Amor a primera vista.
Después de esa noche, Edward y Bella quedaron de verse ahí. Solo esperarían hasta las tres de la mañana. Bella pasó el siguiente día un poco más animada. Ansiaba que llegara la noche, incluso le habló bien a Mike durante su paseo. Cuando por fin fue tiempo de irse, anunció que iría a dar un paseo. Después de que su mamá le hiciera prometer que no se iría, le dio permiso.
Bella, como la noche anterior comenzó a caminar, Edward le había enseñado el camino, le había ayudado a reconocer algunas señales para que no se perdiera. De nuevo disfrutó del camino, oliendo el pasto, tocando los troncos.
Cuando llegó, Edward ya estaba ahí, aun no la notaba. Estaba de espaldas a ella, contemplando la cascada. Bella se acercó y Edward escuchó sus pasos. Se giró y en cuanto la vio sonrió. También había estado esperando todo el día por este momento.
"Hola" dijo poniéndose de pie, pues estaba sentado en la roca. Tomó la mano de Bella y la besó.
"Hola" dijo Bella sonriendo.
"¿Cómo estuvo tu día?" dijo Edward con una sonrisa torcida.
"Lo mismo de siempre. ¿Qué tal el tuyo?"
"Bien, aunque ansiaba venir aquí. Tu compañía me es muy agradable."
"Gracias. La tuya también."
La noche fluyó rápido, platicaron de cosas triviales, nada con mucha importancia. Edward sentía cierta curiosidad por la sombra de tristeza en los ojos de Bella. Pero sabía que no debía presionarla, debía darle su espacio. Le diría a su debido tiempo.
En un momento de la noche se quedaron en silencio. Edward contemplando la cascada mientras que Bella miraba el cielo. De pronto ella se levantó y Edward se giró para verla.
"¿Ya te vas?" dijo algo decepcionado.
"No." Dijo solamente. Edward no le quitaba la mirada. Se veía hermosa con su vestido esponjado y su cabello suelto. Seguía con la cabeza hacia el cielo. Comenzó a caminar, mirando hacia arriba. "¿Has notado cómo, cuándo caminas mirando el cielo, la luna y las nubes se mueven contigo? ¿No te parece increíble que seamos simplemente una partícula dentro de un enorme universo?" Suspiró soñadoramente y Edward solo la observaba. Nunca había visto a una chica más hermosa y más especial. Se acercó de nuevo a Edward y lo miró, sonrió y después tomó su mano. "Ven, camina conmigo." A Edward le sorprendió el roce de su mano, se puso de pie y caminó con ella. Solo que no miraba el cielo, la miraba a ella. "Es hermoso ¿no es cierto? Como en un campo sin luces artificiales las estrellas se ven en todo su esplendor."
"Hermoso." Susurró Edward, pero no se refería al cielo, sino a lo que él estaba mirando. A ella.
Después de esa noche Edward descubrió algo, todo lo que había dicho sobre el amor a primera vista era cierto, puede que él no lo notara tan pronto. Pero estaba seguro de que en cuanto sus ojos chocaron con los de ella esa noche en la que cayó en sus brazos, su vida había quedado marcada. No podría vivir sin ella, aun cuando solo fuera como amiga. De lo que estaba seguro era que la quería, quizá hasta la amaba.
Regresaron cada uno a sus hogares. Edward se despidió con un beso en la mano. Toda la noche soñó con ella. A la mañana siguiente su madre lo despertó. De nuevo su inspiración fue Bella, lo único que quería era que se hiciera de noche de nuevo.
Era martes, el día que por lo general lo pasaba con Alice. Se quedaron de ver en un parque. Cuando se encontraron Alice lo abrazó fuertemente. Notó a Edward más feliz, y por desgracia en su mente se formaron ideas erróneas.
"Alice, tengo tantas cosas que contarte."
"Dime todo lo que has hecho desde el sábado. Te ves diferente, más feliz."
"Conocí a alguien Alice," con eso el corazón de Alice se detuvo un momento, para después acelerar al doble. Luchó por mantener su sonrisa y sobre todo sus lágrimas bajo control. "Es maravillosa, tan especial. Tan hermosa." Alice podía ver los ojos soñadores de Edward.
"Es genial." Dijo haciendo un grandísimo esfuerzo. Edward lo notó y frunció el ceño.
"¿Te encuentras bien?" dijo levantando su rostro para verla mejor.
"Sí, solo es mi estómago. Pero no te preocupes, con reposo se me pasará." Quería salir corriendo, no soportaba el dolor. Hubiera preferido verlo casado con Jessica, quien no lo hacía feliz, que verlo enamorado de una chica que lo hacía más feliz que ella.
"¿Quieres que te acompañe a tu casa?" dije Edward verdaderamente preocupado.
"No, pero sería mejor que me fuera. Nos veremos en otra ocasión. Espero que me cuentes todo sobre esa chica." Salió casi corriendo y Edward solo se quedó en su lugar, confundido y preocupado.
Pasó el resto del día solo y siguió pensando en Alice, pero su mente siempre volvía a Bella. Suspiraba cada vez que pensaba en su cabello, en sus labios. Nunca había deseado besar a nadie, pero con ella era diferente. Había algo que le llamaba la atención. Sería quizá el color, tan rojos y gruesos. Tan tentadores.
Ella había dicho que sus labios eran lindos, cuando recordó eso no pudo evitar sentir los dedos de Bella sobre sus labios. ¿Pensaría Bella lo mismo sobre sus labios? Edward meneó la cabeza para quitarse esos pensamientos. Mientras iba camino a su casa pasó por una nevería. Rió al recordar la afición de Bella por el helado de chocolate. ¿Le gustaría el chocolate caliente? Eso le dio una idea.
Cuando llegó a su hogar comenzó a calentar la leche, después depositó una barra de chocolate. Lo puso en un vaso grande, en uno que quizá conservaría en calor. Después tomó otros dos vasos y se fue tarareando de la felicidad al prado donde se encontraba Bella. Sabía que era temprano, pero era mejor esperar ahí que en su casa, solo.
Llegó y se sentó en la roca, después de colocar el chocolate caliente en el suelo. Faltaba más o menos una hora para que llegara Bella, se puso a caminar, examinó cada roca, cada árbol que lo rodeaba. Encontró una pequeña cueva del tamaño de un conejo. Quizá sería su madriguera. Se acercó y sin pensar en lo peligroso que podría ser, metió la mano. Lo que encontró lo dejó sin palabras. No era ningún animal. Era un cuaderno, uno con piel como forro. Cuando lo abrió observó que las hojas eran delgadas y grandes. Comenzó a hojearlo y se dio cuenta de que era un cuaderno de dibujo.
Su cabeza comenzó a formular una historia, algo como una mujer del pasado a quien no le permitan dibujar libremente. Quizá viniera a esconderse aquí para poder pintar. Su mente se llenó de posibilidades extrañas y diferentes. Pero algo le hizo romper su imaginación. Un dibujo de una persona. No de cualquier persona, era él. Era un retrato en blanco y negro de él. Se quedó en su lugar sin saber que pensar. Pero después su mirada se posó en la firma del pintor. Decía . No podía ser, esos dibujos perfectos eran de Bella. No le impresionaba el hecho de que Bella dibujara, sino la perfección del contraste en la imagen. Es como si fuera una fotografía. Siguió hojeando el libro, encontró otra hoja en la que estaban sus ojos y sus labios separados. Tenía una inscripción. Le plus beau (Lo más bello). Eso creía ella que eran los mejores rasgos de Edward. Mientras lo leía sintió su corazón ensancharse de tanto amor, de tanta felicidad.
Después de un tiempo lo volvió a guardar en su lugar, podía ser que ella se sintiera ofendida. Siguió esperado por quince minutos más, después escuchó movimiento entre los árboles y un momento después Bella salió de ahí. Traía cara de estar molesta y musitaba cosas sin sentido. Traía un hermoso vestido color perla, era sin mangas y por debajo era esponjado. Se pegaba perfectamente a su cuerpo y Edward no pudo evitar inspeccionar su cuerpo. De verdad que era la mujer más bella que jamás había visto.
"Hola." Dijo Edward por lo bajo para no asustarla. Bella no dijo nada, solo se fue a la orilla del río y ya estando ahí extendió sus brazos y se aventó. Edward se quedó pasmado, después reaccionó y salió corriendo. "¡Bella! ¿Qué crees que haces? Te dará una pulmonía o una hipotermia." Bella siguió sin responder, solo siguió nadando. Edward estaba inseguro en cuanto a saltar, no porque temiera sino porque sabía que no podría ayudarla si él estaba en las mismas condiciones. Bella se acercó poco a poco a la orilla y cuando la mitad de su cuerpo estaba fuera del agua se cayó. Emitió un grito ahogado.
"Edward, necesito ayuda. Me dio un calambre." Dijo tocando su tobillo. Edward no esperó ni un minuto más, se quitó su saco y después se acercó a ella y la tomó en brazos, terminó mojado también pero no le importó.
La dejó en el suelo y le puso su saco, mientras que ella solo temblaba y no podía hablar por el castañeo de dientes que la estaba invadiendo. "Bella, por favor dime que estás bien. ¿Necesitas que te lleve con mi padre? A esta hora seguro que está en casa." Bella negó con la cabeza. Se acercó a Edward y lo abrazó. Él trató de darle más calor con la fricción, pero era imposible calentar a una persona que había nadado en agua con una temperatura de centígrados bajo cero. Después su cerebro reaccionó. "Espera aquí, traeré el chocolate caliente." Corrió lo más rápido que pudo y trajo el vaso con chocolate. Lo sirvió en uno y se lo entregó a Bella, por suerte seguía caliente. Bella lo tomó rápido y Edward le volvió a servir. "¿Un día difícil?" dijo tratando de bromear. Bella suspiró y bajó la mirada.
"Ni que lo digas."
"¿Quieres hablar de ello?" preguntó mientras se acercaba a ella, quería que ella lo abrazara en busca de calor. Por suerte así lo hizo y Edward la abrazó por la cintura.
"No, quiero ser feliz de nuevo. Tú lo logras de una forma muy especial. Solo sigue hablando. Cuéntame tu día."
"Pues, hoy vi a mi mejor amiga. Solemos salir los martes, pero no se sentía bien. Caminé por toda la ciudad solo y antes de ir a casa me topé con una nevería, la cual por cierto estaba cerrada. Pensé en ti, en lo mucho que te gusta el chocolate y se me ocurrió que quizá te gustaría un chocolate caliente. Por el clima. Fui a mi casa y preparé un chocolate. Y después de eso vine para acá." Edward esperó un momento a que Bella hablara, pero no lo hizo. La miró y se dio cuenta de que estaba dormida. Sin poder evitarlo, acarició su mejilla. Después sus labios. Ella movió su mano y la puso sobre el pecho de Edward. Después de un tiempo Bella frunció el ceño y Edward solo la miraba. La mano que estaba sobre su pecho se cerró, presionando la camisa de Edward. Está teniendo una pesadilla. Pensó Edward. Acarició su espalda y la pegó más a él. Disfrutando de que ella no podía verlo.
"Edward." Susurró dormida. Automáticamente Edward sonrió. "Edward." Volvió a susurrar. El corazón de él se aceleró. Definitivamente estaba enamorado de ella y por más que intentara, su amor no cambiaría jamás. Ni aun la distancia, ni el amor no correspondido, nada. Él estaba perdidamente enamorado de una mujer que había visto solamente cuatro veces, pero que en realidad amaba desde la primera vez que la vio.
Una hora después Bella comenzó a despertar. Abrió los ojos y vio el rostro de Edward. Su corazón se aceleró por el acercamiento. Pero aun así no se movió.
"Hola" susurró él, también algo anonadado por la cercanía.
"Hola" respondió. De pronto se levantó. "¿Qué hora es?" dijo sorprendida.
"Las 12 menos 10." Dijo Edward poniéndose de pie.
"Siento mucho haberme quedado dormida. Estoy desperdiciando tu tiempo."
"No, para nada. Verte dormir es interesante." Bella se sonrojó.
"¿Qué dije?" dijo resignada. Edward rió.
"Mi nombre." Bella se sonrojó más y suspiró. "No te preocupes, fue muy lindo."
"Gracias."
"¿Tuviste un día difícil? ¿Quieres hablar de ello?" dijo Edward acercándose a ella.
"Es solo que…¿tu madre no te obliga hacer cosas que no quieres? En mi caso sí es así. Quiere que me case. Y hoy se enfermó, me hizo prometer que me casaría con… que me casaría pronto." Dijo Bella bajando la mirada. Aunque aún no estaba segura de sus sentimientos por Edward, no quería casarse con Mike nunca.
"Eso no puede ser tan malo." Dijo Edward, aunque su corazón se estremeciera de tan solo pensar que Bella se casaría con otra persona.
"No, tienes razón. Solo exagero."
Pasaron el resto de la noche hablando, hasta que el vestido de Bella se secó. Entregó el saco a Edward y se despidieron. Ambos se fueron a sus hogares.
-
A la mañana siguiente Edward se levantó de buen humor. Soñó cómo Bella decía su nombre. Se vistió y bajó a las escaleras. Escuchó voces de mujeres, eran dos. Su madre y la señora Stanley.
"¿No has escuchado las noticias?" decía la Sra. Stanley.
"No, ¿ahora de que va?" dijo Esme, Edward podía identificar el tono cansino en su voz. A ella no le gustaba cotillear.
"¿Conoces a los Swan?" Edward se quedó en su lugar, congelado.
"Sí, claro. Carlisle es muy amigo del Sr. Swan." Dijo Esme amablemente.
"Pues parece que la Sra. Swan falleció ayer por la noche. Charlie está que se deshace del dolor." Esme se quedó sin palabras, al igual que Edward. La Sra. Stanley continuó. "Pero al parecer su hija se recuperó muy pronto, hoy en la mañana anunciaron el matrimonio de Newton-Swan. Se lo tenían bien guardado desde hace tiempo. Me parece que los señores Newton les pagaron pata que se casaran, desde que la Srta. Swan nació." El corazón de Edward se detuvo. ¿Bella, comprometida? Eso no podía ser. Ella lo sabía, debía estar enterada si está comprometida desde su nacimiento.
Edward se sintió engañado, traicionado. No podía creer que Bella se fuera a casar. A pesar de odiarse después, pensó que quizá Bella si tenía algo en común con Jessica. Le había llenado la cabeza y el corazón de esperanzas vanas.
Pasó el día en su habitación, golpeando las paredes y desordenando todo. Se odiaba a sí mismo y la odiaba a ella. Estaba realmente enojado. Por suerte para él, la noche cayó rápido y cuando menos pensó ya era hora de reunirse con Bella. Tenía unas palabras que decirle.
Llegó al prado y se sentó en la roca. Sus nudillos estaban rojos e hinchados por tanto golpear. Escuchó pasos detrás y supo que era Bella. No dijo nada, solo esperó a que ella llegara.
"Hola." Dijo en voz baja. Edward apretó los puños. "¡Edward, tus nudillos!" dijo Bella tomando la mano de Edward. Pero él la alejó. Bella se quedó en su lugar, algo sorprendida por su actitud. "Edward, ¿te sucede algo?..."
"Felicidades." Dijo antes de que Bella continuara.
"No comprendo, ¿Por qué me felicitas?"
"Por tu matrimonio." Dijo cortante. Se giró y la miró por primera vez en la noche. Tenía los ojos hinchados y su cara se veía sonrojada, probablemente por la caminada.
"No Edward, por favor tú no." Dijo ella comenzando a sollozar. Edward la miró y estuvo a punto de olvidar todo y abrazarla. Pero no lo hizo. "V-vvine a-aaquí ppara ttratar de ccalmarte. En mi casa ttodos me juzgan. No tttienen idea de lo que estoy passsando."
"Pues lamento mucho no servir como pañuelo consolador. Pero te aseguro que Mike Newton lo puede ser, y ya que te vas a casar con él sería conveniente." Se levantó y comenzó a caminar. "Dime algo Bella, ¿Qué a caso no te pasó por la mente que, después de todo el tiempo juntos y todo el cariño que te demostré, podría llegar a quererte, o incluso a amarte?" Bella se quedó sorprendida, ¿de verdad Edward la amaba? La verdad es que desde anoche, se había auto-convencido de que amaba a Edward, que lo había hecho todo el tiempo.
"Ppero…"
"No, no lo digas. No digas nada." Edward estaba enojado, pasaba sus dedos por su cabello desesperadamente. "Siempre dijeron que el dolor emocional dolía más que el físico, y hasta ahora lo compruebo."
"Edward, por favor…"
"¡No! Por favor tú, dame un respiro Bella. Me has lastimado como nunca nadie lo había hecho."
"¡Edward, solo escucha! Mi madre murió ayer, y yo…"
"Dije que no, no quiero escuchar tus excusas. ¡No quiero verte nunca más!" Se giró y comenzó a caminar.
"¡Edward! ¡Edward, por favor!" gritaba Bella una y otra vez. Pero Edward ya no estaba. Se fue camino a su casa, pero el clima nubloso de esa noche y su estado no eran buenos aliados. No sabía dónde estaba y el camino se hizo lúgubre. Comenzó a gritar por ayuda, pero nadie contestaba. Sin querer tropezó en un charco y se quedó ahí, lamentándose de todo. Comenzó a llorar y en algunas ocasiones golpeaba el suelo. "Lo siento mucho Edward." Susurraba para sí. Pensó en quedarse ahí toda la noche, en la mañana, con la luz del sol lograría llegar a su hogar.
Estaba comenzando a quedar dormida cuando sintió un par de brazos alrededor de su cintura. Levantó la cara y vio a Edward. "Lo siento mucho Bella, no debía gritarte." Dijo frente a ella. Bella no respondió, estaba cansada, tanto física como mentalmente. En esta ocasión no lo pensó. Tenía a Edward tan cerca que tomó su rostro y lo besó.
Edward contestó con la misma intensidad. El beso no fue común, era uno cargado de pudor y pasión. Una extraña combinación. Edward la empujó y Bella quedó recostada sobre el frío pasto. Ella enterró sus dedos en el cabello de él, acercándolo más a ella.
Con eso, con el bosque como su testigo, Edward y Bella se dijeron todo lo que no podían con palabras. En ese beso se expresaba todo.
De nuevo gracias por sus reviews a:
Isabella Massiel Romeu Pastene
Elianna Cullen
Feliz martes de Bones para ambas. Gracias por su apoyo.
