Lamento haber tardado tanto, mi inspiración anda por los suelos.
Volviste
Después del episodio de la cabaña Bella pudo volver a su hogar a duras penas. Cuando llegó, Jacob la esperaba. La vio y se acercó a ella.
-Bella, ¿estás bien? ¿Qué sucedió? –dijo preocupado.
-Nada, solo acabo de despedirme de un amigo.
Los meses pasaron y Bella no mejoraba mucho. Después de la despedida no volvió nunca a la cabaña. Todos los recuerdos estaban ahí, era demasiado duro. Trató de seguir adelante, por Jacob y el resto de sus amigos. Trató de convencerse de que amaba a Jacob, pero no era así. Su corazón le pertenecía a una sola persona y siempre sería así.
Iban al parque, al cine, a comer, etc. Jacob intentaba animarla pero ella era imposible. Un día la invitó a su casa, donde estaba sola. Le dijo que le prepararía la cena. Bella aceptó con una sonrisa falsa, a la que todos se habían acostumbrado y no luchaban por que la mejorara. Bella llegó de buena gana, solo esperaba terminar con el día y pasar al siguiente, así sería toda su vida.
-Pasa, -dijo Jacob cuando tocó la puerta. Bella entró y sonrió.
-Huele delicioso.
-Gracias, solo espero que te guste.
Cenaron en forma normal, platicaron de forma monótona. Bella notaba que Jacob estaba más nervioso. Eso la hizo estar alerta.
-Todo estuvo delicioso Jacob, muchas gracias.
-Me alegra que te gustara, -se quedaron callados y fue incómodo. Bella no pudo evitar comparar eso con relación a Edward. Sus silencios nunca eran incómodos. –Me preguntaba si te gustaría ir a la sala. Tengo una sorpresa para ti.
-Claro.
Caminaron hasta ahí y se sentaron en el sofá. Su casa era sencilla, iba muy con la época. Se quedaron en silencio otra vez y Bella tuvo un mal presentimiento.
-Bella, he notado que desde hace días has estado algo distante. Puede que sea por tu novio perdido, lo comprendo. Pero creo que deberías dejarlo pasar, él no está aquí para ti. Si me dieras la oportunidad podría hacerte muy feliz. Sé que pido demasiado, después de cómo te traté en el pasado. Pero de verdad te amo y de verdad quiero hacerte feliz.
-No es eso Jacob… -sabía que no le servía de nada mentir, Jacob lo sabría. Suspiró profundamente y lo miró a los ojos. –Muy bien, lo admito. El día que dije que me había despedido de un amigo, fui a un lugar que Edward y yo encontramos. Me despedí de él y le hablé de ti, fue muy difícil. Si me das tiempo podré sanar. Solo sé paciente Jacob, -el sonrió débilmente y tocó su mejilla.
-Todo el tiempo necesario. Y ya que me das una oportunidad pensé que… -se puso de pie y después se arrodilló. Bella se quedó sorprendida y no dijo nada, solo lo miró. –Si vamos a estar juntos, tal vez deberíamos casarnos. –Sacó una cajita y la abrió. Dentro estaba un anillo de compromiso. -¿Quieres casarte conmigo?
Bella no supo qué hacer. Edward vino a su cabeza de nuevo, de hecho, nunca se iba. Pero las palabras de él le martillaban la cabeza. Te prometo que volveré, pero tienes que ser paciente. Prometo escribir en cada oportunidad. Pero por favor no te rindas. Ella le había fallado, se había rendido. Pero, ¿Qué esperaba? ¿Que lo esperara sentada, sabiendo que no iba a volver? Miró a Jacob, quien estaba ansioso por una respuesta.
-Sí –dijo poco segura. –Prometo que trataré de ser mejor persona de lo que he sido, -dijo sin pensarlo.
-No necesito que mejores Bella, te amo como eres. Juntos sanaremos, yo te ayudaré. –puso el anillo en su dedo y la acercó a él. La besó suavemente, esperando que ella respondiera. Bella lo hizo, pero de nuevo comparó a Jacob con Edward. No había comparación alguna. Edward siempre sería el mejor en todo y el primero en sus pensamientos y sueños.
Alice ayudó a sus amigos a planear su boda. Hacía tiempo que Bella no salía con sus amigos y cuando vio a Alice la notó algo distante. Parecía incluso ofendida por algo. Tal vez era porque Edward era su mejor amigo y no le gustaba verla casándose con alguien que no fuera él.
-Alice, ¿te pasa algo? –le preguntó Bella.
-No, estoy bien. –dijo cortante. Bella frunció el ceño pero no dijo nada.
Alice arregló su vestido y escogieron casarse en una pequeña iglesia local. Los únicos invitados serían sus amigos. Aun faltaba un mes, Bella creía que en ese tiempo estaría lista, pero no era así. Cada día se sentía más insegura. Salió a caminar con Alice un tarde, necesitaba sus consejos o su opinión.
-Alice, no estoy segura de casarme, -le dijo yendo directo al punto.
-¿Entonces por qué lo haces?
-Porque creo que de esa manera podré salir adelante, tengo que superar su muerte, no puedo estar esperando a que vuelva si está… -aun le costaba mucho decir la palabra. Se formó un nudo en su garganta y sus ojos se inundaron de lágrimas. –muerto.
-Bella, ¿puedo preguntarte algo? –Bella la miró y vio que ella había bajado la mirada.
-Adelante Alice.
-Si Edward volviera, quizá no como antes, pero volviera. ¿Lo querrías a tu lado? –la miró y Bella creyó ver un ruego en sus ojos.
-Alice esa pregunta es estúpida, claro que lo querría. Estaría tan agradecida con el cielo. Lo amaría más que nunca, solo con tenerlo a mi lado. Es lo único que deseo en la vida. –de sus ojos salieron lágrimas de dolor al recordar que eso nunca pasaría. –Pero no va a volver y a él le gustaría que saliera adelante.
-Pero no con Jacob, -dijo Alice por lo bajo. Bella no la escuchó.
-Estoy pensando en que tal vez deba hacer nuestro lugar algo más público, de esa manera no será tan doloroso, no solo habrá recuerdos de él y yo sino también de otros. Podría ir ahí después de mi boda, con Jacob. Quizá no decirle todo lo que Edward y yo hicimos, -dijo riendo un poco y sonrojándose al recordarlo. –Pero de esa forma no será un lugar tan especial.
-¿Estás hablando de la cabaña que está en el bosque? ¿La que Edward arregló con tanto esmero? –dijo casi gritando.
-¿Cómo sabes tú de esa cabaña?
-Yo le ayudé a arreglarla, -dijo rápidamente. -¡No puedes llevar a Jacob ahí! Tienes que estar bromeando o haber perdido la cabeza.
-Es una forma de salir adelante…
-¿Por qué quieres olvidarlo? ¿A caso no lo amabas? ¿Por qué te casas con otro hombre? ¡No lo entiendo! Si Jasper muriera yo nunca me casaría con nadie, viviría lamentando su muerte.
-¿Y desperdiciar tu vida? –dijo algo acalorada por la actitud de Alice. La estaba juzgando.
-¡Sí! Desperdiciar mi vida, no me importaría, -dijo comenzando a sollozar. La abrazó y también comenzó a llorar.
-Alice, tienes que entender, yo lo amo con todo mi ser, pero él no va a volver. No está aquí.
-Por favor, promete que no irás a esa cabaña. Es de Edward y solo de él. Promételo.
-No puedo, tengo que olvidarme de él de una vez por todas.
-No lo hagas, deja que él viva en tu cabeza y en tu corazón.
-Si quiero salir adelante tengo que hacerlo.
-La cabaña no tiene nada que ver. Por favor, solo no vayas y menos con Jacob. ¿Piensas acostarte con él ahí? ¿Donde Edward lo hizo también? No por eso va a ser él quien esté ahí, seguirá siendo Jacob. Lo único que vas a lograr con eso es que tu mente trate de engañarte, puedes salir lastimada y también Jacob. ¿Eso es lo que quieres?
-No, tienes razón. Está bien Alice, te prometo que no iré.
-Gracias Bella.
Esa noche Bella no podía dormir. Se removía de un lado a otro incómoda. Algo le decía que debía ir a la cabaña. Terminar con lo que había comenzado. La despedida no fue suficiente. Necesitaba pedirle perdón por lo que estaba a punto de hacer. Y decirle que siempre lo iba a amar.
Decidió ir una última vez. Quizá hasta quemar la cabaña. No quería tenerla ahí para recordarle todo lo que había vivido al lado de Edward. Se puso de pie y cubrió su cuerpo con un abrigo largo. Se puso zapatos y salió de la casa. Por alguna razón su corazón se aceleraba.
Cuando iba acercándose notó que había luz en la cabaña. El fuego iluminaba el lugar. ¿Habría alguien ahí? ¿Qué hacían? Esa era propiedad privada. Edward la había comprado. Se acercó molesta y dispuesta a quitar a quien fuera que estuviera ahí. Abrió la puerta y buscó a alguien, pero no había nadie. La cama estaba vacía. No había nadie en la cocina. Entonces lo escuchó.
-¿Alice? –giró la cabeza y vio un gran sofá de una sola plaza. El respaldo estaba hacia ella. –Alice, ¿eres tú? –los ojos de Bella se llenaron de lágrimas. ¿Era posible? Tenía que estar soñando. El sofá se giró y ahí estaba, el hombre por el que había dejado de vivir. Estaba vivo.
-¿Edward? –susurró. La cara del aludido cambió. Abrió sus ojos con sorpresa y se llenaron de lágrimas.
-Bella, -eso fue lo que ella necesitó para comprobarlo. Corrió a sus brazos y se puso sobre su regazo. Lo besó y él respondió con ahínco.
-Oh Edward, -decía Bella mientras besaba cada parte de su rostro. Lo abrazó por el cuello y pegó su frente al hombro de él. -¿Por qué no me lo dijiste?
-No quería ser una carga, -Bella podía escuchar el dolor en su voz.
-¿Una carga? ¿De qué hablas? –lo miró a los ojos y vio que tenían una sombra.
-De que no veo amor mío, no dependo de mí ahora, -dijo derramando una lágrima. –No quería arruinar tu vida. Escuché cuando te despedías, dijiste que estaban con Jacob ahora. Eso me alegró mucho, saber que estabas con alguien que te puede cuidar. Te amo lo suficiente para dejar que fueras feliz.
-¡Pero yo te amo a ti! Nunca podría amar a alguien más. No me importa que no veas Edward, eres un tonto por pensar que te dejaría. No sabes lo que he sufrido, -dijo sollozando en su pecho. Edward acariciaba su espalda suavemente, intentando consolarla.
-Lo siento mi amor, de verdad. No quería lastimarte pero no quería ser una carga en tu vida. Tú mereces algo mejor.
-No quiero nada ni a nadie si tú estás conmigo. Edward te amo.
-También te amo, -susurró en su oído. Bella se giró y lo besó suavemente. De pronto el beso se tornó más desesperado. Bella se puso de pie y ayudó a Edward a ponerse de pie. Comenzaron a desprenderse de sus ropas.
Bella guió a Edward hacia la cama y quedaron recostados, aun besándose.
-Edward, te extrañé tanto, -decía ella mientras seguía acariciándolo y besaba su rostro.
-También yo Bella, creí que te había perdido, -dijo derramando una lágrima.
-No me has perdido, siempre seré tuya.
Cuando Bella despertó, comenzó a llorar. Sabiendo que su sueño era solo eso, un sueño maravilloso. Pero no era verdad. Aun podía sentir las manos de Edward por todo su cuerpo y sus besos. Siguió llorando hasta que sintió unos brazos envolverla.
-Bella, ¿Qué pasa? –se giró y vio a Edward. Comenzó a llorar, pero ahora era de felicidad.
-Oh Edward, creí que solo había sido un sueño, -lo besó de nuevo y pegó su rostro a su pecho.
-No es un sueño amor mío, soy real y me quedaré el tiempo que quieras a tu lado, -dijo Edward acariciando su cabello.
-Entonces será para siempre, siempre te querré conmigo.
FIN
Elianna muchas gracias por tu apoyo y por pedir que continuara con la historia. No sé de qué prólogo me hablas, no he cambiado nada de la historia.
Sophie black también gracias, aunque no era necesaria tanta agresividad.
