Legal waring: los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen, son de Hajime Isayama.

Capítulo 10

Despertó de un letargo de al menos tres horas y como si se tratara de una bofetada, recordó el encuentro que tuvo con Bertholdt; la actitud rara y el miedo que sintió, oh, el miedo que logro envenenar su cuerpo e inundo su mente con un solo pensamiento "corre".

Todo estaba oscuro y le costó darse cuenta que ya tenía los ojos abiertos. Presto atención a su alrededor y pudo obviar que se encontraba en na cama. Bajo de ella y camino aleteando sus brazos para tantear. No encontró algún interruptor, pero si una linterna. La encendió e ilumino tenuemente lo que parecía una habitación bastante grande con paredes blancas y…juguetes? Todos eran juguetes del siglo pasado aunque muy bien cuidados: había un caballito de madera para montar, una cocinita de bronce y hojalata, una casa de muñecas, una mesita de té y muchas cosas más. También había un retrete y un lavamanos, pero no había espejo aunque lo raro era que ¡no había privacidad! Solo estaba ahí, empotrado a la pared.

Dio con una "puerta", lo sabía por las ranuras y bisagras, pero no había picaporte ni nada parecido. Golpeo lo más fuerte que pudo, también grito…nada, no ocurría nada y tampoco podía escuchar algo que viniera del exterior. Se puso a buscar una ventana, un respiradero o algún resquicio, Nada. No sabía qué hora era o cuanto llevaba ahí dentro. Su lámpara comenzaba a titilar, anunciando sus últimos momentos de luz, y a Eren se le comenzaba a acelerar el corazón. No quería quedarse a oscuras ahí, estaba a nada de tener un ataque de histeria.

Comenzó a patear todo, mando a la mierda lo que encontró y destruyo lo que pudo. Estaba fúrico, tratando de armar un alboroto para que alguien lo escuchara, lanzo cosas a la puerta esperanzado de poder abrirla.

Sin aviso las luces se encendieron y cegaron por un momento a Eren que se tuvo que cubrir hasta acostumbrarse y miro el desastre que había hecho. No pudo apreciar más la habitación porque escucho la puerta abrirse y corrió lo más rápido que pudo, esquivando los juguetes tirados. Trato de colarse en el pequeño espacio que la puerta dejaba, pero solo podía sacar su brazo hasta el hombro y nada más. Tanteo lo que pudo pero no había picaporte. Se asomó y solo vio un pasillo oscuro. Comenzó a gritar pidiendo ayuda hasta que una gran mano cruzo por el resquicio, alcanzo a Eren y le atizo un empujón tan fuerte que lo aparto lo suficiente como para que Bert se adentra y volviera a cerrar.

Bert se encontró con todos los juguetes destruidos. — ¿Pero qué has hecho?—el heladero estaba estupefacto ante el desastre.

— ¡Déjame ir! — Le exigió Eren desde el piso.

Bert siguió mirando y encontró al caballito totalmente inservible y ahora parecía tener una expresión de profunda tristeza. Eren se levantó rápidamente para correr hasta la puerta, pero el heladero lo detuvo ipso facto y le propino una gran bofetada que lo mando nuevamente al piso.

Eren, en el suelo, comenzó a hipar. No entendía que pasaba, solo quería que todo eso terminara, quería ver a su papá, quería salir de ahí. Ese Bertholdt no era el que conoció, este lo estaba lastimando y le inspiraba profundo temor.

—Quiero ir a casa – sollozo intranquilo y temblando. Podía saborear la sangre que brotaba de su boca.

Bert miro de nuevo al caballito que se encontraba en el piso y metiendo sus manos a los bolsillos lanzo un suspiro cansado.

—Y yo quiero ir a la luna, pero no va a suceder—se acercó a Eren y se acuclilló frente a él.

—Es tiempo de ir aceptándolo—Eren lo miro dolido, tratando de no llorar, pero sus ojitos se humedecieron y desprendieron un mar de lágrimas.

—Pensé que eras mi amigo—el niño sorbió por la nariz.

El heladero le sonrió falsamente y ni siquiera se molestó en ocultarlo.

—Si escuchas atentamente—le dijo mientras señalaba con su índice a su oído. —podrás oír que me importa una mierda—Bert puso cara de pocos amigos y se levantó de golpe. A Eren ese trato tan humillante y burlón lo hacía sentirse insignificante.

El hombre no podía creer que Eren había desecho todos los juguetes, ni uno se salvó. Sintió la ira recorrer su cuerpo. ¿Qué clase de niño hace esto? Nunca había pasado esto antes, los otros solo se la pasaban llorando, tal vez uno que otro se revelaba pero no era la gran cosa.

Eren hacia lo posible por controlarse y pensar en algo.

—Yo… no diré nada, te lo juro—Eren tanteaba su suerte y quería saber si podían llegar a un acuerdo.

Bertholdt lo ignoro.

—Más te vale, Eren, no volver a hacer algo como esto. No me agradan para nada los niños revoltosos. No te conviene que este enfadado contigo. —el heladero lo miro muy enojado, su expresión era muy atemorizante.

Eren sollozo al sentirse tal débil e incapaz de manejar esta situación.

— ¿Qué hice? ¿Por qué me haces esto?—estaba tan confundido y dolido.

Bert solo rodo los ojos y se dirigió a la puerta.

—No tengo el tiempo ni los crayones o títeres necesarios para explicar. Quiero que recojas todo tu chistecito para antes que yo regrese o lo lamentaras—y con esta amenaza dejo a Eren solo de nuevo.


En cielo ya estaba oscuro y aunque se escuchaban los grillos y las aves cantaban, la tensión se sentía en todo el pueblo, pues la mayoría ya estaba enterada que un niño estaba perdido.

Grisha, acompañado del oficial y de Levi, toco tres veces en la puerta de la hogareña casa. Una casa de dos pisos e impecable que parecía sacada de un cuento y aunque uno pensaría que blanca nieves abriría la puerta, fue Bert el que atendió. Muy alegre como siempre salió, pero al ver al oficial su sonrisa se esfumo.

— ¿Paso algo?—fue lo primero que dijo al ver los rostros serios de los caballeros.

—Buenas noches Bertholdt, lo que sucede es que Eren no ha regresado a casa y estoy muy preocupado. ¿No será que Eren pudo haber pasado a verte o lo viste por alguna parte?—Grisha estaba a nada de derrumbarse y Levi le palmeo un hombro mostrándole apoyo y tratando de apaciguarlo.

— ¡¿Qué?! N-No, no lo he visto, ni siquiera cuando Salí a vender. ¡¿Ya fuiste a la escuela? ¿Le has preguntados a sus amigos?!—ahora Ver estaba exaltado.

— ¡ya! Y seguimos sin encontrarlo. Un amigo suyo fue el último en verlo y después de eso es como si se hubiera desvanecido—La cara de Bert mostraba lo preocupadísimo que estaba y se ofreció a unirse a la búsqueda.

Levi era muy suspicaz e incluso el reconocía que podía llegar a exagerar pero algo lo perturbaba. Levi conocía la faceta "mamá osa" de Bert pero no pudo evitar sentirse contrariado por el comportamiento de Bert, algo le daba mal espina, pero no es como si la situación en general fuera una maravilla.

Los hombres, después de preguntar casa por casa, se habían adentrado a una parte boscosa que colindaba con el pueblo. Habían gritado el nombre de Eren por horas, pero no hubo respuesta y cada minuto que pasaba fatigaba más y más a los buscadores.


—Caballeros, son las 3:18 am. Regresare a la estación para denunciar formalmente la desaparición y reuniré al equipo para reanudar la búsqueda abarcar más terreno. Les recomiendo descansar para ahorrar energías. Regresemos a la patrulla y los llevare a sus hogares. —El oficial sabía que el niño no andaría por ahí jugando, esto era serio y si no se daban prisa podrían no encontrarlo.

El oficial dejo primero a Bert que parecía muy animado, teniendo en cuenta que el hijo de su amigo estaba desaparecido. Luego llegaron a la casa de Grisha y Levi decidió quedarse con él para calmarlo y planear lo que iban a hacer. A Levi le sorprendió que Bert no decidiera acompañar a Grisha, se supone que era toda una alma altruista, pero no le dio más vueltas al asunto.

Al entrar a la casa Grisha busco por toda la casa de nuevo, pensando que tal vez Eren había egresado, obviamente no lo encontró.

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