No puede ser

Capítulo 5:

Después de que todo pasó, Edward y Bella se volvieron inseparables. Eran como imanes. A donde iba uno iba el otro. Siempre tocándose la mano o abrazándose. Habían estado a punto de estar separados para siempre y querían remediar eso, pasando todo su tiempo juntos.

La guerra había comenzado, pero para ellos eso no importaba. Estaban en su burbuja personal, llena de amor y felicidad. Nunca en sus vidas habían amado como lo hacían ahora. Edward confesó que antes de conocerla, tenía deseos de enlistarse. Bella se asustó como nunca, haría cualquier cosa antes que ver a Edward partir a la guerra. Edward la tranquilizó diciéndole que ahora que estaba ella, nada lo haría alejarse.

Un día en el que hacía frío, Edward invitó a salir a Bella. Pero no le dijo nada al respecto. Solo le indicó que se vistiera normal. No era nada para lo que necesitara ropa seria. Bella aun así, para verse bien para él, se arregló con el vestido azul favorito de Edward. Soltó su cabello color café y pintó sus ojos.

"Edward, por favor. Sabes que no me gustan las sorpresas. Dime de una vez qué es."

"Vamos amor, solo aguanta un poco. Prometo no decepcionarte." Iban caminando y Bella se detuvo de golpe, haciendo que Edward se girara.

"Tú nunca podrías decepcionarme." Le dijo suavemente. Tomó su mano y lo acercó a ella. Edward sonrió y la tomó por la cintura.

"¿Ya te había dicho que eres la mujer más hermosa del mundo y que agradezco el tenerte a mi lado siempre?" Bella sonrió y lo abrazó por el cuello.

"Me lo has dicho solo unas…" hizo gesto pensativo y puso un dedo en su barbilla. "…como mil veces. Pero me encanta escucharlo cada vez." Edward sonrió aun más y se acercó para besarla. Cada vez que sus labios se encontraban era una nueva experiencia llena de choques eléctricos y mariposas en el estómago. Muy a su pesar, Edward se separó y la tomó de la mano.

"Vamos, tenemos que apurarnos. No falta mucho." Siguieron caminando. De pronto Edward se giró y miró a Bella. "¿Confías en mí?" Bella asintió. "Entonces dejarás que haga esto a mi manera y no te quejarás y por favor, has todo lo que te pido." Bella frunció el ceño pero volvió a asentir. "Muy bien, ponte esto." Dijo dándole una pañoleta para taparle los ojos. Bella hizo mala cara, pero después suspiró y se giró para que Edward se la pusiera.

Caminaron un poco más, Bella podía sentir la emoción de Edward y se contagiaba de ella. Su corazón estaba a más de mil por hora. Edward la llevaba entre sus brazos para que no tropezara. Siguieron caminando hasta que Edward se detuvo. Bella escuchó como una puerta rechinaba y la introducían en una habitación. Era cálida, muy cálida. Edward comenzó a remover su abrigo y ayudó a Bella, aun sin quitarle la pañoleta de los ojos.

"Edward Anthony, me trajiste aquí para aprovecharte de mí." Dijo sonriendo y con tono divertido. Edward estaba tan emocionado que al escuchar eso no notó el tono divertido y se tensó.

"¡No! Lo siento, no quise darte una mala impresión, yo solo…"

"Edward, cálmate. Solo estaba bromeando amor." Edward se relajó y rió un poco. "Estás muy emocionado. Yo me estoy poniendo ansiosa, por favor, déjame ver qué sucede." La abrazó por atrás y susurró románticamente en su oído.

"Aun no, espera y lo verás." Besó su cuello suavemente y Bella se estremeció.

"Eso no es justo, tratas de callarme con tus besos y caricias." Edward no dijo nada, solo rió. "Y lo peor es que está funcionando."

Se quedó en silencio y después sintió como Edward se alejaba de ella. La pañoleta en sus ojos fue quitada y parpadeó para acostumbrarse a la luz. Estaba en una bodega. Frunció el ceño y miró alrededor.

"Edward, ¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?" Pero Edward no estaba. Se giró varias veces para buscarlo, pero no estaba. "¿Edward?" alguien picó sus costillas y se giró asustada. Ahí estaba Edward con dos conos de helado, sonriendo enormemente.

"Supuse que la temperatura de la habitación ayudaría a la ocasión." Extendió uno de los helados y se lo entregó a Bella. Era de chocolate y el suyo de vainilla. "Espero que te guste." Bella seguía en su lugar, muda de la impresión. La sonrisa de Edward se desvaneció. "¿Bella?" Los ojos de ella se comenzaron a llenar de lágrimas y él se asustó. "Bella, lo siento mucho. No quise lastimarte. Fue algo estúpido de mi…"

"¡No!" Dijo poniendo sus dedos en la boca de Edward para callarlo. "Esto es lo más hermoso que alguien ha hecho por mí Edward, es increíble. Muchas gracias." No sabía porque pero sentía una emoción desconocida, algo entre amor y emoción. Edward volvió a sonreí y después Bella se acercó y lo besó apasionadamente. Edward respondió y la abrazó por la cintura, teniendo cuidado de no manchar de nieve su vestido. Se separaron poco después y comenzaron a comerse su helado.

Hablaron y se besaron en su mayoría. Bella sentía una emoción en su pecho tan grande. Su amor por Edward, si era posible, se incrementaba a diario. Terminaron su helado y después de equilibrar su temperatura corporal salieron. Estaba frío, pero sin nieve. Solo el fresco viento.

Caminaron alrededor del bosque, cuando sin previo aviso comenzó a llover. No les importó pues se tenían el uno al otro. Tenían sus manos juntas y Edward jaló a Bella para abrazarla y protegerla de la lluvia. La besó y ella respondió pero poco después comenzó Edward a reír.

"¿Qué pasa?" dijo Bella contagiándose de la risa.

"Siempre había querido besar al amor de mi vida bajo la lluvia. Me parecía algo muy romántico." Bella sonrió y volvió a besarlo.

"Todo es romántico cuando tú estás presente. Aun cuando estuviéramos en un basurero." Edward rió y se acercó a su cuello, besándolo lenta y tortuosamente. Bella suspiró profundamente y cerró los ojos.

"Te amo Bella, más que a nada en el mundo." Susurró, poniéndose serio de pronto.

"Yo también te amo."

"Tengo algo que decirte, pero no quiero asustarte." Bella frunció el ceño y le hizo una seña para que continuara. "Cuando fuiste a mi casa, después de la boda, te pedí que te casaras conmigo. Me preguntaba si cuando aceptaste, lo habías hecho realmente."

"Claro, me casaré contigo." Dijo sonriendo y quitando un mechón de cabello de cara de Edward.

"Bueno, entonces haré esto como de debe." Tomó las manos de Bella y comenzó a arrodillarse. Bella no sabía qué hacer. Solo lo miró. "Isabella Marie Swan, ¿me harías el favor de hacerme el hombre más feliz del mundo y te casarías conmigo?" Bella sin darse cuenta comenzó a llorar y asintió, con un nudo en su garganta que le dificultaba hablar. Edward sonrió y tomó una pequeña cajita. Tenía un hermoso y sencillo anillo. Era de oro blanco y tenía un solo diamante color bronce.

"Es hermoso Edward." Dijo jadeando. Edward se puso de pie y la abrazó. Bella no dijo nada, solo lo besó de nuevo. Bajo la lluvia era verdaderamente romántico. Bella se sentía como en un cuento de hadas.

"Tenemos que protegernos de la lluvia o terminaremos por enfermarnos." Dijo Edward en el oído de Bella. Se quitó su saco, ya mojado, y se lo entregó a Bella en un intento de protegerla de la lluvia. La trataba como la pieza de porcelana más hermosa, delicada y frágil del mundo.

Siguieron caminando, algo perdidos por la oscuridad y la poca vista que tenían. Lograron ver una pequeña choza a lo largo. En medio del bosque supusieron que sería de algún guardia o algo. Tocaron y nadie abrió. Edward estaba comenzando a ponerse ansioso, no quería que nada le pasada a Bella, ni siquiera un resfrío. Abrió la puerta y se dio cuenta de que estaba abandonada. Tenía solo un colchón viejo y una cocineta vieja y muy gastada. Olía a polvo y lama y estaba llena de telarañas y probablemente de insectos. No le importó a Edward, lo único que quería es que Bella estuviera protegida.

"Edward relájate. No soy tan débil como crees." Dijo Bella tomándolo de la mano. Edward se relajó un poco, pero no del todo.

"No quiero que te pase nada. Un resfrío significaría reposo absoluto y nada de verte. Eso me mataría más de lo que a ti un resfrío. Quiero pasar el resto de mis días a tu lado y despertar cada mañana contigo. No puedo esperar por el día en el que por fin te pueda llamar mía." Bella lo escuchó profundamente y tenía un tono tan pasional que la volvía loca.

"Eres tan perfecto que a veces creo que saldrás corriendo o despertaré." Dijo en un susurro bajo. Edward logró relajarse y abrazó a Bella por la cintura.

"Tú eres la que es un sueño. Siento que en cualquier momento me reclamarán todo el tiempo que pasé soñando contigo. Que me pasarán la factura debiendo toda una vida de desdichas, y con tal de tenerte conmigo en estos momentos pagaría feliz todo eso y más." Bella no resistió más y lo besó. No pasó mucho tiempo para que Edward reaccionara. Sus bocas eran una lucha de titanes, intentando abarcar y decir todo.

Bella puso sus manos en los hombros de Edward. Tocó los tirantes de su camisa y tiró uno, después el otro. Nunca separando sus bocas. Era una danza perfecta y coordinada. Como si lo hubieran hecho de toda la vida. El aire les faltó y se separaron, pero Edward trazó un camino por su quijada, mejillas, cuello. Sus manos alrededor de su cintura, moviéndolas a los lados. Acarició su espalda a través del vestido. La empujó para que quedaran completamente pegados.

Ella comenzó a deshacer los botones de la camisa de Edward con manos temblorosas. Cuando hubo terminado la deslizó por sus hombros, tocando su bien esculpido pecho. Edward sentía una descarga eléctrica por cada lugar donde Bella pasaba sus manos. La deseaba, como nunca deseó o desearía a otra mujer. Pero por más que fuera un hombre, era un caballero. Se alejó un poco y la miró a los ojos. Bella lo miró también. Había duda, deseo, pasión, todos los sentimientos mezclados.

"Bella, ¿estás segura que quieres continuar? Puedo detenerme ahora si me lo pides, no quiero apresurar nada amor." Bella sonrió cálidamente al escuchar esas dulces palabras.

"No, no te detengas. Si lo haces te arrepentirás." Dijo bromeando y pasando un dedo por la nariz de Edward. Él sonrió también y volvió a besarla, ahora con más delicadeza.

"Te amo Bella." Susurró en su oído.

"También te amo Edward y mucho." Se volvieron a besar. Edward comenzó a deshacer las ataduras del vestido de Bella. Mientras que ella acariciaba su pecho desnudo, maravillándose por la suavidad de su piel y la textura de sus firmes músculos.

Cuando logró quitar el vestido, Bella quedó en corsé y ropa interior, la miró rápidamente de arriba abajo y se acercó a ella. Besó su oído y susurró. "Eres tan hermosa que duele verte." Hundió su cara en el cuello de Bella, haciéndola gemir. Edward rodeó la cintura de Bella, hasta llegar a su espalda. Comenzó a deshacer los nudos del corsé, algo impaciente por verla completa. Bella se dirigió al pantalón de Edward y comenzó a desabrocharlo, cayó con un sonido sordo. Edward logró su cometido y quitó el corsé. Solo quedaba el delgado camisón, que no escondía mucho. Él puso las manos en la cintura de Bella y comenzó a subirlas poco a poco, pasando por los lados de sus pechos, hasta llegar al final y le quitó el camisón. Ahora tenía una amplia vista de su cuerpo. Se besaron y sus pechos se juntaron. Ambos jadearon pero no se separaron. Edward la tomó por la cintura de nuevo y la acercó aun más a él. Ahora fue hacia abajo y quitó la última pieza. Bella bajó la mirada apenada. Siempre se había sentido acomplejada de su cuerpo, sentía que todas las mujeres eran mucho más bellas que ella.

"Bella." Ella no respondió. Edward tomó su barbilla y subió su cara. "Bella, ¿Qué pasa?"

"No me siento…no siento que sea digna de estar contigo Edward. Tú eres tan hermoso y yo solo soy…yo." Una lágrima cayó de su ojo y Edward la limpió con sus labios.

"Eres, por mucho, la mujer más hermosa del mundo. Y no necesito ver a las otras mujeres sin ropa, pues tu belleza interior y exterior es tan grande que no se puede comparar. Eres hermosa Bella, es solo que no te ves con claridad." Ella sonrió y lo besó. Puso sus manos en la cadera y bajó los calzoncillos de Edward. Después lo abrazó, sin mirarlo. Ella sabía de sobra que era hermoso.

Esa noche la pasión se desbordó en esa pequeña choza. Edward y Bella se entregaron el uno al otro. A pesar de que ninguno tenía idea de nada todo salió bien y ambos se sintieron extasiados al encontrarse siendo uno solo.

Cuando todo terminó, ambos se vistieron en silencio pero con una gran sonrisa en sus caras. Después salieron a la lluvia, ahora reforzados por el calor que habían ganado. Edward la llevó a su casa y la besó apasionadamente antes de dejarla entrar en su casa. Después se fue a la suya. Tuvo sueños placenteros y en todos aparecía Bella.

-

Los días siguieron pasando e hicieron público su compromiso. Los padres de ambos estaban muy contentos. Nunca se habían puesto a considerar que sus hijos estarían bien juntos, sin mencionar que los Cullen no sabían nada de la existencia de Bella. En cuanto Esme conoció a Bella, supo que era la ideal para su hijo y saber que se casarían la hacía aun más feliz.

El cumpleaños número 18 de Edward se acercaba y Bella quería organizar algo romántico para ellos. Habló con Alice, quienes se habían vuelto grandes amigas, pues gracias a ella, Edward y Bella estaban juntos. Se encontraban en casa de Alice, hablando felizmente de cosas triviales y sin mucha importancia. Después se pusieron a organizar la fiesta de Edward.

Faltaban tres días para su cumpleaños, quedaron que pasarían la tarde con todos, para dejarles la noche para ellos solos. Alice estaba al corriente de todo lo que ocurría con Edward y Bella, a pesar de que se lo tuvo que sacar con amenazas.

"Pero entonces será en mi patio, es más grande que el tuyo." Decía Alice con un lápiz en la mano y una hoja frente a ella. Estaban anotando todos los detalles. El timbre sonó y Alice corrió escaleras abajo. Bella suspiró cansada, no había dormido bien los últimos días. Algo, una fuerza o un presentimiento no la dejaban dormir. Caminó cansinamente hasta llegar a las escaleras. Escuchó cómo se abría la puerta de enfrente y alcanzó a ver a Alice. Escuchó un jadeo y frunció el ceño. Apresuró el paso y vio a Alice abrazando a Jasper. Se hizo un poco para atrás, lo suficiente para ver, más no para ser vista.

"Jasper, ¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras?" a Bella le desconcertó eso. Siempre había visto a Jasper como un hombre realmente fuerte. No escuchó respuesta, en lugar de eso se escuchó el ruido de un papel. Supuso que Alice lo había leído pues después se alteró. "¡No! ¡No Jasper! ¡No irás!" Bella identificó las lágrimas en su voz, se quebró varias veces y ahora estaba sollozando en el pecho de Jasper.

"Lo siento mi niña, temo que no hay otra opción. El gobierno tiene poder sobre nosotros. Pero te prometo Alice, que volveré por ti. Tú serás mi munición y mi protección." Eso no calmó a Alice, siguió llorando y no pude aplazarlo más. Salí de mi escondite, fingiendo no haber escuchado nada y con una sonrisa falsa. Cuando "vi" a Alice, quité mi sonrisa y "me preocupé".

"Alice, ¿Qué pasa? ¿Jasper?" me giré para verlo y él solo me entregó una carta. Siguió abrazando a Alice con todas sus fuerzas. La carta era del gobierno de Estados Unidos. Solicitaban a Jasper para participar en la guerra. Bella frunció el ceño. Jasper cumpliría los 18 hasta dentro de un mes. Su citatorio era para dentro de dos. El corazón de Bella se aceleró en lo que su mente lograba asimilar eso. Si Jasper era menor que Edward, significaba que también a Edward podrían haberlo enlistado. Sus ojos se llenaron de lágrimas instantáneamente y salió corriendo. Dejó a Alice y a Jasper atrás. Corrió hasta la casa de Edward. Pidiendo a los cielos que fuera una pesadilla.

Cuando llegó, tocó la puerta frenéticamente. Abrió Esme, solo que no era la misma. Sus ojos estaban rojos y sin mencionar que su siempre visible y contagiosa sonrisa no estaba. Su corazón palpitó aun más, sentí como si se fuera a salir de su pecho.

"Esme, ¿Dónde está Edward? ¿Por qué lloras?" preguntó, temiendo la respuesta. Era como si le fueran a dar la sentencia de muerte. Esme comenzó a sollozar y Carlisle llegó y la abrazó.

"Disculpa Bella, está muy alterada. Edward está en su habitación, tercer piso segunda puerta." Sin decir más le abrió paso a Bella e introdujo a Esme a la casa, ella se enganchaba de su camisa con fuerza y sollozaba. Bella notó la cara de dolor y preocupación de Carlisle. Sin más preámbulo corrió escaleras arriba, se le complicó un poco por su vestido y por su mala coordinación.

Al fin, después de lo que le pareció una eternidad, llegó a la habitación de Edward. Tocó la puerta, por mera educación. Escuchó un seco "pase" y abrió la puerta. Edward estaba en la cama, sentado con la espalda hacia Bella. Nunca había visto la habitación de Edward y le sorprendió ver el gran ventanal que tenía. Edward miraba por ahí. Bella se acercó vacilante, no sabiendo qué hacer. Quería correr a sus brazos y rogarle por que le dijera que era una pesadilla. Se subió a la cama y Edward no reaccionó, solo se quedó en la misma posición viendo a la ventana pero a la vez no. Su mirada estaba perdida. Se puso detrás de él y pudo ver por sobre su hombro un sobre en sus manos. Era igual al de Jasper. Sus temores se comprobaron y no pudo contener el gemido de dolor que salió de su boca. Escondió su cara en la espalda de Edward y éste reaccionó ante el sonido que hizo Bella. Se giró y la abrazó por la cintura. No se dijo nada más. Solo se abrazaron y se consolaron el uno al otro. Edward trataba de ser fuerte por ella. Y ella trataba de ser fuerte para él. Pero la verdad era que ninguno lograría su cometido. Habían pensado que todo sería perfecto y ahora que sabían que su final estaba cerca, no tenían consuelo alguno.