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Gardenia
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La flor que guarda su amor
Orihime no tenía el sueño pesado, sin embargo, era propensa a dormir por largos ratos, tanto que, si no ponía una alarma, a veces despertaba pasado el medio día. Pero aquella noche no fue capaz de hacerlo; despertaba a cada momento sin que hubiese un motivo para ello, al abrir los ojos se encontraba solo la quietud, el silencio, y el enorme vacío de la habitación a su alrededor.
Tal como lo había prometido, Ulquiorra regresó.
Exactamente de la misma manera que había hecho con la cena, primero entró él anunciándose quedamente ya que ella aún estaba acostada.
—Es hora del desayuno, mujer —dijo.
Inoue sacó la cabeza de entre las cobijas.
—No estoy vestida —susurró.
La cuarta Espada asintió sin pronunciar palabra y dejó la habitación con la promesa de regresar más tarde. Cuando la puerta se cerró, Inoue se incorporó revolviéndose el cabello con la mano derecha. No necesitaba de un espejo para saber el resultado de haber estado dando vueltas en la cama toda la noche. Miró a su alrededor, había más luz pero, por algún motivo, no podía decir que era de día. Nada en la habitación había cambiado, aunque esperar lo contrario habría sido muy extraño hasta para ella.
Bajó de la cama sintiendo una brisa fresca que erizó cada poro de su piel, especialmente en las largas piernas desnudas. Estiró los brazos levantándose en las puntas de los pies para quitarse la sensación de entumecimiento al recién levantarse.
—¡Hoy debo ser más fuerte! —se dijo a sí misma en voz alta, sin importarle que si alguien pasaba frente a su puerta pudiera escucharla.
Entró al cuarto de baño cuya puerta estaba a un costado de la cama, se quitó la blusa y la ropa interior mientras esperaba que el agua de la regadera se templara; había descubierto esa habitación la tarde antes, mientras trataba de habituarse a su nuevo espacio, descubriendo que no se trataba de un baño tradicional como en el Seireitei, sino algo más contemporáneo, como el que tenía en su departamento, aunque claramente y como el resto de los muebles en la habitación, más grande, de un pulcro blanco con cierto aire majestuoso.
La bañera era como una pequeña piscina, pero no la había usado y no estaba segura de que la llegara a usar un día. Se conformó con la regadera y recordando que Ulquiorra iba a regresar decidió darse prisa. Él siempre llamaba antes de entrar, pero de todos modos entraba, y no deseaba que la encontrara solo con la toalla puesta.
El jabón tenía un olor fuerte a lirios y hacía una abundante espuma suave. Era extraño, no le había disgustado el aroma, pero no terminaba de identificarlo como suyo, porque el que ella usaba regularmente era más parecido a frutas. Sintió ganas reírse al pensar que quizás solo lo habían escogido por el simple hecho de que era una flor blanca, por tanto, la barra de jabón también.
Terminó de enjuagarse y tomó la toalla envolviéndose en ella para regresar a la habitación.
Se detuvo un momento mirando su uniforme escolar arrugado sobre el suelo y el aún doblado uniforme blanco en el sofá. Respiró profundo y tomó su falda con el resto de las cosas.
Terminó de abotonar el ultimo botón de su blusa cuando Ulquiorra regresó.
—Lo siento, me demoré en el baño.
El Espada no le recriminó por eso, pero sus ojos verdes fijos en ella, le dieron a entender que su atención estaba en la ropa, que de nuevo era el uniforme escolar y no el blanco de los Arrancar. La joven se quedó quieta un instante, esperando que le amenazara o algo, pero el silencio fue absoluto y se sintió con el valor para mirar de frente a su visitante.
Se acomodó el pelo aún mojado a un costado tan solo enredado en una espiral que ya había dejado en la blusa una marca de humedad.
Lo miró tratando de buscar detrás de él al arrancar con el carro de servicio, solo para no sostenerle la mirada. Aunque se había resignado a que él sería su única compañía, sus ojos inexpresivos le causaban escalofríos, no se acostumbraba a que permanecieran fijos, como si ni siquiera parpadeara. Pasó los dedos por el mechón enredado de cabello mojado al no tener nada que decir o hacer.
Ulquiorra fue hacia la puerta y dejo pasar al arrancar que había esperado afuera mientras él comprobaba que estaba lista, pero, aunque era el que había llevado el servicio de la cena la noche anterior, esta vez solo llevaba lo necesario para realizar la limpieza.
—Acompáñame —dijo el Espada.
Ella no preguntó, solo fue detrás de él dejando al otro que empezó a moverse como cualquier conserje.
—Aizen-sama tiene demasiadas consideraciones contigo, mujer. Ha asignado personal para que se encargue de estos detalles.
No agregó nada más y continuaron su camino.
—¿A dónde vamos?
—Aizen-sama pidió que tomaras el desayuno con él.
Sintió un escalofrío porque en ese momento Ulquiorra se detuvo frente a una puerta que abrió con una sola mano pese a lo inmensa que era. Dando un respingo, la joven se llevó las manos hasta su cabello tratando de desenredarlo con los dedos, pero aún húmedo, el resultado fue un fracaso. Agachó la mirada sonrojándose por lo que le pareció un muy absurdo impulso, ¿Qué objetivo tenía arreglarse para él?
—Aizen-sama solicitó la presencia de la mujer —anunció el Espada al encontrarse, no al rey de Las Noches, sino a otro shinigami. Gin sonrió como solía hacerlo, confiriéndole a su rostro un aspecto de zorro que daba desconfianza al mismo tiempo en que parecía una mueca divertida, por contradictoria que resultara la descripción.
—¿Y tú, vas a quedarte? —preguntó el shinigami al Espada sin el menor atisbo de amabilidad en la voz, aunque tampoco se escuchaba especialmente grosero, solo había sido una pregunta sin más.
—La seguridad de esta mujer es mi responsabilidad.
Gin ensanchó más su sonrisa, demostrando que pese a lo enorme que ya era, resultaba posible.
—Estando en esta habitación, mis opciones para hacerle algo son realmente limitadas ¿No lo crees?
Ulquiorra permaneció impávido, no había entre ellos tensión alguna, solo ese incómodo silencio.
—Entonces vas a quedarte —insistió Gin luego de un rato siendo más que obvio que eso estaba sucediendo.
—¿Cómo puede dejarte con este poco ameno compañero? —agregó, dirigiéndose a la joven. Ella se sintió torpe, si no esperaba una habitación sumamente acogedora por celda, menos aún un desayuno con charlas que incluyera a los altos mandos.
—Él… él es muy… amable…— tartamudeó.
—¿Amable?
La pregunta vino acompañada de una risa que hizo eco en la inmensidad de la habitación.
—Será muchas cosas, pero no amable —de pronto, su voz se volvió más grave —. Él es el más profundo de los vacíos.
—Le das un aire tan dramático como lúgubre.
Orihime y Gin giraron la vista, el rey de Las Noches acababa de entrar acompañado de Tōsen.
—Buenos días, Inoue Orihime, Gin, Ulquiorra —saludó.
Gin se bajó de la mesa donde estaba sentado y ocupó su lugar junto con Tōsen, a la derecha de la cabeza de la mesa. El rey, por su parte, extendió su mano a su invitada llevándola al lugar que estaba a su izquierda.
—Hoy promete ser un excelente día ¿No lo crees, Inoue Orihime? —dijo por comentario añadido mientras dos arrancar se acercaban con los carros de servicio.
La joven solo pudo suspirar tratando de resistir ¿Por qué estaba ella ahí?
Comentarios y aclaraciones:
¿No es una buena forma de acabar el año?
Gracias por acompañarme un año más en este camino de intento de escritor, gracias por comentar, por los favoritos y las alertas, pero sobre todo
¡Gracias por leer!
¡Excelente 2015!
