Todos en la torre habían notado un cambio drástico en el comportamiento entre el Capitán y Stark. Lograban hacer pequeñas conversaciones, incluso bromas, lo cual era sumamente extraño. Su convivencia al reunir de vuelta al grupo se limitaba únicamente a órdenes o intercambio de información sobre las misiones, si es que llegaban a coincidir en equipos, pues no era raro que de vez en cuando se dividieran en pequeñas formaciones, haciendo más eficiente su labor como héroes.

Pasaban la mayoría del tiempo en el taller de Tony hasta altas horas de la noche. De vez en cuando se observaban radiaciones con distintos colores proyectarse fuera de la puerta de cristal que los separaba del corredor. Lo cual era muy intrigante, pero nadie deseó entrometerse, ni siquiera Clint o Natasha. Ya era suficiente milagro con que Steve y Tony volviesen a hablarse sin discutir.

En el interior del taller, los líderes de los Vengadores no habían abandonado su búsqueda por la kryptonita. Tony lograba hallar restos del mineral con sus computadoras y encapsularlos, sellándolos junto a sus armas y artefactos más peligrosos, mientras Steve iba en busca de ellos en el Quinjet. Hasta ahora, tras cinco días enteros de incansable trabajo, saliendo sólo para tomar un bocadillo, puesto que sí, ambos dormían dentro del taller.

Hablaban en gran medida sobre Bruce y Clark, haciendo bromas sobre ellos, imitándolos, comparándose e incluso, en ocasiones, haciendo algunos cumplidos. Tony podía soportar lo que Steve decía sobre Bruce, ya que el rubio era de verle el lado positivo a casi todos a su alrededor, pero el capitán no toleraba lo bien que se llevaba el millonario con el kryptoniano.

— Ese sujeto es casi indestructible. ¿Sabías que es a prueba de balas? Hasta podría vencer al suero del súper soldado. ¿Crees que su sangre también sea roja? ¿Crees que tenga sangre? Me gustaría examinarlo con mayor detenimiento, pero no sé cómo lo tome.— Rió casi en una carcajada.— Hacía mucho tiempo que no me esforzaba en llevarme bien con alguien.— Y ese último alguien había sido el rubio que no le quitaba la mirada de encima. El castaño continuó ensamblando una pequeña caja elaborada de varios materiales, entre ellos, un sello de Adamantium que mantenía en estado líquido a altas temperaturas, por lo cual a Steve le daban pequeños infartos cada vez que vertía la sustancia en moldes especiales adecuados a diferentes medidas dependiendo del tamaño de cada trozo de mineral, pues una teoría de Stark era que unir todos los fragmentos generaría un espectro radioactivo con gran diámetro, llamando la atención de Wayne y sus scaners. Aunque las quemaduras de tercer grado en Tony no eran lo único de lo cual debía vigilarle. El empresario no dormía lo suficiente, ya que deseaba eliminar cualquier rastro de kryptonita del planeta antes del fin de semana y así restregarle a Bruce en su cara el buen trabajo que podía llegar a hacer. Al capitán le parecía un juego de niños la disputa Stark-Wayne, pero si era importante para Tony, también debería de serlo para él y evitar alguna futura guerra entre Vengadores y los miembros de La Liga.

Aún con la vista sobre las manos morenas moviéndose de un lado a otro, porque Tony tenía la costumbre de hacer ademanes mientras conversaba y a pesar de ello jamás perder la precisión, pero no estaba de más encontrarse alerta.— El proyecto Rebirth fue desarrollado por años, los kryptonianos son una raza más antigua que los humanos. No me parece justa la comparación.

—Mírate, Rogers. Ya eres un experto en alienígenas. Y yo que creía que jamás lograrías adaptarte.— Tony terminó con la última cápsula, ensamblando las piezas con partes que ya se hallaban lo suficientemente frías como para manipularse y encerró un cristal de color rojizo mientras Steve bufaba con los brazos cruzados por el comentario.— Batman nunca mencionó las reacciones que causan en Clark estas piedras.— Agitó la pequeña cápsula, pequeña en comparación a la caja del tamaño de un armario donde había asegurado un fragmento de kryptonita verde que recuperó de una bóveda que le pertenecía a Lex Luthor.— Aunque si seguimos la lógica de los colores, esta debería enloquecer a Sup de ira. Algo así como un Hulk con traje que se adhiere a los glúteos.

Steve se encogió, abrazando su cuerpo, conteniéndose ante cada palabra dicha por Tony. Desde que habían asistido a la última reunión todo se trataba del héroe con capa roja: "Clark es súper fuerte." "Clark cuenta muy buenas historias." "Clark puede mirar a través de la ropa." "Él es el hombre de acero y yo el de hierro." Además ese apodo de "Sup" le estaba desquiciado. Nunca creyó pensarlo, pero extrañaba la manera en que Stark le llamaba capipaleta, cap cake, soldadito, hombre bandera, incluso anciano. Jamás creyó que Tony externara su aprecio con apodos. Suponía que eran maneras despectivas para llamar a los demás.

De verdad añoraba su efímera amistad. Por varios años se engañó a sí mismo creyendo que haciendo a un lado las mentiras y las frases hirientes, soportando sus bromas y de vez en cuando siguiéndole la corriente, su relación sanaría de a poco. Ahora se daba cuenta que lo mejor era hablar de frente, siendo sincero como había logrado con Bruce. Pero hablar seriamente con Tony nunca era fácil, al menos no para él. ¿Cómo iniciar el tema? El tiempo para disculpas ya había sucedido y no funcionó como esperaba. A este problema de comunicación que siempre habían tenido debía sumarle su recién sensación de... ¿celos? No tenía otra palabra para describirlo.

Escuchar de Kent era una tortura en labios de Tony. Realmente no estaba seguro de sus sentimientos por el millonario. Los últimos años habían pactado todos los Vengadores en no mantener ninguna relación amorosa dentro o fuera del equipo debido a que era arriesgado y una distracción, exceptuando a Clint quien ya se encontraba casado. Aunque sabía a la perfección que nadie había respetado tal regla. Bruce y Nat continuaban con sus coqueteos, más bien Banner se resistía y Romanoff atacaba a tal punto de aparecerse casi desnuda en su laboratorio. Thor mantenía su relación a distancia con Jane, al igual que Visión con Wanda, la cual había abandonado al grupo para ser aprendiz de Dr. Strange. Lo que restaba a Steve y Tony.

El último abandonó toda esperanza a una relación después del rompimiento con la señorita Potts, incluso huyó del romance que pudo florecer con May Parker, no sólo por la negativa de Spiderman, sino porque temía que el historial de sus conquistas se repitiera. En su propio caso, en cuanto fue borrado todo cargo y se reintegró al equipo, buscó a Sharon Carter, con quien creía tener cierto asunto pendiente. No podía engañarse, sus pensamientos en su estadía en Wakanda rondaban entre Sharon y Tony. Quería con todo su ser solucionar lo que le había hecho a Stark y formar una nueva vida junto a la rubia, pero ninguno de los dos estaba al tanto de sus planes.

Tony aceptó incluirlo nuevamente a los Vengadores, pero nunca a su vida, mientras Sharon le repitió una y otra vez que no deseaba ser la sombra de su tía Pegg, lo cual ocurriría si aceptaba algún romance con el ex de su familiar y además heroína.

Steve cayó en una depresión, o más bien esta volvió a relucir, pues desde que había sido descongelado, aquel sentimiento siempre se hallaba latente. Ese sentir de vacío que se llenaba parcialmente gracias a sus misiones. Su vida se hallaba en pausa desde los años 40's. Más aún desde que los únicos en quienes podía confiar eran Nat y Clint, lo cual no era de ayuda cuando mantenían sus conversaciones casi telepáticas durante la batalla, donde ellos tres eran un equipo, Hulk con Thor y Tony con Visión, a los cuales de vez en cuando se les unía Scott o Peter.

Aquellos años en pausa sólo se habían avivado gracias a la diversidad de seres ahora conocidos sobre la Tierra y no lo podía negar, la aparición de Batman y Superman lograron unirlo un poco con Tony, pero también lo confundían. ¿Qué sentía por Stark?

No lo llamaba fraternidad. Un sentido de hermanos era lo adecuado para nombrar lo suyo con Bucky. Amistad era lo que mantenía con Thor, Nat y Clint. Compañerismo hacia Banner y Visión. Paternidad hacia Wanda.

Pero Tony...

Tony era algo distinto.

Lo sacaba de sus cabales, sí. Lo deseaba golpear, sí. Detestaba sus intentos de plan, sí. Sus molestas bromas, sí. Pero no imaginaba una vida sin él. Como si su sola existencia hiciera del mundo, de su mundo un hogar.

Y todo eso se desmoronó en cuanto divisó la mirada de decepción en sus ojos chocolate cuando descubrió la mentira que le había hecho con el pretexto de protegerlo, de elegir a Bucky quien no necesitaba de la seguridad que le brindaba a todos, a todos excepto Tony.

Aún se sentía culpable, pues fue testigo de cómo la vivacidad en el mecánico se fue esfumando desde aquella guerra en la que arrastraron a todos los que les importaba. Ambos eran un tornado que succionaba cualquier rastro de lógica y madurez que debería tener un héroe y un equipo. Creía que todo era mejor si estaban separados, pero no fue así y rompió aquella promesa.

Juntos

— Pero sigo sin saber lo que significa el rosa. — Tony había parloteado el significado de cada color: negro, amarillo, azul... hasta detenerse en el rosa. Era el fragmento más raro entre todos. Uno de ellos se encontraba en el fondo del Gran Cañón, el otro lo mantenía Wayne bajo vigilancia en su cueva. Le proporcionó al rubio las coordenadas exactas, así no tendría que cavar lo suficiente como para que el atractivo turístico se convirtiera en un monumento al queso.

— Tal vez haga a Kent vomitar malvaviscos.— Steve intentó bromear, alejando una vez más los pensamientos que deseaba enterrar en lo profundo de su mente mientras sostenía una tableta holográfica que podía acoplarse al mando del Quinjet.

— O tal vez podríamos averiguarlo por nuestra cuenta.— Tony se incorporó de su asiento frente a un escritorio cubierto por planos, herramientas y piezas de las cápsulas. Se aproximó lentamente en un andar felino, o así le pareció al capitán, hasta posarse delante de él. Lo único que los separaba era el holograma brillante. Steve sintió su cuerpo reaccionar, subiendo el calor a sus mejillas y observando con detenimiento los ojos de Tony que cada vez disminuían su distancia. De nuevo percibió su corazón detenerse, esta vez no gracias a la preocupación de que Stark se hiriera.— Deberíamos llevar a la cena la muestra que vas a buscar. Según mi scaner, es tan pequeña como el diamante de un anillo.— Amplió en la pantalla la forma de la roca y que así le fuese más fácil al rubio hallarla.— Exponemos a Clark por un momento a la kryptonita y después vuelvo a encerrarla. Sería un buen experimento, tan rápido que Wayne no se dará cuenta y también será divertido. ¿Qué dices, Cap? — Steve no apartó la vista de sus labios, atento más al tono de su voz y respiración que al sentido de sus palabras, por lo que simplemente asintió.— ¡Perfecto! — Le tomó por los hombros y lo sacudió.— Apresúrate, mañana es la entrevista y en sí ya es triste que esté trabajando un viernes por la noche. Terminaré de encapsular el resto de los fragmentos mientras vuelves.— El rubio comenzó a andar de forma automática. Aún no comprendía lo que acababa de suceder. Tony le había llamado Cap, aunque aquello había iniciado desde que mantenían las reuniones con el otro equipo, pero hasta ahora se había percatado del hecho.

Estando dentro de la nave introdujo las coordenadas, aprovechando para dormir durante el trayecto, pues el piloto automático se hacía cargo. Logró conciliar casi de inmediato el sueño, pero su cerebro le jugaba una mala broma, pues sólo podía imaginarse a Tony con Clark.

Una pesadilla le despertó de golpe, lo que le ocurrió minutos después de haber aterrizado. No recordaba con exactitud el sueño, sólo imágenes borrosas donde sin duda se encontraba Tony desnudo y gimiendo de ¿dolor? ¿placer? Sea lo que sea, Kent era el responsable de ello.

Fuera del Quinjet era ya de noche. Las estrellas esparcidas como pequeñas gotas plateadas en el firmamento. Una espectacular vista que Steve no pudo apreciar, no sólo por el poco tiempo del que disponía, sino porque aún sufría las consecuencias de aquel errático sueño. Jamás había logrado embriagarse, pero estaba seguro de que así se sentía una resaca.

Llevó una mano al puente de su nariz, masajeando lentamente mientras su cuerpo comenzaba a reaccionar. Se levantó de su silla tomando el holograma que Tony le había dado, le serviría como una brújula. Poseía todo lo necesario en la nave para la recuperación de la kryptonita: paracaídas, equipo para escalar, un traje de buzo, armas, en fin, herramientas usuales en un espía y que él utilizaría para buscar una piedra.

De repente apareció en su mente el recuerdo de las palabras del millonario, quien deseaba averiguar lo que hacía ese fragmento en la anatomía de Superman. Una vocecilla le decía que estaba mal, que podrían causar un conflicto, pero también el morbo le invadía. No se arrepentía de haber aceptado participar en el plan de Stark. Ahora sólo restaba hallar la pieza clave en lo que tramaban.

No demoró en encontrarla, brillaba en la oscuridad de un agujero en las paredes del cañón. Descendió con un arnés hasta la ubicación del cristal incrustado en una roca más grande. De vuelta en el Quinjet tenía pensado tomar otra siesta, aunque temía volver a presenciar las mismas imágenes que involucraban a Tony con Kent, por lo que se mantuvo en vela hasta volver a la torre Stark.

— Era en serio que es diminuta.— El rubio observaba la roca al descender del vehículo en la plataforma que daba al taller. Le sorprendió no escuchar la voz de Ironman. Lo buscó en el mismo sitio donde había trabajado por horas y justo ahí se encontraba, dormido sobre sus brazos encima del escritorio.

Fue un acto automático, sonrió de par en par ante la escena. Guardó la kryptonita en un bolsillo de su cinturón que siempre llevaba consigo junto al uniforme que utilizaba en misiones. Se aproximó al castaño y lo cargó fácilmente en un estilo princesa. Esperaba que Tony despertara y le gritara por lo que estaba haciendo, pero nunca sucedió. Se encontraba tan exhausto que sólo se removió y balbuceó palabras que no entendía. F.R.I.D.A.Y. abría cada puerta, facilitando la labor de Steve hasta llegar a la habitación de Tony, donde lo recostó sobre su enorme cama y arropó.

El castaño se abrazó a una almohada al instante y hundió el rostro, restregando su mejilla al acomodarse a la suave superficie. Steve le miraba embobado. Después de tanto tiempo, jamás había visto dormir así a Tony. Ni siquiera cuando compartieron habitación en el hogar de los Barton, ya que ambos se encontraban acosados por sus propios miedos. Sentía que el suyo continuaba ahí, pero como todo lo que podría despertarle algo, lo hizo a un lado, ignorándolo. Ya no tenía ningún sentido pensar en Peggy, en Sharon, en Bucky o en una familia. Sin nadie que te importe a nivel personal, no podían herirte, pero por más que deseara alejarse de Tony no lo lograba. Le importaba y no estaba seguro de si era porque se sentía en deuda o porque en verdad se había enamorado... de nuevo no hallaba otra palabra para describir la sensación de necesidad hacia el castaño, de celos, de que lo notara y que sólo a él le dedicara sus sonrisas.

Suspiró, no sólo por la imagen de Tony descansando a su frente, sino porque aunque tuviese razón y se encontrara enamorado del hombre más egocéntrico de todos los tiempos, no tenía la seguridad de ser correspondido. Ya no le interesaba el hecho de que ambos fuesen hombres, ese tabú se rompió cuando ahora en lo que se enfocaba la sociedad y la religión era la prohibición de relaciones entre especies. El mundo se había transformado de una manera en la que jamás imaginó. Alienígenas, súper héroes en cada rincón, él enamorado de Ironman.

Se sentó al borde del colchón, se atrevió a pasar una mano sobre las hebras castañas, acariciando con dulzura. No recordaba haber tocado a Tony sino fuese para defenderlo en batalla o... golpearlo. Una mezcla de emociones se acumulaban y las percibía físicamente en su estómago. Debía salir de ahí e intentar descansar. Sería un largo día en el cual debería cuidar a Tony de Superman. Tal vez él no tenía ninguna esperanza con Stark, pero no le permitiría a Kent que le arrebatara la oportunidad de siquiera volver a ser amigo de Tony.

Eran alrededor de las cuatro de la mañana y durmió plácidamente dejándose caer con todo y su traje de Capitán América sobre la cama de su propia habitación gracias a la imagen que permaneció en su mente antes de cerrar la puerta de Tony.