Llegaron a la mansión Montclaire no mucho después de Clarissa y Jace. Sin embargo, cuándo lo hicieron ellos no estaban ahí. Tampoco debían de haberse alejado mucho del lugar. Teri se paró unos instante a admirar la belleza del diseño. Hasta que un grito colérico la sacó de sus pensamientos.

—¡Clarissa Morgenstern!

Era Jonathan quién gritaba así, vio como su parabatai se acercaba a él en un intento de tranquilizarlo.

—Relájate, Jonathan—dijo Helen con su voz aterciopelada.

El chico le hizo caso, dejó de gritar y respiró hondo. Hubo un momento de calma, hasta que la risa de Clarissa rompió el silencio. Sin mediar palabra, Jonathan salió corriendo en esa dirección hecho un obelisco. Teri se preguntó mentalmente una doscientas veces por qué hacerlo antes de ir tras él. Estaba enfadado, más de lo que lo había visto nunca y eso le preocupaba. Podría hacer cualquier estupidez que nunca se le habría pasado por la cabeza que Jonathan Morgenstern pudiese hacer. Y el detonante de esa ira era su preocupación por Clarissa. Pasó por un camino de arbustos recortados hasta llegar a ver la espalda de Jonathan. La escalinata de acceso a la mansión no estaba muy lejos de ellos, hasta ese momento habían caminado por un inmenso jardín. Subiendo por los escalones estaban Clarissa y Jace, de la mano, él tiraba de ella con suavidad. Desaparecieron en el interior de la casa. Vio como el cuerpo de Jonathan se tensaba frente a ella. Saltó casi por puro impulso y pasó sus brazos por el tronco del chico, lo cuál lo sobresaltó e impidió que saliese corriendo tras su hermana.

—¿Qué haces?

—No, ¿qué haces tú?

Teri se soltó de él, cuando vio que Jonathan se giraba hacia ella.

—Proteger a mi hermana, no sé a qué se cree que está jugando con ese tío. Pero no voy a dejar que le ocurra nada, más le vale a ese que no le toque ni un pelo.

—¿Y crees que vas a conseguir algo en este estado? ¿Qué vas a hacer? ¿Abalanzarte sobre él y hacerle una cara nueva a golpes?

—Suena bien.

—No suena en absoluto a algo que haría el Jonathan Morgenstern que yo conozco.

Él resopló. Cruzó los brazos sobre el pecho y cerró sus ojos.

—¿Y qué haría el Jonathan Morgenstern que conoces?

—Primero calmaría las cosas con Clarissa, luego hablaría con ella y luego con...ese sujeto.

—A ti tampoco te cae en gracia.

—Desconfío de él tanto como tú, solo que evito que se note. Si de verdad debemos desconfiar de él, si oculta algo, es mejor que no sepa que sospechamos.

Jonathan asintió con pesadumbre.


Jon estaba en mitad de una meditación profunda, tan profunda que sus ronquidos podrían hacer creer a cualquiera que estaba dormido. Su puerta se abrió de golpe, aunque su profunda meditación le impidió darse cuenta de ello. Sin embargo sí noto una segunda presencia cuando una pesada bolsa de deporte cayó sobre su estómago. Jon abrió los ojos de golpe. Miró sin comprender la bolsa y luego su vista se centró en Tatia, quién estaba de brazos cruzados al final de la cama.

—¿Qué haces?

—Llena la bolsa con lo indispensable, lo que incluye armas.

El chico apartó la bolsa y se sentó al filo de la cama.

—¿Qué pasa?

—Creo que tengo una pista, nos vamos.

Él se rascó la cabeza, estaba algo adormilado aún. Se puso en pie y fue a su armario a coger algo de ropa.

—Espera —dijo parando en seco, giró sobre sus talones para mirar a Tatia — . ¿Qué se supone que le voy a decir a mi padre?

Tatia estaba mirándose las cutículas.

—Está solucionado. Le he dicho que te lo llevo a Los Ángeles, a entrenar en un terreno más tranquilo. Porque Nueva York te abruma y te produce una gran ansiedad.

—¿Era necesario hacerme quedar mal?

—No me ha costado mucho convencer a tu padre, quizás ya tuviese esa imagen de ti.

Jon la miró con mala cara, pero no le dio réplica. Sabía que Tatia seguía molesta con él, no sabía hasta cuándo duraría aquello. Pero tenía claro que tendría preparada respuesta para cualquier contestación que le diese él, y cada una de ellas le dejaría en peor lugar que la anterior. No iba a darle el gusto. Seleccionó algo de ropa cómoda y un uniforme de cazador. Llevó todo a la bolsa y sacó de su mesilla un par de cuchillos que tenía de emergencia.

—¿Qué vamos a hacer exactamente en Los Ángeles?

Tatia cerró la cremallera de la bolsa y se la echó al hombro. Empezó a caminar y Jon la siguió.

—Unos amigos míos han descubierto algo que podría estar relacionado con todo esto.

Esa respuesta no le solucionaba nada. Jon se encogió de hombros, rindiéndose a su realidad actual.

—Pues nada, de excursión a Los Ángeles.


El grupo entero estaba reunido en un salón de la mansión Montclaire. La mayoría estaban sentados en dos sofás de color rojo carmesí. Jace estaba tras ellos, jugando solo al billar. Llevaba un rato con ello y metía diligentemente cada bola de un solo toque. La conversación iba sobre cuál sería su siguiente paso, pero nadie parecía ponerse de acuerdo. No tenían un objetivo claro.

—Se nos ha ido de las manos—dijo Teri exhausta, dejó caer su rostro entre sus manos — . No hemos ganado nada huyendo, porque seguimos sin saber a dónde ir.

— Podríamos volver—sugirió Helen —. Informar de lo que sabemos, tal vez...

— ¡No! —gritó Clarissa poniéndose en pie—. No pienso abandonar a mi padre, la Clave no hará nada. No está haciendo nada. No va a cambiar solo porque le digamos que el hermano de Teri es malo, algo que yo ya sabía. Algo que TODOS, sabíamos y lo dejamos estar.

Jonathan observó como los ojos de Teri brillaban, llenos de lágrimas que ella luchaba por retener. Se puso en pie y colocó una mano sobre el hombro de su hermana.

— ¿Quieres callarte un momento?

Al instante se dio cuenta de que había elegido mal las palabras. Si pretendía solucionar las cosas con Clarissa, esa no era la forma. Su hermana le echó una mirada furiosa, por un momento pensó que le daría un puñetazo.

—¿De parte de quién estar?

Cogió a su hermana por los hombros.

—De parte de nuestro padre, siempre. Pero actuar impulsivamente no nos va a llevar a nada. No respetar las sugerencias de los demás no nos va a llevar a nada. Acusar con...pruebas vagas no nos va a llevar a nada.

— ¿Pruebas vagas? — replicó Clarissa furiosa — . Luke se llevó a papá y luego Tessa nos ha dicho que es malo, ¿qué más pruebas quieres para que podamos afirmar que Luke es malo?

— ¡Clarissa deja de hablar así! — gritó Jonatan, respiró hondo antes de continuar más calmado — . ¿No ves que estás haciendo que Teri se sienta mal?

Clarissa se apartó de su hermano.

— ¿Te importa más que ella esté mal a que yo lo esté?

— Yo no quería decir eso...no quería...yo no...yo sólo creo que...

—No pienso seguir aquí si esa—dijo Clarissa señalando despectivamente a Teri — , sigue con nosotros.

Jonathan suspiró y guardó silencio. No podían seguir así. En parte la idea de Helen tenía todo el sentido, pero Clarissa llevaba razón al decir que la Clave no haría nada. Tenía que resolver aquello de alguna forma. Si volvían a Idris, no podrían marcharse de nuevo. Los adultos evitarían que escapasen otra vez, los vigilarían como a animalillos en un terrario. Tenía que haber algo que funcionase, algo que pudiese servirles y al mismo tiempo que evitase esa amenaza pasiva que eran sus padres preocupados. Miró a Jace, al estúpido de Jace Montclaire, ajeno a todo cómo si no tuviese que ver con él. Desde que apareció, poco a poco lo único que había conseguido había sido dividir a Clarissa y Jonathan. Eso era.

—Tengo un plan, al menos una primera parte para un plan que iremos desarrollando —dijo Jonathan ganándose la atención de todos, incluso de Jace — . Nos dividiremos.

— ¿Cómo? — aquello lo preguntaron Clarissa y Teri a la vez.

Cómo no tenía muy claro a quién de las dos responder, optó por mirar a Helen, la opción más neutral que tenía.

— Helen, tú te volverás a Idris con Mark, Isabelle y Clarissa.

Escuchó protestar a Clarissa e Isabelle.

—¡Eh, yo no quiero volver a casa y perderme toda la aventura! — se quejó Isabelle.

— Puede ser peligroso, Izzy — le replicó Alec — . Volved a casa, investigad desde ahí. Ayudadnos.

— Hazlo tú — dijo ella cruzándose de brazos, molesta.

— Esperaba que entendieses que prefiero ponerme a mí en peligro antes que a ti.

Isabelle se quedó sin saber qué responder a eso, pero tampoco parecía estar conforme con la decisión.

— Además necesitaremos a alguien que impida que nos busquen—añadió Teri—, porque Tessa habrá avisado ya a nuestros padres.

La chica Lightwood miró a la Herondale con los ojos entrecerrados.

— Es muy fácil estar de acuerdo con el plan cuándo eres una de los que se quedan.

— No se trata de quedarse o no, por el Ángel...

Mark carraspeó.

— Yo estoy de acuerdo. Me parece una jugada inteligente si queremos hacer algo útil con todo esto, aunque... — bajó un poco el tono de voz mientras pensaba para sí, luego Mark miró a Jonathan — . ¿Qué haréis cuándo nos vayamos?

— Seguiremos con lo poco que tenemos. Tampoco podremos mantener contacto si no queremos que nos localicen pero...

Helen, cómo si le leyese la mente pese a no tener ninguna conexión con él, terminó la frase.

—Al estar Tee y yo separadas, si estáis en peligro lo sabré por la conexión parabatai. Entonces, en ese caso, localizaría a Tee y avisaría a nuestros padres de dónde estáis.

Hubo un silencio breve, mientras todos sopesaban el esbozo de plan que tenían entre manos. Jonathan esperaba que sirviese de algo, se alegró de no tener un parabatai que sintiese sus dudas al respecto de todo aquello.

—Vale.

Se sorprendieron de escuchar aquello por parte de Clarissa. Ella compartió una mirada con Isabelle y la chica Lightwood resopló antes de aceptar el plan también. Jace metió la última bola del billar y se acercó a ellos.

—Entonces me parece que os vais a Idris, dejad que os enseñe dónde está el Instituto de París para que podáis usar su portal.

En apenas unos minutos, solo quedaron en la habitación Teri, Alec y Jonathan. Este último se dejó caer al sofá, agotado. Observó todo con calma. Era una sala amplia, muy luminosa. Estaba todo tan limpio que parecía que la usaban con asiduidad. Se fijó en el billar y luego su vista se fue a la puerta por la que todos habían salido. Se puso en pie.

—Nos vamos.

Teri y Alec lo miraron con una ceja levantada.

—¿Sin Jace? — preguntó el chico Lightwood.

— Sí. Nos iremos antes de que vuelva. No me fío de él.