Todos los chicos se habían reunido en el salón, con gesto serio, y algunos como Clarissa con mala cara. Rodeaban en un semicírculo perfecto a Tessa, quién se encontraba en pie, de espaldas a la chimenea encendida. Pese a su aspecto juvenil, tenía algo, que le hacía parecer mucho mayor. Si no fuese por todo lo que estaba ocurriendo, Teri se fascinaría al verla. La antepasada cuyo nombre compartía. Las mil historias que podría contarle, si fuesen otras las circunstancias.

—Chicos, tenéis que saber que las cosas siempre son más complicadas de lo que parecen. Es algo que yo misma he aprendido.

—¿Y qué se supone que significa eso?—estalló Teri, se relajó lentamente y preguntó en un tono más cauto—: ¿Es mi hermano Luke malo o no?

Tessa bajó la cabeza.

—Me temo que así es.

Teri se derrumbó anímicamente, aunque también debió de perder el equilibrio puesto que se encontró con los brazos de Helen, sosteniéndola. La dejó caer hasta sentarse y luego ocupó el sitio a su lado. Los brazos de su amiga la rodearon con fuerza, para darle todo su apoyo. Sintió unos ojos sobre ella, Teri alzó la vista para encontrarse con la mirada de Jonathan. Veía tristeza en sus ojos y por un momento le pareció que iba a ir hacia ella. Pero de repente apartó la vista de Teri y la dirigió a Clarissa. La pequeña Morgenstern observaba con furia colérica a la mayor de los Herondale.

—¡No tienes derecho a sentirte mal, tu hermano se ha llevado a mi padre! ¡Mi padre es bueno y está en peligro! ¡Tu hermano es el mal!

—No es culpa de Luke ser así—interrumpió Tessa.

—Explícate, Tessa. Por favor—dijo Teri con la voz rota.

La mujer se acercó a Teri, se agachó y tomó sus manos entre las de ella. Sintió sus ojos grises sobre los suyos, vio todo el universo que se escondía tras lo que parecía una mirada joven.

—No puedo, mi niña. Prometí a tus padres que no sería yo quién te contase esto...además, voy a tener que avisar a todos vuestros padres de que estáis aquí.

Hubo protestas en general al escuchar eso último, tantas que Teri no consiguió añadir nada más. Tessa les lanzó a todos una mirada dura y con ello consiguió acallar a la multitud. Sin mediar palabra, abandonó la casa. Esperaron todos un rato antes de romper el silencio de nuevo. Isabelle lo hizo con un resoplido pesaroso.

—Volvemos a estar igual que antes.

—Estamos peor, Izzy—dijo Alec—.Ahora nuestros padres sabrán lo que hemos hecho.

De nuevo, empezaron a vociferear. Había caos y algún que otro insulto fuera de lugar. Alguien silbó, haciendo que todos volviesen a callar. Se trataba de Jace.

—Entonces, quizás deberíamos de marcharnos antes de que aparezcan—sugirió él con una sonrisa.


Tatia estaba en su dormitorio, con la mirada perdida hacia el techo y dejando que un vinilo de Pink Floyd sonase de fondo. Llamaron a su puerta, que estaba entreabierta, de esta forma pudo ver la figura de Jon recortándose al otro lado del umbral. Hizo un gesto con la mano, dándole permiso para entrar a su habitación. No se movió un ápice mientras el chico se acercaba a su posición.

—¿Estás enfadada conmigo?

Tatia arqueó una ceja, se incorporó sobre los codos.

— Por supuesto que no—dijo ella sorprendida, se incorporó del todo, hasta quedar sentada—, pero no puedo evitar preocuparme. Eres lo más cercano que tengo a una familia y no me imagino cómo seguir adelante si algo te pasase.

Jon se sentó al filo de la cama junto a ella.

—Yo no quería ser cazador de sombras al principio, pero ahora es lo que más me importa. Quiero ser útil, quiero continuar con la investigación.

—Jon...

—Te he escuchado. Sí, a escondidas. Ya me echarás la bronca más tarde por eso.

—Entonces sabes que la Clave no hará nada por el momento...tu padre me matará si te pongo en peligro.

El chico se incorporó con una media sonrisa.

—Pues tendrás que aumentar la intensidad de mis entrenamientos para que yo sea el peligro.

Tatia no pudo evitar reírse un poco al escuchar la seriedad con la que dijo aquello.


La situación le molestaba, sobretodo el hecho que no pasaba en absoluto desapercibido para ella, su hermano mayor lanzando miradas de reojo a Teri Herondale. Su parabatai estaba a su lado y ellas dos caminaban justo detrás de Jace Montclaire, que no dejaba de alardear de sus peleas contra demonios. Jonathan caminaba solo no muy lejos de ellas dos, mirando hacia atrás de vez en cuando, justo dónde estaban Helen y Teri. Tras ellos, mucho más alejados caminaban Alec y Mark, aunque iban tan callados que nadie diría que iban juntos. Dejó de observar a su alrededor para mirar de nuevo la espalda de Jace. Podía sentir sus músculos a través de la apretada camiseta que llevaba puesta. Cierto rubor llegó a sus mejillas.

—¿Sabes?—le dijo a Jace, intentando dejar de pensar en sus músculos—. París está muy lejos de aquí.

—No te preocupes, Clary.

Se estremeció ligeramente al escucharle llamarla así. Iba a añadir algo más cuándo Jace paró en seco, alzó una mano para que el resto lo imitasen. Había una pequeña caseta en mitad de la nada.

—¿Y ahora qué, Jace?

Intentó sonar intimidante, pero a juzgar por la sonrisa de él, no lo consiguió.

—Que bien suena mi nombre con tu vocecilla—dijo él, Clary no le respondió, tan solo rodó los ojos— . Este es un pequeño local subterráneo al que voy a entrar yo solo, aunque necesitaré que me dejéis algo de dinero.

Jonathan dio un par de pasos al frente.

—¿Por qué te íbamos a dar dinero a ti?

Jace se encogió de hombros.

—Vale, tendré que invitaros esta vez—dijo él antes de desaparecer en el interior de la caseta.

Se quedaron todos fuera, esperando a que saliese.

—¿Me recuerdas por qué está este aquí?—le preguntó Jonathan a su hermana.

—¿Y por qué ella está aquí?—le replicó Clarissa señalando a Teri con gesto despectivo.

—A Teri al menos la conocemos.

Clarissa se quedó un momento sin saber qué decir. Nunca habría esperado que su hermano saltase a defender a la chica Herondale y mucho menos, dada la situación, a justificarla.

—Sí...la conocemos tan bien cómo conocíamos a su hermano, ¿verdad?

Jonatan no tuvo tiempo de responder, Jace apareció en ese momento con lo que parecían varias pulseras. Se quedó parado al ver las caras que tenían todos.

—¿Me he perdido algo?

—No, no—se apresuró a decir Isabelle—. ¿Qué traes?

Jace sonrió de nuevo y alzó las pulseras.

—Pulseras de transporte, de un solo uso.

Jonathan entrecerró los ojos.

—Nunca había escuchado hablar de esas pulseras.

—Pueeede...solo puede, que sean algo ilegales según la Clave. Pero tengo mis contactos—dijo Jace antes de repartirlas entre todos—. Veréis que hay una ruleta en un lateral, no la toquéis. He puesto las coordenadas exactas. Ya solo queda que pulsemos el botón rojo del otro lateral.

Jace fue el primero en apretar el botón. Clarissa lo vio desaparecer ante sus ojos tras un brillo azulado. Entonces su mirada se paró sobre su hermano.

—No tenemos por qué seguir a este tío—le dijo Jonathan, pero su hermana acercó la yema de su dedo al botón—. Ni se te ocurra, Clarissa.

Pero ella lo ignoró y pulsó el botón. El halo azulado fue creciendo a su alrededor, la cubrió por completo hasta que perdió de vista a su propio hermano. Poco a poco se fue desvaneciendo ese brillo y frente a ella, se encontró con el rostro sonriente de Jace.

—Bienvenida a la mansión de los Montclaire.

Clarissa alzó la vista para ver una majestuosa casa de piedra blanca con un estilo arquitectónico muy inspirado en la Grecia Antigua, pese a que en Francia se estilaba más lo gótico.

—Es...espectacular.

Jace tomó la mano de Clarissa.

—Y eso que no has visto el jacuzzi que tengo en mi habitación.