"Tienes un lindo cabello. El color es tan diferente a los demás." Edward trató de contestar, pero la verdad era que estaba totalmente perdido. Bella bajó uno de sus dedos por la frente de él. Después pasó por su nariz, extendió la mano y la puso sobre su mejilla. "Tu voz es muy dulce. Tus palabras son como miel para mis oídos. Te podría creer cualquier cosa." Movió poco a poco la mano. Con los tres dedos del centro de su mano acarició sus labios. Su voz era apenas un susurro audible. Mientras que Edward mantenía los ojos cerrados para tratar de calmar la ola de sentimientos. "Tus labios son tan suaves, tan rojos. ¿Lo has sentido?" preguntó de pronto, Edward abrió los ojos despacio y se perdió en los de ella. Con la luz de la luna resplandecían más.

"¿Qué cosa?" susurró.

"El amor a primera vista." Edward negó con la cabeza. Aun tenía la mano de Bella en la mejilla.

"En unos días te lo diré."

Edward estaba a punto de explotar por todos los sentimientos acumulados. No podía describir la sensación. Muy pronto para su gusto dejó de sentir la mano de Bella.

"Lo siento mucho, estoy siendo una atrevida." Se paró de golpe y casi cayó.

"No, para nada." Edward se puso de pie también.

"Nunca había estado tan cerca de un hombre. Es decir, estoy con Mike Newton todo el tiempo, pero a él no me acerco. También estuvo…" se calló de golpe y Edward notó como su mirada se entristeció y estaba luchando desesperadamente por ocultar sus lágrimas.

"¿Puedo preguntarte algo?" Bella asintió. "¿Hay alguien? Me refiero a alguien a quien ames. Puedo ver en tu mirada que algo te hace falta. Que quieres desesperadamente." Bella comenzó a sollozar y Edward se acercó más. "No quise lastimarte, mi pregunta fue inadecuada. Por favor, perdóname."

El cuerpo de Bella irradiaba calor, un calor que inundaba a Edward. "No quiero hablar de eso. No ahora." Recargó la cara en el hombro de Edward, mientras que él la abrazaba.

"No te preocupes. No es necesario que me lo cuentes. Solo quiero que sepas que si te lastimó, es un completo idiota. Él no merece tus lágrimas. Eres demasiado especial para que te lastimen."

"Gracias Edward." Él la presionó un poco más contra su pecho. Se quedaron ahí, disfrutando del consuelo del otro. Todo bajo la luz de la luna.

Muchas gracias por sus reviews. Tenemos otra fan de BONES entre nosotras. Wiii!! Bueno, las dos lo son. ¿Qué tan genial no es eso?

Isabella Massiel Romeu Pastene

Elianna Cullen