Entraron a un despacho luminoso, las paredes de suaves tonos azules contrastaban con el paisaje de fondo que de dibujaba tras la ventana. Un inmenso desierto, tan brillante que parecía una fotografía retocada. Dentro les esperaba un chico joven de pelo rubio y orejas ligeramente puntiagudas, de una forma sutil que, de haber estado cubiertas por el cabello, jamás habría jurado nadie que tenía algo de hada en su sangre.
—Hola, Mark Blackthorn—dijo la mujer, atrayendo su atención —. Soy Tatia.
El chico se encogió de hombros, cómo si le diese igual. Aunque debajo de esa fachada de pasotismo, Tatia podía entrever algo de inquietud en el continuo movimiento de un lado a otro de sus ojos.
—Los padres de Emma han dicho que querías hablar conmigo.
Tatia cerró la puerta tras ella, Jon se había quedado en silencio apoyado en la pared.
—Siéntate, quiero que me cuentes todo lo ocurrido recientemente.
Dio la vuelta al escritorio para sentarse en una elegante silla color crema. Observó a Tatia con cautela unos segundos, entonces bajó la vista.
—¿Por qué debería?—dijo el chico Blackthorn a la defensiva.
La mujer dejó caer todo su peso sobre sus palmas abiertas, que golpearon de forma sonora la mesa del escritorio, provocando que ambos chicos se sobresaltasen.
—Porque algo muy malo está a punto de ocurrir, y si la Clave no va a salvarnos, alguien tendrá que hacerlo.
—Yo...
Jon carraspeó, y los dos se giraron hacia él.
—Créeme, Tatia es la clase de persona en la que todo el mundo debería de confiar cuándo hay problemas.
Recibió una media sonrisa de agradecimiento de su tutora, entonces ambos se volvieron hacia Mark cuándo este suspiró. Luego les relató con sumo detalle todo lo ocurrido. Tras terminar, hubo unos instantes de silencio. Tatia y Jon sopesaron sus palabras con calma, hasta que ella finalmente dijo en voz alta:
—Esto es mucho peor de lo que esperaba.
—Y encima me han castigado, no puedo ayudarles.
No podía culpar al padre de Mark por tomar represalias con él después de aquello, podría haberle pasado algo. Todavía podía ocurrirles al pequeño grupo de inconscientes que habían decidido seguir con la búsqueda. Todos y cada uno de ellos se merecían una contundente colleja, pero Mark no necesitaba escuchar a nadie más recordándole la decisión tan estúpida que habían tomado.
—Ya has ayudado. Ha llegado el momento de que confiéis en alguien adulto. No podían ser los Carstairs, ellos tienen a Emma. Debía de ser yo, no tengo a nadie.
—Me tienes a mí —saltó el chico Wayland.
—No te ofendas Jon, pero tú eres más como un perro que como un hijo.
—Claro que me ofende, cómo no me iba a ofender eso.
Tatia lo ignoró para dirigirse a Mark una última vez.
—Te conseguiré un móvil que tu padre no controle, así estaremos en contacto. Yo iré a París con el resto. Tengo amigos que pueden ayudarnos.
El chico Blackthorn asintió. Los visitantes se despidieron de él y se marcharon. Mientras caminaron por el pasillo para abandonar el Instituto de Los Ángeles, Jon suspiró y sonrió.
—Pues de excursión a París.
—Tú te vuelves a Nueva York.
—¡Ni de broma!—
—Tu padre podría enterarse de lo que estamos haciendo en realidad y entonces estaremos los dos muy muertos para ayudar a nadie.
—Pero...
—Nada de peros. No sois todos más que críos jugando a las conspiraciones.
Los tres se encontraban escondidos en un motel. Alec había bajado a una papelería cercana a conseguir algo de material. De esta forma habían conseguido llenar las dos camas del motel con varios recortes de cartulina con diferentes eventos, creando una línea temporal. Unos y otros se conectaban a su vez con hilos de colores, con elementos comunes demasiado concretos para ser aleatorios. Todos los ataques de subterráneos ocurridos, la misteriosa figura del Maestro, Valentine y Luke. Llevaban demasiadas horas despiertos y habían estado alimentándose de patatas de bolsa, fideos instantáneos y refrescos con cafeína. Teri se llevó las manos a la cabeza, se estiró la piel intentando despejarse, luego se recogió el pelo en una coleta alta bajo la atenta mirada de Jonathan. Pero ella no pareció darse cuenta. Cómo él no se había dado cuenta cuando, horas atrás, Teri contemplaba con una sonrisa tímida cómo Jonathan intentaba comerse los fideos con palillos.
—Vale, esto empieza a tener más sentido junto que por separado—dijo la chica Herondale—. Tal vez sea una idea algo loca, pero podría ser. Creo que...¿y si todo el tema del Maestro tiene algo que ver con eso de que Luke sea malvado?
—¿Algo así cómo un plan a largo plazo?—le respondió Jonathan con una pregunta.
—¡Sí!—exclamó Teri emocionada.
Alec los observó en silencio, había cierta complicidad en ellos dos, algo que iba más allá de una simple alianza temporal por resolver el misterio. Pero tenía claro que ninguno se había dado cuenta de ello.
—Pero...¿por qué llevarse a mi padre?
—Quizás el Maestro también esté relacionado con Valentine.
— Si es algo ideado a largo plazo, sería alguien del pasado de Valentine, alguien cuyo pasado también esté relacionado con Luke.
—¿Y si no fuese sólo Luke? ¿Y si fuese alguien del pasado de mis padres también? Tendría más sentido que fuese alguien así, por la edad.
—¿Alguien cómo un antiguo enemigo?—aportó Alec para unirse a la conversación.
—O un antiguo amigo, alguien dispuesto a arriesgarlo todo para destruir a viejos aliados.
Las piezas parecieron hacer clic en el cerebro de Teri, vagos recuerdos llegaron a su mente. Temas de conversación que cambiaban bruscamente, silencios repentinos al entrar a una habitación en la que sus padres hablaban en susurros. Se le heló la sangre.
—Creo que sé quien es el Maestro.
