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Hibisco

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La flor que se mantiene sosegada

—Mujer, Aizen-sama desea verte.

Orihime tuvo un pequeño escalofrío al escuchar la voz baja del Espada emanando desde las sombras y emitió un chillido ahogado llevándose las manos al blazer escolar que estaba por quitarse para cambiarse de ropa finalmente. Tembló, pero respiró profundamente para calmarse, consiguiéndolo casi al instante.

Ulquiorra Cifer dio dos pasos cortos con la firme convicción de que, si ella se rehusaba o dudaba, la llevaría a la fuerza. Si bien su prioridad era no dañarla, quedaba abierto el detalle acerca de inmovilizarla. Sin embargo, aquello no fue necesario, ella empezó a caminar, deteniéndose antes de llegar a él.

—Sí —susurró.

Su imperturbable celador la miró hacia abajo sin pronunciar palabra. Asintió una sola vez absteniéndose de comentar algo respecto a su renuencia a usar el uniforme, enseguida se giró para conducirla hasta el salón donde el rey de Las Noches la había solicitado.

El andar de los dos hacía eco en el inmenso pasillo por donde no había nadie más. Con paso regular, el Espada se preparaba para que cualquier titubeo fuera contenido, repitiéndole lo que debía tener como único pensamiento a cualquier pregunta que le formulara él, Sōsuke Aizen o cualquier otro:

Para Aizen-sama y sus deseos.

Un paso tras otro. Seguro, como dos colegas que van al encuentro de su superior por entera voluntad y convicción. No llevaba prisionera más de un par de horas, pensó que tal vez el ecuánime trabajo hecho hasta entonces había destruido toda rebeldía. ¿Tan poco esfuerzo para tenerla a entera disposición? Definitivamente debía ser el elemento más débil del grupo de Kurosaki Ichigo, o bien, su voluntad era sencillamente inquebrantable, tanto que no había dudas sobre su decisión.

Inquietante. Pero lejos de lo sobresaliente en un humano. Solo un par de horas no demostraban el carácter de nadie en absoluto, era cuestión de tiempo antes de que descubrieran el fondo que podía tocar esa mujer. El rey de Las Noches le había asignado esa misión, sus compañeros creían que era intrascendental, pero no para él y no por algún vano interés personal en ella o lo que significaba, simplemente se resumía a que él tenía la confianza del Rey para llevar a cabo una tarea de ese tipo. Nadie más. Mientras los demás Espada debían permanecer quietos en sus aposentos hasta nuevas indicaciones, se le había concedido la oportunidad de dirigir aquél peculiar ¿Entretenimiento? Esa palabra había usado Gin Ichimaru.

Ciertamente no veía el propósito como actividad recreativa, si bien le quedaba perfectamente clara la necesidad de obtener la obediencia absoluta de la mujer en beneficio de la utilización de sus habilidades a favor de Las Noches en la batalla venidera. Quizás sería difícil imaginarla en la línea ofensiva, o cuando menos en la defensiva, sin embargo, si no entorpecía las actividades de los demás, si se mantenía neutral ante la segura irrupción de Kurosaki Ichigo, habrían obtenido la victoria sobre ella a tal punto que, llegado el momento, cuando no fuese útil, no existiera complicación para deshacerse de ella.

—¿Qué desea de mí? —preguntó en voz baja.

—Eso no me fue informado.

—Ya veo.

—Tu cuerpo y tu alma existen con un único propósito, para Aizen-sama y sus deseos. No importan cuáles sean.

—Entiendo.

Llegaron al pie de unas escaleras, blancas como todo a su alrededor. El Espada hizo un movimiento quedando a espaldas de la joven que entendió enseguida, debía ir primera. Ulquiorra cerró los ojos siendo capaz de escuchar los latidos del corazón de la joven, un ritmo regular, con una respiración tranquila e incluso su energía espiritual se encontraba sosegada, como adormilada. Casi podía hacerla pasar por una mujer ordinaria, pero si lo fuera, la presión de energía de Las Noches la habría matado apenas llegara.

Llegando al final de las escaleras, aparecieron dos Arrancar que parecían obstruir el camino. Dos chicas, vestidas de blanco y con las máscaras Hollow claramente visibles.

—Hemos escuchado que esta mujer fue llamada por Aizen-sama —dijo una de ellas.

—Lolly, Menoly, no estorben —dijo el Espada sin mayor interés.

Ninguna de las dos se movió, consiguiendo que Orihime detuviera su paso. La joven humana levantó tímidamente la mirada, percibiendo sin ningún problema toda la hostilidad que emanaba de los ojos de las otras dos. Sin saber qué hacer, se limitó a esperar que su acompañante resolviera la situación.

—Están haciendo esperar a Aizen-sama —fue todo lo que dijo sin alterarse en lo mínimo, pero como si lo hubiese dicho cual amenaza de tortura, las dos Arrancar se apostaron a ambos lados de Orihime dejándole una brecha para pasar.

—No te atrevas a tocar la propiedad de Aizen-sama —susurró Ulquiorra.

Orihime giró la vista, pero no lo suficientemente pronto como para ver las intenciones de Lolly, quien se limitó a bajar ambos brazos a los costados y caminar hasta ponerse delante de ella junto con su compañera.

"¿Iba a atacarme?" se preguntó Orihime, por primera vez en su vida tomando como primera opción una acción negativa. Siempre había tenido demasiada fe en las personas como para pensar inmediatamente en que harían algo malo. Bajó la cabeza pensando que, hasta hacía unas horas, hubiera pensado en todo menos en que alguien la atacaría.

¿Qué otra cosa podría ser? Sintió la rabia, el reiatsu, la intención violenta. Aun así, no se sintió aterrada, todo lo contrario. Si la mataban en ese momento, no formaría parte de ningún plan de Aizen, así como tampoco habría necesidad de que los chicos pensaran en seguirla.

Ulquiorra tomó nota de cada reacción de la mujer humana ante una muestra de peligro inminente. No se movió ¿Siquiera se había dado cuenta?

En cualquiera de los casos, había que tomar medidas con aquellas dos subordinadas sin sentido del acatamiento. No era como si realmente pudiesen oponerse a él, pero toda muestra de desobediencia debía ser corregida como ejemplo para los demás.

—Las fracciones también han sido llamadas —dijo una de las dos Arrancar en cuando se vieron frente a las enormes puertas del salón, abiertas de par en par. Sin necesidad de pasar el vano, Orihime fue perfectamente consciente de la impresionante cantidad de Arrancar presentes.

Ante su llegada, el silencio fue total.

—¿Esa es la mujer que curó el brazo de Grimmjow? —murmuró de pronto alguien, pero fue lo suficientemente claro como para que se escuchara en todo el salón consiguiendo que se prorrumpieran los comentarios al respecto.

—Bienvenida, Inoue Orihime.

La voz aterciopelada de Aizen nuevamente consiguió el silencio total. El rey de Las Noches se encontraba de pie, flanqueado por Kaname Tōsen y Gin Ichimaru. Ella rápidamente los reconoció junto con los Espada, los que estuvieron presentes cuando recién llegó a Hueco Mundo.

—Estábamos esperando por ti.

Orihime sintió que la fuerza de las piernas la abandonaban, algo en la voz de ese hombre la despojaba de toda convicción. No había signos de burla o sarcasmo, hablar de manera tan cálida le era natural como la existencia misma.

—Lo siento —susurró, sintiendo en su garganta el esfuerzo de la contradicción que le causaba la necesidad de disculparse por llegar tarde contra el deseo de darle a él, al villano, solamente el más absoluto de los silencios.

—No hay que disculparse, he sido yo quien envió por ti tan abruptamente.

Enseguida a eso hizo un ademán con la mano. Como guiada por un hechizo siguió el movimiento hasta quedar de frente a la concurrencia que la miraba con gran expectación y algo parecido al desprecio por su naturaleza humana en conflicto por la admiración de lo que significaba la prueba vívida del brazo de la Sexta Espada, mezclado entre todos los demás.

Aizen quedó a su espalda y se agachó para susurrar algo cerca de su cuello.

—Me hubiera gustado que trajeras puesto mi regalo.

Las dos Arrancar que la habían interceptado en las escaleras hicieron evidente su cólera ante tal gesto sutilmente seductor, pero el brazo de Ulquiorra Cifer tan solo con levantarse un poco y sin necesidad de fuerza, detuvo cualquier palabra o acción.

Orihime sintió que sus mejillas se encendían mientas el aliento cálido que había chocado con su piel hacía que cada poro reaccionara.

—Bienvenidos —dijo en voz alta volviendo a incorporarse para hablar a todos apenas levantando la voz, pues habiendo tal silencio, se hubiera podido escuchar la caída de un alfiler.

—Me tomé la libertad de separarlos brevemente de sus actividades diarias para presentarles a la dueña de aquella presencia que muchos fueron capaces de notar hace algunas horas, y por la que más de uno me ha preguntado. Ella es Inoue Orihime, una invitada mía, una compañera suya, aquella que es capaz de negar la voluntad de Dios… pero no la mía ¿No es así?

Ulquiorra no se movió de su lugar, pero sus penetrantes ojos verdes se clavaron en la mujer, esta lo notó y miró de reojo. Sus labios temblaron, sus ojos brillaron con intensidad, reflejando una mirada segura y absoluta. Giró nuevamente el rostro para encontrarse con el del rey.

—Mi cuerpo y mi alma existen con un único propósito, para Aizen-sama y sus deseos —dijo en una sola línea carente de todo sentido de duda o miedo, sin meditar el significado de aquellas palabras que culminaron en un estallido de aceptación de los Arrancar presentes y la sonrisa de Sōsuke Aizen.


Comentarios y aclaraciones:

Ese hombre, tiene una de las voces más sexys del mundo, creo yo.

¡Gracias por leer!