Las despedidas

Desde la noticia de la guerra, Edward, Bella, Alice, Jasper, Rosalie y Emmett se comportaban de manera diferente. Cada pareja lidiando con la separación próxima. Bella casi no hablaba pues sabía que si lo hacía, sus sollozos comenzarían sin poder detenerse, pero aun así demostraba todo su amor a Edward de forma física, lo abrazaba, lo besaba, nunca con tanta intimidad como en la choza pero aun así se esmeraba en dejarle claro que lo amaba. Alice y Jasper trataban de actuar como si nada pasase, continuaron con sus planes de la boda. En cuando a Emmett y Rosalie, su situación era muy diferente. Rosalie había dejado de hablar con Emmett, no decía nada, no lloraba, no sonreía, no mostraba alguna señal de vida. Emmett estaba destrozado a causa de eso. No quería que su último mes juntos lo pasasen de esa manera.

Se estaban preparando para la boda de Alice y Jasper. Todas habían estado bastante ocupadas. Alice se había encargado de que por dos semanas se olvidaran de la guerra y la ayudaran en su boda. Ese día les hizo prometer que mantendrían, aunque fuera falsa, una sonrisa en sus rostros todo el día.

Edward quería planear su boda con Bella, pero ella decía en forma de juego que sería un incentivo para que volviera. Edward reía pero había cierta verdad en eso.

"¿Qué a caso crees que tú no eres un incentivo para que vuelva? Eres todo para mí, por lo tanto serás mi razón para volver. No necesito saber que te casarás conmigo para volver."

Esa era siempre su respuesta, lo que hacía que los ojos de Bella se humedecieran. No podía contestar sin evitar que sus lágrimas e incontrolables sollozos salieran. Edward sufría al verla sufrir, pero no podía hacer nada para cargar con el dolor de ella y el suyo propio.

"Bella, despierta. Necesito que me ayudes con el ramo." Dijo Alice, sacando a Bella de sus pensamientos.

Escogieron juntas las flores que necesitaban, el vestido lo había diseñado Alice, la iglesia estaba lista, las invitaciones entregadas. Todo estaba listo para la boda al día siguiente.

"¿Qué crees que sea lo que le sucede a Rosalie? Emmett se ve terriblemente dolido." Comentaba Bella cuando iban de vuelta a casa de Alice, donde se encontrarían con Edward y Jasper.

"No lo sé, nunca la había visto de esa manera. Siempre le está diciendo cosas a Emmett, siempre gritándole un 'idiota' o algo, pero ahora es como si fuera un muerto viviente." Ambas estaban muy preocupadas por la condición de su amiga. No había cedido a los ruegos de Alice con respecto a la boda.

Llegaron a la entrada y ahí se encontraban Edward y Jasper. En cuanto se vieron Edward y Bella se abrazaron y besaron, siempre lo hacían como si no hubiera un mañana. En cuanto a Alice y Jasper solo se miraron con cariño y se sonrieron. Bajaron todas las compras que Alice había realizado y se separaron. Alice y Jasper se quedaron ahí y Edward y Bella se marcharon.

Pasó el día y a la mañana siguiente Alice y Bella se prepararon para el gran evento. Rosalie asistiría, pero solo estaría ahí en carne, porque su espíritu y su esencia ya no estaban ahí.

Fue una linda ceremonia a la que solo algunos asistieron, sus amigos y familiares más cercanos. Edward y Bella bailaron toda la noche, así como Alice y Jasper. Eso les quitó de la mente la guerra, aunque fuera por unos minutos.

"Vamos, Rose. Nena, baila conmigo." Rogaba Emmett.

"Ya dije que no Emmett, déjame en paz." Emmett negó con la cabeza y se sentó de nuevo. Su corazón no podía más.

"¿Por qué dejaste de quererme Rosalie? ¿Te lastimé sin darme cuenta? Sabes que te amo nena." Decía mientras tomaba sus manos y la veía a los ojos. Ella apartó la mirada y Emmett pudo ver las lágrimas. "Te prometí que volvería, no entiendo porque te empeñas en hacer de nuestros últimos días un infierno. Solo quiero poder llevar tu recuerdo al campo de batalla, así cuando crea que no puedo más tu recuerdo estará ahí." Rosalie derramó una lágrima y Emmett la limpió con su dedo.

"No quiero que te vayas, es la guerra o yo Emmett. No puedes tener ambas."

"¿Por qué hablas como si fuera mi elección Rosalie? Sabes que no lo es. ¿Crees que si me dieran a elegir iría? Tienes que estar bromeando." Dijo Emmett comenzando a molestarse.

"No quiero perderte. Puedes lastimarte o hacer algo para que crean que estás inmovilizado. Hay muchas opciones."

"No Rose, no las hay. No mentiré a mi nación, lucharé por ella." Rosalie retiró sus manos y lo miró con odio.

"Pues maldito sea tu orgullo Emmett, maldito sea." Se pudo de pie y se marchó. Emmett no se esperaba eso. Golpeó la mesa y puso sus manos en su cabello.

"Emmett, ¿Qué pasa, estás bien?" dijo Bella, quien se iba acercando a la mesa con Edward detrás.

"Rosalie está actuando de una manera muy estúpida. Creí que yo era el que n pensaba, pero es ella la que…" no pudo seguir hablando por el coraje que estaba sintiendo.

"Emmett, no quiere estar sola. La entiendo, trata tú de comprender." Dijo Bella mientras se sentaba a su lado y palmeaba su hombro.

"Pero tú no actúas así con Edward. Tú lo abrazas, lo besas, hablas con él. Rose se aísla de mí. No puedo soportarlo. ¿Qué pasa si no vuelvo?" decía desesperado. Quería gritar y salir corriendo para soportar el dolor que le causaba el hecho de que el amor de su vida lo dejara a la deriva.

"Es porque cada mujer tiene su forma de lidiar con el dolor. Mira a Alice, ella fue capaz de seguir como si nada fuera a suceder, en cambio yo me derrumbo con cada recuerdo de que Edward se irá. Quizá Rosalie no puede con su dolor, es tanto que solo se oculta detrás de esa mascara fría e indiferente. Es su forma de aguantar el dolor. Solo déjale en claro que estás con ella Emmett, no la dejes en estos momentos, te necesita."

"Creo que tienes razón Bella, iré a buscarla y le diré lo que pienso, le diré que la amo y después lo haremos en cada parte de la casa." Dijo con una enorme sonrisa.

"Emmett, esos fueron muchos detalles." Dijo Edward con cara de asco y negando con la cabeza.

"Lo siento hermano, nos vemos luego." Y salió del salón con una enorme sonrisa.

Edward y Bella sonrieron y ella se acercó a él. Se quedaron abrazados.

"¿Ya no quieres bailar?" le susurró Edward en el oído.

"No, solo quiero quedarme así contigo." Dijo hundiendo su cabeza en el pecho de él. Edward la abrazó por la cintura con más fuerza.

"Te amo Bella." Besó su frente y suspiró.

"También te amo Edward."

La fiesta terminó y todos se fueron a sus respectivos hogares, después de felicitar a Alice y a Jasper. Ambos tenían unas enormes sonrisas en sus rostros. A pesar de ser los más pequeños, actuaban más maduramente. Y todos sabían que Alice sería el soporte de las mujeres cuando los hombres se fueran y que Jasper sería el soporte de los hombres en la guerra. Serían quien los sacara adelante.

Los días pasaron y cada vez el ambiente se volvía más denso y melancólico. Cada vez era peor lidiar con el dolor. Después se enteraron de que Emmett no había logrado su cometido, Rosalie nunca abrió la puerta de la habitación y Emmett se quedó dormido fuera.

Era el último día, la mañana siguiente se irían. Alice y Jasper se veían más enamorados que nunca, aunque en sus ojos hubiera una sombra de tristeza. Rosalie seguía igual y Emmett se sentía cada vez peor.

Edward y Bella luchaban por salir adelante. Los ataques emocionales de Bella eran cada vez peor. El padre de Bella había advertido a Edward que si se iba, quizá ella no sobreviviría. Él era elemental para su existir. Eso fue como un golpe bajo para él. No se iría en paz pensando que Bella no sobreviviría y que sería por su culpa.

Trataba de animarla, le prometía diez veces al día que regresaría, la besaba, la abrazaba, le profesaba su amor. Pero ella sentía que su vida se acabaría en el momento en el que Edward subiera a ese tren.

Caminaban por el parque, tomados de la mano. Edward tenía algo en mente, para hacer que Bella intentara calmarse. Quería escuchar de sus labios que estaría bien.

"Está comenzando a oscurecer, deberíamos ir a casa." Dijo Bella sin mirarlo a la cara. Era el último día, mañana partiría, dejándola sola.

"Tengo algo planeado. ¿Crees que te manden a buscar?" dijo Edward medio en broma y medio en serio. Recordaba el primer día cuando lo conoció.

"Por extraño que parezca, mi padre confía ciegamente en ti. Cree que no eres capaz de hacer nada indecoroso." Lo miró y sonrió. "Si solo supiera." Edward rió.

"Para hacer ese tipo de cosas se necesitan dos personas mi vida." dijo levantando sus cejas.

"Dije que confiaba en ti, no en mí." Edward dejó de sonreír y Bella explotó en risas. "Vamos Edward, es broma. Mi padre cree que sigo siendo virgen y que lo seré hasta el matrimonio. La parte buena es que tú serás mi esposo."

"Jamás desearía que alguien más te proclamara suya. Lo mataría." Dijo con algo de furia en su voz.

"¿A caso crees que lo haría con alguien que no fueras tú? Eres el primero y el último Edward. No solo en mi cuerpo sino también en mi corazón." Lo último lo dijo en un susurro y Edward sonrió internamente. Aunque en el fondo de su cabeza consideraba las opciones. En caso de que no regresara, Bella no podría enamorarse sin tenerlo a él en la cabeza.

Llegaron a la choza y Bella frunció el ceño pero no dijo nada. Siguieron y Edward la invitó a pasar, no sin antes taparle los ojos. Bella podía sentir la calidad de la choza, pero no sabía cómo era posible. Cuando le quitó la manta que cubría sus ojos pudo ver de dónde. La chimenea de la choza estaba prendida. La cocineta estaba arreglada y la cama limpia. Bella se tapó la boca con las manos y jadeó.

"Este es nuestro lugar Bella, aquí fue donde te hice mía, aquí será donde me recuperes, donde me verás cada vez que te sientas sola." Susurró suavemente en su oído, abrazándola por atrás. "Dejé un jarrón sobre la mesa, cada vez que vengas tienes que traer una rosa, blanca cuando te sientas enojada, rosa cuando estés feliz y roja cada vez que sientas que no puedes. Esta choza sostendrá todos tus anhelos mientras yo no esté. Te podrás refugiar en ella cuando quieras estar sola. Es nuestra Bella, solo nuestra."

Los ojos de Bella se humedecieron y asintió enérgicamente. No podía creer que Edward hiciera esto por ella. El lugar había quedado muy lindo y el jarrón era uno color azul marino, el favorito de Edward.

"Es hermoso," se giró y lo miró a los ojos. "Gracias Edward." Él sonrió un poco y la besó.

"Vamos a comer." Dijo después de separarse.

Edward había preparado cena para los dos e incluso había puesto una pequeña mesa con una vela en el centro. Comieron en silencio, pero no uno incómodo, sino uno lleno de amor. Cuando terminaron fueron a sentarse a la cama.

"Edward, te compré algo de cumpleaños. Sé que fue el mes pasado pero con todo esto no había tenido tiempo de entregártelo."

"No era necesario Bella. Gracias." Dijo sonriendo. Bella tomó una cajita entre sus manos y se la entregó. Edward la abrió y sacó el reloj de bolsillo. Tenía bordado su nombre y dentro había una pequeña fotografía en blanco y negro de ellos dos. Edward sonrió débilmente y estaba al borde de las lágrimas. Había prometido ser fuerte para Bella pero esto era inevitable.

"Gracias." Dijo de nuevo. Bella tomó su rostro y lo subió.

"Te amo" le dijo en un susurro. Edward le sonrió.

"También te amo. Te prometo que volveré, pero tienes que ser paciente. Prometo escribir en cada oportunidad. Pero por favor no te rindas." Bella podía ver la plegaria en sus ojos. "No podría vivir sin ti."

"Te esperaré Edward, hasta el final de mis días." Dijo comenzando a sollozar. Una lágrima se derramo y Edward se acercó para limpiarla con sus labios.

"No llores, puedes golpearme o gritarme, pero nada me duele más que verte llorar."

"Entonces bésame y hazme olvidar." Susurró Bella muy suavemente. Edward no esperó más, la besó dulce y cariñosamente.

Y así comenzó todo, cuando menos pensaron sus ropas estaban fuera y sus pechos y sus piernas se tocaban. Disfrutaban del contacto de piel con piel. Edward besaba cada parte del cuerpo de Bella. Mientras que ella solo disfrutaba e intentaba olvidar que mañana sería el último día.

Edward penetró en ella y esperó a que respondiera. Encontraron su ritmo y por cada gemido de Bella salía un sollozo.

"Te amo." Se susurraban el uno al otro.

"Tienes que volver a mí." Decía Bella mientras lo abrazaba por el cuello. Edward levantó el rostro y la miró a los ojos.

"Volveré por ti. No lo olvides, nunca pierdas la esperanza." No pudo mantener una conversación coherente por más tiempo, llegó a su límite y jadeó junto con Bella. Se quedaron en esa posición más tiempo, mientras él solo escuchaba el latido del corazón de ella, un sonido que no estaría ahí más tiempo, al menos hasta que la guerra se acabara.

Se durmieron pacíficamente en brazos del otro. Se levantaron temprano, Bella insistió en acompañarlo a la estación de trenes. Ahí estarían Emmett, Jasper, Alice y Rosalie. Llegaron un poco demorados, pero no lo suficiente para perder el tren.

Vieron a los lejos a Alice y Jasper abrazados. Jasper estaba prácticamente cargando a Alice, por su corta estatura. En cuanto a Emmett y Rosalie, solo se encontraban ahí. Rosalie tenía cara de indiferencia, mientras que Emmett una de dolor.

Saludaron a todos y esperaron. De pronto sonó la campaña que anunciaba el abordaje. Bella se giró con Edward y comenzó a llorar.

"Te amo Edward, por favor prometes que no te harás el valiente, que no intentarás salvar gente que no conoces. Entendido Edward Anthony Cullen. Te quiero de vuelta en una sola pieza o en muchas, no me importa, solo regresa vivo." Edward a pesar del momento sonrió.

"Te tendré en la mente todo el tiempo, serás mi inspiración, mi protección y mi munición en la guerra. Nada me pasará mientras piense en ti. Te amo Isabella y sé que volveré para convertirte en mi esposa."

Se besaron apasionadamente y se abrazaron.

Alice no dijo nada a Jasper, todo había quedado claro desde días antes. Jasper la miró y le sonrió, tomó su rostro entre sus manos y la besó suavemente. Con amor y cariño. Ella sonrió plácidamente, había algo que le aseguraba que él volvería, sin importar qué.

Emmett subió su equipaje y volvió con Rosalie.

"Te quiero nena, por favor no lo olvides." Tomó a Rosalie por la cintura y la besó en los labios. Ella respondió y Emmett pudo sentir las lágrimas corriendo por sus mejillas.

Se separó y comenzó a caminar, rumbo a la entrada del tren. Pero entonces el sonido más horrible del mundo lo hizo detenerse. Era un gemido de dolor, uno que había estado guardado por mucho tiempo.

"¡Emmett!" escuchó que lo llamaba su ángel. Se giró rápidamente y vio a Rosalie de rodillas. Se acercó a ella e intentó levantarla, pero ella fue más rápida y lo hizo hincarse como ella. Tomó su rostro y lo miró a los ojos. "Tienes que jurar que volverás Emmett McCarthy, grandísimo tonto, porque yo te juro que no viviré si no lo haces y que casaré tu espíritu con el mío. Te casaré hasta el final de tus días. Haré de ellos un infierno y tú sabes que mis juramentos no están mal fundados."

"Sabes que sí Rosalie, te amo, te amo nena." Dijo un muy extasiado Emmett. Después de dos meses de indiferencia ahora podía ver todo el dolor en el rostro de Rosalie. Ahora se abría ante él.

"Tienes que regresar porque vas a ser padre," Emmett se congeló y Rosalie tomó su mano y la puso sobre su vientre. "Tienes que volver para que conozcas a tu hijo, a tu descendencia."

"¿Quieres decir que…? " No terminó la pregunta. Se puso de pie y tomó a Rosalie en brazos. "¡Voy a ser padre!" gritaba felizmente. La besó y ahora ella contestó con más regocijo.

"Así es Emmett. Pero no podré yo sola, por favor tienes que prometer que volverás. Al igual que Edward no intentarás hacerte el héroe."

"Lo prometo Rose, lo prometo. Solo bésame antes de marcharme y déjame cargar con tu recuerdo."

Y con eso se fueron, los tres. Subieron al tren, despidiéndose de sus respectivas parejas.

Alice, Bella y Rosalie se abrazaron, tratando de encontrar consuelo en cada una.